Archivo de la Categoría ‘Economía española’

18
Ene

Especial Agenda 2018 en Expansión

Escrito el 18 enero 2018 por Rafael Pampillón en Economía española, Economía Global

Hoy jueves, 17 de enero de 2018 el diario Expansión publica la . Se trata de un especial sobre los desafíos para este 2018, que incluye la opinión de reconocidos expertos, como Rafael Pampillón o Aurelio García del Barrio.

En él, si incluyen las claves y análisis sobre el devenir del desafío soberanista en Cataluña, la nueva financiación de las comunidades autónomas o la posible reforma de la Constitución.

Además, se abordan las principales cuestiones económicas, como el reto de seguir creciendo al 3%, el objetivo de alcanzar los 20 millones de empleos o la sostenibilidad de las pensiones,

Sin olvidar la necesaria transformación digital de las empresas.

13
Ene

La estabilidad de los precios

Escrito el 13 enero 2018 por Rafael Pampillón en Economía española, Unión Europea

El INE publicó ayer el comportamiento del Índice de Precios de Consumo (IPC) del año 2017, para España. En el conjunto del año natural, el IPC varió poco (+1,1%) y así los precios se mantienen en una senda de suave crecimiento iniciada hace un año y medio. Efectivamente, después de dos años de caída de precios (julio 2014-agosto 2016) se ha venido produciendo, a partir de mediados de 2016, una subida lenta de los precios de consumo. En cambio, la inflación subyacente, que es la que mide la variación de los precios de los bienes y servicios más estables (alimentos elaborados, bienes industriales no energéticos y servicios) se ha mantenido prácticamente estancada. Así, mientras en 2014 la inflación subyacente fue del 0,0%, en 2015 alcanzó el 0,9%, en 2016 el 1%, volviendo a bajar en 2017 al 0,8%.

¿Cómo se han comportado los diferentes componentes del IPC en 2017?

La subida de precios en 2017 fue un tira y afloja entre los precios de los productos de fabricación nacional y los importados. Los bienes importados, excepto el petróleo, han bajado sus precios. Es consecuencia de la apreciación del euro frente al dólar y otras divisas de muchos países emergentes a los que pudimos comprar a precios más bajos. Sin embargo, la subida del precio del petróleo no fue suficientemente compensada por la apreciación del euro. Por eso, en 2017, los precios de la calefacción, alumbrado y gasolina subieron un 2%.

También los alimentos, bebidas y tabaco volvieron a tener un componente inflacionista (+1,7%). Especialmente, en 2017, subieron los precios de la carne de ovino (+3,4%), el pescado (+3,2%), los huevos (+5,2), el aceite (+8,7%) y la fruta (+4,1%), se redujeron, en cambio, los precios de las patatas (-7,1%). También bajaron los precios de los bienes de consumo duradero para el hogar como los electrodomésticos (-2%).

La comparación con Europa

Si en vez de analizar el IPC se observa la variación del Índice de Precios de Consumo Armonizado (IPCA), que es el indicador que se utiliza para comparar la inflación de los diferentes países de la Unión Económica y Monetaria (UEM), entonces los precios españoles en 2017 subieron un 1,2%. En cambio en el conjunto de la UEM, en 2017, la inflación fue del +1,4%. El dato de España es bueno porque el diferencial de inflación con la media de la UEM (nuestro principal competidor), fue negativo (-0,2%), lo que favorece las exportaciones de nuestras empresas a la zona del euro.

Políticas monetarias, precio de petróleo subiendo y el euro apreciándose

La distancia entre los resultados de la inflación interanual de la UEM (+1,4%) y el objetivo del Banco Central Europeo (BCE), que es un crecimiento de precios cercano al 2%, es lo que está provocando que el BCE siga perseverando en una política monetaria muy expansiva. Estas medidas de relajación monetaria deberían tender a depreciar el euro, lo que aumentaría las exportaciones de la zona del euro al resto del Mundo. Como, además, parece muy probable que, en 2018, la Reserva Federal siga subiendo los tipos de interés, se podría esperar un fortalecimiento del dólar y una mayor depreciación del euro. Quizá una de las consecuencias más relevantes que debería tener la política monetaria expansiva del BCE fuese precisamente la de favorecer al sector exportador, que es especialmente importante para mantener la expansión económica de los países de la UEM.

Sin embargo, esto no está siendo así. En 2017, a pesar de las subidas de tipos adoptadas por la Reserva Federal y de la continuidad de los estímulos monetarios del BCE, el euro tuvo su mayor apreciación frente al dólar desde el año 2003, con una revalorización anual del 14%. Apreciación que es fruto del buen comportamiento de la economía europea, la mejora institucional que ha supuesto la derrota de los populismos y las perspectivas de realizar reformas que den pasos hacia los Estados Unidos de Europa y que a partir de ahora serán más fáciles de implementar gracias al acuerdo firmado para formar gobierno en Alemania.

Pero también hay que señalar que mientras el precio del barril sube, (ha pasado de 46 dólares en junio del año pasado a 69 ayer viernes) el dólar se deprecia. Los precios del crudo cada día que pasa alcanzan una cota más alta, mientras que el dólar sigue también una trayectoria bajista. No se trata de una mera coincidencia. Los productores de crudo están tratando de contrarrestar la pérdida de poder adquisitivo derivada de la mayor debilidad del dólar con niveles de precios más elevados. Estamos ante un círculo vicioso en el que el crudo se dispara y el dólar se deprecia y viceversa. Como consecuencia las exportaciones de EEUU, con un dólar débil, se están viendo más favorecidas que las de otros países que tienen monedas que se están fortaleciendo.

Perspectivas en 2018

Hay que insistir en que un euro apreciado, como el actual, aunque abarata los costes de las materias primas importadas para producir bienes y servicios, sin embargo, repercute negativamente en la competitividad de nuestras exportaciones y consecuentemente en el saldo exterior. De ahí que para 2018, las perspectivas de las exportaciones de la UEM pudieran ser menos favorables.

Así las cosas, también es preciso considerar que la estabilidad de los precios que tenemos en España tiene también efectos positivos ya que al mantener el poder adquisitivo del dinero permite una mayor moderación salarial y también una situación más halagüeña para los pensionistas.

La inflación española, que ha estado en un envidiable reposo durante los últimos años, puede seguir aletargada en 2018. Intentar prever el comportamiento futuro de los precios de consumo en España no resulta nada fácil. Hay demasiadas incertidumbres y de diferentes tipos, no sabemos, por ejemplo, cómo evolucionará el precio del petróleo ni el tipo de cambio del euro con respecto al dólar. Los analistas predicen una lenta y ligera subida de precios en España para 2018 pero sin llegar a alcanzar el 2% a final de año. Esta baja inflación permitirá mantener la competitividad y que la economía española siga avanzando. Desde una perspectiva más amplia, es preciso señalar que la economía española está cada vez más saneada (sistema financiero solvente) y equilibrada (estabilidad de precios, menor déficit público y superávit exterior). Un punto de partida que, de continuar con las reformas económicas, podrá situar a España en la vanguardia de los países industrializados.

Rafael Pampillón Olmedo. “La estabilidad de los precios”. Expansión 13 de enero de 2018, página 43.

Los analistas prevén una lenta y ligera subida de precios en España para 2018, que permitirá mantener la competitividad de la economía.

