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En estos momentos España se encuentra en una situación de incertidumbre política y económica motivada por las actuaciones separatistas que se están produciendo en Cataluña. Precisamente el sábado pasado el presidente de la Generalitat, Artur Mas, firmó el decreto para convocar la consulta sobre el futuro político de Cataluña. El panorama nos parece complicada porque, por un lado, existe un movimiento social en pro de la independencia legítimo y respetable y, por otro, se han aducido argumentos para impulsarlo que no se ajustan a la realidad como, por ejemplo, “fuera de España nos iría mejor”, “una Cataluña independiente seguiría formando parte de la Unión Europea (UE)” y “la independencia nos daría más prosperidad”.

cataluñaEstancamiento económico

Dejando aparte que una Cataluña independiente estaría peor económicamente, el propio proceso plebiscitario está generando una inestabilidad que está perjudicando considerablemente las expectativas económicas y de inversión en la Comunidad Autónoma. Además, el momento no puede ser más inoportuno ya que el entorno económico europeo no parece muy favorable y, como ya avanzó Mario Draghi la semana pasada, Europa se enfrenta a una posible situación de estancamiento. Efectivamente, el conjunto de la zona del euro avanza muy lentamente y todavía mantiene un nivel de crecimiento inferior al del comienzo de la crisis, mientras que otros países como Estados Unidos ya lo han superado. Además, se han detenido las tasas de crecimiento de economías muy importantes como la de Alemania, Francia e Italia.

Así la confianza empresarial alemana se ha debilitado y el componente de expectativas del Índice IFO, que elabora mensualmente el Instituto de Estudios Económicos de la Universidad de Múnich, ha caído en septiembre al nivel más bajo desde hace veinte meses: un 99,3 (recordemos que valores superiores a 100 indican expansión económica e inferiores señalan contracción). Este es, en parte, el resultado del conflicto entre Ucrania y Rusia, que abastece el 40% de la energía en Alemania y que está deteriorando las expectativas económicas de sus empresarios.

En Cataluña parece que también se tuercen las cosas. Según el último informe de Convivencia Cívica Catalana, la inversión extranjera que llegó a Cataluña durante el segundo trimestre de este año fue un tercio (34%) de la que recibió en el mismo periodo del año anterior. Un reflejo claro de las intenciones de los inversores internacionales ante un posible resultado independentista. El panorama de las empresas no es mucho más halagüeño. Dos grandes entidades financieras catalanas, CaixaBank y Banco Sabadell, ya tienen planes para trasladar su sede fuera de Cataluña. Si Cataluña se independiza se quedará fuera de la zona del euro y, por tanto, sus bancos no recibirían créditos del Banco Central Europeo (BCE) que además de ser baratos (tienen un tipo de interés del 0,05%), son el último recurso con el que cuentan las entidades de crédito para resolver situaciones de falta de liquidez.

Este es sólo un ejemplo de los efectos que está teniendo no ya la independencia, sino el mero hecho de plantear una posible consulta sobre ella.

Colapso económico

Si, además, la separación fuera real los efectos sobre la economía catalana podrían ser considerables. Cataluña se contraería y el colapso económico podría ser considerable fundamentalmente porque una parte de las empresas radicadas allí se irían. La actividad empresarial no se mueve por sentimentalismos nacionalistas sino por motivos económicos y sociales y desde el momento en que se hiciera efectiva la independencia las empresas catalanas tendrían que luchar para hacerse un hueco en los mercados internacionales.

¿Por qué esta situación de inferioridad de las empresas en un contexto de independencia? En primer lugar porque la independencia supondría la salida automática de Cataluña de la UE. Lo que significaría que la UE aplicaría inmediatamente un arancel a la importación de productos catalanes. Sería el mismo que soportan los países que no son miembros de la UE. Además, Cataluña podría caer en la tentación de elevar barreras arancelarias para proteger a sus empresas de los productos extranjeros.

En definitiva, las empresas catalanas verían como aumentan sus costes de importación de las materias primas y bienes intermedios que no se produzcan en Cataluña a la vez que disminuyen sus ingresos por exportaciones. La solución al problema está clara: trasladar la empresa fuera de Cataluña para continuar trabajando en un territorio que forme parte de la UE y de su mercado único. Además, como señalan los libros, el aumento de aranceles generaría una reducción del comercio internacional y una menor eficiencia económica. Todo ello disminuiría considerablemente las oportunidades de Cataluña de generar ventajas competitivas.

