Archivo de la Categoría ‘Economía española’

22
Jun

Se ha producido un cierto revuelo ante el potencial anuncio de una subida impositiva por el nuevo gobierno en España.

Los gobernantes tienen dos políticas económicas que pueden seguir, ni una más: Políticas Monetarias y/o Fiscales

La primera es aquella en la que los gobernantes  pueden actuar subiendo y bajando los tipos de interés y la masa monetaria en circulación para incrementar o reducir la demanda y oferta agregada.   Por ejemplo, una política monetaria expansiva como la llevada en la UE en los últimos años  con tipos de interés a la baja ha tenido como objetivo el incremento del Consumo y La Inversión

Si en el 2019 se produce un cambio a la cabeza del Banco Central Europeo y la política monetaria pasa a ser restrictiva, los tipos de interés se ajustarán al alza y los particulares y las empresas lo sufrían

Señalar además que para los 19 países de la zona euro, incluyendo España, las políticas nos vendrán dadas teniendo escaso margen de actuación

¿Qué margen les queda a los países de la zona Euro?

La política fiscal, que es simplemente reducir o incrementar impuestos sobre ciudadanos y empresas, ya que los impuestos que soporta el sector público lo acaban pagando los dos primeros, y las exportaciones en casi todos los países del mundo (exceptuando Argentina) están exentos de gravamen

Si el plan para los próximos meses en España es basarse en  un incremento de tipos –que como he señalado nos vendrá dado- más un incremento del Gasto Público el impacto que tendrá en el sector privado será una caída del consumo y la inversión.  Además  una potencial subida de tipos de interés probablemente tendrá consigo una apreciación de la moneda local, pérdida de competitividad de las exportaciones e incremento de las importaciones

¿Cuál será la consecuencia de esto? Un desplazamiento de la demanda agregada a la izquierda, que quiere decir menor crecimiento económico

Es sorprendente que no aprendamos mucho de lo que sucedió hace muy poco pero se debe pensar que igual que las olas las crisis son inevitables.

10
Jun

Cuando muchos pensaban que el Gobierno que surgiera de la moción de censura podía arruinar la economía española, la moderación exhibida por el Presidente Sánchez en sus declaraciones y en la elección de ministros invita a un relativo optimismo. Por el momento, la impresión es que el apoyo recibido de los partidos que mantienen una postura de aumento del gasto público no se va a traducir en cesiones que rompan la senda del crecimiento económico. Sánchez ha despertado, en el comienzo de su mandato, una gran confianza. Si esa expectativa logra acreditarla con hechos, su credibilidad mejorará, lo que le favorecería para continuar en la Moncloa en 2020.

Foto: La Ministra de Economía, Nadia Calviño.

Conviene recordar los temores que generaron los imprescindibles apoyos nacionalistas y del partido de Pablo Iglesias a la investidura de Sánchez: más gasto público para pagar los peajes que exigió la aprobación de la moción de censura, mayor incertidumbre en el mercado laboral, aumento del déficit y de la deuda pública, una mayor presión fiscal, etc. Si esas aprensiones hubieran tomado cuerpo, España tendería a perder la senda del crecimiento por la que camina, porque la confianza que necesitan los empresarios e inversores se malograría. Afortunadamente, parece que el nuevo Ejecutivo de Pedro Sánchez seguirá una política económica más ortodoxa de lo que se esperaba.

Cuidar de las cuentas públicas

Así, en política fiscal se propone cumplir con el acuerdo con Bruselas que implica un objetivo de déficit público del 2,2% del PIB en este año 2018 y del 1,3% para el que viene, según el Programa de Estabilidad 2018-2021. Sin embargo, los Presupuestos Generales del Estado de 2018, que están en trámite de aprobación en el Senado, apuntan a un saldo negativo de las Administraciones Públicas del 2,7% para 2018, lo que supone sobrepasar el objetivo. Es precisamente esta política fiscal expansiva la que incrementaría la deuda pública lo que en un contexto de subida de tipos de interés, podría deteriorar la solvencia y el actual crecimiento del reino de España.
Con apenas 84 escaños socialistas en el Parlamento, muy lejos de conseguir mayorías estables, el nuevo Gobierno tiene que ser muy cuidadoso con las cuentas públicas. La gran trampa en la que puede caer Sánchez es permitir elevados costes laborales y una subida de tributos que perjudique la competitividad de las empresas.

Como, más vale prevenir que curar, conviene tener en cuenta que a partir de 2019 la situación puede empeorar por la mencionada subida de los tipos de interés, lo que podría acarrear mayores gastos financieros para la Hacienda Pública, con el consiguiente aumento de la deuda. El remedio para evitar esa posible contracción de la economía es dejar que el propio crecimiento económico aumente los ingresos fiscales y reduzca el gasto público (a través de los denominados “estabilizadores fiscales automáticos”) tal como ha sucedido en los cuatro primeros meses del año, al reducirse en un 22,2% el déficit del Estado. Además, en el largo plazo, esta disminución del déficit público tiene un efecto expansivo: disminuye la deuda pública, lo que presiona a la baja los tipos de interés y da margen para reducir los impuestos, impulsando así la inversión.

Foto: la Ministra de Hacienda María Jesús Montero

Sin embargo, hay que tener presente que, debido al alto grado de descentralización territorial, los Presupuestos suponen menos del 50% del gasto total. Por ese motivo, el control del déficit exige poner en marcha instrumentos para obligar a las Comunidades Autónomas a que, como mínimo, cumplan sus compromisos de estabilidad fiscal. Es ahí donde hay margen para seguir haciendo el ajuste, fundamentalmente por la vía de los gastos, lo que a su vez daría a los inversores más credibilidad y confianza en España. El nuevo Gobierno tendría que afrontar de una vez por todas la reforma de las administraciones y, en cualquier caso, no financiar a ninguna región o ayuntamiento que no cumpla la requerida contención presupuestaria. En este sentido, y con una economía en plena fase expansiva, todas las administraciones deben presentar equilibrio o superávit fiscal y ninguna podría incurrir en déficit estructural, salvo situaciones excepcionales.

Un gobierno “modernizador y europeísta”, como lo denominó el presidente Sánchez, debe reforzar esta solvencia del Estado y reforzar la confianza de los mercados. En cualquier caso, deberían ir acompañados de reformas estructurales que permitan elevar el crecimiento potencial y dar respuesta a los retos a los que se enfrenta nuestra economía, y –en particular–, el envejecimiento demográfico.