 

6
Ene

El año empieza bien

Escrito el 6 enero 2018 por Rafael Pampillón en Economía española, Economía Mundial

Esta semana hemos conocido una batería de indicadores que confirman que Estados Unidos (la mayor economía del mundo), la Eurozona (nuestro principal mercado) y España tuvieron un comportamiento económico excelente en el tramo final del año pasado. Eso significa que podrían estar aumentando, con respecto a las previsiones, los crecimientos del PIB para estas tres áreas, en este primer trimestre de 2018.

Estados Unidos se fortalece

La economía estadounidense se está fortaleciendo; esta semana hemos conocido que su sector industrial está creciendo a un ritmo anual del 3,4%. Efectivamente, el indicador ISM manufacturero (elaborado por el Institute for Supply Management) volvió a mejorar en el mes de diciembre: subió desde el 58,2% de noviembre hasta el 59,7% en diciembre (cuando el índice se mantiene por encima de 50 significa crecimiento del sector manufacturero, por debajo, contracción). Este aumento se debe a la mayor producción de bienes de capital: maquinaria, productos electrónicos y ordenadores; pero también a la inversión en el sector de los hidrocarburos, tanto de extracción como de refino, como consecuencia de la subida del precio del barril de petróleo y de la recuperación de los destrozos provocados por el huracán Harvey en el área de Houston.

A este crecimiento de la industria se pueden añadir otros dos factores determinantes en el citado fortalecimiento de la tendencia económica de EEUU: a) la ambiciosa reducción de impuestos de Donald Trump, que dará un fuerte impulso a la inversión privada y al consumo durante este año, y b) el aumento de las exportaciones americanas por la mejora de competitividad debida a la fuerte corrección del dólar frente al euro: de 1,06 dólares/euro en enero de 2017, a 1,21 ayer, viernes; es decir, una depreciación del 14%. No es casualidad que la bolsa americana esté en máximos históricos y que el índice Dow Jones, cruzara esta semana por primera vez en sus 121 años de existencia la barrera de los 25.000 puntos.

Europa, en máximos

También la economía europea, a pesar del Brexit, sigue en la fase expansiva del ciclo: los ritmos de crecimiento están por encima del potencial y las tasas de paro se están reduciendo rápidamente. El Índice de Confianza de los Consumidores de la zona del euro (UEM), elaborado por la Comisión Europea y publicado esta semana, subió en diciembre por quinto mes consecutivo, situándose medio punto por encima del de noviembre y en su nivel más alto desde enero de 2011.

La Comisión Europea publicará este lunes el indicador de Sentimiento Económico de diciembre y se espera que siga en su tendencia ascendente, lo que confirmaría la confianza de los agentes en la economía europea: la apreciación del euro es una clara señal de esa fortaleza.

Por su parte, la consultora Markit publicó esta semana el índice PMI (por sus siglas Purchasing Managers Index) de la UEM, un buen indicador de la actividad económica. En diciembre, el índice compuesto subió hasta el 58,1 desde el 57,5 de noviembre: es su mayor nivel desde febrero del 2011. El indicador del sector industrial pasó de 60,1 puntos del mes de noviembre hasta los 60,6 de diciembre: el nivel más alto para las manufacturas desde que comenzó la historia de este índice en 1997. Por su parte, el dato correspondiente al sector servicios de la UEM mejoró también en diciembre hasta los 56,6 puntos desde los 56,2 de noviembre. Los tres índices se situaron bastante por encima de la línea de los 50 que separa el crecimiento de la contracción.

En cuanto a los nuevos pedidos de las fábricas de la UEM, durante el mes de diciembre registraron los aumentos más pronunciados desde abril de 2000, mientras en el caso de las empresas de servicios, los pedidos tuvieron el aumento más fuerte en más de una década.

Son resultados excepcionalmente buenos de la economía de la zona euro que marcan tendencia y que aumentan la probabilidad de que el crecimiento del PIB para 2018 pueda superar la previsión del 2,3%.

La industria española también se acelera

Si bien la industria europea ha comenzado el nuevo año con la mayor fortaleza que se recuerda, en España también parece que las cosas van mejor de lo que se preveía. El PMI de la Industria alcanzó 55,8 puntos que es su valor máximo desde el año 2006. El sector industrial español crece cada vez más rápido. Especialmente significativo es el aumento de los nuevos pedidos (+7%) que no se aceleraban tanto desde antes del comienzo de la crisis económica. Así, la mejora de la producción manufacturera ha permitido que, a lo largo del año pasado, las empresas industriales aumentaran su nivel de empleo: 65.000 afiliados más a las Seguridad Social frente al aumento de 51.624 del año 2016.

También el PMI del sector servicios creció en España ligeramente más rápido en diciembre de 2017 que en el mes anterior. A ello ha contribuido el aumento de la creación de nuevas empresas y la disminución de la incertidumbre sobre la situación en Cataluña.

Como consecuencia, las previsiones de crecimiento de la economía española también se están revisando al alza. En 2018 seguirá en su fase expansiva a pesar de que el crecimiento económico y la creación de empleo van a ser menos intensos que en 2017 y 2016. Sin embargo, el Gobierno y los Servicios de Estudios siguen elevando sus estimaciones de crecimiento del PIB para 2018, desde el 2,3% hasta el 2,7%, por encima, por tanto, del que tendrá la media de los países de la UEM (+2,3%).

La constante mejora de la actividad económica española está teniendo efectos muy positivos en el mercado laboral. El Ministerio de Empleo y Seguridad Social informó que en el mes de diciembre de 2017 el paro registrado descendió en 61.500 personas. En cuanto a la afiliación, también en diciembre, se produjo un incremento de 42.444 personas con respecto a noviembre.

Crece la confianza de los consumidores

Estos buenos datos de crecimiento económico y de empleo de diciembre explican en parte la mejora del Indicador de Confianza del Consumidor (ICC) que elabora el CIS y que mensualmente recoge la percepción de los consumidores españoles, tanto de la situación actual de la economía, como de su evolución futura. El jueves conocimos que en el mes de diciembre este indicador alcanzó los 102,5 puntos. Son 2 puntos más que en noviembre y es el mejor dato desde el pasado mes de septiembre. El ICC sigue una escala de 0 a 200 en la que valores por encima de 100 indican una percepción positiva de los consumidores y por debajo, negativa.

Los datos publicados esta semana sobre la excelente trayectoria de las economías de EEUU y Europa, permiten ver con optimismo el crecimiento futuro para España. Si a nuestros clientes les va bien les podremos vender una mayor cantidad y calidad de bienes y servicios. Los datos publicados esta semana para España también son más favorables de lo que se esperaba y señalan una clara mejoría en diciembre, después de que el crecimiento económico registrase una ralentización en octubre y noviembre. También resultará determinante para que se mantenga esta buena tendencia que en 2018 los problemas relacionados con la situación política en Cataluña sean cada vez menos frecuentes y que la situación de las empresas en ese territorio tienda a estabilizarse.

Rafael Pampillón Olmedo. “El año 
empieza bien”. Expansión 6 de enero de 2018.

Destacados:

La excelente trayectoria que mantienen las economías de EEUU y la Eurozona permiten ver con optimismo el crecimiento futuro para España.

La ambiciosa reducción de impuestos de Trump dará un fuerte impulso 
a la inversión privada 
y al consumo este año.

La economía europea, 
a pesar del Brexit, sigue en fase expansiva, con un crecimiento fortalecido 
y caída en la tasa de paro

España seguirá en 2018 en su fase expansiva, pesar de que el crecimiento y empleo sean menos intensos.

4
Nov

¿Seguiremos cobrando la pensión?