Elevado déficit público

Esta situación de reducción de la producción dificultaría la solvencia del sector público catalán y llevaría a un desequilibrio de las cuentas públicas. Primero, porque los ingresos se contraerían por la menor actividad económica que generaría la deslocalización de las empresas lo que disminuiría las bases imponibles y como consecuencia la recaudación fiscal.

Y segundo, los gastos serían mayores. El Gobierno de Cataluña tendría que financiar la constitución del nuevo Estado y hacerse cargo de aquellas partidas que estaban aseguradas por el Estado español como las pensiones y los sueldos de los funcionarios (como la educación, la sanidad y la defensa). Asimismo, debería continuar haciendo frente a los pagos del servicio de la deuda pública española que le correspondiese al menos durante algunos años. Años que formarían parte de un periodo clave para consolidar económicamente la independencia.

Por tanto el resultado sería un grave déficit público catalán que no podría recurrir a la emisión de deuda para su financiación ya que la previsible desconfianza de los inversores en su devolución impediría a Cataluña acceder a los mercados internacionales. Es difícil pensar que un país de reciente creación, pequeño comparado con los gigantes europeos y sin apoyo internacional sea merecedor de la confianza de los compradores de bonos que, en definitiva, puede destinar sus recursos a cualquier otro territorio con mejores expectativas.

El abandono de la zona del euro y la creación de una nueva moneda

Además, si Cataluña se independizase se vería obligada a abandonar la Unión Monetaria Europea. En ese posible escenario a Cataluña se le abrirían dos posibilidades mantener el euro o crear su propia moneda.

En el primer caso, nadie puede impedir que Cataluña continúe usando el euro. Pero para que un país pueda utilizar una moneda que no controla debe conseguir acercarse al equilibrio fiscal. Sólo así podría tener acceso a la financiación internacional.

Sin embargo, ante un escenario de elevado déficit público, sin ayudas de la UE y sin recurso al BCE, es imposible utilizar una moneda como el euro. Por tanto, lo más probable es que Cataluña en el caso de independizarse desarrollaría su propia moneda: llamémosla “catalino”. En ese caso tendría que hacer un “corralito” que evitase la estampida de depósitos en euros. El tipo de cambio inicial, por comodidad sería: 1 euro = 1 catalino. Entonces el gobierno de Cataluña invitaría a sus ciudadanos a que vayan al Banco Central de Cataluña y/o por extensión a los bancos comerciales ubicados en Cataluña a cambiar sus euros por catalinos. ¿Alguno de ustedes, queridos lectores, iría corriendo al banco a cambiar sus euros por catalinos? Nadie. Todos los catalanes guardarían sus euros a buen recaudo o se los llevarían al extranjero. Y antes de que el gobierno catalán hiciese un “corralito” y bloqueara las cuentas en euros para convertirlas más tarde y  automáticamente en catalinos,  retirarían rápidamente sus depósitos en euros y los pondrían en una cuenta en otros países como España, Andorra o Francia.  Lo harían entre otras cosas, porque una vez introducida la nueva moneda, el siguiente paso es la devaluación del catalino, con el fin de financiar el déficit público y también para ganar en competitividad.

Al principio, para evitar suspicacias, haría falta mantener un tipo de cambio fijo. Pero al poco tiempo se depreciaría su moneda y Cataluña habría ganado competitividad, porque los precios en euros de sus exportaciones se habrían reducido considerablemente.

Pero con la nueva moneda no todo serían ventajas y habría también importantes inconvenientes. El primero, la inflación, por varios motivos: 1) los precios de las importaciones, valorados en catalinos, aumentarían lo que incrementaría el nivel de precios de los bienes de consumo y 2) crecerían los costes de producción de las empresas que necesiten comprar en el exterior, lo que reducirían sus márgenes de beneficio y elevarían sus precios de venta.

El segundo, mayores dificultades para hacer frente a las deudas expresadas en euros, que serían la mayoría y que después de la devaluación serían mucho mayores en términos de la nueva moneda local.

Y finalmente, descontento social. Los que pudieron mantener sus ahorros en euros habrán visto aumentar su poder adquisitivo mientras aquellos que sufrieron el corralito o simplemente no tuvieron la oportunidad de retirar sus depósitos se habrán empobrecido.

En definitiva, las consecuencias de una Cataluña fuera del euro serían muy graves. A corto plazo el panorama se tornaría muy complicado: dificultad para pagar tanto la deuda privada como la pública, deslocalización del sistema financiero y parte del tejido productivo y como consecuencia débil crecimiento económico. Por supuesto, como es fácil ver, esto no sólo sería perjudicial para Cataluña sino también para España.