Aumentar el bienestar

El nuevo equipo económico de Sánchez tendrá que hacer pedagogía y comunicar a los ciudadanos que la política económica necesaria (también la fiscal) se debe dirigir a aumentar el bienestar de los españoles en el largo plazo. Debe explicar que una política fiscal más ortodoxa permitiría mejorar la buena marcha de la economía e infundir confianza en los acreedores, es decir, a los poseedores de deuda pública española que está cifrada en el 98% del PIB, una de las más altas de Europa.

España necesita, por tanto, políticas que consigan que la economía continúe por el buen camino de la estabilidad y el crecimiento, por el que llevamos ya transitando cuatro años; reforzando el círculo virtuoso de altos niveles de confianza, buenos resultados económicos y aumento del bienestar. El elevado crecimiento del PIB en los últimos años ha venido de la mano de la mejora del empleo, del crecimiento del consumo, la producción de bienes de equipo, de la compra de viviendas y de una mayor recaudación. Un crecimiento más rápido que ha significado también ingresos fiscales más elevados, lo que debería permitir reducir el elevado nivel de deuda pública en manos de los acreedores (incluido el Banco Central Europeo).

Reformas estructurales

Por eso si el Partido Socialista quiere ganar las elecciones dentro de dos años tiene que afrontar las reformas necesarias: facilitar a nuestras empresas la obtención de mayor innovación, favorecer la inversión directa extranjera, hacer sostenible el sistema de pensiones, revitalizar la vida política y, por último, buscar un nuevo equilibrio con todas las comunidades autónomas donde prevalezca el dialogo, se alcance una mayor unidad de mercado y se reduzca el gasto público que no sea estrictamente necesario.

En definitiva, hace ya más de dos años que la recuperación económica de España avanza más rápido de lo que habían pronosticado los economistas. Pocos previeron que el país repuntaría a un ritmo tan fuerte y a medida que el tiempo pasaba se han ido revisando al alza las predicciones de crecimiento. A su vez las empresas aumentaban las contrataciones y se iba reduciendo el nivel de desempleo de forma gradual. Ahora, con un gobierno que mantenga las reformas, aplique políticas económicas ortodoxas y genere confianza, la salud de la economía española seguirá mejorando.

Las políticas públicas del Partido Popular en el ámbito económico se han caracterizado siempre por su responsabilidad. Sería deseable que esa sensatez prevaleciera también ahora que están en la oposición, sin dejarse tentar por electoralismos oportunistas. Nunca como ahora, el largo plazo fue tan importante para consolidar nuestra economía. Esperemos que, al menos, los partidos constitucionalistas sepan estar a la altura del entorno internacional, que nos ha tocado vivir, para seguir aumentando la competitividad de la economía española.

Fuente: Rafael Pampillón Olmedo: “Generar buenas expectativas”. Expansión 9 de junio de 2018, página 22

2
Jun

Las cesiones políticas y económicas a las que se puede ver obligado el nuevo Gobierno de España, por los apoyos que ha recibido de los partidos independentistas y anti-sistema, pueden ser negativas para el conjunto de la nación. Unos y otros pueden someter a Pedro Sánchez a un chantaje que causaría un deterioro histórico en la cohesión de España.

Cada respaldo al nuevo presidente puede ir precedido de una exigencia cada vez mayor. Remendar este ´roto´ en la vieja piel de toro española podría costar tiempo y esfuerzo. Hay quien piensa que el descontrol autonómico se arreglará cuando la fragmentación sea tan dañina que la economía no lo soporte. Esperemos que no se llegue a este escenario, de lo contario nuestra economía quedará destrozada, lo mismo que la convivencia.

La coyuntura económica

Pero es que además a los problemas políticos se unen ahora algunas incertidumbres económicas. Por ejemplo, la alarma que puede generar el nuevo Gobierno de España, fruto de las políticas que exijan los nacionalistas y populistas, pueden aumentar la aversión al riesgo hacia nuestra deuda y hacia la renta variable. Ayer, los mercados reaccionaron bien. El IBEX 35 subió un poco (+1,56%), desde cotas muy bajas, alcanzando los 9.632 puntos, pero sigue lejos de los 10.300 puntos de primeros de mayo o del máximo del año (10.643). También ayer la prima de riesgo de España se redujo hasta tocar los 103 puntos básicos, pero sigue por encima de los 74 que cotizaba hace un mes.

Se reduce el consumo

Las caídas de la bolsa generan un efecto pobreza, que pueden debilitar el consumo durante este segundo trimestre del año. Así, el Índice de Comercio Minorista (ICM) publicado esta semana creció en abril, en tasa anual, solamente un 0,2% (sin contar las estaciones de servicio), habría que retroceder hasta octubre de 2017 para encontrar un avance tan reducido. El consumo también se paralizó en mayo por el impacto negativo que sobre la renta disponible de las familias está teniendo la incertidumbre política, el efecto pobreza y la pérdida de poder adquisitivo del dinero (por la mayor inflación). Efectivamente, el INE publicó esta semana que en mayo el crecimiento del IPC fue de un 2%, nueve décimas superior al registrado en abril. Este aumento de la inflación es el resultado, en parte, del aumento de los costes energéticos. La subida de los precios y la mayor inflación anual supone que el poder adquisitivo de las familias se reduce y con él la demanda de bienes de consumo en el mes de mayo.

También disminuyen las exportaciones.

Según publicó el jueves el Banco de España, en el mes de marzo las exportaciones de bienes y servicios se redujeron (-2,3%). Desgraciadamente, esta caída en las exportaciones puede continuar por la pérdida de competitividad que supone la mayor inflación y también por el menor crecimiento de la Unión Económica y Monetaria (UEM) a quien le vendemos el 50% de nuestros productos. En abril, el Índice de Gestores de Compras (PMI, por sus siglas en inglés) de la UEM se ralentizó a su nivel más bajo desde enero de 2017. Descendió desde los 55,2 del mes marzo a 55,1 puntos en abril y parece que en mayo continuará el descenso. También por la incertidumbre de política económica que puede haber en Italia con la constitución de un nuevo gobierno, del que se desconoce todavía, al igual que en España, cual puede ser su política económica. A lo que hay que añadir el problema de crecimiento, para la UEM, que puede generar la política comercial proteccionista de Estados Unidos.

El crecimiento económico de España se enfría.

Por tanto, el cambio de gobierno llega con unos decepcionantes datos del segundo trimestre por un enfriamiento mayor del esperado de nuestra economía. Se paraliza el consumo, aumenta la inflación, la producción de bienes de equipo apenas crece y las exportaciones se reducen. En España el PMI compuesto de abril también bajó a 55,4 puntos, su peor lectura en cuatro meses. Por su parte el PMI de industriales (la actividad de las fábricas españolas) también se moderó en el mes de abril hasta su nivel más bajo de los nueve últimos meses: se situó en 53,4 puntos desde 54,4 del mes de marzo, sugiriendo que la expansión de la economía española tocó techo durante los primeros meses de 2018.