Escrito el 4 noviembre 2017 por Rafael Pampillón en Economía española

Desde hace años tanto los expertos como los organismos internacionales están cada vez más preocupados por el envejecimiento demográfico de España y sus efectos negativos en la sostenibilidad del sistema de pensiones. El origen del problema está en la baja natalidad y en que la edad de jubilación se sitúa en los 65 años y 5 meses, casi la misma que en 1919 que eran 65. Esta fue establecida por la Ley de Retiro Obrero de Antonio Maura, cuando la esperanza de vida al nacer era de 33 años y una proporción muy baja de la población llegaba a alcanzar los 65.

Envejecimiento

En muy pocas décadas, España se convertirá en uno de los países más envejecidos del mundo. Este rápido proceso se produce a causa de la tasa de natalidad –una de las más bajas del planeta, con1’32 hijos por mujer– y del aumento de la esperanza de vida, que es de 83 años: 86 en el caso de las mujeres y 80 en el de los varones (la segunda más elevada después de Japón).

Esta situación generará desequilibrios presupuestarios en el futuro, como consecuencia del mayor gasto en sanidad, pensiones, residencias, ayudas a la dependencia, etc. La OCDE acaba de lanzar una advertencia sobre los peligros que acechan al sistema español: si no se toman medidas, las prestaciones por jubilación disminuirán en el medio plazo, lo que sin duda está generando mucha inquietud entre la ciudadanía. En concreto, quienes se jubilen en 2050 tendrán unas pensiones un 15% inferiores, como mínimo, a las de hoy, debido a que la reforma puesta en práctica en 2011 y 2013, al abrigo de los Pactos de Toledo, no han resuelto el problema.

El último Consenso Económico de PWC, publicado hace unos días, recoge un monográfico que pinta un futuro todavía más desalentador. El informe se basa en un cuestionario contestado por 110 ejecutivos de empresa y expertos económicos. Las conclusiones estiman que, con la adversa demografía actual, el sistema de pensiones, tal y como se encuentra actualmente, en un plazo aproximado de cinco años tendrá graves problemas de financiación. Sobre él se ciernen varias amenazas.

Por un lado, el envejecimiento vendrá acompañado, lógicamente, de un crecimiento en la tasa de dependencia, es decir, de un incremento del porcentaje de personas que no trabajan en relación con las que sí lo hacen. En concreto, en 2052, se elevará desde el 50,4% actual hasta el 99,5%

Por otro, se prevé que la hucha de las pensiones se quede sin fondos en 2018 y, dado que la deuda pública ya asciende al 100% del PIB, no será fácil financiar el sistema. Subir los impuestos y rebajar las pensiones es una solución para recabar ingresos, pero muy impopular. Otra posibilidad pasaría por elevar las cotizaciones sociales por trabajador –lo que, económicamente, equivale a aumentar el impuesto sobre el trabajo-, y, con ello, generar desempleo.

En este sentido, el citado monográfico de PWC ofrece algunas alternativas para mantener el sistema público de pensiones:

A) Retrasar la edad de jubilación más allá de los 70 años, exceptuando algunos sectores (minería, transporte, construcción, etc.).

B) Aumentar la productividad de los ocupados, ya que es una de las variables que más influye sobre el sistema de pensiones. A mayor productividad, también mayor producción, salarios, pagos en concepto de cotizaciones sociales y recaudación para la Seguridad Social.

C) Sustituir el actual sistema por otro que garantice su sostenibilidad. Se trataría de un modelo mixto, en el que convivirían el de reparto y el de capitalización. La meta sería potenciar los beneficios de ambos y mitigar así sus fallos, diversificando las fuentes de financiación y permitiendo, al menos parcialmente, que cada ciudadano pudiera elegir libremente una parte de la pensión que tendrá en su futuro, en función de los riesgos que quiera correr.

Hacia un sistema mixto de pensiones

El antedicho sistema es algo muy complejo y que aquí se va a abordar de una forma muy sintética. Se basaría en cuatro pilares:

El primero tendría como objetivo la lucha contra la pobreza, manteniendo una pensión mínima que recibirían los que no han contribuido al sistema de pensiones. Esos ciudadanos, alcanzada una cierta edad, percibirían, tal como está sucediendo en la actualidad, algún tipo de prestación que evitase mayores desigualdades sociales y que sería pagada con cargo a los Presupuestos Generales del Estado.

El segundo pasaría por el sistema de reparto que lo pagaría la Seguridad Social, en función de las aportaciones realizadas a lo largo de toda la vida laboral de cada trabajador, pero de una forma que resultase compatible con la sostenibilidad del sistema; lo que quiere decir que los gastos de éste (prestaciones) serían iguales a los ingresos (cotizaciones).

El tercero descansaría en el sistema de capitalización y, al igual que el anterior, sería de carácter obligatorio, aunque los trabajadores podrían elegir libremente las carteras en las que colocar sus aportaciones. Es importante considerar que buena parte de la población española carece de una cultura financiera mínima como para promover un sistema mixto. Por eso, antes de realizar este cambio, se debería ofrecer formación gratuita a todos los ciudadanos.

El cuarto se apoyaría en el ahorro voluntario de los ciudadanos y permitiría a las personas adaptar sus pensiones futuras a sus preferencias personales. Sería igual al ya existente de fondos de pensiones privados, pero en él los trabajadores deberían poder elegir la cantidad que aportan cada año. Actualmente, el importe de las contribuciones realizadas (con derecho a desgravación en la base imponible del IRPF) está limitado a 8.000 euros. El nuevo sistema eliminaría ese tope.

Pero, ¿cómo sustituir el sistema actual por uno mixto? En primer lugar, se debería dejar a los trabajadores actuales, con más de 40 años, escoger si quieren mantenerse en el de reparto o pasarse al mixto. Los trabajadores con menos de 40 años tendrían la obligación de acogerse al nuevo sistema. Como consecuencia del tránsito de un sistema a otro se perderían ingresos, para mantener el actual sistema de reparto, lo que exigiría un aporte de caudales públicos.

La Comisión parlamentaria del Pacto de Toledo ha venido celebrando desde finales de 2016 sesiones de trabajo con expertos académicos, institucionales y del sector de las pensiones. Pero es muy probable que, como en otras ocasiones, estas reuniones no garanticen soluciones al futuro de las pensiones a largo plazo: culminarán, como siempre, en una serie de recomendaciones para una pequeña reforma que allegue los recursos necesarios para solventar el déficit del sistema en los próximos años, y poco más.

Así las cosas, se debe afrontar el problema cuanto antes y de forma definitiva, sabiendo que para equilibrar el sistema de pensiones se precisan reformas radicales como las que aquí se han propuesto.

Fuente: Rafael Pampillón Olmedo. “¿Seguiremos cobrando la pensión?”. Expansión 4 de noviembre de 2017. Página 43.

28
Oct

PLAY WITH FIRE: LA DEUDA CATALANA Y ESPAÑOLA

Escrito el 28 octubre 2017 por Mikel Aguirre en Economía española

El 29 de Octubre del 2007 el rating, según Standard and Poors de la deuda Alemana es AAA, la máxima calificación, la española BBB+-grado inversión- y la que denominan hoy mismo Comunidad Autónoma de Cataluña es B+ -, -posicionada claramente en lo que se denomina grado especulativo-.  Un rating B significa que una situación  económica o financiera adversa puede perjudicar la capacidad el emisor o deudor de hacer frente a las deudas contraídas.

La deuda de Grecia está calificada con una B-, dos escalones por debajo de la catalana.

