Archivo de la Categoría ‘Economía española’

21
Oct

La destrucción de la ciudades

Escrito el 21 octubre 2018 por Rafael Pampillón en Economía española

El auge del alquiler turístico y la falta de viviendas disponibles para alquilar, en determinadas zonas de España está provocando fuertes subidas en los precios de los alquileres. Para intentar solucionar este problema, el Gobierno de España y Unidos Podemos han llegado a un acuerdo para intentar limitar las subidas de precios de los alquileres. El acuerdo faculta a los ayuntamientos de todo el país para establecer límites a los alquileres en aquellas zonas en las que se considere que se están produciendo importantes tensiones en los precios.

 Dicen los economistas que poner topes a los alquileres y los bombardeos son dos formas distintas de destruir las ciudades. La diferencia entre una y otra está en la forma y velocidad de la demolición. El bombardeo de Dresde (Alemania) que llevaron a cabo las Fuerzas Aéreas del Ejército Aliado hacia el final de la Segunda Guerra Mundial aniquiló la ciudad en tres días, mientras que la limitación de los alquileres, tal y como se ha observado en muchas ciudades, es un derribo más lento.

 Aunque las discrepancias entre los economistas son habituales, su opinión sobre poner precios máximos a los alquileres es casi unánime. El 93% están de acuerdo en que esta política de topes reduce tanto la cantidad de viviendas disponibles para alquilar como su calidad. Los efectos negativos del control de los alquileres se dejan sentir tanto por el lado de la oferta como de la demanda. Es decir, tanto los compradores como los vendedores tienen incentivos para cambiar de conducta en respuesta a la limitación de los precios del alquiler.

 La oferta se reduce

 Por lo que se refiere a la oferta, los caseros, ante la perspectiva de menores rentas, ofrecerán menos casas, porque ahora les compensa menos atarse las manos alquilándolas a un precio que consideran bajo. Así las pueden reservar por si las precisasen para un hijo, o tenerlas disponibles para venderlas. La oferta también se reducirá porque los propietarios dejarán de construir nuevas casas para alquilar. Además, si no pueden cobrar unos precios razonables que les permitan obtener un beneficio y realizar gastos para un buen mantenimiento de las viviendas, es probable que algunos caseros piensen que no les compense invertir en mejoras. En definitiva, disminuye la oferta y la calidad de las casas en alquiler, y el parque de viviendas se deteriora.

 La demanda aumenta

 Por lo que se refiere a la demanda, los bajos alquileres estimularán a la gente joven a alquilar (en lugar de vivir con sus padres o de compartir piso con otras personas) y animan a más ciudadanos de los pueblos a trasladarse a la ciudad, generando más demanda en las ciudades y mayor despoblación en el campo. A esta situación de mayor demanda se une la de aquellas personas que están dudando entre comprar o alquilar: si los alquileres son más bajos, pueden inclinarse con más facilidad hacia el alquiler, lo que aumentará todavía más la demanda de alquiler.

 Mas demanda y menos oferta genera escasez ¿Serán los más necesitados los que se queden con el menor número de casas que se van a alquilar? No. Prevalecerán criterios de adjudicación basados en lazos de amistad, familiares, raciales o de género. Y los inquilinos podrán pagar en negro un complemento de adjudicación. De ahí que los economistas sostengan habitualmente que el control de los alquileres es un mecanismo sumamente ineficiente para ayudar a los pobres a mejorar su nivel de vida.

Fuente: Rafael Pampillón Olmedo (Director de Análisis económico del IE Business School). “La destrucción de las ciudades”. La Voz de Galicia. 21 de Octubre de 2018.

14
Jul

Ayer, el INE, publicó el comportamiento del IPC del mes de junio. Durante los doce últimos meses los precios subieron en España 2,3%: máximo de 14 meses. Este repunte de la inflación unida a la subida de impuestos (que se está concretando) va a suponer una pérdida de poder adquisitivo para los ciudadanos.

Foto: Ministra de Hacienda del Gobierno de España, María Jesús Montero.

Conviene recordar que la Teoría Económica, como disciplina científica, demuestra que las subidas de impuestos (incluidos los aranceles) aumentan la inflación, reducen el crecimiento económico y disminuye el bienestar de los ciudadanos. El Gobierno de Estados Unidos (EEUU) está por la labor de subir los aranceles y el de España por aumentar los impuestos. Sin embargo, no parece que este sea el mejor momento para poner palos en la rueda de la economía española, ni para que EEUU suba los aranceles a nuestras exportaciones, ni para que el Gobierno de España aplique una política fiscal que suba los impuestos.

Indicios preocupantes

En tan solo una semana las perspectivas de la economía española parece que han cambiado: los datos publicados muestran una desaceleración del crecimiento económico. Así, para España, la síntesis de los indicadores adelantados (CLI por sus siglas en inglés), que elabora la OCDE y publicada esta semana, vuelve a mostrar descensos. Desde comienzos de año este indicador ha caído desde los 100 puntos en enero a 99,6 puntos de mayo. El dato de mayo representa la cuarta disminución consecutiva del índice. Conviene recordar que este índice está diseñado para anticipar los cambios de tendencia en la actividad económica en un periodo de seis a nueve meses posteriores a su elaboración. Un dato inferior a 100, como es el caso de España, significa que el crecimiento económico futuro se situará por debajo de la tendencia del crecimiento a largo plazo. Por tanto, el CLI (The Composite Leading Indicator) está anticipando que en el año 2019 España crecerá por debajo de la tendencia.

Evolución del Índice Compuesto de Indicadores Adelantados (CLI) de la OCDE en 2018.

  Enero Febrero Marzo Abril Mayo
OCDE 100.2  100.1  100.0  100.0   99.9 
UEM 100.5  100.4  100.2  100.1   99.9 
España 100.0 99.9 99.8 99.7 99.6
Francia 100.3  100.1  100.0   99.9   99.7 
Alemania 100.9  100.7  100.5  100.3  100.2 
Italia 100.7  100.6  100.4  100.2  100.0 
EEUU 100.0  100.1  100.2  100.2  100.2 
China 98.9   98.9   99.1   99.3   99.6
India 100.4  100.7  100.9  101.2  101.4

 Fuente: OCDE, 9 de julio de 2018

Esta información coincide con la publicada también esta semana del Índice de Gerentes de Compras (PMI por sus siglas en inglés). La actividad del sector privado en España moderó su crecimiento durante el pasado mes de junio por la incertidumbre de la política económica nacional y el entorno internacional. El PMI cayó desde los 55.9 puntos del mes de mayo a los 54.8 de junio: su peor registro en los últimos 17 meses. Es preciso recordar que el índice sigue situado por encima de la línea de los 50, que es la barrera que separa el crecimiento de la contracción. Y afortunadamente la economía española lleva 56 meses consecutivos en expansión.