¿Se paralizarán las reformas?

La incertidumbre económica surge también al temor de que el nuevo Presidente del Gobierno tenga que pactar con otros partidos de izquierda menos proclives al equilibrio de las cuentas públicas que Rajoy. La clave, por tanto, es si el nuevo gobierno seguirá la línea reformista orientada a estimular la competitividad, sostener el sistema de pensiones, aumentar el empleo, equilibrar las cuentas públicas, reducir la deuda, y mejorar la productividad.

En definitiva, los indicadores de coyuntura de la economía española de los últimos meses de este año están por debajo del extraordinario ritmo alcanzado durante los últimos años. La actividad se desacelera corriendo el peligro de sumergirse en bajos ritmos de crecimiento potencial. El crecimiento económico va madurando, con registros que, en los próximos trimestres, serán ligeramente inferiores a los observados durante los últimos años.

Sería deseable que Sánchez asumiera su responsabilidad y continuara unas reformas que, aunque las puso Rajoy, resultan ineludibles para la fortaleza económica que España necesita.

3
Feb

The article “In Spain, is the expenditure on R&D a determining factor in its external competitiveness?” (published by Harvard Deusto Business Research) has as its fundamental objective the study of the growth in Spanish exports —a fruit of better competitiveness— despite the low investment in Research and Development (R&D) in Spain. 

Between 2010 and 2016 in Spain, the investment in R&D with respect to the GDP maintains a negative tendency, farther away from the average investment in R&D of the EU-28 that, in that same period, grows year over year. 

However, this work reflects that Spain is an exception. One can affirm that Spanish competitiveness doesn’t adjust to its investments in R&D. It’s demonstrated that in recent years, the most developed countries have achieved a high level of competition thanks to technological development due to a bigger and better investment in innovation. Despite of its low investment in R&D, the exports of Spanish companies have been increasing progressively from 2010 to 2016, which has increased its percentage of all global exports. 

The causes of this imbalance between low investment in R&D and more competitiveness are, principally: the reduction of production cost, the fall of sales of Spanish companies in the national market and the development of factors such as infrastructure, health, education, and technological maturity that improve productivity and stimulate exports. 

This study concludes with a series of propositions to maintain this pattern of economic growth in Spain, by way of its competitiveness, and highlights the necessity of policies, that have promoted an increase in its exports and to incentivize a larger investment in innovation, following the example of other developed countries.

Fuente: Harvard Deusto Business Research

23
Ene
21
Ene
Desde 1986, la revista The Economist publica periódicamente el índice Big Mac, un indicador que toma como base el precio de una hamburguesa consumida en los establecimientos McDonald’s de diferentes países del mundo. El índice Big Mac sirve para saber si los tipos de cambio de las monedas están bien valorados o si, por el contrario, están infravalorados o sobrevalorados. Es decir, el índice ofrece una guía para saber si una divisa se encuentra en una paridad razonable.

Ayer, The Economist publicó este índice tal como lo viene haciendo de forma regular a comienzos de cada año. El enfoque teórico del índice Big-Mac se deriva de la teoría de la paridad del poder adquisitivo (PPA), que establece que productos iguales, situados en diferentes países, deben tener el mismo precio. La hamburguesa Big-Mac de los establecimientos McDonald’s es una cesta de bienes representativos, ya que mantiene unas características similares a nivel internacional; como es sabido, se compone de los siguientes ingredientes: dos piezas de carne vacuna, salsa especial, lechuga, queso, pepinillos, cebollas y un panecillo con semillas de ajonjolí. El índice Big Mac supone, por tanto, que esa hamburguesa es una cesta de bienes representativos, ya que mantiene unas características similares a nivel internacional.

Además, el hecho de que se comercialice en 3.000 establecimientos de 120 países usando los mismos ingredientes, hace posible comparar los precios a nivel mundial. El índice toma como referencia el precio de la hamburguesa en Estados Unidos (EEUU) que se obtiene como promedio de cuatro ciudades americanas (Atlanta, Chicago, Nueva York y San Francisco).

Tipo de cambio correcto: 
1,33 euros/dólar

Pero, aparte de comparar los niveles de precios entre países, quizá la función más importante que tiene este indicador es la de conocer si los tipos de cambio de las monedas están bien valorados. El indicador funciona razonablemente bien a largo plazo, pero, a veces, también acierta en el corto plazo. Así, desde la última revisión del índice Big Mac, en julio 2017, las monedas que estaban infravaloradas con respecto al dólar (que eran la mayoría) se han ido apreciando. Lo que confirma que, al menos en este periodo, los fundamentos económicos han tenido cierta influencia en el mercado de divisas. También porque la creciente globalización de la economía permite reducir las diferencias entre los tipos de cambios vigentes y los que se consideran correctos.

Un ejemplo es el cruce de paridad del euro con el dólar. El Índice publicado ayer muestra que el euro sigue infravalorado con respecto al dólar. Ayer, el tipo de cambio cotizaba a 1,23 dólares/euro cuando, según el índice la paridad razonable sería de 1,33. Efectivamente, en su última versión, nada más comenzar 2018, el precio medio de un Big Mac en EEUU era de 5,28 dólares y en la media de los países miembros de la zona del euro de 4,84 dólares (3,95 euros). Por lo tanto, el índice Big Mac indica que hoy el euro está depreciado en un 8,3%.

Hace dos años, al comenzar 2016, el precio medio de un Big Mac en EEUU era 4,93 dólares y en la zona del euro 4 dólares. Lo que significaba que el euro estaba infravalorado en un 19%. Desde entonces, el tipo de cambio del euro se ha ido apreciando poco a poco, tal como habían pronosticado el índice y los economistas (reconforta ver que alguna vez acertamos en nuestras predicciones). Un ejemplo, de esta progresiva apreciación es que en julio de 2017, el euro, según The Economist, estaba infravalorado en un 16% y ahora solo lo está en un 8%. Aunque sigue acortándose la distancia hasta el punto de equilibrio, el euro sigue depreciado, y un tipo cambio depreciado mejora la competitividad. No es casualidad que ayer, el Banco Central Europeo informara que el superávit en cuenta corriente de la zona del euro aumentase en noviembre gracias al superávit en el comercio de mercancías.

Algunos pueden pensar que este índice es una frivolidad pero, además de que se han escrito libros y se han hecho varias tesis doctorales sobre él, ha sabido predecir las tendencias de los tipos de cambio mejor que muchos modelos econométricos. Así, por ejemplo, cuando el 1 de enero de 1999 se lanzó el euro, pese a que la mayor parte de los expertos pronosticaban que se apreciaría frente al dólar, el índice indicaba que el euro estaba sobrevalorado en un 10% con relación al dólar y, por tanto se depreciaría, como así fue.