Actualmente, Alemania paga a los prestamistas a 10 años un tipo de interés del 0,48%, España del 1,65% -cuatro veces más y Grecia del 5,58%, -11 veces más caro-.  Si la comunidad helena no estuviese dentro de la Unión Europea, creo que hay un cierto consenso que habría suspendido pagos probablemente hace seis años.

La Comisión Europea lleva más de dos años avisando del riesgo que supone  para  España su deuda pública. Con un porcentaje del 102.1% del PIB (más de 1 billón de euros), de producirse desequilibrios macroeconómicos, se podría entrar en serios problemas de liquidez. Bruselas dice que hace falta un ajuste estructural de 25.000 millones de euros para el ejercicio en curso

El segundo trimestre del 2017 la deuda de Cataluña era de 76.727 Millones de EUR , de los que 52.499 Millones corresponden a obligaciones con el Estado Español, 8.175M EUR préstamos de entidades financieras españolas, 6.018 Millones a empréstitos con bancos extranjeros y 5.669 Millones a Bonos emitidos.

Si comparamos la deuda en Cataluña en el segundo trimestre de 2017 con la del mismo trimestre de 2016 vemos que la deuda anual se ha incrementado en 2.325 millones de euros.

Cataluña, según los datos de deuda anual del pasado año 2016, es la comunidad autónoma más endeudada de España y la que mayores obligaciones de pago tiene contraídas con el Estado.

En el año 2.008 la deuda Catalana era de 20.825 millones de Euros, es decir que en una década va camino de cuadruplicarse.

¿Estaría una Cataluña independiente dentro de la UE para gozar de los mismos mecanismos que tuvo, por ejemplo Grecia? Visto el tamaño de la deuda de Cataluña con España y de esta con los prestamistas, ¿No se está jugando con fuego?

14
Oct

¿Por qué las empresas huyen de Cataluña?

Escrito el 14 octubre 2017 por Rafael Pampillón en Economía española

A raíz del proceso secesionista, Cataluña ha dejado de ser la región española con mayor Producto Interior Bruto (PIB). La fuga de varias empresas importantes en los últimos días, le ha hecho perder unos 4.000 millones de euros a ellas imputadas. Como consecuencia, la Comunidad de Madrid ha pasado a estar en cabeza de la clasificación del PIB regional. Es una muestra de que actuaciones secesionistas, promovidas por el Gobierno de la Generalitat, han generado un escenario que abre muchas dudas sobre el presente y futuro económico de Cataluña. Las grandes empresas, unas 40, que ya han cambiado su sede social tienen un valor de mercado equivalente al 50% del PIB catalán. Si hace un mes, Cataluña, contaba con 7 empresas dentro del índice IBEX 35, ahora cuenta solo con una.

¿Por qué se van las empresas?

 En primer lugar, porque la independencia de Cataluña supone la salida del euro, y con ella la pérdida de la protección de la Unión Europea (UE) y de su Sistema de Bancos Centrales. El riesgo de este aislamiento supondría un deterioro para sus empresas: a) por el recargo de aranceles a los bienes exportados desde Cataluña y b) en el caso de los bancos por dos motivos: 1) porque fuera del euro perderían el acceso al crédito del Banco Central Europeo que tiene tipo de interés 0% y que actúa como último recurso cuando a los bancos les falta liquidez y 2) porque para sus depositantes supondría automáticamente, perder el seguro que ofrece el Fondo de Garantía de Depósitos.

 Segundo, porque los empresarios se asustan ante la posibilidad de que los partidos políticos que gobiernen Cataluña, a partir de ahora, puedan comprometer su libertad económica y la seguridad jurídica. Sin ellas, la competitividad de las empresas en un mundo globalizado puede perderse.

 Tercero, si los empresarios tienen miedo a la secesión, también la temerán sus trabajadores y, especialmente, los más cualificados. Esta es la razón de las solicitudes de traslado para salir de Cataluña que se están registrando estos días.

 Por último, las empresas temen también que se boicoteen sus productos si sus empresas tienen su sede social en Cataluña. El 40% de los productos catalanes tienen como destino el resto de España, y otro 40% la UE.

¿Tiene importancia que la sede central de una empresa esté en Cataluña o en otra parte de España? Sí la tiene. Es cierto que a corto plazo el cambio de domicilio social desde Cataluña hacia otras regiones de España es un acto administrativo que no tiene que implicar necesariamente un movimiento de plantillas o deslocalización de la producción de bienes o servicios.

 Sin embargo, a medio y largo plazo si se produce la independencia o aumentan las tensiones sociales la situación sería diferente. De forma gradual las empresas acabarían arrastrando actividades a su nuevo domicilio fiscal. Este traspaso tiene lógica, porque lo habitual es que sea en las sedes centrales donde se desarrollen las actividades de mayor valor añadido, esas que utilizan las tecnologías más avanzadas, y crean una red de empleos y servicios mejor remunerados. Desde un punto de vista de imagen, esas tareas son consideradas como más emblemáticas porque forjan la marca de un país. Entre estas actividades ligadas a las sedes centrales pueden citarse: las financieras, las de marketing, el asesoramiento legal, la investigación, el diseño y desarrollo, la ingeniería avanzada y la política de directivos. Es cierto que algunas compañías tienen centros de investigación en ciudades alejadas de la sede central, pero lo frecuente es que los departamentos clave de la investigación más prometedora estén cerca de la sede central.

 Cambio de domicilio fiscal

 En definitiva, esta disminución de grandes empresas en Cataluña podría terminar generando un colapso económico, tanto por la reducción de actividades, la fuga de su capital humano y la menor recaudación fiscal. Así, la deslocalización de empresas tendrá efectos fiscales negativos. Xavier Sala i Marti, el economista de referencia del independentismo catalán, aseguró la semana pasada que la huida de empresas es poco relevante ya que el impuesto del beneficio es de carácter estatal. Afirmación que es cierta sólo en el caso de que Cataluña siguiese formando parte de España. Sin embargo, en el caso de secesión las empresas que se hayan deslocalizado pagarán el impuesto de Sociedades al Estado español y no a la hacienda catalana. Además, las empresas que se han ido dejarán de tributar por los impuestos autonómicos y locales, y, en cambio, deberán pagar los impuestos correspondientes a la comunidad autónoma y ayuntamiento donde tengan su nuevo domicilio fiscal. 

Esto supondría menores ingresos fiscales a la vez que aumentaría el gasto público, ya que el Gobierno de Cataluña tendría que financiar la constitución del nuevo Estado (incluyendo pensiones, Ejército, representación exterior, la parte proporcional que le corresponda de la deuda española y sus consiguientes intereses, etc.).   

En definitiva, la razón de fondo por la que los empresarios huyen de Cataluña es su convencimiento de que el gobierno de España defiende mejor sus intereses. Para que las empresas vuelvan a Cataluña las instituciones políticas catalanas deben renunciar a una independencia ya que esta provocaría un descenso generalizado de su nivel de vida, quizá irreversible tal como sucedió en la provincia de Quebec (Canadá).  

Conviene recordar que en Canadá, cuando el partido separatista de Quebec convocó un referéndum de independencia en 1980 las empresas huyeron de esa provincia autónoma canadiense asustadas por la inseguridad jurídica que conllevaba ese proceso. Este movimiento empresarial marcó un antes y un después.  De los ocho bancos de Quebec, sólo uno mantuvo su sede en la provincia francesa. En cambio el Banco de Montreal, que fue uno de los que se fue todavía hoy no está domiciliado en la ciudad que lleva su nombre. Lo mismo hizo el Royal Bank de Canadá. Y eso que Quebec no logró la independencia. 

