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Los orígenes de la crisis bancaria en España.

Escrito el 24 julio 2012 por Rafael Pampillón en Economía española

Hoy el Exgobernador del Banco de España (Miguel Ángel Fernández Ordóñez) mostró este gráfico (ver más abajo) en su comparecencia en el Congreso de los Diputados.  En el se ve como las fases de expansión y crisis se suceden y como el crédito evoluciona en dos etapas. Aunque el gráfico vale más que mil palabras paso a hacer  algunos comentarios. 

1) La fase en que el crédito crece por encima del crecimiento del PIB con una generación de problemas de endeudamiento, inadecuadas inversiones, aumento exagerado de la financiación mayorista, etc. y 

2) La fase en que el crédito sigue ritmos más bajos que el PIB como consecuencia de la necesidad de purgar los excesos de la crisis: saneamientos, recapitalización, redimensionamiento, cierres, etc.

(Si haces click en el gráfico este se amplía)

 

1) Primera fase. El adagio de que más vale prevenir que curar se aplica plenamente a la banca. Por eso es lógico concentrar la atención en estudiar sobre todo los errores cometidos en la primera fase, pues la mejor forma de gestionar un problema sistémico bancario, como en el caso de los accidentes nucleares, es que no lleguen a suceder, no tener necesidad de resolverlos. 

El problema bancario español se engendró durante los años de expansión desmesurada en los que se produjo un aumento extraordinario del endeudamiento privado así como la pérdida sistemática de competitividad en relación a los países de la zona euro, lo que generó un déficit corriente sistemático que tuvo que ser financiado con deuda externa. Este proceso arrancó a mediados de los años noventa y se desarrolló durante las dos legislaturas del PP y la primera del Partido Socialista (ver gráfico periodo 1996-2006). 

Estos fueron los años de la alegría, de la exuberancia irracional en la que todos participaron, los que pedían créditos, los que los daban, los gobiernos que se enorgullecían de reducir el déficit cuando en realidad lo que estaban haciendo era bajar los gastos financieros como consecuencia de la entrada en el euro y aumentaban sus ingresos gracias a la actividad extra generada por un endeudamiento insostenible; eran los años de aumentos del fondo de reserva de la Seguridad Social y de reducción extraordinaria de la tasa de paro. Ahora son legión los analistas que critican la burbuja pero entonces eran pocos, muy pocos, los economistas que denunciaron ese modelo de crecimiento y señalaron las negativas consecuencias que se producirían en el largo plazo. 

Lo cierto es que desde 1996 el crédito empezó a crecer por encima del PIB y así lo hizo sistemáticamente hasta el año 2006 y a mediados de ese año alcanzó sus tasas máximas de crecimiento anual, una tasa por encima del 25% en el total de crédito y de más del 40% en el concedido a las actividades de promoción inmobiliaria (ver gráfico). 

En cuanto al otro desequilibrio, el de la pérdida de competitividad, también desde 1996 el crecimiento del IPC español fue sistemáticamente superior al de la zona euro.

A partir del verano de 2006 la tasa de crecimiento de crédito empezó a descender, pero el endeudamiento acumulado y la pérdida de competitividad durante los 12 años que acaban en 2008 llevaron el desequilibrio exterior a una posición insostenible con un déficit de la balanza corriente del 10% del PIB y un fuerte aumento de la deuda exterior de España. 

Aunque es verdad que durante los últimos años, España ha ajustado su déficit corriente a un ritmo espectacular, de ese casi 10% de déficit alcanzado en 2008 se ha pasado a cerrar el año pasado con un déficit del 3,7%, esto es, un ajuste más de 6 puntos del PIB en tres años y, si continuara este ajuste, la balanza corriente debería estar en equilibrio este año. 

2) La segunda fase la estamos viviendo todos los días: restricción de crédito, desplome de todos los indicadores macroeconómicos, saneamientos de los balances, cierre de oficinas,  aumento del desempleo, incertidumbre, etc. Los problemas son tan graves, llevan tanto tiempo acumulándose, y afectan a tal número de ciudadanos e instituciones, que cualquier tensión adicional aumenta la desconfianza y agrava las dificultades, que nos atañen a todos, sin que nadie salga beneficiado.

Fuente: Miguel A. Fernández Ordóñez. ” Comparecencia ante la Comisión de Economía y Competitividad del Congreso de los Diputados”. 24 de julio de 2012.

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