Sin embargo, el 17 de este mes, la sobrevaloración del franco suizo (moneda que continúa jugando el papel de moneda refugio) es del 28%. Lo mismo les sucede a las coronas noruega y sueca (18% y 16% de apreciación respectivamente). La hamburguesa más barata de las publicadas ayer por The Economist es la de Rusia (2,29 dólares) lo que quiere decir que el rublo está depreciado en un 57%, incluso después de la fuerte entrada de divisas provocada por la recuperación en el precio del petróleo. Polonia y la República Checa tienen fuertes vínculos con la zona del euro y un fuerte crecimiento del PIB. Sin embargo, el zloty polaco está infravalorado en un 44% frente al dólar, y la corona checa en un 28%.

Estos datos muestran que en los mercados emergentes, donde la renta per cápita es más baja que en los países avanzados, los costes en dólares, como pueden ser los de los alquileres o los de los salarios, también son más bajos. De ahí que muchas monedas de mercados emergentes estén depreciadas. En general, los indicadores de divisas basados en la PPA funcionan mejor cuando se comparan países con niveles de renta por habitantes similares.

Perspectivas para España

Para 2018 las perspectivas de las exportaciones españolas seguirán siendo muy favorables debido al esfuerzo que hacen los empresarios en reducir costes y precios y también por la depreciación del euro. El 17 de enero un Big Mac en España costaba 3,95 euros, el mismo precio que la media de la zona del euro. Lo que podría significar que nuestra economía tiene el mismo nivel de costes medios que la eurozona: somos tan competitivos como ellos y como ellos tenemos también una inflación muy baja. Esta estabilidad de los precios tiene efectos muy positivos, ya que al mantener el poder adquisitivo del dinero permite una mayor moderación salarial. De ahí que para 2018, las perspectivas de las exportaciones tanto de la zona del euro como las españolas sigan siendo muy favorables.

Este buen comportamiento de las exportaciones señala que las perspectivas para la economía española siguen siendo buenas. Una prueba de ello es que la OCDE a través de los indicadores adelantados, publicados esta semana, aprecia signos de aceleración para España. Este índice, diseñado para anticipar la tendencia de la actividad económica en un periodo de seis a nueve meses, pasó de un valor de 100,01 en el mes octubre a 100,1 en noviembre siendo el cuarto ascenso mensual consecutivo y la mejor lectura desde diciembre de 2016.

En definitiva, en 2018, el tipo de cambio del euro va a permitir un aumento de nuestras exportaciones lo que va suponer, según la OCDE, mantener también un crecimiento económico estable con el consiguiente aumento en el empleo.

Fuente: Rafael Pampillón Olmedo. “El índice Big Mac: el euro sigue depreciado”. Expansión. 20/01/2018. Página 43.

18
Ene

Los datos que se van publicando sobre las perspectivas de la economía mundial son cada vez más positivos. Para este año, el crecimiento estimado por el consenso de los analistas se sitúa en el 3,8%; superior, por tanto, al de 2017, que fue del 3,6%. La razón de este rápido avance es la mayor solidez y convergencia de las diferentes economías del mundo. Eso significa que, en 2018, por segundo año consecutivo, se va a producir una expansión económica sincronizada de casi todos los países, cosa que no sucedía desde hace más de una década ¿Cuáles son las causas de este elevado crecimiento de la economía global?

Los países emergentes acelerarán su ritmo de crecimiento.

Esto ocurrirá gracias a que en estas economías se va a generar mayor producción industrial, un aumento de sus exportaciones y de las inversiones en infraestructuras, un crecimiento de su población y una mejora en la calidad de sus instituciones (buen gobierno). Así, la OCDE prevé que India pasará de crecer el 6,7% en 2017 al 7% en 2018. China lo hará, aproximadamente, en la misma medida que el año pasado: se pronostica un 6,7% frente al 6,8% de 2017. Por su parte, Brasil parece que sale de la crisis: crecerá el 2,7% frente al 1% del año pasado, según informó su Banco Central, en tanto que Rusia mantendrá el mismo crecimiento: el 2%. La OCDE prevé también mayores tasas de expansión en otros países emergentes como Turquía, México, Argentina o Colombia, y también crecerán más los situados en el Sudeste Asiático y el África Subsahariana.

Optimismo en la economía europea

Asimismo, Europa, a pesar del Brexit, mantiene su economía en la fase expansiva del ciclo, con un ritmo de crecimiento en términos anualizados del 3%, el mejor en mucho tiempo; a la vez que las tasas de paro se reducen rápidamente. Así, en 2017, ésta cayó en la zona del Euro (UEM) del 9,8% al 8,7% de la población activa. Y en 2018, el desempleo seguirá disminuyendo hasta cerrar el año en el 7%. Un crecimiento que vendrá de la mano de la elevada actividad industrial que sorprendió, al crecer en noviembre de 2017 al 3,2% en tasa anual, gracias al notable dinamismo que registraron los bienes de capital (+6,2%).

Este comportamiento expansivo de la industria se encuentra en línea con los elevados niveles de los indicadores de la confianza de los empresarios, que, en la mayoría de los casos, rondan máximos históricos. Así, el Índice de Sentimiento Económico de la UEM, elaborado por la Comisión Europea, ha vuelto a crecer, pasando de los 114,6 puntos del mes de noviembre a los 116 de diciembre, impulsado por el sector manufacturero, que registró su máximo histórico.

También el Indicador de Clima de Negocio para la UEM alcanzó en diciembre los 1,66 puntos, una mejoría de 0,17 respecto al valor de un año atrás. Se trató del mejor dato desde 1985. Los gerentes de empresas de la región destacaron la mejora del volumen de pedidos y de la producción.

En definitiva, Europa está viviendo la mejor coyuntura económica desde hace muchos años lo que refuerza las tendencias positivas que se prevén para 2018.

EEUU se fortalece.

También Estados Unidos (EEUU) marcha bien. La Reserva Federal acaba de elevar las previsiones de crecimiento económico al 2,5, tanto para 2017 como para 2018. Como consecuencia, la tasa de paro se mantuvo en diciembre del año pasado en el 4,1%; la más baja en 17 años. Un crecimiento económico y del empleo que se verá reforzado este año por la reactivación fiscal promovida por el presidente Donald Trump, que incluye una rebaja de 14 puntos en el Impuesto de Sociedades.

