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La petición de rescate

Escrito el 9 septiembre 2012 por Rafael Pampillón en Economía española, Política Monetaria, Unión Europea

Por primera vez en muchos meses el Banco Central Europeo (BCE) no ha defraudado las expectativas del mercado. El jueves decidió hacer frente a la inestabilidad financiera que está sufriendo la Eurozona comprando bonos en el mercado secundario de los países con problemas y que están bajo un programa de asistencia. Esta decisión de comprar deuda pública española (e italiana) eliminará las severas distorsiones que se estaban produciendo en los mercados financieros provocadas por unas expectativas de ruptura del euro. Estas compras estarán sujetas a una petición, en nuestro caso del Gobierno de España, para que se activen los fondos europeos de rescate (EFSF/ESM).

Foto de ANÁLISIS-El BCE tendrá trabajo para cumplir promesas de Draghi

Un rescate parcial que 1) exigirá cumplir ciertas condiciones adicionales, que por ahora no son conocidas, pero que parece que se refieren a cesiones en cuanto a la supervisión por parte de la troika de la gestión de la administración española, sobre todo del gasto de las Comunidades Autónomas y 2) permitirá a España recurrir a los fondos europeos (EFSF/ESM)  para que éstos compren en primario sus emisiones si fuera necesario. En definitiva, pedir el rescate significa que España pide formalmente al BCE que compre bonos españoles en el mercado secundario para bajar los costes de financiación de nuestra deuda y abre también la posibilidad de acceso del Tesoro al mercado primario.

¿Qué debe hacer España?

En mi opinión, pedir ese resácate parcial y permitir así que el BCE intervenga y se reduzca la prima de riesgo y los costes de financiación de la economía. Se trata de “comprar tiempo” y hacer nuevas reformas económicas, que junto con las que están en marcha, den fruto de crecimiento y de empleo en los próximos años.

Mercado laboral

No se puede ni se debe olvidar que España sigue en una situación económica muy crítica con un desempleo monstruoso. Este verano hemos vuelto a conocer datos preocupantes. El INE publicó a finales de julio la Encuesta de Población Activa (EPA) del segundo trimestre y el Ministerio de Empleo el paro registrado y la afiliación a la Seguridad Social de los mese de julio y agosto. Los datos de la EPA fueron malos: se redujo la ocupación y aumentó el desempleo. Los analistas esperaban datos mejores de empleo ya que durante los segundos trimestres la ocupación suele ser mejor que los de otros trimestres del año debido a las contrataciones derivadas del comienzo de la campaña turística. Incluso durante esta crisis, iniciada a finales de 2007, hubo segundos trimestres en los que se produjeron aumentos trimestrales de la ocupación como sucedió en 2008, 2010 y 2011.

Paro registrado

Los datos de julio y agosto de paro registrado y de afiliación, tampoco fueron favorables. La estacionalidad maquilla las cifras, lo que a veces impide apreciar la evolución verdadera del empleo, así que si se eliminan los efectos del calendario, tanto en julio como en agosto hubo un repunte del paro y una caída de afiliados.

Estadísticas publicadas esta semana por Eurostat van en la misma dirección: en julio el paro sube en España dos décimas y alcanza el 25,1% lo que supone la tasa de desempleo más alta de nuestra historia y también de toda la Unión Europea. Las perspectivas de diferentes servicios de estudios y de la asociación de grandes empresas de trabajo temporal (Agett) prevén que en este tercer trimestre se produzca una fuerte caída en la ocupación y que a final de año el número de parados alcance los 6 millones de personas.

¿Qué se puede hacer para aumentar el empleo en los próximos años?

Para conseguir mayores niveles de ocupación es necesario que la economía crezca. Como la demanda interna sigue contrayéndose, la esperanza de la recuperación  sigue estando en el sector exterior. Precisamente hace una semana el Banco de España  dio a conocer la balanza de pagos del primer semestre del año 2012: el déficit acumulado de la balanza por cuenta corriente se redujo hasta 17.134,5 millones de euros, desde los 24.571,5 millones registrados en el mismo período de 2011. Esta mejoría se debió, fundamentalmente, a la mejora de la balanza comercial y al aumento del superávit de la balanza de servicios.

Comercio exterior

El déficit de la balanza comercial, en el primer semestre, se redujo hasta los 15.579,0 millones de euros (20.942,7 millones en el mismo período del año anterior), debido a que las exportaciones crecieron un 3,7% (lo que demuestra la competitividad de nuestras exportaciones), mientras las importaciones retrocedieron un 0,9%(debido a la debilidad de la demanda interna). Una prueba más de esa mejora de competitividad es que los precios de las exportaciones de bienes industriales disminuyeron en julio dos décimas y se situaron en el 2,5% en tasa anual, mientras que los precios de las importaciones subieron cinco décimas por encima de la registrada en junio situando la tasa anual en el 2,9%, según publicó el martes el INE.

En la balanza de servicios, el superávit en el periodo enero-junio ascendió a 16.377,9 millones de euros (13.749,5 millones en el mismo período del año 2011), como consecuencia 1) de la ampliación del saldo positivo de turismo. Las visitas de los extranjeros siguen siendo un extraordinario motor de nuestra economía. Además los datos de julio son todavía mejores que los del primer semestre: nos visitaron 7,7 millones de turistas, el mejor mes de la historia; 2) del aumento de los ingresos generados por los servicios no turísticos y que viene a reflejar también el esfuerzo de las empresas españolas en el exterior de los sectores de distribución, ingeniería, gestión de infraestructuras, hoteles, energía, construcción de obras públicas, telefonía, servicios financieros, etc. por abrir mercados ante la debilidad de la demanda interna.

En resumen, la economía española sigue contrayéndose y destruyendo empleo. Afortunadamente le sigue quedando el dinamismo de las exportaciones. Pero eso no basta. Hay que encontrar incentivos económicos que consigan otro ritmo de actividad. Necesitamos, además, financiarnos a tipos de intereses más bajos, por eso el gobierno debe pedir el rescate no solo para que mejoren nuestras condiciones de financiación sino también para que se realicen los ajustes fiscales necesarios sobre todo en las Comunidades Autónomas (sin descartar una honda reflexión sobre nuestro modelo de Estado).

Por último, no podemos quedarnos tranquilos con un sistema fiscal que, buscando la capacidad recaudatoria provoca fraude, freno al crecimiento y pérdida de eficiencia económica. Son tareas urgentes que debe afrontar el Gobierno en los meses venideros.

Fuente: Rafael Pampillón. “La petición de rescate”. Expansión. 8 de septiembre de 2012.

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