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En el post que se publicó ayer en este blog de economía (El déficit exterior de España en cifras récord: 10,2% del PIB) se hicieron unos comentarios muy interesantes por parte de los blogeros Whitard, Fabio Casasús y Ángel acerca de la competitividad de la economía española ¿Es sostenible o no el elevado déficit exterior? ¿Durante cuanto tiempo puede una economía mantener un elevado déficit por cuenta corriente? ¿Llegará un momento en que los inversores extranjeros se desanimen y dejen de financiar la economía española? También esta semana Carlos Lago colgaba un comentario en el post ¿Qué es un tipo de cambio fijo? ¿Cómo se modifica un tipo de cambio fijo? en el que preguntaba por la larga historia de devaluaciones de la peseta y que puede hacer España ahora sin peseta y, por tanto, sin el recurso de la devaluación. Para empezar me gustaría dejar claro que tradicionalmente España ha sido un país inflacionario. Los últimos treinta años de nuestra historia económica constatan que la inflación española ha sido siempre superior a la media de la UE. Los productos españoles serían ahora mucho más caros y, por tanto, menos competitivos que los del resto de Europa si esa pérdida de competitividad generada por una mayor inflación no hubiera sido compensada históricamente con devaluaciones de la peseta.


Así, por ejemplo, las fuertes alzas de precios que se produjeron de 1973 a 1977, consecuencia de la primera crisis del petróleo y de la exagerada elevación de los salarios, generaron pérdidas de competitividad que se manifestaron en fuertes déficit de la economía española frente al exterior en los años 1974, 1975 y 1976. Sin embargo, la devaluación de 1977 acordada en los Pactos de la Moncloa permitió recuperar la competitividad perdida, obteniendo superávit en las balanzas por cuenta corriente en los años 1977, 1978 y 1979.

Un segundo período de fuertes subidas de precios, que generó déficit exteriores en 1980 y 1981, se produjo a raíz de la segunda crisis del petróleo en 1979. La devaluación Boyer de 1982 fue la medicina que restableció la competitividad perdida (gracias a ella volvimos a tener superávit con el exterior de 1982 a 1987). En el período 1987-91, los mayores precios frente a nuestros competidores, supuso una excesiva apreciación real de la peseta (un 15% aproximadamente) con persistentes déficit de la cuenta corriente (desde 1988 hasta 1995). Para compensar esta apreciación hubo que devaluar sistemáticamente la peseta: dos veces en 1992, otra en 1993 y la última, la que realizó Solbes, en 1995. Y así, una vez más, gracias a las devaluaciones, se volvió a equilibrar la cuenta corriente (1995, 1996, 1997 y 1998).

A partir de 1999, sin embargo, la mayor inflación española ha venido acompañada de fuertes saldos negativos en la balanza de pagos. Desde 1995, última devaluación, nuestros precios han crecido, aproximadamente, un 15% más que la media de la UE lo que ha generado pérdida irrecuperable de competitividad de nuestros productos y servicios. Si este diferencial de inflación continúa diez años más, las empresas exportadoras españolas lo van a tener muy difícil para vender sus productos en el exterior. Señal de que vamos por mal camino es que el déficit exterior supera el 10% lo que indica claramente que España pierde competitividad. No me resisto a copiar un parte del comentario que hizo ayer Angel: “Cuando España entró en el euro en 1999 su participación en las exportaciones mundiales de bienes era del 2%. En 2006, la participación española bajó hasta el 1,7%. España la octava potencia del mundo ocupa sin embargo el puesto 17º entre los exportadores mundiales. En cambio, ocupamos el puesto 12 entre los importadores mundiales. España, desde que entró en el euro y no puede devaluar, viene disminuyendo su cuota en las exportaciones mundiales de bienes”.

Como es sabido España forma parte del euro desde su fundación en enero de 1999, y, por tanto, ahora y, a diferencia de periodos anteriores, el problema parece mucho más grave, ya que no tenemos la peseta para poder devaluar. ¿Qué podemos hacer?

Comentarios

Whitard 17 junio 2007 - 15:49

Gracias por el post y las respuestas a mi comentario. Tras leer las reacciones, me queda más claro por qué el déficit de la balanza comercial es tan preocupante. Cuando yo dije que España no había caído en cuota de exportación, me refería a un período de tiempo más largo, pero si entramos en detalle parece que el alarmismo está justificado y que nuestro país sí está perdiendo fuelle en el exterior.

¿Qué podemos hacer? Pues creo que debe existir una concienciación política de la situación e incentivar la externalización de las empresas. El Gobierno debe ponerse esta meta como máxima prioridad en el exterior y darse cuenta de que las visitas internacionales son necesarias (¿desde cuándo no se va nuestro presidente a otro país?). Aunque si no se aumenta el presupuesto del Icex, mal andamos. (Recomiendo encarecidamente la lectura del artículo “Sericio Exterior Fuera de Servicio”, en la revista Dinero de este mes, que aborda en profundidad este tema.)

Y el sector empresarial tampoco parece andar mucho más avispado. Hasta hace no mucho, incluso se daban casos de doble representación entre Cámaras y CEOE, llegando al episodio antológico de Israel, donde fueron ambos por separado en una visita oficial y se contraprogramaron las ruedas de prensa, con el consiguiente desconcierto de los israelíes… Eso no es serio y daña la imagen de las empresas.

De todas formas, la estructura empresarial de España, donde la reina es la Pyme, tampoco ayuda a emprender aventuras fuera con facilidad.

Rafael Pampillon 18 junio 2007 - 09:15

Gracias a ti. Junto a lo que tu señalas a mi me parece que además y ante la ausencia de una política de tipo de cambio, el equilibrio exterior sólo es posible a través de la estabilidad de precios que es fundamental para asegurar el crecimiento económico. Es cierto que la inflación en España ha bajado, situándose en el 2,4%, pero seguimos teniendo un diferencial positivo con la media de los países de la eurozona (que está en 1,9%). Un marco económico estable favorece la inversión (impulsa el espíritu empresarial) y refuerza la competitividad de las empresas y el aumento de las exportaciones. De no corregirse la inflación, hasta situarse al mismo nivel que la eurozona, seguirá ampliándose el déficit exterior.

antoni 18 junio 2007 - 09:55

Junto a las medidas a corto/medio plazo para combatir los desequilibrios macroeconómicos, me refiero a la estabilidad de precios para evitar el diferencial de inflacción, en el caso español es de vital urgencia atender al modelo de inversión y crecimiento que existe. Nos enfrentamos a la disyuntiva, seremos un país como Florida, especializados en atender a los jubilados de Europa (parece una salida viable al exceso de residencias que se supone tenemos) y tecnologicamente basándonos en empresas de servicios, infraestructuras o grandes integradores de tecnología para el sector público, o iniciaremos un lento y costoso giro hacia la tecnología, con iniciativas como los parques cientificos, empresas spin-off y tal vez algún día grandes empresas realmente tecnológicas? Y un caso interesante. El enorme déficit exterior USA. Cómo se compara estructuralmente con el español?

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