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Nueva oleada de proteccionismo: Francia

Escrito el 17 enero 2012 por Rafael Pampillón en Economía Global, Economía Mundial

Cuando las cosas van mal, cuando hay crisis, suelen surgir las presiones proteccionistas; se trata de una de la reacciones más típicas y conocidas. En seguida concita apoyos por parte de los sectores productivos, incluso los menos perjudicados por la crisis. El espejismo del mantenimiento de los puestos de trabajo que a corto plazo pueden llevar consigo las políticas proteccionistas atrae a los políticos, que acaban sucumbiendo al atractivo de éstas. El circuito se autoalimenta con la presión de unos y el populismo de otros para acabar presentando la protección como algo necesario y conveniente.

Argentina defiende el proteccionismo en busca de preservar el superávit comercial

Así está ocurriendo en Francia, los principales contendientes en la carrera hacia los próximos comicios presidenciales parecen que han encontrado la fórmula para sacar al país de la crisis económica: apelar al “patriotismo económico“. Ante la crisis económica el discurso proteccionista se ha convertido en el tema estrella de la campaña presidencial.

1)      El candidato de centro-derecha François Bayrou: “Estamos muriendo, hay que revertir la tendencia y dar ganas de comprar productos franceses, se trata de una actitud cívica. Es necesario “Comprar francés” y crear un etiquetado especial donde se especifique que porcentaje del producto es fabricado o proviene de Francia. El consumidor que compre francés ayudará a relanzar el crecimiento, salvar la industria, crear empleo y a financiar el sistema de protección social francés”.

2)      La candidata de la extrema derecha, Marine Le Pen, también defiende el “patriotismo económico” hasta el punto de abogar por una salida inmediata del euro. Le Pen propone aprobar una ley bautizada “Compremos francés” que según la candidata permitirá la creación de 500.000 puestos de trabajo en cinco años.

3)      El candidato socialista, François Hollande, ha optado por el “patriotismo industrial”. Levantar a la decaída industria nacional es uno de los ejes del programa electoral socialista y una de las obsesiones de los franceses, que miran cada vez con mayor envidia la robustez de  la industria alemana.

La competencia asiática

Desde hace décadas el “chivo expiatorio” de la pérdida de competitividad de los países desarrollados son los países asiáticos. Se arguye, en primer lugar, que los países asiáticos compiten deslealmente porque las condiciones de trabajo son pésimas, sin cobertura social y con unos salarios de miseria. Este argumento es vulnerable porqué salarios en esos países son bajos porque todavía lo es el nivel de vida, pero se están incrementando a medida que éste sube, como es lógico. 

Además los asiáticos responden: “estamos haciendo lo mismo que hicieron ustedes para ser ricos. Nos estamos haciendo ricos a partir del esfuerzo y del sacrificio, ustedes nos han enseñado parece que no hay otro camino”. “Incluso  -añaden ahora- estamos abriendo nuestras fronteras y basando el crecimiento en la exportación como ustedes nos enseñaronque  tenía que hacerse”. Creo, pues, que el argumento del “dumping” social sólo tiene sentido si olvidamos nuestra propia historia y nuestras exhortaciones a esos países. 

No olvidemos, en efecto, que proteger es eliminar el mejor estímulo que existe para mejorar la competitividad. Esto es sabido de siempre y como regla nunca falla.

En segundo lugar, la protección esconde el problema, pero no lo soluciona. Si nuestra desventaja con esos países es de costes, poner una pantalla protectora no soluciona el mal de fondo; lo tapa. Y lo que es peor: lo estanca. Porque en economía no se conoce otro procedimiento para estimular la competitividad de costes y calidad que la competencia con los demás. El ejemplo de los antiguos países comunistas debería dejar pocas dudas al respecto. 

