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Feb

La caída de la gerontocracia africana.

Escrito el 26 Febrero 2011 por Rafael Pampillón en África

Escrito por Rafael Pampillón

Es bien sabido que en África hay un gran respeto por los ancianos. Los dirigentes africanos tienen una edad media de 65 años, lo que no se aparta mucho de la media mundial. Lo que verdaderamente les distingue es la antigüedad en el cargo. El hecho de que de los 53 jefes de Estado, 2 sean octogenarios, 14 hayan superado los 70 años y 13 lleven gobernando más de 20 años, indica sobre todo que los dirigentes políticos africanos siempre han querido morir en el poder, sean o no respetados.

El decano de los jefes de Estado africanos es Gadafi , de 75 años, que gobierna Libia desde hace 42 años. ¡Ya está bien! Gadafi no es elegido por el pueblo. No hay votaciones. Muammar Al-Gaddafi no es el jefe del Estado en Libia, es el líder. No tiene ningún título político oficial, con lo que se evita el engorro de tener que hacer elecciones. Llegó al poder gracias a un golpe militar en 1969. Poco a poco Gadafi fue cambiando su política exterior. De suponer una amenaza por su colaboración con el terrorismo islámico, ha ido paulatinamente suavizando su mensaje para dar gusto a la diplomacia occidental. Este año ocupa un sillón en el Consejo de la ONU para los derechos humanos.

El presidente de Zimbabue, Robert Mugabe, de 87 años, es el más viejo y lleva en el poder desde hace 31 años. Aunque es posible que antes de que termine su actual mandato, dentro de 3 años, que es cuando cumpliría 90 años se haya muerto o bien que  el tejido social y económico del país se haya desintegrado, por la inflación desbocada, la escasez de alimentos, el déficit público incontrolable y la emigración de los profesionales y haya una revolución que lo ponga en la calle.

Hasta ahora parecía que en un régimen autoritario el líder podía seguir sentado en el poder aunque el país esté por los suelos, es el caso de Paul Biya en Camerún. Sin embargo, las revoluciónes de Túnnez, Egipto y Libia muestran que a partir de ahora  los políticos africanos, que por lo que se ve no suelen saber retirarse a tiempo, pueden caer.

Por cierto, y en otro orden de cosas, los hermanos Castro llevan 52 años en el poder en Cuba, 10 más que el decano de África: Gadafi.

Después de Ben Alí, Mugabe y Gadafi ¿Quien será el próximo Jefe de Estado africano en caer? ¿Caerán los Castro? Hagan apuestas.

Fuente: Aceprensa.

Comentarios

Rafael Sanchez Riesco 26 Febrero 2011 - 17:31

Mi apuesta personal es que no caerán los Castros a corto plazo.

Las situación cubana es muy distinta a la del norte de Africa, como muy bien se describió hace unos días en este blog, en un post donde se comparaba Egipto con Cuba, creo recordar. Ademas mientras Cuba cuente con la ayuda de Venezuela podrá ir parchando las tremendas carencias que sufre su población.
Ademas la población cubana casi no tiene acceso a internet y a la telefonía móvil por lo que no podrán usar estas herramientas para organizar una revolución como los países del norte de Africa.
A pesar de la reciente conexión a internet por cable entre Cuba y Venezuela, esta mejora no es suficiente, con ello mejoran tremendamente la velocidad y la calidad de la conexión a internet, ahora falta extender el uso de internet por todo el país, y no se porque me da que la infraestructura telefónica cubana esta anticuada y no esta preparada para tal efecto, sin olvidar al control que ejercen el gobierno sobre la red.

Luis Barreto 26 Febrero 2011 - 19:45

No se trata solamente que Chávez coopere con Cuba, la cuestión es que Chávez es el primer interesado en que en Cuba no suceda una rebelión como se ha visto en los países africanos, de ahí radica el problema. Mientras que los precios del petróleo se mantengan así de altos, Chávez podrá seguir regalando recursos a Cuba para aplacar cualquier insurrección en caso de que se de. Como comenta Rafael, está muy difícil que Cuba sea la siguiente, es la triste realidad.