Sin embargo, los estímulos fiscales de Trump y esta buena marcha de la economía y del empleo podrían quedar parcialmente neutralizados por el encarecimiento del crédito a las empresas y familias, como consecuencia de una política monetaria más restrictiva, que seguirá aplicando la Reserva Federal. La entidad ha señalado que, en 2018, tanto el crecimiento de la actividad como el mercado laboral continuarán fortaleciéndose, lo que anticipa tres subidas de los tipos de interés durante este año. Una situación que podría generar un proceso de desaceleración económica, favorecido también por la enorme madurez del actual ciclo expansivo de la economía americana, que ya dura 8 años (frente a la media histórica, que es de menos de 6).

La industria española va bien

La industria española, siguiendo la misma senda de crecimiento que EEUU (+3,4% anual) y la UEM (+3,2%), va a vivir un 2018 muy positivo. El Índice de Producción Industrial, publicado el jueves pasado por el INE, muestra que este sector está creciendo a ritmos anuales del 4,2%; por encima, por tanto, de EEUU y la UEM, y también del conjunto de la economía española. Este buen comportamiento de la industria se apoya, sobre todo, en la mayor producción de bienes de equipo (+6,1%). Un importante incremento que se mantendrá durante 2018 y que permitirá satisfacer la demanda externa y la interna, consolidando el cambio de modelo productivo que se está verificando en nuestra economía. Lo que demuestra que el país sigue invirtiendo en tecnología, a la vez que procura mejorar, no sólo su productividad, sino la calidad de sus productos.

Además, el significativo crecimiento de la fabricación, la importación y la exportación de bienes de equipo muestra que España se está integrado cada vez más en la cadena de producción mundial, es decir, un mismo bien es importado, reelaborado y exportado de nuevo. Lo que también favorece la renovación de las fábricas. El concepto de gran factoría que da trabajo a miles de personas se va poco a poco extinguiendo. Aparecen en cambio, y cada vez más, nuevas empresas digitales, de estructuras ligeras, que acabarán batiendo a las plantas antiguas, o, al menos, les enseñarán el camino para que se vuelvan más competitivas. Un proceso que implica la renovación integral de las instalaciones productivas para adaptarlas a la automatización.

Esta transición del sector industrial dependerá de la capacidad que tengan nuestras empresas manufactureras de adoptar las nuevas tecnologías, de acometer cambios profundos en la cadena de abastecimiento, producción, distribución y consumo. Un fenómeno que se está verificando en la industria y en cualquier otro sector a nivel mundial, y ante el que España no se puede quedar atrás.

Más crecimiento y empleo

Este aumento de la producción industrial, junto con el buen comportamiento de las exportaciones de bienes y servicios (incluido el turismo), está permitiendo revisar al alza las previsiones. Así, la economía española seguirá en 2018 en su fase expansiva, a pesar de que el crecimiento económico y la creación de empleo van a ser menos intensos que en 2017 y 2016. Sin embargo, el Gobierno y los Servicios de Estudios siguen elevando sus estimaciones de aumento del PIB para 2018, desde el 2,3% hasta el 2,8%; por encima, por tanto, del que tendrá la media de los países de la UEM (+2,3%).

Esta constante mejora de la actividad económica tendrá también efectos muy positivos en el mercado laboral. Habrá que esperar al día 25 de este mes para conocer la Encuesta de Población Activa (EPA) del cuarto trimestre del año pasado pero es probable que la tasa de paro de final de año esté cerca del 16%, para situarse en el 14% a finales de este año 2018.

También resultará determinante para que se mantenga esta buena tendencia en 2018 el hecho de que los problemas relacionados con la situación política en Cataluña sean cada vez menos frecuentes y que la situación de las empresas en ese territorio tienda a estabilizarse.

El peligro del proteccionismo

En resumen, todos los indicadores macroeconómicos sugieren que en 2018 la economía mundial tendrá un crecimiento más amplio y sincronizado. También aumentarán los salarios, los niveles de inflación y el empleo. El mayor riesgo para la expansión global no serán ni los repuntes en los tipos de interés ni los de los precios del petróleo, sino el alza del proteccionismo comercial. Poner trabas a los intercambios mercantiles haría caer algunas décimas el crecimiento del PIB a nivel global, ya que reduciría la asignación eficiente de recursos en la cadena de valor de la producción mundial.

Mientras tanto, en España, para impulsar más el crecimiento y el empleo, hay que seguir insistiendo en la necesidad de un sistema educativo que premie la excelencia y que mejore la productividad de los trabajadores, en dotar a nuestras empresas de más innovación, aumentando, por ejemplo, la inversión en I+D, en favorecer la inversión directa extranjera, en reducir la deuda pública y en continuar con el programa de reformas. Si, como consecuencia de todo esto, la productividad sorprendiese al alza, se crecería incluso más de lo previsto, se generaría más empleo y mayores subidas salariales.

Fuente: Rafael Pampillón. “Un crecimiento mundial más sólido”. Expansión. 18 de Enero de 20118.

18
Ene

Especial Agenda 2018 en Expansión

Escrito el 18 enero 2018 por Rafael Pampillón en Economía española, Economía Global

Hoy jueves, 17 de enero de 2018 el diario Expansión publica la . Se trata de un especial sobre los desafíos para este 2018, que incluye la opinión de reconocidos expertos, como Rafael Pampillón o Aurelio García del Barrio.

En él, si incluyen las claves y análisis sobre el devenir del desafío soberanista en Cataluña, la nueva financiación de las comunidades autónomas o la posible reforma de la Constitución.

Además, se abordan las principales cuestiones económicas, como el reto de seguir creciendo al 3%, el objetivo de alcanzar los 20 millones de empleos o la sostenibilidad de las pensiones,

Sin olvidar la necesaria transformación digital de las empresas.

13
Ene

La estabilidad de los precios

Escrito el 13 enero 2018 por Rafael Pampillón en Economía española, Unión Europea

El INE publicó ayer el comportamiento del Índice de Precios de Consumo (IPC) del año 2017, para España. En el conjunto del año natural, el IPC varió poco (+1,1%) y así los precios se mantienen en una senda de suave crecimiento iniciada hace un año y medio. Efectivamente, después de dos años de caída de precios (julio 2014-agosto 2016) se ha venido produciendo, a partir de mediados de 2016, una subida lenta de los precios de consumo. En cambio, la inflación subyacente, que es la que mide la variación de los precios de los bienes y servicios más estables (alimentos elaborados, bienes industriales no energéticos y servicios) se ha mantenido prácticamente estancada. Así, mientras en 2014 la inflación subyacente fue del 0,0%, en 2015 alcanzó el 0,9%, en 2016 el 1%, volviendo a bajar en 2017 al 0,8%.

¿Cómo se han comportado los diferentes componentes del IPC en 2017?