Aunque no debe hacerse una lectura alarmista de la evolución que vienen mostrando estos indicadores (CLI y los PMI),  es factible que se esté produciendo un ajuste de las expectativas, después del extraordinario dinamismo de la economía española durante los últimos 4 años.

 ¿Cuáles son las causas de este enfriamiento?

Las caídas en España de los PMI y de los indicadores adelantados señalan que los empresarios se preparan para un mayor deterioro de la situación. A la  pérdida de poder adquisitivo de los ciudadanos por la mayor inflación y voracidad fiscal se une la desaceleración de la economía europea, y la escalada proteccionista de Trump.

El jueves, la Comisión Europea revisó a la baja las previsiones del crecimiento para la Zona del Euro (UEM), para el año 2018, y en particular las de Francia e Italia. Esta desaceleración económica de Europa reduce el crecimiento de nuestras exportaciones y por esta vía el crecimiento de la economía.

Alemania también declina. Esta desaceleración de la economía alemana se ha notado en la menor confianza de los inversores y analistas alemanes durante este mes de julio. Se trata de un sondeo, publicado esta semana, entre 350 expertos en finanzas que realiza cada mes el Instituto de Economía Europea (ZEW,  uno de los principales centros alemanes para la investigación económica). La confianza de los inversores alemanes se ha hundido al nivel más bajo en casi seis años. El 34% de los encuestados anticipa un deterioro de la situación económica en los próximos meses, mientras en junio era el solo lo hacía el 27%.

La economía europea (y España no es la excepción) se encuentra en un punto de inflexión: vamos ligeramente a peor. Así, la síntesis de los indicadores adelantados (CLI) para la UEM, se redujo seis décimas en lo que va de año. Cayó desde 100,5 puntos en enero a 99,9 en mayo. Esta floja evolución está muy relacionado por las peores expectativas para España, Francia, Portugal, Irlanda y Grecia, cuyos CLI se sitúan por debajo de 100.

El proteccionismo de Trump

También la guerra comercial, iniciada por los EEUU está amenazando nuestras exportaciones, y con ella el crecimiento del PIB. Estas subidas de aranceles es el principal riesgo del escenario mundial por sus efectos perversos: aumento de la inflación y reducción del crecimiento mundial (se estima que podrían reducir el PIB global en un 0,3% en dos años). A los efectos directos sobre las exportaciones y la inflación habría que añadir los indirectos: aumento de la incertidumbre de los empresarios, deterioro en las condiciones financieras, cambio en las reglas del juego y los costes de la necesaria diversificación geográfica para reubicar las cadenas de valor globales de la producción.

Este aumento de aranceles está generando una reducción del comercio internacional y una menor eficiencia económica, lo que disminuirá las oportunidades de generar ventajas competitivas. Tal como señalaron, hace más de 200 años Adam Smith y David Ricardo el comercio internacional es un factor que contribuye poderosamente a aumentar la renta y la riqueza de los países. De ahí que la mayoría de los economistas defiendan las zonas de libre comercio como un instrumento que mejora las condiciones de vida y de trabajo de todos sus protagonistas.

En resumen, el comienzo de este tercer trimestre del año está coincidiendo con una percepción menos optimista de la evolución futura de la economía española y europea. En este contexto de enfriamiento el  Gobierno de España se ha apuntado a la subida de impuestos, que puede tener efectos negativos sobre el crecimiento, el empleo y la inflación, con la consiguiente pérdida de poder adquisitivo de los consumidores y de competitividad para las empresas.

España, debe continuar en el proceso de consolidación fiscal para conseguir que su deuda en porcentaje del PIB se reduzca y sea sostenible a largo plazo. Para conseguirlo se debe evitar el aumento del déficit público y cumplir con el objetivo pactado con Bruselas. Para ello es preferible reducir el gasto público que aumentar los impuestos. Los contribuyentes perciben que, en ocasiones, el gasto público conduce al despilfarro, a la corrupción y al escándalo. De ahí que una contracción del gasto público sería mejor aceptado por los ciudadanos que el aumento de impuestos. Sobre todo el gasto que es suntuario, improductivo e innecesario, especialmente en las Comunidades Autónomas, Diputaciones y Ayuntamientos. 

Fuente: Rafael Pampillón. “No es buen momento para subir impuestos”, Expansión 14 de julio de 2018, página 27.

23
Jun

Los aceituneros españoles están sufriendo los elevados aranceles que sobre la aceituna de mesa les está imponiendo la administración americana. Es una medida que se dirige a proteger la producción americana de aceitunas frente a la competencia española. A partir de ahora los americanos tendrán que comer aceitunas de peor calidad y más caras.

Es solo un ejemplo del cambio brusco y profundo que se está produciendo en la política de comercio exterior de Estados Unidos (EEUU). Se trata de la mayor escalada arancelaria que se ha producido desde la Segunda Guerra Mundial. Donald Trump ha iniciado una batalla comercial que no parece que vaya a terminar bien. Las hostilidades comenzaron el 1 de junio cuando la Administración de EEUU aprobó aranceles del 25% y el 10% a la importación de acero y de aluminio procedentes de Europa, China, México y Canadá.  La respuesta de los países afectados no se hizo esperar. Ayer, viernes, los países de la Unión Europea (UE) comenzaron a aplicar aranceles del 25% a unos 200 productos norteamericanos (zumo, tabaco, motos, whisky, cartas, vaqueros o acero) por valor de 2.800 millones de euros. Prudentemente y en aras de que cese la contienda, Bruselas anunció el compromiso de retirar estas medidas si EEUU hace lo propio con el acero y el aluminio.