En resumen, se confirma una vez más que la actividad empresarial no le gusta la inestabilidad y que tampoco se mueve por sentimientos nacionalistas, sino por razones económicas y sociales. Por último añadir que a la salida de las grandes empresas de Cataluña les están siguiendo otras medianas y pequeñas porque fuera del paraguas de la UE exportar puede ser menos rentable y también porque aquellas que estaban suministrando componentes y servicios a las grandes tenderán a aproximarse geográficamente a ellas. No es casualidad, como comentaba ayer EXPANSIÓN en su editorial, que los notarios y registradores estén desbordados por la avalancha de peticiones de traslados de sedes sociales de empresas desde Cataluña al resto de España. 

Fuente: Rafael Pampillón. “¿Por qué las empresas huyen de Cataluña?” Expansión, 14  de octubre de 2017, página 18.

 

30
Abr

Fuerte avance de la economía y el empleo

Escrito el 30 abril 2017 por Rafael Pampillón en Economía española

El jueves conocimos la Encuesta de Población Activa (EPA) del primer trimestre de este año: aunque aumenta el número de parados en 17.200 personas, cuando se corrigen los efectos estacionales y de calendario, el paro se reduce en 127.000 personas. Además, el Gobierno aprobó el viernes el Programa de Estabilidad que se enviará a la Comisión Europea donde se recoge una caída importante del desempleo para los próximos años.
El mercado laboral se encoge
 
Según la EPA, en el primer trimestre de este año se ha vuelto a reducir la población activa (-53.000). Desde 2012, se han perdido 668.000 activos. Esta tendencia al abandono del mercado de trabajo se puede deber a que los españoles están invirtiendo más tiempo en formarse para adecuarse a las necesidades de las empresas, en un contexto de cambio tecnológico profundo y rápido o bien se están yendo a otros países. Precisamente, el INE acaba de informar de que el número de personas con nacionalidad española que residen en el extranjero alcanzó los 2.406.611 a 1 de enero de 2017. Esta cifra supone un incremento del 4,4% (+101.581) respecto a los datos a 1 de enero de 2016.
 
Los servicios lideran la ocupación anual
 
Desde una perspectiva más amplia el mercado laboral español muestra que desde abril del año pasado a marzo de éste se ha producido un aumento de la ocupación de 409.000 empleos. Se han verificado incrementos en todos los sectores económicos: servicios (+199.000), industria (+90.000), construcción (+50.000) y agricultura (+70.000). Por ejemplo, gracias a los sistemas que incorporan la digitalización y las nuevas técnicas logísticas, la producción agraria se ha vuelto más competitiva por lo que aumenta cada vez más. En el primer trimestre de este año trabajaban en este sector 848.000 personas. Hay que remontarse nueve años atrás, al primer trimestre de 2008, para encontrar un nivel de empleo mayor en la agricultura. Es una prueba de que el avance tecnológico no destruye puestos de trabajo, sino que genera nuevas oportunidades laborales.
 
Sin embargo, la mayor parte de los nuevos ocupados del último año han encontrado empleo en el sector servicios. Un fortalecimiento que también se ha podido comprobar en el Índice de Actividad del Sector Servicios, publicado esta semana por el INE, que ha aumentado en febrero un 7,7% anual. Es la tasa más alta desde el año 2007. Este impresionante crecimiento ha sido consecuencia del avance de todos los tipos de comercio y de las actividades profesionales, científicas y técnicas.
 
Por su parte, los servicios turísticos continúan creciendo con rapidez. El último informe de movimientos en fronteras que publicó el viernes Frontur indica que, en marzo, siguió aumentando de forma espectacular el número de turistas extranjeros que visitan España, un buen ritmo que comenzó a acelerarse en el último trimestre de 2015 y que desde entonces no ha dejado de aumentar.
 
Aumenta el bienestar de los ciudadanos
 
Según la EPA, cuando se eliminan los efectos estacionales y de calendario, en el primer trimestre la ocupación creció en 120.000 personas. Esto significaría que, en los cuatro últimos años (desde el primer trimestre de 2013 hasta el primero de 2017), más de un millón y medio de personas han encontrado un empleo y beneficiado de la recuperación. Por si esto fuera poco este segundo trimestre viene acompañado de un fuerte impulso del turismo debido a la  Semana Santa, un puente largo en mayo y el inicio del verano que traerá consigo excelentes noticias para el mercado laboral.
 
Estos buenos resultados que muestra la EPA, permiten afirmar que, durante 2017, se pueden crear 400.000 nuevos puestos de trabajo. Además, después de muchos años, la economía española habrá conseguido, durante tres consecutivos (2015, 2016 y 2017), aumentar el empleo en todos los sectores productivos.  Este incremento de la ocupación, junto con otros indicadores que se han ido publicando y las estimaciones de los principales servicios de estudios, viene a confirmar que, en 2017, el PIB puede crecer al 3%.
 
Por su parte, el cuadro macroeconómico que aprobó este viernes el Gobierno, y que remitirá a Bruselas, recoge un crecimiento medio del PIB español del 2,5% para los próximos cuatro años. Para que se cumplan estas previsiones el Gobierno necesita mantener el programa de reformas estructurales que permita dar mayor solidez a nuestra economía. Es decir, la política económica debe realizar más cambios en la legislación laboral, la formación profesional, en el sistema de pensiones, en la competencia del sector servicios, en el sector energético, en el tamaño de las Administraciones Públicas y en la reducción del déficit público.
Esto significaría que, en los próximos cuatro años, otro millón y medio de personas se beneficiará de la prolongación de la recuperación económica. Que se haga realidad o no va a depender de que la mayoría de los diputados permita que el Gobierno pueda aplicar la política económica que necesita España.

Fuente: Rafael Pampillón Olmedo. “Fuerte avance de la economía y el empleo”. Expansión de 28 de abril de 2017.

2
Abr

Son poco ambiciosos

Escrito el 2 abril 2017 por Rafael Pampillón en Economía española, Política fiscal

El proyecto de Presupuestos Generales del Estado para este año que aprobó ayer el Gobierno se enmarca en una situación de mayor crecimiento de la economía mundial y de un crecimiento razonable para la economía española. Un presupuesto que debe calificarse como menos expansivo que el del año pasado, ya que el déficit público se reduce del 4,3% del PIB en 2016 al 3,1% para 2017. Pero aunque disminuye sigue siendo excesivo, ya que después de más de dos años de elevado crecimiento económico debería estar como máximo en el 2,5% del PIB. Una de las causas de que no se pueda ajustar más es la situación de minoría parlamentaria en la que se encuentra el Gobierno del Partido Popular que obliga a pactar aumentos en algunas partidas presupuestarias, lo que a la postre impide recortar el gasto público, que desgraciadamente seguirá aumentando.

Es un presupuesto cómodo de cumplir ya que la previsión de crecimiento de la economía española que hace el Gobierno para este año, del 2,5%, es algo más moderada a la que están dando los servicios de estudios de Bankia, BBVA y Ceprede (+2,7%). Y como los ingresos y los gastos públicos están íntimamente ligados al crecimiento económico, si el crecimiento de este año fuera algo mayor al 2,5% previsto en estos presupuestos se traduciría en mayores ingresos fiscales, menos gasto público y por tanto menos déficit público.

Crecimiento y empleo

También va a facilitar su cumplimiento el mayor crecimiento de la economía mundial durante este año: un 3,4% frente al 3,1% del ejercicio pasado. La Unión Económica y Monetaria, nuestro principal cliente –el 55% de nuestras exportaciones se dirigen a la eurozona– también tendrá un crecimiento cercano al potencial (+1,7%). Esta favorable evolución permitirá que las exportaciones españolas de bienes y servicios crezcan más durante este año que en 2016.