La subida de precios en 2017 fue un tira y afloja entre los precios de los productos de fabricación nacional y los importados. Los bienes importados, excepto el petróleo, han bajado sus precios. Es consecuencia de la apreciación del euro frente al dólar y otras divisas de muchos países emergentes a los que pudimos comprar a precios más bajos. Sin embargo, la subida del precio del petróleo no fue suficientemente compensada por la apreciación del euro. Por eso, en 2017, los precios de la calefacción, alumbrado y gasolina subieron un 2%.

También los alimentos, bebidas y tabaco volvieron a tener un componente inflacionista (+1,7%). Especialmente, en 2017, subieron los precios de la carne de ovino (+3,4%), el pescado (+3,2%), los huevos (+5,2), el aceite (+8,7%) y la fruta (+4,1%), se redujeron, en cambio, los precios de las patatas (-7,1%). También bajaron los precios de los bienes de consumo duradero para el hogar como los electrodomésticos (-2%).

La comparación con Europa

Si en vez de analizar el IPC se observa la variación del Índice de Precios de Consumo Armonizado (IPCA), que es el indicador que se utiliza para comparar la inflación de los diferentes países de la Unión Económica y Monetaria (UEM), entonces los precios españoles en 2017 subieron un 1,2%. En cambio en el conjunto de la UEM, en 2017, la inflación fue del +1,4%. El dato de España es bueno porque el diferencial de inflación con la media de la UEM (nuestro principal competidor), fue negativo (-0,2%), lo que favorece las exportaciones de nuestras empresas a la zona del euro.

Políticas monetarias, precio de petróleo subiendo y el euro apreciándose

La distancia entre los resultados de la inflación interanual de la UEM (+1,4%) y el objetivo del Banco Central Europeo (BCE), que es un crecimiento de precios cercano al 2%, es lo que está provocando que el BCE siga perseverando en una política monetaria muy expansiva. Estas medidas de relajación monetaria deberían tender a depreciar el euro, lo que aumentaría las exportaciones de la zona del euro al resto del Mundo. Como, además, parece muy probable que, en 2018, la Reserva Federal siga subiendo los tipos de interés, se podría esperar un fortalecimiento del dólar y una mayor depreciación del euro. Quizá una de las consecuencias más relevantes que debería tener la política monetaria expansiva del BCE fuese precisamente la de favorecer al sector exportador, que es especialmente importante para mantener la expansión económica de los países de la UEM.

Sin embargo, esto no está siendo así. En 2017, a pesar de las subidas de tipos adoptadas por la Reserva Federal y de la continuidad de los estímulos monetarios del BCE, el euro tuvo su mayor apreciación frente al dólar desde el año 2003, con una revalorización anual del 14%. Apreciación que es fruto del buen comportamiento de la economía europea, la mejora institucional que ha supuesto la derrota de los populismos y las perspectivas de realizar reformas que den pasos hacia los Estados Unidos de Europa y que a partir de ahora serán más fáciles de implementar gracias al acuerdo firmado para formar gobierno en Alemania.

Pero también hay que señalar que mientras el precio del barril sube, (ha pasado de 46 dólares en junio del año pasado a 69 ayer viernes) el dólar se deprecia. Los precios del crudo cada día que pasa alcanzan una cota más alta, mientras que el dólar sigue también una trayectoria bajista. No se trata de una mera coincidencia. Los productores de crudo están tratando de contrarrestar la pérdida de poder adquisitivo derivada de la mayor debilidad del dólar con niveles de precios más elevados. Estamos ante un círculo vicioso en el que el crudo se dispara y el dólar se deprecia y viceversa. Como consecuencia las exportaciones de EEUU, con un dólar débil, se están viendo más favorecidas que las de otros países que tienen monedas que se están fortaleciendo.

Perspectivas en 2018

Hay que insistir en que un euro apreciado, como el actual, aunque abarata los costes de las materias primas importadas para producir bienes y servicios, sin embargo, repercute negativamente en la competitividad de nuestras exportaciones y consecuentemente en el saldo exterior. De ahí que para 2018, las perspectivas de las exportaciones de la UEM pudieran ser menos favorables.

Así las cosas, también es preciso considerar que la estabilidad de los precios que tenemos en España tiene también efectos positivos ya que al mantener el poder adquisitivo del dinero permite una mayor moderación salarial y también una situación más halagüeña para los pensionistas.

La inflación española, que ha estado en un envidiable reposo durante los últimos años, puede seguir aletargada en 2018. Intentar prever el comportamiento futuro de los precios de consumo en España no resulta nada fácil. Hay demasiadas incertidumbres y de diferentes tipos, no sabemos, por ejemplo, cómo evolucionará el precio del petróleo ni el tipo de cambio del euro con respecto al dólar. Los analistas predicen una lenta y ligera subida de precios en España para 2018 pero sin llegar a alcanzar el 2% a final de año. Esta baja inflación permitirá mantener la competitividad y que la economía española siga avanzando. Desde una perspectiva más amplia, es preciso señalar que la economía española está cada vez más saneada (sistema financiero solvente) y equilibrada (estabilidad de precios, menor déficit público y superávit exterior). Un punto de partida que, de continuar con las reformas económicas, podrá situar a España en la vanguardia de los países industrializados.

Rafael Pampillón Olmedo. “La estabilidad de los precios”. Expansión 13 de enero de 2018, página 43.

Los analistas prevén una lenta y ligera subida de precios en España para 2018, que permitirá mantener la competitividad de la economía.

 

6
Ene

El año empieza bien

Escrito el 6 enero 2018 por Rafael Pampillón en Economía española, Economía Mundial

Esta semana hemos conocido una batería de indicadores que confirman que Estados Unidos (la mayor economía del mundo), la Eurozona (nuestro principal mercado) y España tuvieron un comportamiento económico excelente en el tramo final del año pasado. Eso significa que podrían estar aumentando, con respecto a las previsiones, los crecimientos del PIB para estas tres áreas, en este primer trimestre de 2018.

Estados Unidos se fortalece

La economía estadounidense se está fortaleciendo; esta semana hemos conocido que su sector industrial está creciendo a un ritmo anual del 3,4%. Efectivamente, el indicador ISM manufacturero (elaborado por el Institute for Supply Management) volvió a mejorar en el mes de diciembre: subió desde el 58,2% de noviembre hasta el 59,7% en diciembre (cuando el índice se mantiene por encima de 50 significa crecimiento del sector manufacturero, por debajo, contracción). Este aumento se debe a la mayor producción de bienes de capital: maquinaria, productos electrónicos y ordenadores; pero también a la inversión en el sector de los hidrocarburos, tanto de extracción como de refino, como consecuencia de la subida del precio del barril de petróleo y de la recuperación de los destrozos provocados por el huracán Harvey en el área de Houston.

