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Una valoración del “tijeretazo”

Las medidas de recorte del gasto (incluido el denominado gasto social) ayer anunciadas por el presidente Rodríguez Zapatero vienen a certificar lo que todo el mundo sabía, pero no todos querían aceptar: hemos vivido una etapa de prolongada bonanza cuyos excesos hay que pagar para poder iniciar una senda de crecimiento sostenido y creación de empleo.

Podrá discutirse si el recorte anunciado llega tarde (yo creo que sí) y si podría haberse hecho de otro modo (seguro que también). Pero me parece que eso no es lo relevante. ¿De qué sirve a estas alturas lamentarse de los fallos del pasado? ¿ayuda en algo el “yo ya lo dije”? Considero más oportuno centrarse en algunos elementos positivos del cambio de política ayer anunciado.

En primer lugar, el Gobierno se ha puesto manos a la obra y lo ha hecho incluso renunciando a sus propios planteamientos previos. Por fin nos hemos dejado de coartadas y vanas esperanzas para no hacer nada, a la espera de que el mero transcurrir del tiempo nos sacase del atolladero en que se encuentra la economía española.

En segundo lugar, las decisiones adoptadas apuntan sin género de dudas en la dirección correcta, en aquella que señalaban los expertos, organismos internacionales e incluso otros gobiernos España debía y debe reconducir sus cuentas públicas hacia la estabilidad como primer paso para dar la vuelta a la coyuntura actual. (aquí querría hacer una matización: seguramente lo que más interesaba a esos gobiernos no era tanto la situación española, que también, como el efecto que nuestros errores pudieran ejercer sobre la zona euro y, por ende, sobre los mercados financieros internacionales. Pero debemos alegrarnos de ello: la salvación del euro es el mecanismo de disciplina que, a la vista de lo ocurrido, necesitábamos).

En tercer lugar, porque al estar bien orientadas, estas medidas ayudarán a recomponer en parte la maltrecha credibilidad de nuestra economía en los mercados internacionales. Se mire como se mire, necesitamos de la confianza de los inversores –llámense especuladores o no- para hacer frente con mayores probabilidades de éxito al arduo camino que nos queda por recorrer.

Asimismo, estas medidas deberían servir para abrir los ojos al conjunto de la sociedad española. Aunque a nadie nos guste, lo cierto es que estamos acercándonos a una situación dramática que únicamente puede evitarse asumiendo ciertos sacrificios. Es más, las medidas de ayer sólo son o deberían ser las primeras, a las que habrá que añadir otras de mayor calado estructural. Sería un tremendo error quedarse en la complacencia tras el anuncio del recorte de gasto. Nada de lo dicho ayer por el presidente servirá para instalarnos en un crecimiento sostenido en el futuro. Eso requiere cambios profundos; costosos a corto plazo, pero altamente beneficiosos a medio. Si así lo asumimos todos, aprestándonos a un esfuerzo compartido y aprovechando las muchas virtudes de nuestra economía y nuestra sociedad, el balance será mucho más positivo y lo será con mayor rapidez.