China, también ha iniciado un proceso de duras represalias a las medidas proteccionistas de la Administración americana. La respuesta de Trump tampoco se ha hecho esperar, y ya está estudiando gravar con más aranceles a la economía de China. Se trata ahora de tarifas del 10% a un total de 200.000 millones de dólares de importaciones chinas (que van desde las lavadoras a los paneles solares). Aunque la Casa Blanca aseveró que estos aranceles se aprobarán, a no ser que Pekín cambie su política económica exterior para exportar menos a EEUU. Sin embargo, parece que China no está por la labor de reducir drásticamente su superávit comercial con EEUU, motivo por el que ha amenazado con tomar medidas cuantitativas y cualitativas contra la entrada de productos americanos.

Cerca de la recesión

Donald Trump es el único responsable de una guerra comercial que, si no se detiene, provocará una crisis que se extenderá por el resto del mundo, lo que provocaría una recesión que se prevé en 2020-2021. El motivo resulta claro: se está destruyendo el sistema internacional de Libre Comercio que creó Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial. El presidente norteamericano no cree que arruinar un sistema de comercio global y abierto y perder a sus aliados políticos y comerciales (Europa, México y Canadá) vaya a perjudicar los intereses estadounidenses. Nada más falso.

Se olvida que la Gran Depresión americana de los años treinta (del siglo XX), se produjo en unas circunstancias similares: el dólar estaba apreciado, se derrumbó la bolsa de nueva York con el famoso Crack de 1929, los tipos de interés eran elevados y la política comercial también tenía un sesgo proteccionista. Efectivamente la introducción de la Smoot-Hawley Tariff Act en 1930 -una subida considerable de los aranceles a la importación para proteger a los agricultores americanos-  redujo el comercio internacional y ayudó a hundir la economía americana. Por otra parte, el esquema cambiario de tipos de cambio fijos basado en el “patrón oro” entrañaba una apreciación del dólar, sobre todo cuando otros países como el Reino Unido decidieron salirse y devaluar su moneda.

Ahora las condiciones son parecidas: el dólar está apreciado, los tipos de interés de la Reserva Federal aumentan, el Dow Jones lleva diez días cayendo desde máximos y la Casa Blanca impone aranceles a los productos importados. Estas malas señales presagian una crisis que va a tener consecuencias negativas sobre la productividad de EEUU, su industria manufacturera, la inflación y los tipos de interés. No obstante, es muy poco probable una depresión, como la que siguió a crisis bursátil de 1929; ahora la situación es diferente por la contundencia y velocidad con que se producen las respuestas de la política económica.

España: estrategia exportadora

Estamos ante una guerra comercial en la que España también participa: la aceituna de mesa es solo un ejemplo. Desgraciadamente es una batalla de la que ningún país permanecerá al margen y que afectará también al crecimiento económico de Europa.

De momento esta guerra se nota poco en España porque nuestros productos siguen siendo percibidos por su calidad y precio, lo que nos permite estar en las mejores condiciones para llegar a los mercados internacionales. Así, los datos publicados esta semana sobre el comercio exterior español señalan que continúan creciendo las exportaciones. Éstas han alcanzado el récord histórico de 94.883 millones de euros, en el período enero-abril de 2018, cifra que supuso un alza del 3,7% con respecto al mismo periodo del año anterior. Las exportaciones se afianzan así como motor de nuestra economía. Solo en el mes de abril, las ventas al exterior aumentaron un 9,5% con respecto al mismo mes de 2017. Estos incrementos permiten a España continuar por encima de sus principales competidores europeos.

España mantiene su peso en las exportaciones mundiales de bienes

El crecimiento de las exportaciones se observa también en el alza de la cuota exportadora de nuestro país. Así, según acaba de publicar la Organización Mundial de Comercio (OMC), España mantiene su peso en las exportaciones mundiales de bienes. Es más, es el único país de la tabla que en 2017 sostiene su participación. Los demás pierden en favor de otros países, más pequeños económicamente, que ganan cuota (Corea del Sur, Holanda, Indonesia, Vietnam, Malasia o Polonia). Además, en el periodo 2003-2017 solo España y China ganan participación en las exportaciones mundiales de mercancías. El resto de los países (Estados Unidos, Japón, Alemania y Francia) redujeron su participación.    

                                 Participación (%) en exportaciones mundiales de mercancías

2003 2012 2014 2015 2016 2017 Diferencial 2003-2017
China 5,9 11,4 12,4 14,0 13.1 12,8 +6,9
Estados Unidos 9,8 8,6 8,6 9,1 9,1 8,7 -1,1
Alemania 10,2 7,8 8 8,1 8,4 8,2 -2
Japón 6,4 4,5 3,6 3,4 4,0 3,9 -2,5
Francia 5,3 3,2 3,1 3,1 3,1 3,0 -2,3
España 1,6 1,6 1,7 1,7 1,8 1,8 +0,2

Fuente: OMC (2018)

Una de las razones por las que la economía española crece a ritmos tan elevados es por la competitividad de nuestras exportaciones de bienes y servicios. Conviene recordar que exportar más exige una mayor inversión en infraestructuras y bienes de equipo, algo que mejora el empleo, lo que a su vez da paso a un aumento del consumo.

La guerra de Trump nos perjudica

A pesar de las malas noticias económicas que aparecen estos días, y que van a seguir en los próximos meses como consecuencia de las actuales políticas comerciales en EEUU, España, gracias a las exportaciones, mantiene un elevado ritmo de crecimiento. Por eso la guerra de Trump a España no le interesa: nos perjudica. Producirá, además, una recesión económica en EEUU, China y Europa. Sin embargo, gracias a la Gran Recesión aprendimos que las políticas económicas deben aplicarse con rapidez, intensidad y coordinación. Como consecuencia si se entra en una recesión sabremos salir  pronto de ella lo que debiera llevarnos a tener una visión más optimista del futuro.

Fuente: Rafael Pampillón Olmedo. “La guerra arancelaria: un perjuicio global”. Expansión 23 de junio de 2018. Página 27.

22
Jun

Se ha producido un cierto revuelo ante el potencial anuncio de una subida impositiva por el nuevo gobierno en España.

Los gobernantes tienen dos políticas económicas que pueden seguir, ni una más: Políticas Monetarias y/o Fiscales

La primera es aquella en la que los gobernantes  pueden actuar subiendo y bajando los tipos de interés y la masa monetaria en circulación para incrementar o reducir la demanda y oferta agregada.   Por ejemplo, una política monetaria expansiva como la llevada en la UE en los últimos años  con tipos de interés a la baja ha tenido como objetivo el incremento del Consumo y La Inversión

Si en el 2019 se produce un cambio a la cabeza del Banco Central Europeo y la política monetaria pasa a ser restrictiva, los tipos de interés se ajustarán al alza y los particulares y las empresas lo sufrían

Señalar además que para los 19 países de la zona euro, incluyendo España, las políticas nos vendrán dadas teniendo escaso margen de actuación

¿Qué margen les queda a los países de la zona Euro?

