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Mar

A continuación copio un artículo de Manuel Hernández Muñiz (adjunto su foto), Profesor de Economía Aplicada en la Universidad de Oviedo, que me envía para su publicación en este blog como réplica al que publiqué el 1 de marzo:

“El 1 de marzo y a raíz de “100 Years of the American Economic Review: The Top 20 Articles” Rafael Pampillón escribió en este blog un post titulado  “Los 20 mejores artículos de economía de los últimos 100 años” donde se hacía una valoración crítica de los Top 20 seleccionado por American Economic Association (AEA) .

Pues bien a mi me parece que se puede realizar una valoración más amable y positiva de la selección realizada por el comité. A mi juicio, los 20 artículos contienen poderosas ideas económicas desarrolladas en el siglo XX y sin las cuales no podríamos enseñar el ‘abc’ de la Ciencia Económica con una mínima convicción (y uso aquí la expresión elegida por Paul Heyne en su manual, que conviene rescatar de la biblioteca en estos tiempos de aflicción). Convicción metodológica, teórica y empírica para poder lidiar con factores reales, monetarios y financieros sin caer en un ataque de nervios.

¿Qué es la teoría económica?

 La selección realizada por la American Economic Association (AEA) es muy completa porque gracias a estos artículos podemos comprender qué es la economía y cómo describen los economistas el funcionamiento de los mercados, es decir, la ‘máquina’ que gobierna la asignación de recursos. No se debe olvidar que la Teoría económica es una suerte de arquitectura intelectual que intenta explicar y comprender los intercambios realizados por individuos en esencia no altruistas que aprenden, lenta e imperfectamente, a usar la información canalizada por los precios determinados en un sistema incompleto de mercados. Individuos que aprenden a usar la información en beneficio propio o en beneficio de las organizaciones en que se enrolan -familias, comunidades de vecinos, tribus, ciudades, ayuntamientos, empresas,…- y donde aprovechan las ventajas de la división social del trabajo y de la especialización. 

De ahí que si bien algunos de los artículos seleccionados pueden ser muy complejos, sin embargo, han sido la llave para asentar importantes desarrollos posteriores, que cubren los avances de la Ciencia económica durante los últimos años del siglo XX. Este es el caso de Dixit y Stiglitz (1977), artículo indispensable porque es el punto de partida para la nueva teoría del comercio internacional, la nueva geografía económica de Krugman o la nueva teoría del crecimiento. Si entendemos el papel de este artículo en el desarrollo de la microeconomía contemporánea, vemos que la crítica del artículo “The canon of economics”, publicado en The Economist y que cita Pampillón en su post está fuera de lugar. El trabajo se cita mucho, y tal vez se lea poco, pero los modelos económicos posteriores lo usan y lo aplican. 

La función de producción

 La inclusión de Cobb y Douglas (1928) nos recuerda, una vez más, el papel de la teoría de la productividad marginal en el núcleo duro y original de la economía neoclásica, que es una teoría de la producción (de la eficiencia) y de la distribución. Me imagino que esto será recibido con renovada inquietud por Cambridge (Inglaterra), pero omitir esta pieza impide comprender la teoría de los precios y todos los enfoques macroeconómicos posteriores, que usan esta función de buen comportamiento como punto de partida latente en la distribución de la renta entre los factores [*]. Distribución de la renta cuyas regularidades empíricas y mecanismos subyacentes siguen atrapando la atención de los investigadores, desde el trabajo de Kuznets (1955).

 Política fiscal y monetaria 

Un marco contable de estas características está en la base del trabajo de Mundell (1957), precedente mucho más formal y de gran interés de Mundell (1961) -artículo capital publicado como una comunicación en la AER-. Sin estos marcos contables tampoco es posible tratar el papel de la deuda y de la política monetaria, lo que hace muy oportuno la inclusión de Diamond (1965) -la extensión de la función de producción a modelos de producción con generaciones sucesivas-[**]. Cuando hablamos de deuda, hablamos de confianza -en nosotros mismos, en los demás y en el futuro-, hablamos de intercambios de dinero y de compromisos (pacta sunt servanda). Friedman (1968) nos recuerda con realismo lo que la política monetaria puede hacer y lo que no. Política fiscal y política monetaria para adultos, para adultos que viven en un mundo que es una economía cerrada y donde todavía no se puede embaucar a incautos de otros mundos (planetas). Un mundo donde la escasez que preside todos los fenómenos de asignación de recursos puede escribirse de forma clara y distinta, aquí, en EEUU y en Bangladesh: Ahorro = Inversión.

 Información asimétrica 

Pero el hilo conductor de la selección realizada es destacar la contribución de la American Economic Review (AER) en cien volúmenes, cien años, y contenida en un ramillete de artículos que tratan sobre el uso de la información y el conocimiento, empezando por Hayek. El modelo de competencia perfecta y la teoría de los precios elaborada hasta los años 30 del siglo pasado tenían que ser completados con modelos donde la información no fluye de forma líquida e instantánea, porque el uso de esa información es apropiado estratégicamente por los agentes económicos en beneficio propio, o porque existen fricciones que impiden su circulación sin coste, obligando a los agentes a acopiar información y gastar recursos económicos en interpretarla. Como digo a mis estudiantes, en un mundo de competencia perfecta no habría contables ni contabilidad -tampoco historiadores o periodistas; tampoco habría empresarios-; la ausencia de información perfecta en algunos mercados exige respuestas por las empresas (y, dicho esto, hay bastantes más mercados de competencia perfecta de los que suelen citar profesores y estudiantes de economía). 