Una forma de evitar estas indeseables consecuencias sería que Cataluña siguiera perteneciendo a la Unión Económica y Monetaria. Esta favorable situación económica de tener el euro como divisa, es algo que se está dando por hecho en las reivindicaciones independentistas. No obstante, el proceso de adhesión a la UE está firmemente regulado y está sujeto a numerosos requisitos. Además, haría falta unanimidad en el Consejo de la UE, del que forma parte España, para aceptar la entrada del nuevo miembro. Por supuesto, la decisión se toma en función de los costes y beneficios económicos y políticos y, además, es muy probable que la adhesión de Cataluña beneficiara también a España. Sin embargo, la incertidumbre existe y es una herramienta más de negociación, igual que lo es la valoración de qué parte de la deuda española corresponde a Cataluña.

El papel de las expectativas

Es cierto que la economía catalana cuenta con una importante parte del tejido empresarial e industrial del país. Pero no se puede olvidar que la actividad económica futura está basada, entre otras cosas, en la confianza y en la estabilidad.

Probablemente los aficionados a la economía recuerden que las expectativas de los agentes afectan al funcionamiento de los mercados y también a las decisiones políticas. Esta característica que describe la Real Academia como la “posibilidad razonable de que algo suceda” es ahora el principal condicionante económico de nuestro país y un potencial freno a nuestro ritmo de crecimiento.

Son precisamente éstas expectativas económicas las que anticipan un desequilibrio importante en las finanzas públicas catalanas y que aumentaría bajo la hipótesis de la independencia ya que aumentarían los gastos (motivados por la creación del nuevo Estado, el pago del servicio de la deuda pública española que le correspondiese y el mantenimiento de las instituciones y de las administraciones públicas) y se reducirían los ingresos por el efecto de una menor actividad económica. A lo anterior se une que los agentes económicos puedan cuestionar la permanencia de Cataluña en el euro lo que haría que la confianza en la economía catalana se viera perjudicada.

En definitiva, el sentimiento independentista es respetable y siempre que sea conforme a derecho se debería saber cuál es la intención de la mayoría de los catalanes sobre su pertenencia a España. Pero la independencia de Cataluña es una realidad mucho más compleja de lo que en general se está planteando. Además, en un entorno como el actual de debilidad económica de la UE el mero hecho de hacer una consulta sobre la independencia de Cataluña añadiría todavía más incertidumbre y, por tanto, inestabilidad a la frágil economía europea, española y catalana.

Fuente: Rafael Pampillón y Cristina Mª de Haro. “El golpe económico de una independencia de Cataluña“. Expansión. 29 de septiembre de 2014. Páginas 28 y 29.

Comentarios

Laura 3 octubre 2014 - 18:55

Gran entrada que explica a la perfección las consecuencias económicas de una posible independencia, aspecto algo más que preocupante que olvidan plantearse la mayoría de aquellos que más desean que esto ocurra.

nacho 4 octubre 2014 - 09:41

Discrepo profundamente. No sé cuál será la verdad, pero el argumentario de este artículo me parece tendencioso. No sé en qué se basan ciertos supuestos.

En este sentido, el discurso de Xavier Sala i Martín me parece más creíble, aunque probablemente igualmente lleno de blufs. Cualquiera que quisiera convencerme debería rebatir a ese señor.

nacho 4 octubre 2014 - 10:15

No he sido capaz de encontrar ningún post suyo donde exponga su punto de vista. Afortunadamente hay un libro. Pongo el link de sus comentarios en amazon. Me quedo con el comentario de xavi que dice que “També seria interessant poder contrastar l’opinió de l’autor amb la d’algú altre que no estigui d’acord amb les hipòtesi plantejades al llibre un cop assolida la independència”.

Reto al señor Pampillón a que sea ese autor.

Goyo de frutos 6 octubre 2014 - 10:50

Ignasi el profesor Pampillon tiene razon en todo lo que dice. Es mas ha sido suave , la independencia seria una catastrofe descomunal economica y afectiva.

Ahora bien eres libre de preferir el discurso del ” España nos roba ” y soñar con un pais mas prospero y rico , pero la realidad es la descripcion brillante y certera que hace pampillon.