El Banco de España informó ayer de que las exportaciones de bienes y servicios en enero fueron un 17% mayores que en enero del año pasado. Un ejemplo de que, durante este año, la buena marcha de la economía nacional e internacional hará que las empresas aumenten su producción y contraten más mano de obra.

Por tanto, en 2017, la economía española mantendrá una senda de crecimiento parecida a la de los dos últimos años, lo que se traducirá en elevada creación de empleo –500.000 más durante este año–, menos paro y, por tanto, menores gastos en prestaciones por desempleo y más cotizantes a la Seguridad Social, lo que facilitará el pago de las pensiones.

Con estas coordenadas, la tasa de desempleo que prevé el Gobierno parece realista: se reduciría desde el 18,6% en 2016 al 16,6% en 2017. Y el número de parados descenderá en ese periodo de 4,2 millones a 3,8 millones. Si se cumpliera esta predicción la cifra total de parados bajará de los cuatro millones por primera vez en nueve años.

A diferencia del año pasado para alcanzar el objetivo de déficit no será necesario instrumentar, a lo largo de este año, medidas de ajuste no contempladas en los presupuestos del Estado.

De ahí que en un contexto de elevado crecimiento económico y del empleo, antes descrito, no estaría de más que el Gobierno se plantease reducir el déficit un poco más. Se conseguiría con ello aumentar la confianza de los mercados financieros, bajar los tipos de interés y reducir el porcentaje de deuda sobre PIB. En este sentido el Banco de España informó ayer de que la deuda pública se redujo al final del año pasado pasando del 101,2% del PIB en el tercer trimestre de 2016 al 99,4% en el cuarto trimestre. De seguir esta tendencia a disminuir mejoraría la percepción que los mercados tendrían sobre nuestra solvencia. No es casualidad que durante el último mes la prima de riesgo haya caído en 20 puntos (marcaba 150 a finales de febrero y bajó a 130 a finales de marzo).

Gasto productivo

Así las cosas, estos presupuestos aciertan al incrementar la dotación de algunas partidas como la educación (incluida la elevada contratación de profesorado) y la investigación y el desarrollo (I+D), cuyas continuas rebajas en años anteriores estaban poniendo en peligro el potencial de crecimiento de la economía a medio plazo. También se acierta aumentando el número de inspectores para perseguir el elevado nivel de fraude que campa libremente por el país, sobre todo en lo que se refiere al impago del IVA.

En resumen, el sexto presupuesto del Gobierno de Rajoy, el de 2017, se enmarca en un escenario político que complica una mayor y necesaria reducción del déficit. El Congreso, que recibirá los presupuestos el próximo martes para su aprobación, debería hacer un esfuerzo por reducirlo al 2,5% del PIB. Un objetivo que resulta mucho más necesario en un contexto internacional en el cual las negociaciones del Brexit, la presidencia de Trump y los movimientos populistas en la Europa continental podrían amenazar de forma significativa las exportaciones, lo cual ocasionaría una ralentización de nuestra economía.

A corto plazo, en el horizonte no se observan signos de debilidad pero una reducción sensible en el crecimiento a partir de 2018 puede conllevar un aumento en el número de parados, lo que generaría una disminución del número de contribuyentes, de cotizantes y un incremento del déficit y de la deuda pública lo que complicaría la situación económica de España.

Se está a tiempo de corregir. Porque de no reducir más el déficit en vez de tener buenas noticias las podríamos tener malas. España es un país muy endeudado, que necesita ganar credibilidad ante los acreedores que nos financian. Por tanto, la política fiscal debería hacerse más restrictiva. Desgraciadamente, no parece que vaya a ser así y la prima de riesgo que ahora está bajando podría empezar a subir.

Fuente: Rafael Pampillón Olmedo. “Son poco ambiciosos”. Expansión de 1 de abril de 2017.

2
Mar

En ocasiones colegas, amigos, alumnos, periodistas, etc. preguntan sobre la estructura sectorial de la producción y del empleo en la economía española. Los datos de Contabilidad Nacional publicados hoy por el INE (y también los de la Encuesta de Población Activa del cuarto trimestre de 2016 publicados en el mes de enero de este año) permiten actualizar esa información al año 2016. Te la pongo a continuación por si te puede ser útil.

Estructura sectorial de la economía española

El tejido productivo español se caracteriza por un elevado peso del sector servicios y por una baja presencia del sector industrial. Si bien, no siempre ha sido así, los datos de Contabilidad Nacional y la Encuesta de Población Activa, muestran que en las décadas de los años 70 y 80 el peso de la industria y la energía en la producción nacional y el empleo superaban el 25%.

Los datos de la tabla 1 muestran, sin embargo, que desde 1970 España registra una disminución paulatina de la contribución de la industria en el PIB, mientras el sector servicios ha ido adquiriendo un mayor peso con el transcurso del tiempo. Así, desde 1970 el sector servicios tiene una importancia creciente pasando de representar el 46% del PIB en 1970 al 75% en 2015. Esta terciarización es habitual en el proceso de desarrollo económico de la mayoría de los países. En este sentido, España es una economía de servicios y tiene un importante número de empresas que son muy competitivas en ese sector. Buena parte de la inversión española en el exterior y de las exportaciones está en los sectores, bancario, distribución, ingeniería, gestión y construcción de infraestructuras (aeropuertos, autopistas, etc.), gestión de aguas y basuras, hoteles, producción y distribución de energía, energías renovables, seguros, telefonía, etc.

Según el Banco de España en el año 2016 las exportaciones de servicios no turísticos contabilizaron 60.000 millones de euros un 6,8% más que en el año 2015. En cambio las exportaciones de bienes crecieron un 1,7% y las de servicios turísticos un 7,1%.

Tabla 1 – Estructura de la producción en la economía española (Datos en porcentaje)

Agricultura y pesca Industria energía Construcción Servicios
1970 11,0% 34,0% 8,8% 46,2%
1980 7,0% 28,6% 7,9% 56,5%
1990 5,5% 25,1% 8,8% 60,6%
2000 4,1% 20,6% 10,1% 65,2%
2005 3,0% 18,8% 11,6% 66,6%
2010 2,6% 17,2% 8,8% 71,4%
2012 2,5% 17,2% 6,3% 74,0%
2013 2,8% 17,1% 5,6% 74,5%
2014 2,5% 17,1% 5,4% 75,0%
2015 2,5% 17,1% 5,5% 74,9%
2016 2,6% 17,8% 5,6% 74,1%

Fuente: INE (2017)

En términos de empleo, y a partir de la década de los 80 (ver tabla 2), la industria empezó a perder importancia. Así, mientras que la población empleada en el sector servicios ha ido aumentando su porcentaje sobre el total de los trabajadores ocupados, la industria ha ido reduciendo su participación.

Tabla 2.- Estructura del empleo en la economía española (Datos en porcentaje)

Agricultura y pesca Industria energía Construcción Servicios
1970 29,3% 25,3% 8,9% 36,5%
1980 18,6% 27,2% 9,3% 44,9%
1990 11,5% 23,7% 9,8% 55,0%
2000 6,8% 18,8% 12,0% 62,4%
2005 5,3% 16,2% 13,8% 64,7%
2010 4,6% 13,8% 9,3% 72,3%
2012 4,7% 13,5% 6,8% 75,0%
2013 4,8% 13,4% 6,1% 75,8%
2014 4,6% 13,4% 5,9% 76,2%
2015 4,3% 13,6% 5,8% 76,2%
2016 4,4% 13,9% 5,8% 75,8%

Fuente: INE (2017)

La tabla 2 muestra también un aumento espectacular de la participación del sector de la construcción en el total del empleo hasta el año 2005. Sin embargo, la crisis ha cambiado las tendencias, y así a partir de 2005, la construcción disminuye su participación en el empleo, observándose al mismo tiempo una pérdida importante de peso en términos de producción.