Javier 27 Febrero 2011 - 16:06

Llevo dos años viviendo en Libia, país precioso, de gente maravillosa. Regresé el viernes de hace dos semanas por mi rotación y tengo billete de vuelta para el sábado que viene.

La revolución libia tiene muchas diferencias respecto a la tunecina y la egipcia. La tunecina fue completamente espontánea y de hecho tardó bastante en llegar a los medios internacionales. Cuando la revolución tunecina empezó a copar los titulares de los principales rotativos internacionales, se llevaban fácilmente dos semanas de revolución. La egipcia puede haber sido espontánea pero al final el poder lo ha vuelto a coger un militar, como Mubarak. El ejército egipcio depende totalmente de EE.UU y, de hecho, la caída de dictador y la transición que vivimos se decidió en Washington con la plana mayor de los dos ejércitos. ¿Se permitirá una verdadera democracia en éstos países? Probablemente no, porque a medio plazo una verdadera democracia en esos países supondría un problema de grave calado con Israel. Israel dejaría de ser el bastión de la democracia en la zona, el búnker de los valores occidentales, y EE.UU tendría muy difícil justificar su apoyo a la democracia israelí sobre la egipcia o la tunecina. Habrá elecciones, sí, los Hermanos Musulmanes, sacarán algún tipo de participación, sí, pero no creo que se les vaya a permitir de una democracia abierta y total.

En Túnez y Egipto hay mucha pobreza. En Libia no. Las revueltas contra Gadafi son eso, contra Gadafi, y están plenamente justificadas por la mano de hierro que ha usado durante cuarenta y dos años y el atraso al que ha sumido al país cuando Libia tiene mejores condiciones climáticas para ser como EAU o Qatar. En muchas partes del país piensas que estás viviendo en 1950 y no en el 2011.

Ahora bien, en Libia nadie se muere de hambre. Los libios viven subvencionados; las familias, las viudas. No se pagan la luz, la educación o la sanidad. Pagan muy poco por el agua, bien escaso en un país en el que el 80% de la superficie es desierto. La capacidad de sacrificio del libio es en líneas generales bastante escasa pero todos son “managers”. También es cierto que, en la última década, Gadafi abandonó el radicalismo ideológico, abanderó el pan- africanismo, pidió perdón por Lockerville, reuniéndose incluso con familiares de las víctimas, y propició un cierto aperturismo que condujo a que gran cantidad de empresas extranjeras invirtieran tiempo, dinero y esfuerzo en ese país.

La revolución en Libia comenzó en el este. Cosa normal porque la Cirenaica siempre fue muy desafecta con el régimen ya que el antiguo rey era de Al Beyda. Gadafi a su vez correspondía la falta de cariño con napalm y falta de inversiones. Ahora bien no creo que en esa zona el movimiento contenga un ansia infinita de democracia; Tobruk, Derna, Al Beyda, Al Marj, la propia Benghazi son áreas muy conservadoras. Es normal que el imán haga de juez, se arreglen los matrimonios, las mujeres no trabajen, predominen los burkas y se organicen por criterios cuasi tribales. El movimiento en la Cirenaica está lejos de ser protodemocrático, tal y como nosotros entendemos la democracia. Es básicamente un quítate tú para que se ponga uno de nosotros. En Trípoli se está matando a gente pero también es cierto que las manifestaciones, ya sea por miedo, ya sea por convicción, no son excesivamente mayoritarias. Obviamente eso no da ningún derecho a ametrallarlas.

En 2009 Libia figuraba en los informes secretos de EE.UU como un país candidato a ser invadido por EE.UU, junto con Sudán, una vez que ya se había determinado la salida de Irak. Sin pretender ni muchísimo menos defender al sanguinario Gadafi lo cierto es que nada de esto me parece casual. Nada es casual en un país en el que el petróleo constituye el 90% del PIB.

Sea cual sea el desenlace lo cierto es que Libia ha vuelto a los ochenta, la gente vuelve a tener miedo a un país en el que la gente es muy amable y acogedora, donde jamás he pasado ni un segundo de miedo o de peligro. País en el que me siento como en casa y al que, Dios mediante, regresaré ya libre del sátrapa, y al que deseo de corazón que no se convierta en lugar de ensayo para la siempre voraz industria armamentística.

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