La política fiscal, que es simplemente reducir o incrementar impuestos sobre ciudadanos y empresas, ya que los impuestos que soporta el sector público lo acaban pagando los dos primeros, y las exportaciones en casi todos los países del mundo (exceptuando Argentina) están exentos de gravamen

Si el plan para los próximos meses en España es basarse en  un incremento de tipos –que como he señalado nos vendrá dado- más un incremento del Gasto Público el impacto que tendrá en el sector privado será una caída del consumo y la inversión.  Además  una potencial subida de tipos de interés probablemente tendrá consigo una apreciación de la moneda local, pérdida de competitividad de las exportaciones e incremento de las importaciones

¿Cuál será la consecuencia de esto? Un desplazamiento de la demanda agregada a la izquierda, que quiere decir menor crecimiento económico

Es sorprendente que no aprendamos mucho de lo que sucedió hace muy poco pero se debe pensar que igual que las olas las crisis son inevitables.

10
Jun

Cuando muchos pensaban que el Gobierno que surgiera de la moción de censura podía arruinar la economía española, la moderación exhibida por el Presidente Sánchez en sus declaraciones y en la elección de ministros invita a un relativo optimismo. Por el momento, la impresión es que el apoyo recibido de los partidos que mantienen una postura de aumento del gasto público no se va a traducir en cesiones que rompan la senda del crecimiento económico. Sánchez ha despertado, en el comienzo de su mandato, una gran confianza. Si esa expectativa logra acreditarla con hechos, su credibilidad mejorará, lo que le favorecería para continuar en la Moncloa en 2020.

Foto: La Ministra de Economía, Nadia Calviño.

Conviene recordar los temores que generaron los imprescindibles apoyos nacionalistas y del partido de Pablo Iglesias a la investidura de Sánchez: más gasto público para pagar los peajes que exigió la aprobación de la moción de censura, mayor incertidumbre en el mercado laboral, aumento del déficit y de la deuda pública, una mayor presión fiscal, etc. Si esas aprensiones hubieran tomado cuerpo, España tendería a perder la senda del crecimiento por la que camina, porque la confianza que necesitan los empresarios e inversores se malograría. Afortunadamente, parece que el nuevo Ejecutivo de Pedro Sánchez seguirá una política económica más ortodoxa de lo que se esperaba.

Cuidar de las cuentas públicas

Así, en política fiscal se propone cumplir con el acuerdo con Bruselas que implica un objetivo de déficit público del 2,2% del PIB en este año 2018 y del 1,3% para el que viene, según el Programa de Estabilidad 2018-2021. Sin embargo, los Presupuestos Generales del Estado de 2018, que están en trámite de aprobación en el Senado, apuntan a un saldo negativo de las Administraciones Públicas del 2,7% para 2018, lo que supone sobrepasar el objetivo. Es precisamente esta política fiscal expansiva la que incrementaría la deuda pública lo que en un contexto de subida de tipos de interés, podría deteriorar la solvencia y el actual crecimiento del reino de España.
Con apenas 84 escaños socialistas en el Parlamento, muy lejos de conseguir mayorías estables, el nuevo Gobierno tiene que ser muy cuidadoso con las cuentas públicas. La gran trampa en la que puede caer Sánchez es permitir elevados costes laborales y una subida de tributos que perjudique la competitividad de las empresas.

Como, más vale prevenir que curar, conviene tener en cuenta que a partir de 2019 la situación puede empeorar por la mencionada subida de los tipos de interés, lo que podría acarrear mayores gastos financieros para la Hacienda Pública, con el consiguiente aumento de la deuda. El remedio para evitar esa posible contracción de la economía es dejar que el propio crecimiento económico aumente los ingresos fiscales y reduzca el gasto público (a través de los denominados “estabilizadores fiscales automáticos”) tal como ha sucedido en los cuatro primeros meses del año, al reducirse en un 22,2% el déficit del Estado. Además, en el largo plazo, esta disminución del déficit público tiene un efecto expansivo: disminuye la deuda pública, lo que presiona a la baja los tipos de interés y da margen para reducir los impuestos, impulsando así la inversión.

Foto: la Ministra de Hacienda María Jesús Montero

Sin embargo, hay que tener presente que, debido al alto grado de descentralización territorial, los Presupuestos suponen menos del 50% del gasto total. Por ese motivo, el control del déficit exige poner en marcha instrumentos para obligar a las Comunidades Autónomas a que, como mínimo, cumplan sus compromisos de estabilidad fiscal. Es ahí donde hay margen para seguir haciendo el ajuste, fundamentalmente por la vía de los gastos, lo que a su vez daría a los inversores más credibilidad y confianza en España. El nuevo Gobierno tendría que afrontar de una vez por todas la reforma de las administraciones y, en cualquier caso, no financiar a ninguna región o ayuntamiento que no cumpla la requerida contención presupuestaria. En este sentido, y con una economía en plena fase expansiva, todas las administraciones deben presentar equilibrio o superávit fiscal y ninguna podría incurrir en déficit estructural, salvo situaciones excepcionales.

Un gobierno “modernizador y europeísta”, como lo denominó el presidente Sánchez, debe reforzar esta solvencia del Estado y reforzar la confianza de los mercados. En cualquier caso, deberían ir acompañados de reformas estructurales que permitan elevar el crecimiento potencial y dar respuesta a los retos a los que se enfrenta nuestra economía, y –en particular–, el envejecimiento demográfico.

Aumentar el bienestar

El nuevo equipo económico de Sánchez tendrá que hacer pedagogía y comunicar a los ciudadanos que la política económica necesaria (también la fiscal) se debe dirigir a aumentar el bienestar de los españoles en el largo plazo. Debe explicar que una política fiscal más ortodoxa permitiría mejorar la buena marcha de la economía e infundir confianza en los acreedores, es decir, a los poseedores de deuda pública española que está cifrada en el 98% del PIB, una de las más altas de Europa.