La industria, que como ya hemos mencionado tuvo una fuerte contracción hasta el año 2010, consolida su participación a partir de ese año, al menos en términos de producción (tabla 1) y va cayendo ligeramente en términos de empleo (tabla 2).

En 2016, parece observarse una ligera recuperación del sector agrario e industrial en términos de empleo (tabla 2) y de producción (tabla 1), especialmente la industria manufacturera. En cambio parece que pierden peso el sector servicios y la construcción.

25
Nov

Los Presupuestos Generales del Estado para el año que viene (PGE-2017) se enmarcan en el siguiente contexto: a) el de la obligación ineludible de pactar, que impone la situación de minoría parlamentaria en la que se encuentra el Gobierno del Partido Popular, b) el de la necesidad de reducir el endeudamiento de España, que, de momento, se mantiene por encima del 100 % del PIB, en un entorno de alza de los tipos de interés, y c) de crecimiento económico y creación de empleo, que va a ser menos intenso en 2017 que este año. A pesar de esa desaceleración, la economía española seguirá en una fase expansiva. En este sentido, el Gobierno y los Servicios de Estudios del BBVA y Bankia acaban de elevar dos décimas sus estimaciones de crecimiento para 2017, hasta el 2,5%, por encima, por tanto, del que tendrá la media de los países de la zona euro (+1,5%).

Foto: El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, encargado de defender los presupuestos.

montoroEsta revisión al alza debería facilitar reducir todavía más el déficit público, y también los acuerdos parlamentarios para la aprobación de los PGE-2017. Ello se debe a que los ingresos y los gastos del Estado están íntimamente ligados al crecimiento económico, por lo que, si éste es mayor que el previsto, debería traducirse en una disminución del déficit público.

Reducir el déficit público de 2017

Desgraciadamente, en lo que va de 2016, y a pesar del fuerte crecimiento económico y del empleo, en lugar de reducirse, el desfase presupuestario aumenta. Es más, desde 2012, España no ha cumplido ni un solo año con el objetivo de déficit público y, en 2017, sino se toman medidas, tendremos el más alto de la UE.

Algo que se nos antoja insoportable, ya que la economía es cíclica y, lamentablemente, la ola de proteccionismo y populismo que, poco a poco, está invadiendo el escenario internacional puede provocar que, a partir de 2018, empeore la boyante situación económica en que nos encontramos. Y, si eso ocurriese, las cuentas públicas se tornarían todavía más deficitarias, con el consiguiente aumento de la deuda y de los tipos de interés, tanto más cuanto que, en marzo, el BCE dejará de comprar bonos de los Estados. Por tanto, yerra el Congreso de los Diputados si no se decide a aplicar unos presupuestos más restrictivos.

Además, hay que tener presente que, debido al alto grado de descentralización territorial, los PGE representan menos del 50% del total del gasto. Por ese motivo, el control del déficit exige poner en marcha instrumentos para obligar a las comunidades autónomas (CC.AA.) a que, como mínimo, cumplan con sus compromisos de estabilidad fiscal. El PSOE parece que va en la dirección contraria: a través de Susana Díaz y del presidente de la gestora, Javier Fernández, está reclamando que las CC.AA. dispongan de 4.000 millones de euros más. Lo que significaría que éstas podrían alcanzar un déficit del 0,7% del PIB en lugar del 0,3% previsto.

Reforma de las Administraciones Públicas

Esto es un despropósito, porque es precisamente en las CC.AA. donde hay margen para seguir haciendo el ajuste, fundamentalmente por la vía de los gastos, lo que, a su vez, daría más credibilidad a España de cara a suscitar la confianza de los inversores. Por eso, los partidos políticos no pueden meter la cabeza debajo del ala. Deben afrontar de una vez por todas la reforma de las Administraciones Públicas y, de todos modos, el Gobierno no tendría que financiar a ninguna autonomía o administración local que no cumpla con la requerida contención presupuestaria.

Resulta perentoria una reforma de las Administraciones que las haga más eficientes, de manera que supongan un menor coste. Que elimine solapamientos de funciones en ayuntamientos, diputaciones, comunidades autónomas y Estado. Que disminuya el número de municipios. Que ahorre, suprimiendo administraciones y duplicidades que generan tantísima burocracia. Que reduzca el abuso del consumo sanitario, introduciendo, por ejemplo, un copago que retraiga las consultas innecesarias. Por último, convendría establecer incentivos al desempeño de los funcionarios, para que aumenten su productividad y como consecuencia su número deje de crecer. Son aspectos que no agradan a los parlamentarios (la mayoría de ellos han sido empleados públicos), ya que ellos y muchos de sus antiguos colegas tendrían que ir por delante predicando la necesaria reforma de las Administraciones y dando ejemplo de una mayor eficiencia laboral.

El ahorro de todos esos gastos (y también la reducción de muchas bonificaciones, desgravaciones y subvenciones injustificadas) implicaría reducir el déficit público por debajo del 3% del PIB y, como consecuencia, también la deuda y los intereses de pagarla. De no corregirse, habría malas noticias, porque España es un país muy endeudado, que necesita ganar credibilidad ante los acreedores que nos financian. Por tanto, la política fiscal debería cambiar y hacerse más restrictiva, con el fin de que los mercados reciban un mensaje claro y contundente: “España está haciendo todo lo que puede por reducir su déficit”. Desgraciadamente, no parece que vaya a ser así y la prima de riesgo seguirá subiendo.

Mejora de la competitividad

Se trata, en definitiva, de seguir recortando la grasa que sobra en el sector público, eliminando los gastos corrientes superfluos o improductivos, y de mantener, en cambio, la financiación pública de aquellos engranajes de la economía que mejoran la competitividad, como es el caso de la educación y la investigación. La UE ha advertido al Gobierno de que la inversión de España en estos campos es muy pobre, y que debería incrementarse. Junto con la mejora del sistema educativo, se precisa aumentar la capacidad del Sistema Científico y Tecnológico de generar mayores niveles de innovación. Y eso supone redirigir hacia esas áreas recursos que ahora se despilfarran.

En este sentido la mayoría de los economistas están más o menos de acuerdo en que una parte de la investigación, concretamente, la que no tiene fines comerciales, la debe apoyar o bien realizar el sector público. Ello se debe a que las empresas están poco incentivadas a invertir en investigación básica ya que los resultados de este tipo de investigación no son apropiables, es decir, no son patentables pero, en cambio, sus resultados se publican y, por tanto, están disponibles para todos. Por este motivo, es preciso incentivar más la investigación básica que se hace en las empresas y en los centros de investigación.

En resumen, el sexto Presupuesto del Gobierno de Rajoy, el de 2017, se enmarca en un escenario político que complica la consecución de un déficit que debería estar por debajo del 3% del PIB. Un objetivo que resulta mucho más necesario en un contexto internacional en el cual las negociaciones del Brexit, la presidencia de Trump y los movimientos populistas en Francia y Alemania amenazan de forma significativa las exportaciones, lo cual ocasionaría una ralentización de nuestra economía. Y una reducción sensible en el crecimiento de ésta en 2018 puede conllevar un aumento en el número de parados, lo que generaría una disminución del número de contribuyentes y un incremento del déficit, de la deuda pública y del malestar de la población.