En fin, mientras escribo estas líneas acabo de leer un torpe resumen de dos décadas de economía y política económica española donde se dice que España entró en el Sistema Monetario Europeo con un tipo de cambio sobrevalorado (sic; ni una nota sobre las 4 devaluaciones de la peseta realizadas de 1992 a 1995). Nos topamos así con el ‘precio de todos los precios’, el superprecio -el tipo de cambio nominal- y la ‘discusión de todas las discusiones’: la flexibilidad postulada y realmente observable/existente de los precios y de los salarios, a los excesos de oferta y demanda, a los desequilibrios. 

Pido disculpas por anticipado por la extensión de este post. Para concluir, cabe hacerse la siguiente pregunta: ¿podemos decir que hay algo intrínsecamente erróneo en la selección realizada y, además y por extensión, en la ciencia económica? 

[*] Una teoría que tiene que dar cuenta con muchas dificultades de la distribución de la renta en el seno de las empresas, cuando emergen las economías del trabajo en equipo (punto central de la argumentación de Alchian y Demsetz, 1972). 

[**] Al profesor Diamond le podían haber concedido el Nobel por dicho artículo, junto con R. Barro; sin embargo, el comité del Nobel prefirió escoger la vertiente pseudo-no walrasiana de su modelo de búsqueda en los mercados, junto con los trabajos de Mortensen y Pissarides. 

Referencias 

Ahijado Quintillán, Manuel y Fernández Cornejo, José Andrés (1998): Lecturas de microeconomía y economía industrial, introducción y selección de M. Ahijado y J. A. Fernández, Pirámide, Madrid. 

Ahijado Quintillán, Manuel y Navascués Guillot, Miguel (1998): Lecturas sobre unión económica y monetaria europea, Pirámide, Madrid. 

Felipe, Jesús y Fisher, Franklin M. (2008): “Aggregation (production)”, en Steven N. Durlauf y Lawrence E. Blume (eds.), The New Palgrave Dictionary of Economics, segunda edición, vol. 1, Palgrave Macmillan, pp. 63-69.

http://www.dictionaryofeconomics.com/article?id=pde2008_A000059 

Hayek, Friedrich A. von (1946): “El uso del conocimiento en la sociedad”, Reis: Revista Española de Investigaciones Sociológicas, nº 80, 1997, pp. 215-226. 

Lamberton, Donald MacLean (comp.) (1971): Economía de la información y del conocimiento, selección de D.M. Lamberton, Fondo de Cultura Económica, México, 1977. 

Mundell, Robert A. (1957): “International trade and factor mobility”, American Economic Review, vol. 47, junio, pp. 321-335 (http://www.columbia.edu/~ram15/ie/ie-06.html). 

Mundell, Robert A. (2001): “Acerca de la historia del modelo Mundell-Fleming”, RAE Revista Asturiana de Economía, nº 23, 2002, pp. 199-214. 

Revista Asturiana de Economía (2002): “Los Nobel de la economía de la información”, nº 25, diciembre (http://www.revistaasturianadeeconomia.org/edic25.php). 

Wilkinson, Richard y Pickett, Kate (2009): Desigualdad. Un análisis de la (in)felicidad colectiva, Turner, Madrid, 2009 (traducción de Laura Vidal Sanz).”

Autor: Manuel Hernández Muñiz

Comentarios

el economista humilde 8 Marzo 2011 - 21:49

Ante el interrogante con el que concluye el post: “¿podemos decir que hay algo intrínsecamente erróneo en la selección realizada y, además y por extensión, en la ciencia económica? ”

Considero que, atendiendo a la realidad en que vivimos, sería de una arrogancia y ceguera supremas negar que algo (o mucho) está fallando en la ciencia económica. De hecho, cómo leí recientemente, más que “economistas” nos tendrían que llamar “despilfarradores”.

A mi juicio, nuestro principal talón de Aquiles reside en el progresivo alejamiento de la economía de toda cuestión social o medioambiental, en beneficio de la construcción de unos modelos matemática y formalmente impecables, pero que resultan de nula utilidad para resolver los problemas reales de las personas. Ese aislamiento le hace mirar con desprecio al resto de ciencias sociales, mientras sueña con ocupar una posición dentro de las ciencias puras. La economía ortodoxa versa sobre el hombre, pero específicamente sobre la visión del hombre tal y como John Stuart Mill lo definió en el s.XIX: ”un ser que, inevitablemente, hace aquello con lo cual puede obtener la mayor cantidad de cosas necesarias, comodidades y lujos, con la menor cantidad de trabajo y abnegación física con las que éstas se pueden obtener”. Este fatídico error conceptual fue explicado como pocos por el erudito economista José Manuel Naredo. .

En el siguiente enlace intento profundizar en porqué (la mayoría de) los economistas no servimos para (casi) nada:

http://eleconomistahumilde.blogspot.com/2010/12/por-que-la-mayoria-de-los-economistas.html

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