España necesita, por tanto, políticas que consigan que la economía continúe por el buen camino de la estabilidad y el crecimiento, por el que llevamos ya transitando cuatro años; reforzando el círculo virtuoso de altos niveles de confianza, buenos resultados económicos y aumento del bienestar. El elevado crecimiento del PIB en los últimos años ha venido de la mano de la mejora del empleo, del crecimiento del consumo, la producción de bienes de equipo, de la compra de viviendas y de una mayor recaudación. Un crecimiento más rápido que ha significado también ingresos fiscales más elevados, lo que debería permitir reducir el elevado nivel de deuda pública en manos de los acreedores (incluido el Banco Central Europeo).

Reformas estructurales

Por eso si el Partido Socialista quiere ganar las elecciones dentro de dos años tiene que afrontar las reformas necesarias: facilitar a nuestras empresas la obtención de mayor innovación, favorecer la inversión directa extranjera, hacer sostenible el sistema de pensiones, revitalizar la vida política y, por último, buscar un nuevo equilibrio con todas las comunidades autónomas donde prevalezca el dialogo, se alcance una mayor unidad de mercado y se reduzca el gasto público que no sea estrictamente necesario.

En definitiva, hace ya más de dos años que la recuperación económica de España avanza más rápido de lo que habían pronosticado los economistas. Pocos previeron que el país repuntaría a un ritmo tan fuerte y a medida que el tiempo pasaba se han ido revisando al alza las predicciones de crecimiento. A su vez las empresas aumentaban las contrataciones y se iba reduciendo el nivel de desempleo de forma gradual. Ahora, con un gobierno que mantenga las reformas, aplique políticas económicas ortodoxas y genere confianza, la salud de la economía española seguirá mejorando.

Las políticas públicas del Partido Popular en el ámbito económico se han caracterizado siempre por su responsabilidad. Sería deseable que esa sensatez prevaleciera también ahora que están en la oposición, sin dejarse tentar por electoralismos oportunistas. Nunca como ahora, el largo plazo fue tan importante para consolidar nuestra economía. Esperemos que, al menos, los partidos constitucionalistas sepan estar a la altura del entorno internacional, que nos ha tocado vivir, para seguir aumentando la competitividad de la economía española.

Fuente: Rafael Pampillón Olmedo: “Generar buenas expectativas”. Expansión 9 de junio de 2018, página 22

2
Jun

Las cesiones políticas y económicas a las que se puede ver obligado el nuevo Gobierno de España, por los apoyos que ha recibido de los partidos independentistas y anti-sistema, pueden ser negativas para el conjunto de la nación. Unos y otros pueden someter a Pedro Sánchez a un chantaje que causaría un deterioro histórico en la cohesión de España.

Cada respaldo al nuevo presidente puede ir precedido de una exigencia cada vez mayor. Remendar este ´roto´ en la vieja piel de toro española podría costar tiempo y esfuerzo. Hay quien piensa que el descontrol autonómico se arreglará cuando la fragmentación sea tan dañina que la economía no lo soporte. Esperemos que no se llegue a este escenario, de lo contario nuestra economía quedará destrozada, lo mismo que la convivencia.

La coyuntura económica

Pero es que además a los problemas políticos se unen ahora algunas incertidumbres económicas. Por ejemplo, la alarma que puede generar el nuevo Gobierno de España, fruto de las políticas que exijan los nacionalistas y populistas, pueden aumentar la aversión al riesgo hacia nuestra deuda y hacia la renta variable. Ayer, los mercados reaccionaron bien. El IBEX 35 subió un poco (+1,56%), desde cotas muy bajas, alcanzando los 9.632 puntos, pero sigue lejos de los 10.300 puntos de primeros de mayo o del máximo del año (10.643). También ayer la prima de riesgo de España se redujo hasta tocar los 103 puntos básicos, pero sigue por encima de los 74 que cotizaba hace un mes.

Se reduce el consumo

Las caídas de la bolsa generan un efecto pobreza, que pueden debilitar el consumo durante este segundo trimestre del año. Así, el Índice de Comercio Minorista (ICM) publicado esta semana creció en abril, en tasa anual, solamente un 0,2% (sin contar las estaciones de servicio), habría que retroceder hasta octubre de 2017 para encontrar un avance tan reducido. El consumo también se paralizó en mayo por el impacto negativo que sobre la renta disponible de las familias está teniendo la incertidumbre política, el efecto pobreza y la pérdida de poder adquisitivo del dinero (por la mayor inflación). Efectivamente, el INE publicó esta semana que en mayo el crecimiento del IPC fue de un 2%, nueve décimas superior al registrado en abril. Este aumento de la inflación es el resultado, en parte, del aumento de los costes energéticos. La subida de los precios y la mayor inflación anual supone que el poder adquisitivo de las familias se reduce y con él la demanda de bienes de consumo en el mes de mayo.

También disminuyen las exportaciones.

Según publicó el jueves el Banco de España, en el mes de marzo las exportaciones de bienes y servicios se redujeron (-2,3%). Desgraciadamente, esta caída en las exportaciones puede continuar por la pérdida de competitividad que supone la mayor inflación y también por el menor crecimiento de la Unión Económica y Monetaria (UEM) a quien le vendemos el 50% de nuestros productos. En abril, el Índice de Gestores de Compras (PMI, por sus siglas en inglés) de la UEM se ralentizó a su nivel más bajo desde enero de 2017. Descendió desde los 55,2 del mes marzo a 55,1 puntos en abril y parece que en mayo continuará el descenso. También por la incertidumbre de política económica que puede haber en Italia con la constitución de un nuevo gobierno, del que se desconoce todavía, al igual que en España, cual puede ser su política económica. A lo que hay que añadir el problema de crecimiento, para la UEM, que puede generar la política comercial proteccionista de Estados Unidos.

El crecimiento económico de España se enfría.

Por tanto, el cambio de gobierno llega con unos decepcionantes datos del segundo trimestre por un enfriamiento mayor del esperado de nuestra economía. Se paraliza el consumo, aumenta la inflación, la producción de bienes de equipo apenas crece y las exportaciones se reducen. En España el PMI compuesto de abril también bajó a 55,4 puntos, su peor lectura en cuatro meses. Por su parte el PMI de industriales (la actividad de las fábricas españolas) también se moderó en el mes de abril hasta su nivel más bajo de los nueve últimos meses: se situó en 53,4 puntos desde 54,4 del mes de marzo, sugiriendo que la expansión de la economía española tocó techo durante los primeros meses de 2018.