Fuente: Rafael Pampillón Olmedo y Carolina Ramírez . “Deberían ser más restrictivos”. Expansión de 23 de noviembre de 2016, páginas 6 y 7.

 

6
Nov

FAVORECER EL SALTO DE PEQUEÑA A MEDIANA EMPRESA

Escrito el 6 noviembre 2016 por Rafael Pampillón en Economía española

Ayer se constituyó el nuevo Gobierno de España, presidido por Mariano Rajoy. En su agenda figuran una serie de reformas económicas que deben ser prioritarias si se quiere que nuestro país siga creciendo y creando empleo. Se trata de un conjunto de políticas dirigidas a reducir el déficit público y los niveles de deuda, hacer sostenible el sistema de pensiones, conseguir la unidad de mercado, disminuir el desempleo y mejorar la competitividad de nuestras empresas. Resulta más fácil conseguir estos objetivos si la economía, tal como está sucediendo ahora, camina por la fase expansiva del ciclo.empresas

Efectivamente, todos los datos publicados esta semana confirman esta solidez de la economía española. Aumentan de forma notable el consumo de las familias, el nivel de empleo y las exportaciones. El INE estimó que, en septiembre, el comercio minorista, en tasa anual, creció un 3,2%, corregidos los efectos estacionales y de calendario. El Ministerio de Empleo contabilizó que, en octubre, se produjo un aumento de más de 100.000 afiliados a la Seguridad Social con respecto al mes anterior: la cifra más alta en un mes de octubre de la serie histórica. También el sector exterior marcha viento en popa. Al respecto, el Banco de España nos dio buenas noticias esta semana: en los ocho primeros meses del año, el saldo por cuenta corriente se elevó a 12.600 millones de euros, registro que dobla al del mismo periodo de 2015 (+6.300 millones). Este incremento se debió a un mayor superávit de la balanza de bienes y servicios frente al mismo periodo de 2015, gracias a que las exportaciones superaron (+3%) a las importaciones (+0,5%).

Hoy nos vamos a fijar en una de las reformas que debe aplicar el nuevo Gobierno aprovechando esta favorable coyuntura: mejorar la productividad de la economía, a través del aumento del tamaño de las empresas, con el fin de que exporten más. Es decir, hacerlas todavía más competitivas en los mercados internacionales. 

Hay más empresas exportadoras

¿Por qué siguen creciendo las exportaciones? Entre otras razones, porque hay más empresas que exportan. Antes de la crisis, en 2007, había 97.000 y, en 2016,  ya son 150.000, un incremento del 50%. Si se considerase sólo a las compañías que lo hacen de forma regular (exportan todos los años desde hace cuatro), en 2007 eran 39.000 y, ahora, ascienden a 46.000, un 18% más. Es el resultado de la mejora de la competitividad de miles de empresas grandes, pero también medianas y pequeñas (PYMEs), que están haciendo realidad el más intenso de los procesos de internacionalización de toda nuestra historia.

Como consecuencia de la caída de la demanda nacional durante la crisis, las PYMEs han tratado de ganar presencia en los mercados extranjeros, posicionándose ventajosamente frente a sus competidores. Sin embargo, aunque tengan un peso cada vez más relevante en el conjunto de las exportaciones nacionales, lo cierto es que el valor de los bienes exportados todavía es muy reducido, y la mitad del total corresponde a las grandes compañías. El 75% de las empresas españolas que exportan lo hacen por importes inferiores a los 50.000 euros al año.

Dentro de las PYMEs, las empresas medianas exportan proporcionalmente más que las pequeñas. De ahí que uno de los objetivos de política económica que se debe plantear el nuevo Ejecutivo sea eliminar los obstáculos que impiden que las pequeñas compañías se conviertan en medianas.

Un salto deseable no sólo porque estas últimas exportan más y mejor, sino también porque son más resistentes a los ciclos contractivos. Efectivamente, las pequeñas empresas, que representan más del 90% de nuestro tejido productivo, aparecen y desaparecen de escena con mucha facilidad. Una situación íntimamente relacionada con la enorme fragilidad del mercado de trabajo español, pues éstas tienden a crear empleo temporal, que siempre resulta más volátil.

A ello se une que las pequeñas tienen un bajo aprovechamiento de las economías de escala (de las que, en cambio, sí se benefician las empresas de mayor tamaño), lo que eleva sus costes y, consecuentemente, los precios a los que venden sus bienes en el mercado. A esa menor productividad contribuye una peor cualificación de su mano de obra (los trabajadores más preparados buscan trabajo en empresas con perspectivas de crecimiento o de mayor tamaño). Esta circunstancia, a su vez, hace que paguen menores salarios, lo que, como pez que se muerde la cola, desincentiva a la mano de obra más formada a querer trabajar en ellas.

Dificultades para crecer

Ante este panorama de vulnerabilidad, baja productividad y reducidos salarios de las pequeñas empresas, cabe preguntarse por qué, a diferencia de lo que ocurre en otros países, hay tan pocas que aumenten su tamaño, pasando al grupo de las medianas.

En el último número de la revista “Economistas”, dedicado a “La evolución de las PYMEs en España”, se señalan algunas de las razones que lo explican:

1º)  Las pequeñas están sujetas a regulaciones laborales más sencillas, lo que las anima a mantener una plantilla reducida y evitar así los costes adicionales de ampliar el número de empleados, tales como: a) la creación de un comité de empresa encargado de negociar las condiciones laborales de los trabajadores, y b) mayores costes burocráticos derivados de la variedad de fórmulas contractuales.

2º) La normativa fiscal española beneficia más a las pequeñas empresas que a las de tamaño medio. En lo que al Impuesto de sociedades se refiere, las pequeñas son sometidas a menos inspecciones fiscales y a tipos impositivos más bajos, al menos durante los primeros años de actividad.

3º) Las mayores exigencias de auditoría de cuentas y normativas contables impuestas a las empresas de tamaño medio y grande frente a las menores.

4º) La fragmentación del mercado español, propia del sistema autonómico, que hace que cada comunidad tenga sus normativas, lo que dificulta la expansión y crecimiento de las empresas, al conllevar costes más elevados. Por tanto, el nuevo Gobierno de España deberá legislar para que haya una mayor unidad de mercado, homogeneizando los requisitos exigidos por los distintos niveles de las Administraciones Públicas.En definitiva, España está mejorando notablemente su situación económica,  creciendo muy por encima de la media europea. Sin embargo, si se quiere mantener esta tendencia expansiva, se precisa seguir por el camino de las reformas, como aumentar el tamaño de nuestras empresas. España es un país de PYMEs pero, sobre todo, de Microempresas, y es precisamente en este hecho en donde reside nuestra principal debilidad.

De ahí que el nuevo Gobierno debería tratar de eliminar los incentivos que animan a muchos empresarios a mantenerse agazapados en la zona de confort de su reducido tamaño. Dar el salto permitiría que nuestra economía generase más empleo y fuese todavía más competitiva en los mercados internacionales.

Fuente: Rafael Pampillón y Ana Cristina Mingorance (Coordinadores del monográfico de la revista ECONOMISTAS dedicado a “La evolución de las PYMEs en España”) “FAVORECER EL SALTO DE PEQUEÑA A MEDIANA EMPRESA”. Publicado en Expansión de 5 de noviembre de 2016, página 43.

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