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El fracaso de la opción “chavista”

Escrito el 16 octubre 2006 por Juan Carlos Martínez Lázaro en América Latina

Con algo más del 60% de los votos escrutados, los primeros resultados dan ganador de las elecciones celebradas ayer en Ecuador al conservador y empresario Alvaro Noboa, con un porcentaje de sufragios próximo al 27%. En segundo lugar, con cerca del 22,5% de los votos, se sitúa Rafael Correa, el candidato de izquierdas que encabezada los sondeos y al que muchos veían como un seguidor del presidente venezolano Hugo Chávez. Estos dos contendientes serán los que tendrán que disputarse la presidencia del país el próximo 26 de noviembre en la segunda vuelta. Aunque todavía es pronto para anticipar resultados, puesto que llega la hora de buscar apoyos y tejer alianzas, todo parece indicar que Correa lo tendrá difícil para ser el próximo presidente ecuatoriano.

Al igual que ocurrió en Perú hace unos meses, donde Ollanta Humala, el candidato populista apadrinado por Chávez, fue derrotado por Alan García en la contienda electoral, la previsible victoria de Noboa supone un duro golpe para los planes del mandatario venezolano de extender su “revolución bolivariana”. En pocos meses, en Colombia, Perú y ahora probablemente en Ecuador, han renovado mandato o alcanzado la presidencia, candidatos que discrepan, no sólo políticamente sino también personalmente, con el Presidente de Venezuela. En este sentido, sólo la victoria de Daniel Ortega en las elecciones que se celebrarán a principios de noviembre en Nicaragua, podría sumar un nuevo aliado al eje Chávez-Morales-Castro.

Ecuador ha sufrido en la última década una de las mayores crisis políticas y económicas de la región. Desde el punto de vista institucional, los tres últimos presidentes electos han tenido que abandonar su cargo precipitadamente ante las algaradas populares; y aunque la situación económica ha mejorado en los últimos tiempos gracias al elevado precio del petróleo y los efectos de la dolarización, todavía más del 30% de la población vive bajo el umbral de la pobreza, sin olvidar a los más de dos millones y medio de ecuatorianos que se estima que han tenido que emigrar en los últimos años. Quizá eso explica la fragmentación social del país y la desconfianza hacia el sistema tradicional de partidos. Aún así, parece que la mayoría de los ecuatorianos han preferido alejarse de las opciones más radicales que preconizaba Correa, y profundizar en el camino de las promesas de estabilidad económica que simboliza Noboa (firma de un TLC con Estados Unidos, apertura económica, mantener la dolarización …). Si Alvaro Noboa logra imponerse en la segunda vuelta de las elecciones, ¿conseguirá acabar con la ingobernabilidad que ha caracterizado a la nación andina en los últimos diez años?

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