A este crecimiento de la industria se pueden añadir otros dos factores determinantes en el citado fortalecimiento de la tendencia económica de EEUU: a) la ambiciosa reducción de impuestos de Donald Trump, que dará un fuerte impulso a la inversión privada y al consumo durante este año, y b) el aumento de las exportaciones americanas por la mejora de competitividad debida a la fuerte corrección del dólar frente al euro: de 1,06 dólares/euro en enero de 2017, a 1,21 ayer, viernes; es decir, una depreciación del 14%. No es casualidad que la bolsa americana esté en máximos históricos y que el índice Dow Jones, cruzara esta semana por primera vez en sus 121 años de existencia la barrera de los 25.000 puntos.

Europa, en máximos

También la economía europea, a pesar del Brexit, sigue en la fase expansiva del ciclo: los ritmos de crecimiento están por encima del potencial y las tasas de paro se están reduciendo rápidamente. El Índice de Confianza de los Consumidores de la zona del euro (UEM), elaborado por la Comisión Europea y publicado esta semana, subió en diciembre por quinto mes consecutivo, situándose medio punto por encima del de noviembre y en su nivel más alto desde enero de 2011.

La Comisión Europea publicará este lunes el indicador de Sentimiento Económico de diciembre y se espera que siga en su tendencia ascendente, lo que confirmaría la confianza de los agentes en la economía europea: la apreciación del euro es una clara señal de esa fortaleza.

Por su parte, la consultora Markit publicó esta semana el índice PMI (por sus siglas Purchasing Managers Index) de la UEM, un buen indicador de la actividad económica. En diciembre, el índice compuesto subió hasta el 58,1 desde el 57,5 de noviembre: es su mayor nivel desde febrero del 2011. El indicador del sector industrial pasó de 60,1 puntos del mes de noviembre hasta los 60,6 de diciembre: el nivel más alto para las manufacturas desde que comenzó la historia de este índice en 1997. Por su parte, el dato correspondiente al sector servicios de la UEM mejoró también en diciembre hasta los 56,6 puntos desde los 56,2 de noviembre. Los tres índices se situaron bastante por encima de la línea de los 50 que separa el crecimiento de la contracción.

En cuanto a los nuevos pedidos de las fábricas de la UEM, durante el mes de diciembre registraron los aumentos más pronunciados desde abril de 2000, mientras en el caso de las empresas de servicios, los pedidos tuvieron el aumento más fuerte en más de una década.

Son resultados excepcionalmente buenos de la economía de la zona euro que marcan tendencia y que aumentan la probabilidad de que el crecimiento del PIB para 2018 pueda superar la previsión del 2,3%.

La industria española también se acelera

Si bien la industria europea ha comenzado el nuevo año con la mayor fortaleza que se recuerda, en España también parece que las cosas van mejor de lo que se preveía. El PMI de la Industria alcanzó 55,8 puntos que es su valor máximo desde el año 2006. El sector industrial español crece cada vez más rápido. Especialmente significativo es el aumento de los nuevos pedidos (+7%) que no se aceleraban tanto desde antes del comienzo de la crisis económica. Así, la mejora de la producción manufacturera ha permitido que, a lo largo del año pasado, las empresas industriales aumentaran su nivel de empleo: 65.000 afiliados más a las Seguridad Social frente al aumento de 51.624 del año 2016.

También el PMI del sector servicios creció en España ligeramente más rápido en diciembre de 2017 que en el mes anterior. A ello ha contribuido el aumento de la creación de nuevas empresas y la disminución de la incertidumbre sobre la situación en Cataluña.

Como consecuencia, las previsiones de crecimiento de la economía española también se están revisando al alza. En 2018 seguirá en su fase expansiva a pesar de que el crecimiento económico y la creación de empleo van a ser menos intensos que en 2017 y 2016. Sin embargo, el Gobierno y los Servicios de Estudios siguen elevando sus estimaciones de crecimiento del PIB para 2018, desde el 2,3% hasta el 2,7%, por encima, por tanto, del que tendrá la media de los países de la UEM (+2,3%).

La constante mejora de la actividad económica española está teniendo efectos muy positivos en el mercado laboral. El Ministerio de Empleo y Seguridad Social informó que en el mes de diciembre de 2017 el paro registrado descendió en 61.500 personas. En cuanto a la afiliación, también en diciembre, se produjo un incremento de 42.444 personas con respecto a noviembre.

Crece la confianza de los consumidores

Estos buenos datos de crecimiento económico y de empleo de diciembre explican en parte la mejora del Indicador de Confianza del Consumidor (ICC) que elabora el CIS y que mensualmente recoge la percepción de los consumidores españoles, tanto de la situación actual de la economía, como de su evolución futura. El jueves conocimos que en el mes de diciembre este indicador alcanzó los 102,5 puntos. Son 2 puntos más que en noviembre y es el mejor dato desde el pasado mes de septiembre. El ICC sigue una escala de 0 a 200 en la que valores por encima de 100 indican una percepción positiva de los consumidores y por debajo, negativa.

Los datos publicados esta semana sobre la excelente trayectoria de las economías de EEUU y Europa, permiten ver con optimismo el crecimiento futuro para España. Si a nuestros clientes les va bien les podremos vender una mayor cantidad y calidad de bienes y servicios. Los datos publicados esta semana para España también son más favorables de lo que se esperaba y señalan una clara mejoría en diciembre, después de que el crecimiento económico registrase una ralentización en octubre y noviembre. También resultará determinante para que se mantenga esta buena tendencia que en 2018 los problemas relacionados con la situación política en Cataluña sean cada vez menos frecuentes y que la situación de las empresas en ese territorio tienda a estabilizarse.

Rafael Pampillón Olmedo. “El año 
empieza bien”. Expansión 6 de enero de 2018.

Destacados:

La excelente trayectoria que mantienen las economías de EEUU y la Eurozona permiten ver con optimismo el crecimiento futuro para España.

La ambiciosa reducción de impuestos de Trump dará un fuerte impulso 
a la inversión privada 
y al consumo este año.

La economía europea, 
a pesar del Brexit, sigue en fase expansiva, con un crecimiento fortalecido 
y caída en la tasa de paro

España seguirá en 2018 en su fase expansiva, pesar de que el crecimiento y empleo sean menos intensos.

4
Nov

¿Seguiremos cobrando la pensión?

