Los italianos, cansados de sufrir una larga crisis económica y de padecer un sistema político incapaz de gobernar el país, se han decantado por el cambio, es decir, por Silvio Berlusconi. En efecto, el líder conservador se ha proclamado por tercera vez vencedor de las elecciones generales celebradas en Italia al lograr la mayoría absoluta tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado. Por primera vez en la historia de la República, la izquierda comunista no estará representada.
La necesidad de las reformas
El nuevo gobierno debe llevar a cabo una serie de reformas estructurales que permitan a Italia salir del letargo económico en el que se encuentra. Un letargo cuya manifestación más clara es el bajo nivel de crecimiento de la actividad económica. Efectivamente, el crecimiento económico, en los últimos 10 años, no ha superado el 1,5% de media anual. Una de las razones del bajo nivel de crecimiento es que la producción industrial italiana está estancada. Ello se debe a que la tercera mayor economía de la zona euro sufre en mayor medida que sus dos vecinos mayores (Francia y Alemania) la debilidad de la demanda doméstica y el impacto de la fortaleza del euro sobre las exportaciones. Esta mala situación económica permite que en estos momentos España tenga, por primera vez desde su entrada en la Unión Europea, una renta por habitante más elevada que Italia.



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