¿Se paralizarán las reformas?

La incertidumbre económica surge también al temor de que el nuevo Presidente del Gobierno tenga que pactar con otros partidos de izquierda menos proclives al equilibrio de las cuentas públicas que Rajoy. La clave, por tanto, es si el nuevo gobierno seguirá la línea reformista orientada a estimular la competitividad, sostener el sistema de pensiones, aumentar el empleo, equilibrar las cuentas públicas, reducir la deuda, y mejorar la productividad.

En definitiva, los indicadores de coyuntura de la economía española de los últimos meses de este año están por debajo del extraordinario ritmo alcanzado durante los últimos años. La actividad se desacelera corriendo el peligro de sumergirse en bajos ritmos de crecimiento potencial. El crecimiento económico va madurando, con registros que, en los próximos trimestres, serán ligeramente inferiores a los observados durante los últimos años.

Sería deseable que Sánchez asumiera su responsabilidad y continuara unas reformas que, aunque las puso Rajoy, resultan ineludibles para la fortaleza económica que España necesita.

3
Feb

The article “In Spain, is the expenditure on R&D a determining factor in its external competitiveness?” (published by Harvard Deusto Business Research) has as its fundamental objective the study of the growth in Spanish exports —a fruit of better competitiveness— despite the low investment in Research and Development (R&D) in Spain. 

Between 2010 and 2016 in Spain, the investment in R&D with respect to the GDP maintains a negative tendency, farther away from the average investment in R&D of the EU-28 that, in that same period, grows year over year. 

However, this work reflects that Spain is an exception. One can affirm that Spanish competitiveness doesn’t adjust to its investments in R&D. It’s demonstrated that in recent years, the most developed countries have achieved a high level of competition thanks to technological development due to a bigger and better investment in innovation. Despite of its low investment in R&D, the exports of Spanish companies have been increasing progressively from 2010 to 2016, which has increased its percentage of all global exports. 

The causes of this imbalance between low investment in R&D and more competitiveness are, principally: the reduction of production cost, the fall of sales of Spanish companies in the national market and the development of factors such as infrastructure, health, education, and technological maturity that improve productivity and stimulate exports. 

This study concludes with a series of propositions to maintain this pattern of economic growth in Spain, by way of its competitiveness, and highlights the necessity of policies, that have promoted an increase in its exports and to incentivize a larger investment in innovation, following the example of other developed countries.

Fuente: Harvard Deusto Business Research

23
Ene
21
Ene
Desde 1986, la revista The Economist publica periódicamente el índice Big Mac, un indicador que toma como base el precio de una hamburguesa consumida en los establecimientos McDonald’s de diferentes países del mundo. El índice Big Mac sirve para saber si los tipos de cambio de las monedas están bien valorados o si, por el contrario, están infravalorados o sobrevalorados. Es decir, el índice ofrece una guía para saber si una divisa se encuentra en una paridad razonable.

Ayer, The Economist publicó este índice tal como lo viene haciendo de forma regular a comienzos de cada año. El enfoque teórico del índice Big-Mac se deriva de la teoría de la paridad del poder adquisitivo (PPA), que establece que productos iguales, situados en diferentes países, deben tener el mismo precio. La hamburguesa Big-Mac de los establecimientos McDonald’s es una cesta de bienes representativos, ya que mantiene unas características similares a nivel internacional; como es sabido, se compone de los siguientes ingredientes: dos piezas de carne vacuna, salsa especial, lechuga, queso, pepinillos, cebollas y un panecillo con semillas de ajonjolí. El índice Big Mac supone, por tanto, que esa hamburguesa es una cesta de bienes representativos, ya que mantiene unas características similares a nivel internacional.

Además, el hecho de que se comercialice en 3.000 establecimientos de 120 países usando los mismos ingredientes, hace posible comparar los precios a nivel mundial. El índice toma como referencia el precio de la hamburguesa en Estados Unidos (EEUU) que se obtiene como promedio de cuatro ciudades americanas (Atlanta, Chicago, Nueva York y San Francisco).

Tipo de cambio correcto: 
1,33 euros/dólar

Pero, aparte de comparar los niveles de precios entre países, quizá la función más importante que tiene este indicador es la de conocer si los tipos de cambio de las monedas están bien valorados. El indicador funciona razonablemente bien a largo plazo, pero, a veces, también acierta en el corto plazo. Así, desde la última revisión del índice Big Mac, en julio 2017, las monedas que estaban infravaloradas con respecto al dólar (que eran la mayoría) se han ido apreciando. Lo que confirma que, al menos en este periodo, los fundamentos económicos han tenido cierta influencia en el mercado de divisas. También porque la creciente globalización de la economía permite reducir las diferencias entre los tipos de cambios vigentes y los que se consideran correctos.

Un ejemplo es el cruce de paridad del euro con el dólar. El Índice publicado ayer muestra que el euro sigue infravalorado con respecto al dólar. Ayer, el tipo de cambio cotizaba a 1,23 dólares/euro cuando, según el índice la paridad razonable sería de 1,33. Efectivamente, en su última versión, nada más comenzar 2018, el precio medio de un Big Mac en EEUU era de 5,28 dólares y en la media de los países miembros de la zona del euro de 4,84 dólares (3,95 euros). Por lo tanto, el índice Big Mac indica que hoy el euro está depreciado en un 8,3%.

Hace dos años, al comenzar 2016, el precio medio de un Big Mac en EEUU era 4,93 dólares y en la zona del euro 4 dólares. Lo que significaba que el euro estaba infravalorado en un 19%. Desde entonces, el tipo de cambio del euro se ha ido apreciando poco a poco, tal como habían pronosticado el índice y los economistas (reconforta ver que alguna vez acertamos en nuestras predicciones). Un ejemplo, de esta progresiva apreciación es que en julio de 2017, el euro, según The Economist, estaba infravalorado en un 16% y ahora solo lo está en un 8%. Aunque sigue acortándose la distancia hasta el punto de equilibrio, el euro sigue depreciado, y un tipo cambio depreciado mejora la competitividad. No es casualidad que ayer, el Banco Central Europeo informara que el superávit en cuenta corriente de la zona del euro aumentase en noviembre gracias al superávit en el comercio de mercancías.