Escrito el 4 noviembre 2017 por Rafael Pampillón en Economía española

Desde hace años tanto los expertos como los organismos internacionales están cada vez más preocupados por el envejecimiento demográfico de España y sus efectos negativos en la sostenibilidad del sistema de pensiones. El origen del problema está en la baja natalidad y en que la edad de jubilación se sitúa en los 65 años y 5 meses, casi la misma que en 1919 que eran 65. Esta fue establecida por la Ley de Retiro Obrero de Antonio Maura, cuando la esperanza de vida al nacer era de 33 años y una proporción muy baja de la población llegaba a alcanzar los 65.

Envejecimiento

En muy pocas décadas, España se convertirá en uno de los países más envejecidos del mundo. Este rápido proceso se produce a causa de la tasa de natalidad –una de las más bajas del planeta, con1’32 hijos por mujer– y del aumento de la esperanza de vida, que es de 83 años: 86 en el caso de las mujeres y 80 en el de los varones (la segunda más elevada después de Japón).

Esta situación generará desequilibrios presupuestarios en el futuro, como consecuencia del mayor gasto en sanidad, pensiones, residencias, ayudas a la dependencia, etc. La OCDE acaba de lanzar una advertencia sobre los peligros que acechan al sistema español: si no se toman medidas, las prestaciones por jubilación disminuirán en el medio plazo, lo que sin duda está generando mucha inquietud entre la ciudadanía. En concreto, quienes se jubilen en 2050 tendrán unas pensiones un 15% inferiores, como mínimo, a las de hoy, debido a que la reforma puesta en práctica en 2011 y 2013, al abrigo de los Pactos de Toledo, no han resuelto el problema.

El último Consenso Económico de PWC, publicado hace unos días, recoge un monográfico que pinta un futuro todavía más desalentador. El informe se basa en un cuestionario contestado por 110 ejecutivos de empresa y expertos económicos. Las conclusiones estiman que, con la adversa demografía actual, el sistema de pensiones, tal y como se encuentra actualmente, en un plazo aproximado de cinco años tendrá graves problemas de financiación. Sobre él se ciernen varias amenazas.

Por un lado, el envejecimiento vendrá acompañado, lógicamente, de un crecimiento en la tasa de dependencia, es decir, de un incremento del porcentaje de personas que no trabajan en relación con las que sí lo hacen. En concreto, en 2052, se elevará desde el 50,4% actual hasta el 99,5%

Por otro, se prevé que la hucha de las pensiones se quede sin fondos en 2018 y, dado que la deuda pública ya asciende al 100% del PIB, no será fácil financiar el sistema. Subir los impuestos y rebajar las pensiones es una solución para recabar ingresos, pero muy impopular. Otra posibilidad pasaría por elevar las cotizaciones sociales por trabajador –lo que, económicamente, equivale a aumentar el impuesto sobre el trabajo-, y, con ello, generar desempleo.

En este sentido, el citado monográfico de PWC ofrece algunas alternativas para mantener el sistema público de pensiones:

A) Retrasar la edad de jubilación más allá de los 70 años, exceptuando algunos sectores (minería, transporte, construcción, etc.).

B) Aumentar la productividad de los ocupados, ya que es una de las variables que más influye sobre el sistema de pensiones. A mayor productividad, también mayor producción, salarios, pagos en concepto de cotizaciones sociales y recaudación para la Seguridad Social.

C) Sustituir el actual sistema por otro que garantice su sostenibilidad. Se trataría de un modelo mixto, en el que convivirían el de reparto y el de capitalización. La meta sería potenciar los beneficios de ambos y mitigar así sus fallos, diversificando las fuentes de financiación y permitiendo, al menos parcialmente, que cada ciudadano pudiera elegir libremente una parte de la pensión que tendrá en su futuro, en función de los riesgos que quiera correr.

Hacia un sistema mixto de pensiones

El antedicho sistema es algo muy complejo y que aquí se va a abordar de una forma muy sintética. Se basaría en cuatro pilares:

El primero tendría como objetivo la lucha contra la pobreza, manteniendo una pensión mínima que recibirían los que no han contribuido al sistema de pensiones. Esos ciudadanos, alcanzada una cierta edad, percibirían, tal como está sucediendo en la actualidad, algún tipo de prestación que evitase mayores desigualdades sociales y que sería pagada con cargo a los Presupuestos Generales del Estado.

El segundo pasaría por el sistema de reparto que lo pagaría la Seguridad Social, en función de las aportaciones realizadas a lo largo de toda la vida laboral de cada trabajador, pero de una forma que resultase compatible con la sostenibilidad del sistema; lo que quiere decir que los gastos de éste (prestaciones) serían iguales a los ingresos (cotizaciones).

El tercero descansaría en el sistema de capitalización y, al igual que el anterior, sería de carácter obligatorio, aunque los trabajadores podrían elegir libremente las carteras en las que colocar sus aportaciones. Es importante considerar que buena parte de la población española carece de una cultura financiera mínima como para promover un sistema mixto. Por eso, antes de realizar este cambio, se debería ofrecer formación gratuita a todos los ciudadanos.

El cuarto se apoyaría en el ahorro voluntario de los ciudadanos y permitiría a las personas adaptar sus pensiones futuras a sus preferencias personales. Sería igual al ya existente de fondos de pensiones privados, pero en él los trabajadores deberían poder elegir la cantidad que aportan cada año. Actualmente, el importe de las contribuciones realizadas (con derecho a desgravación en la base imponible del IRPF) está limitado a 8.000 euros. El nuevo sistema eliminaría ese tope.

Pero, ¿cómo sustituir el sistema actual por uno mixto? En primer lugar, se debería dejar a los trabajadores actuales, con más de 40 años, escoger si quieren mantenerse en el de reparto o pasarse al mixto. Los trabajadores con menos de 40 años tendrían la obligación de acogerse al nuevo sistema. Como consecuencia del tránsito de un sistema a otro se perderían ingresos, para mantener el actual sistema de reparto, lo que exigiría un aporte de caudales públicos.

La Comisión parlamentaria del Pacto de Toledo ha venido celebrando desde finales de 2016 sesiones de trabajo con expertos académicos, institucionales y del sector de las pensiones. Pero es muy probable que, como en otras ocasiones, estas reuniones no garanticen soluciones al futuro de las pensiones a largo plazo: culminarán, como siempre, en una serie de recomendaciones para una pequeña reforma que allegue los recursos necesarios para solventar el déficit del sistema en los próximos años, y poco más.

Así las cosas, se debe afrontar el problema cuanto antes y de forma definitiva, sabiendo que para equilibrar el sistema de pensiones se precisan reformas radicales como las que aquí se han propuesto.

Fuente: Rafael Pampillón Olmedo. “¿Seguiremos cobrando la pensión?”. Expansión 4 de noviembre de 2017. Página 43.

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