Bon dia

Mariana Boadella 6 octubre 2014 - 14:12

Me parece un excelente análisis, aunque dado que habla del futuro, es cierto que nadie sabe al 100% qué pasará. Ahora bien, como catalana que conoce la situación empresarial en esa región, quiero aportar hechos que apoyan las hipótesis planteadas en este artículo. En los últimos tiempos (desde que se empezó a hablar de la consulta), es sorprendente la lista de empresas catalanas que han trasladado su razón social a la Comunidad de Madrid. Ha sido, y está siendo, una operación silenciosa, seguramente por miedo a represalias de la Generalitat. Sólo en el sector agroalimentario, en el año 2013 se trasladaron unas 40 empresas que yo sepa (datos de la Universidad Complutense, que elabora un listado de las nuevas empresas en la CAM para profesores/investigadores relacionados con ese campo). Eso fue en 2013, cuando las aguas parecían calmadas, todavía no tengo el dato de 2014, pero me lo puedo imaginar. Y eso es solo en la CAM, y sólo el sector agroalimentario (hay que destacar que el sector agroalimentario es un sector muy ligado al terreno por razones obvias, así que no quiero imaginar cuáles son las estadísticas para sectores más desprendidos de una ubicación geográfica concreta…). El día que podamos completar esas estadísticas tendremos la evidencia de que Catalunya se va a arruinar con la independencia. Así que desde aquí hago una llamada a los investigadores para que indaguen sobre este tema, estaré encantada de ayudar. Sólo añadir que una conocida marca de estilográficas también ha trasladado su sede, a Madrid por cierto. No se van a Düsseldorf, se van a Madrid, y por tanto trasladan toda la riqueza que crean a esa comunidad. Ahí lo dejo, hagan cálculos.

Cristina.M 8 octubre 2014 - 19:22

Me parece un gran análisis sobre la independencia de Cataluña, un tema que esta en nuestro día a día, un tema que no solo interesa a Cataluña sino al toda España y del que todos deberíamos de saber un mínimo, pero un mínimo que incluyera al menos todos estos puntos, puesto que en las noticias solo se publican los que interesan,estoy segura que ni la mitad de catalanes y no digamos españoles saben lo que de verdad significa la independencia de Cataluña.
Para comenzar con los inconvenientes de esto, nombrare a las empresas, empresas que sufrirían si Cataluña se independizase unos aranceles en sus productos puesto que como bien dice Rafael quedarían fuera de la UE, sus productos se devaluarían muchísimo, sus costes aumentarían y tarde o temprano tendrían que regresar a España o a un país que este dentro de la UE o aún peor terminarían cerrando.
Frente a la sociedad, deberían de formar un nuevo Estado, el cual les manejase toda su economía: nuevos métodos de pensiones y sueldos a funcionarios, las deudas que deberán seguir pagando a España, impuestos etc… añadiéndole a todo esto el cambio de moneda y lo que esto supondría como bien se explica en el artículo. Y me resulta bastante ficticio que un nuevo Estado pueda hacer frente a todo esto.
No nos olvidemos de la gente que no quiere esta independencia posiblemente si esto sale adelante, se verán obligados a dejar su trabajo, su casa, amigos o incluso familiares por buscar una nueva vida en otra parte pero dentro de España.
Un ejemplo que se ve bien y esta bastante actualizado es el siguiente: las compañías telefónicas no trabajarían en Cataluña la gente tendría que buscar nuevas compañías y si con las anteriores sus contratos no han finalizado deberán de continuar pagando estos a parte de lo que pagarían con las nuevas compañías.
Creo que el Señor Artur Mas debería explicar todo esto y plantearlo ante toda España y quizás tras esto replantearse varias veces las siguientes preguntas: ¿De verdad quiere una Cataluña independiente? ¿De verdad cree que esto solo afecta a España? ¿ Y a la UE y a la propia Cataluña?
Creo que este intento de independencia en un grave error.

Carlos C. 12 octubre 2014 - 04:28

Estimado profesor,

Muy buena explicación sobre las consecuencias para Cataluña en el caso hipotético de que se llegara a independizar. Seguramente habrá opiniones contrarias y lo bueno sería conocerlas con el mismo rigor que usted explica sin entrar en postulados radicales de que todo es mentira porque no es la “postura oficial” y si no me quedo fuera de la foto.

Lo que un servidor ha podido observar en los últimos años, en su origen las reclamaciones siempre han partido de un transfondo economico y es por tanto que sus argumentos “toca” en todos aquellos puntos donde hasta ahora que los políticos no son capaces de argumentar de forma convincente.

Le pediría por favor, que pudiera “predecir” que pasaría con la economía española en el caso de que se llegara hipotéticamente a la independencia, con el mismo rigor, ya que he podido leer en muchos foros opiniones poco fundamentadas y creo que es necesario poner los puntos sobre las íes.

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