Algunos pueden pensar que este índice es una frivolidad pero, además de que se han escrito libros y se han hecho varias tesis doctorales sobre él, ha sabido predecir las tendencias de los tipos de cambio mejor que muchos modelos econométricos. Así, por ejemplo, cuando el 1 de enero de 1999 se lanzó el euro, pese a que la mayor parte de los expertos pronosticaban que se apreciaría frente al dólar, el índice indicaba que el euro estaba sobrevalorado en un 10% con relación al dólar y, por tanto se depreciaría, como así fue.

Sin embargo, el 17 de este mes, la sobrevaloración del franco suizo (moneda que continúa jugando el papel de moneda refugio) es del 28%. Lo mismo les sucede a las coronas noruega y sueca (18% y 16% de apreciación respectivamente). La hamburguesa más barata de las publicadas ayer por The Economist es la de Rusia (2,29 dólares) lo que quiere decir que el rublo está depreciado en un 57%, incluso después de la fuerte entrada de divisas provocada por la recuperación en el precio del petróleo. Polonia y la República Checa tienen fuertes vínculos con la zona del euro y un fuerte crecimiento del PIB. Sin embargo, el zloty polaco está infravalorado en un 44% frente al dólar, y la corona checa en un 28%.

Estos datos muestran que en los mercados emergentes, donde la renta per cápita es más baja que en los países avanzados, los costes en dólares, como pueden ser los de los alquileres o los de los salarios, también son más bajos. De ahí que muchas monedas de mercados emergentes estén depreciadas. En general, los indicadores de divisas basados en la PPA funcionan mejor cuando se comparan países con niveles de renta por habitantes similares.

Perspectivas para España

Para 2018 las perspectivas de las exportaciones españolas seguirán siendo muy favorables debido al esfuerzo que hacen los empresarios en reducir costes y precios y también por la depreciación del euro. El 17 de enero un Big Mac en España costaba 3,95 euros, el mismo precio que la media de la zona del euro. Lo que podría significar que nuestra economía tiene el mismo nivel de costes medios que la eurozona: somos tan competitivos como ellos y como ellos tenemos también una inflación muy baja. Esta estabilidad de los precios tiene efectos muy positivos, ya que al mantener el poder adquisitivo del dinero permite una mayor moderación salarial. De ahí que para 2018, las perspectivas de las exportaciones tanto de la zona del euro como las españolas sigan siendo muy favorables.

Este buen comportamiento de las exportaciones señala que las perspectivas para la economía española siguen siendo buenas. Una prueba de ello es que la OCDE a través de los indicadores adelantados, publicados esta semana, aprecia signos de aceleración para España. Este índice, diseñado para anticipar la tendencia de la actividad económica en un periodo de seis a nueve meses, pasó de un valor de 100,01 en el mes octubre a 100,1 en noviembre siendo el cuarto ascenso mensual consecutivo y la mejor lectura desde diciembre de 2016.

En definitiva, en 2018, el tipo de cambio del euro va a permitir un aumento de nuestras exportaciones lo que va suponer, según la OCDE, mantener también un crecimiento económico estable con el consiguiente aumento en el empleo.

Fuente: Rafael Pampillón Olmedo. “El índice Big Mac: el euro sigue depreciado”. Expansión. 20/01/2018. Página 43.

18
Ene

Los datos que se van publicando sobre las perspectivas de la economía mundial son cada vez más positivos. Para este año, el crecimiento estimado por el consenso de los analistas se sitúa en el 3,8%; superior, por tanto, al de 2017, que fue del 3,6%. La razón de este rápido avance es la mayor solidez y convergencia de las diferentes economías del mundo. Eso significa que, en 2018, por segundo año consecutivo, se va a producir una expansión económica sincronizada de casi todos los países, cosa que no sucedía desde hace más de una década ¿Cuáles son las causas de este elevado crecimiento de la economía global?

Los países emergentes acelerarán su ritmo de crecimiento.

Esto ocurrirá gracias a que en estas economías se va a generar mayor producción industrial, un aumento de sus exportaciones y de las inversiones en infraestructuras, un crecimiento de su población y una mejora en la calidad de sus instituciones (buen gobierno). Así, la OCDE prevé que India pasará de crecer el 6,7% en 2017 al 7% en 2018. China lo hará, aproximadamente, en la misma medida que el año pasado: se pronostica un 6,7% frente al 6,8% de 2017. Por su parte, Brasil parece que sale de la crisis: crecerá el 2,7% frente al 1% del año pasado, según informó su Banco Central, en tanto que Rusia mantendrá el mismo crecimiento: el 2%. La OCDE prevé también mayores tasas de expansión en otros países emergentes como Turquía, México, Argentina o Colombia, y también crecerán más los situados en el Sudeste Asiático y el África Subsahariana.

Optimismo en la economía europea

Asimismo, Europa, a pesar del Brexit, mantiene su economía en la fase expansiva del ciclo, con un ritmo de crecimiento en términos anualizados del 3%, el mejor en mucho tiempo; a la vez que las tasas de paro se reducen rápidamente. Así, en 2017, ésta cayó en la zona del Euro (UEM) del 9,8% al 8,7% de la población activa. Y en 2018, el desempleo seguirá disminuyendo hasta cerrar el año en el 7%. Un crecimiento que vendrá de la mano de la elevada actividad industrial que sorprendió, al crecer en noviembre de 2017 al 3,2% en tasa anual, gracias al notable dinamismo que registraron los bienes de capital (+6,2%).

Este comportamiento expansivo de la industria se encuentra en línea con los elevados niveles de los indicadores de la confianza de los empresarios, que, en la mayoría de los casos, rondan máximos históricos. Así, el Índice de Sentimiento Económico de la UEM, elaborado por la Comisión Europea, ha vuelto a crecer, pasando de los 114,6 puntos del mes de noviembre a los 116 de diciembre, impulsado por el sector manufacturero, que registró su máximo histórico.

También el Indicador de Clima de Negocio para la UEM alcanzó en diciembre los 1,66 puntos, una mejoría de 0,17 respecto al valor de un año atrás. Se trató del mejor dato desde 1985. Los gerentes de empresas de la región destacaron la mejora del volumen de pedidos y de la producción.

En definitiva, Europa está viviendo la mejor coyuntura económica desde hace muchos años lo que refuerza las tendencias positivas que se prevén para 2018.