Hay, en tercer lugar, otra razón adicional de mucho peso por la que el proteccionismo frente a países competidores no es la solución. Se trata simplemente del argumento de que son precisamente ellos nuestra mejor esperanza comercial, y por lo tanto, si algún interés tenemos es el de que crezcan ¿Para qué? para que se hagan ricos y nos compren. 

Cuarto, existe evidencia empírica que muestra que los países más cerrados al exterior (menos globalizados) tienden a ofrecer niveles de vida (rentas per capita) mucho más bajos, a tener un mayor porcentaje de su población por debajo de la línea de pobreza y a disfrutar de menores libertades democráticas. Ello se debe a que el nacionalismo económico genera una estructura industrial retrasada con altos costos para los consumidores, que suelen ser los grandes perjudicados por el patriotismo económico. Es preciso recordar que a la globalización le debemos gran parte de nuestra prosperidad; por tanto, la actitud más coherente, en los tiempos que corren, es la de preocuparnos más por el buen funcionamiento de las empresas, el mercado y la economía y menos de quién es la propiedad de las empresas que prestan el servicio.

¿Libre mercado o intervencionismo?

Según los partidarios de la libre competencia, el mercado es el mejor mecanismo para lograr una asignación eficiente de los recursos y, por tanto, para que la economía funcione bien y genere prosperidad para todos. Con el libre comercio y la competencia la sociedad en su conjunto se beneficia. Por otra parte, los partidarios del intervencionismo plantean su desconfianza en el buen funcionamiento de las reglas de mercado y su creencia de que el Estado es más sabio que el resto de los agentes económicos para alcanzar los objetivos de crecimiento y empleo.

Desgraciadamente, las situaciones de intervención generan corrupción e impiden la competencia por lo que reducen la actividad económica. En cambio, cuando los Gobiernos son limpios y democráticos, la administración pública es eficiente, los sistemas fiscales son eficientes y redistributivos, se suprimen los favoritismos y los trámites burocráticos excesivos, se fomenta la competencia y hay seguridad jurídica, entonces los países están en mejor situación para combatir la pobreza, generando más bienes y servicios y aumentando el empleo, los salarios y el bienestar.

Comentarios

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Alberto 17 enero 2012 - 23:16

Quien haya paseado por Flandes habrá recalado en las maravillosas ciudades de Brujas y Amberes, distantes apenas un centenar de kilómetros. Brujas se encuentra muy cercana al Mar del Norte, mientras que Amberes se sitúa a la orilla del río Escalda, en el interior.

En el estupendo libro “The Undercover Economist” (traducido en España como “El Economista Camuflado”), Tim Harford, columnista del Financial Times http://www.ft.com/arts/columnists/timharford expone en el capítulo “Beer, fries and globalization” cómo el futuro de Brujas como próspera capital de Flandes se truncó cuando quedó limitada su salida al Mar del Norte debido a la sedimentación. Mientras, la floreciente Amberes, gracias a su salida al comercio internacional debido a la navegabilidad del Escalda, adelantó a Brujas como capital económica de la región.

Apenas un cambio geográfico tuvo un efecto mucho más devastador que cualquier tipo de arancel arrasando con la industria textil de Brujas e impidiendo el comercio con el vino de España, la lana y el queso de Inglaterra y las especias y la seda de Venecia.

Ejemplos mucho más locales e igualmente nefastos los tenemos aquí mismo con la época de la Autarquía.

Coincido con el Profesor Pampillón en valorar muy positivamente el efecto del comercio internacional como fuente de progreso.

Saludos

JORGE OJEA 18 enero 2012 - 09:13

Coincido con sus comentarios sobre el proteccionismo, entiendo que hay claros ejemplos de que su uso y abuso es “pan para hoy y hambre para mañana”, las empresas se dejan llevar y sin embargo su futuro es el mantener altos niveles de competitividad y profesionalidad (en España sigue siendo una asignatura pendiente ) como forma de salir adelante . Saludos.

