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Aunque lo más importante en estos momentos continúa siendo la tragedia humana, con miles de fallecidos y desaparecidos, en las últimas horas se están realizando las primeras valoraciones de las consecuencias económicas del terremoto en Japón. No en vano, Japón continúa siendo la tercera economía más importante del planeta y, pese a su elevada deuda pública, uno de los mayores acreedores internacionales. Japón tendrá que hacer frente a su peor crisis desde la II Guerra Mundial. En principio, la zona más afecta por el terremoto (Iwate, Miyagi y Fukushima) supone un 4% del PIB, similar al del área afectada por el terremoto de Kobe en 1995. Sin embargo, el efecto del tsunami amplía el número de zonas afectadas, a lo que habría que sumar el peligro añadido por la alerta nuclear y por los cortes energéticos. Las primeras estimaciones elevan el coste hasta los 100.000 millones de dólares (en torno al 2% del PIB), pero la incertidumbre es aún elevada y pensamos que estas valoraciones podrían quedarse cortas.

Política monetaria

El desastre se produce en un momento de debilidad de la economía, además, la capacidad de maniobra de la política económica es muy reducida. En materia de política monetaria: el Banco de Japón ha aprobado hoy una serie de medidas destinadas a apoyar el funcionamiento de los mercados y del sistema financiero del país: i) mantiene el objetivo para su tipo de referencia (tipo a un día sin colateral) en el rango 0-0,10%; y ii) acordó seguir suministrando una amplia liquidez al sistema (ha efectuado hoy subastas de inyección de liquidez a un día por importe de 15 billones de yenes, 132.000 millones de euros). Junto con estas medidas anunció la ampliación del importe y la duración de su programa de compra de activos. El volumen ha quedado fijado en 10 billones de yenes (88.000 millones de euros) frente a los 5 billones establecidos previamente. Finalmente, prorroga la duración del programa hasta junio de 2012.

Política fiscal

En política fiscal: su deuda pública supera el 200% del PIB, más del doble de la que tenía cuando ocurrió el terremoto de Kobe. En el lado positivo, pensamos que el riesgo de una crisis de deuda no se ha incrementado significativamente: i) según las estimaciones disponibles, aunque los costes pueden ser hasta 10 veces los de Kobe, su impacto sobre la deuda será modesto; ii) los tenedores son mayoritariamente ahorradores japoneses (suponen el 95% de su deuda); y iii) el BoJ muestra una clara disposición a seguir monetizando la deuda.

Por otro lado, también preocupan los efectos sobre los mercados internacionales de la salida de capitales desde grandes países deudores de Japón (por ejemplo, EEUU) hacia el país nipón para financiar la reconstrucción con su propio ahorro. En 2010, los inversores japoneses invirtieron 166.000 millones de dólares en otros países. La consecuencia inmediata sería el fortalecimiento del yen: en el desastre de Kobe, se apreció un 20% en los 3 meses siguientes al desastre. Aunque este tipo de movimientos en las divisas suele ser temporal (en 1995, la repatriación de capitales sólo duró 2 meses y después se restablecieron los niveles anteriores al terremoto), es previsible que el gobierno no permita que el yen se fortalezca e intervenga en el mercado de divisas.

El crecimiento del PIB

Por el momento, el impacto sobre el crecimiento del PIB es muy incierto, si bien la mayoría de analistas son optimistas y consideran que la economía podría evitar la contracción. La comparación con otros episodios similares es una pobre guía, puesto que no son comparables en magnitud ni en localización. En el caso del terremoto de Chile en 2010, el PIB se contrajo un 5% anualizado en el trimestre afectado, pero repuntó rápidamente en los siguientes trimestres (+19% en el 2T10). En el desastre de Kobe, la economía japonesa no llegó a contraerse: el exceso de capacidad existente en la economía permitió que una mayor producción en los sectores más ociosos compensara la pérdida en las industrias más afectadas (el exceso de capacidad actual podría conducir a un resultado similar). Lo normal es un fuerte deterioro inicial que se puede compensar más tarde con los gastos de reconstrucción. Aunque hay otras variables que son difíciles de predecir a medio plazo como las expectativas de los agentes. En cualquier caso es demasiado pronto para valorar el impacto en términos de PIB, aunque indudablemente habrá que revisar a la baja las estimaciones para este año (+1,5% según Consensus Economics).

La reacción de los mercados

Muy importante también es la reacción de los mercados. El Nikkei ha cerrado la sesión de hoy lunes con una caída del -6,18%. El viernes pasado también cerró con pérdidas, de un -1,72%. De sus 225 componentes, sólo 9 mantienen un balance positivo en las dos últimas jornadas. Entre ellos sobresalen empresas de construcción (Kajima +24,5%, Taisei Corp +21,9%) y de materiales de construcción (Taiheiyo Cement +20,2%). El posible impacto del desastre sobre las plantas y equipo de los grandes fabricantes japoneses ubicadas en el país y la interrupción de la actividad por los daños sobre el suministro eléctrico han provocado abultadas pérdidas en el resto de sectores. Cabe destacar a las grandes empresas del sector de automoción (Mitsubishi -13,4%, Kawasaki -11,6%, Nissan Motor -11,5% o Toyota -10,6%) y de la electrónica (Sony -11,15%, Toshiba -17,8% o Hitachi -18,18%).

El riesgo de que las caídas bursátiles se prolonguen es elevado. Si tomamos como referencia el terremoto de Kobe, el Nikkei perdió en los tres meses siguientes un 21%, seguidamente registró una recuperación temporal y volvió a caer hasta definir su suelo en julio, seis meses después, con una pérdida acumulada del 25%.

El contagio de la bolsa japonesa al resto de la región asiática ha sido, hasta el momento, inexistente. Hoy han cerrado con ganancias las bolsas de Hong Kong, China, Corea del Sur, India, Tailandia e Indonesia, por citar las mayores. Es más, en algunos mercados de la región hay valores que están sobresaliendo positivamente por la consideración de los inversores de que sus negocios saldrán beneficiados de la caída en la actividad manufacturera de Japón. Fuera de la región, sobresalen negativamente dos sectores: seguros y utilities. Las grandes compañías aseguradoras se están viendo penalizadas por las indemnizaciones a las que deberán hacer frente. Las estimaciones son todavía muy preliminares, aunque se manejan cifras que van desde los 10.000 millones de dólares hasta los 35.000.

En Europa, la reacción inicial ha sido vendedora, aunque posteriormente se han mitigado las pérdidas e, incluso, algunas plazas han vuelto al signo positivo. La peor es la bolsa alemana, con el Dax cediendo un -1,6%, arrastrado por las caídas de aseguradoras y eléctricas. En el lado positivo hay que referirse a la bolsa española -el Ibex subió un 0,17%-, gracias al tirón del sector bancario. Esta reacción es debida a la buena acogida que ha tenido entre los inversores el principio de acuerdo alcanzado por los líderes de la UEM el viernes pasado.

En definitiva, un nuevo foco de incertidumbre a sumar a los que todavía no se han cerrado (conflicto en Oriente Medio), lo que aumentará a corto plazo el atractivo de los activos refugio.

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