EEUU se fortalece.

También Estados Unidos (EEUU) marcha bien. La Reserva Federal acaba de elevar las previsiones de crecimiento económico al 2,5, tanto para 2017 como para 2018. Como consecuencia, la tasa de paro se mantuvo en diciembre del año pasado en el 4,1%; la más baja en 17 años. Un crecimiento económico y del empleo que se verá reforzado este año por la reactivación fiscal promovida por el presidente Donald Trump, que incluye una rebaja de 14 puntos en el Impuesto de Sociedades.

Sin embargo, los estímulos fiscales de Trump y esta buena marcha de la economía y del empleo podrían quedar parcialmente neutralizados por el encarecimiento del crédito a las empresas y familias, como consecuencia de una política monetaria más restrictiva, que seguirá aplicando la Reserva Federal. La entidad ha señalado que, en 2018, tanto el crecimiento de la actividad como el mercado laboral continuarán fortaleciéndose, lo que anticipa tres subidas de los tipos de interés durante este año. Una situación que podría generar un proceso de desaceleración económica, favorecido también por la enorme madurez del actual ciclo expansivo de la economía americana, que ya dura 8 años (frente a la media histórica, que es de menos de 6).

La industria española va bien

La industria española, siguiendo la misma senda de crecimiento que EEUU (+3,4% anual) y la UEM (+3,2%), va a vivir un 2018 muy positivo. El Índice de Producción Industrial, publicado el jueves pasado por el INE, muestra que este sector está creciendo a ritmos anuales del 4,2%; por encima, por tanto, de EEUU y la UEM, y también del conjunto de la economía española. Este buen comportamiento de la industria se apoya, sobre todo, en la mayor producción de bienes de equipo (+6,1%). Un importante incremento que se mantendrá durante 2018 y que permitirá satisfacer la demanda externa y la interna, consolidando el cambio de modelo productivo que se está verificando en nuestra economía. Lo que demuestra que el país sigue invirtiendo en tecnología, a la vez que procura mejorar, no sólo su productividad, sino la calidad de sus productos.

Además, el significativo crecimiento de la fabricación, la importación y la exportación de bienes de equipo muestra que España se está integrado cada vez más en la cadena de producción mundial, es decir, un mismo bien es importado, reelaborado y exportado de nuevo. Lo que también favorece la renovación de las fábricas. El concepto de gran factoría que da trabajo a miles de personas se va poco a poco extinguiendo. Aparecen en cambio, y cada vez más, nuevas empresas digitales, de estructuras ligeras, que acabarán batiendo a las plantas antiguas, o, al menos, les enseñarán el camino para que se vuelvan más competitivas. Un proceso que implica la renovación integral de las instalaciones productivas para adaptarlas a la automatización.

Esta transición del sector industrial dependerá de la capacidad que tengan nuestras empresas manufactureras de adoptar las nuevas tecnologías, de acometer cambios profundos en la cadena de abastecimiento, producción, distribución y consumo. Un fenómeno que se está verificando en la industria y en cualquier otro sector a nivel mundial, y ante el que España no se puede quedar atrás.

Más crecimiento y empleo

Este aumento de la producción industrial, junto con el buen comportamiento de las exportaciones de bienes y servicios (incluido el turismo), está permitiendo revisar al alza las previsiones. Así, la economía española seguirá en 2018 en su fase expansiva, a pesar de que el crecimiento económico y la creación de empleo van a ser menos intensos que en 2017 y 2016. Sin embargo, el Gobierno y los Servicios de Estudios siguen elevando sus estimaciones de aumento del PIB para 2018, desde el 2,3% hasta el 2,8%; por encima, por tanto, del que tendrá la media de los países de la UEM (+2,3%).

Esta constante mejora de la actividad económica tendrá también efectos muy positivos en el mercado laboral. Habrá que esperar al día 25 de este mes para conocer la Encuesta de Población Activa (EPA) del cuarto trimestre del año pasado pero es probable que la tasa de paro de final de año esté cerca del 16%, para situarse en el 14% a finales de este año 2018.

También resultará determinante para que se mantenga esta buena tendencia en 2018 el hecho de que los problemas relacionados con la situación política en Cataluña sean cada vez menos frecuentes y que la situación de las empresas en ese territorio tienda a estabilizarse.

El peligro del proteccionismo

En resumen, todos los indicadores macroeconómicos sugieren que en 2018 la economía mundial tendrá un crecimiento más amplio y sincronizado. También aumentarán los salarios, los niveles de inflación y el empleo. El mayor riesgo para la expansión global no serán ni los repuntes en los tipos de interés ni los de los precios del petróleo, sino el alza del proteccionismo comercial. Poner trabas a los intercambios mercantiles haría caer algunas décimas el crecimiento del PIB a nivel global, ya que reduciría la asignación eficiente de recursos en la cadena de valor de la producción mundial.

Mientras tanto, en España, para impulsar más el crecimiento y el empleo, hay que seguir insistiendo en la necesidad de un sistema educativo que premie la excelencia y que mejore la productividad de los trabajadores, en dotar a nuestras empresas de más innovación, aumentando, por ejemplo, la inversión en I+D, en favorecer la inversión directa extranjera, en reducir la deuda pública y en continuar con el programa de reformas. Si, como consecuencia de todo esto, la productividad sorprendiese al alza, se crecería incluso más de lo previsto, se generaría más empleo y mayores subidas salariales.

Fuente: Rafael Pampillón. “Un crecimiento mundial más sólido”. Expansión. 18 de Enero de 20118.

18
Ene

Especial Agenda 2018 en Expansión

Escrito el 18 enero 2018 por Rafael Pampillón en Economía española, Economía Global

Hoy jueves, 17 de enero de 2018 el diario Expansión publica la . Se trata de un especial sobre los desafíos para este 2018, que incluye la opinión de reconocidos expertos, como Rafael Pampillón o Aurelio García del Barrio.

En él, si incluyen las claves y análisis sobre el devenir del desafío soberanista en Cataluña, la nueva financiación de las comunidades autónomas o la posible reforma de la Constitución.

Además, se abordan las principales cuestiones económicas, como el reto de seguir creciendo al 3%, el objetivo de alcanzar los 20 millones de empleos o la sostenibilidad de las pensiones,

Sin olvidar la necesaria transformación digital de las empresas.

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