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Ferran Jaén 18 enero 2012 - 19:12

No tengo delante el texto del historiador de la economía (cuya reputación en medios universitarios de historia de la economía está asentada), Paul Barioch,en el que explicó en su día que a lo largo de la historia se dan periodos de proteccionismo coincidentes con crecimentos del producto superiores a periodos de librecambio. En cualquier caso, al votante nacional, le interesa tener crecimiento del empleo en su territorio y no ver cómo el capital autóctono se va a invertir allende los mares porque renta más (transifiriendo riqueza lograda aquende). Los pequeños empresarios, los autónomos y a distribución comercial, no tienen por qué desear el lbrecambio, por más que la ideología proclame los beneficios (para otros) del librecambio.
La utarquía es otra cosa y nadie la está planteando, que yo sepa, ni siquiera la muy eficiente Marine Le Pen en Francia.

Fernando Peral 18 enero 2012 - 19:15

La situación de Francia es un claro indicador de la grave situación por la que atraviesa Europa y, en particular, los países de la Eurozona.
Los más catastrofistas predicen ya una fuerte caída de las acciones y del oro en 2012.
Los optimistas, por su parte, piensan que el hecho de que en 2012 se celebren cuarenta procesos electorales en países importantes (entre ellos Francia, Alemania y Estados Unidos) puede retrasar la catástrofe hasta 2013.
Pero la situación real es la siguiente:
Europa tiene más triple A fuera de la zona Euro que dentro.
La zona euro acumula 9 billones de deuda y 60 billones en derivados sobre esta deuda
Y lo cierto es que ni la flexibilización monetaria (QE), ni la existencia de un fondo de estabilidad ni el alza de los impuestos han creado nunca productos ni empleos.
La reacción de la UE consiste en atacar a las agencias de calificación, aumentar la presión fiscal, imponer más prohibiciones y condenar a los “alumnos aventajados” por su “competencia dañina”.
En la clasificación anual de libertad económica (Índice de la Heritage Foundation), sólo se considera libres a cinco países: Hong Kong, Singapur, Australia, Nueva Zelandia y Suiza.
Francia es 67ª, detrás de Cabo Verde (66º) y Kazajstán (65º).
Para más “inri”, con la tasa Tobin, los países que ya están haciendo huir a los inversores parece que quieren tratar de retenerlos cobrándoles más impuestos.
El cambio de calificación ha aniquilado los instrumentos existentes (Fondo Europeo de Estabilidad): el rey está desnudo. Parece que, paradójicamente, la aceptación de la posibilidad de quiebra es lo único que podría restablecer la confianza, pero la UE ha optado por la solución soviética (en la URSS la quiebra de empresas estaba prohibida por ley).

Francisco Pérez Alonso 20 enero 2012 - 00:24

Coincido con varios de los comentarios a favor del libre mercado y potenciando la competitividad del comercio internacional.

Esta noticia me ha recordado a las famosas “bombillas ecológicas de bajo consumo” para, teóricamente, potenciar la industria española….no recuerdo si las trajeron de Alemania o de China..:)

Liddell Julio 20 enero 2012 - 01:00

Desgraciadamente el origen de todos estos males es la falta de educación porque aunque para muchos de nosotros es muy obvio que el libre comercio es y será el mejor mecanismo para el correcto funcionamiento de la economía, esto no esta claro, para muchas personas en países en donde los gobernantes logran engañarlos con éstas teorías de patriotismo económico que solo hacen apagar fuegos temporales y a la larga agravan la situación de un país.

Tony-tux 22 enero 2012 - 07:59

Corrijanme si me equivoco, pero ¿no es eso lo que viene haciendo USA desde siempre? comercio exterior, pero protegiendo su propio comercio contra importaciones.
Algunos ejemplos se les ocurriran, a mi me viene a la cabeza el jamon iberico, poco sanitario para ellos, los vinos europeos, con altos pagos en su entrada, etc.
No he podido leer el articulo al completo, por lo que si he metido la pata les pido que me disculpen.

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