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Suben los impuestos para poder navegar a vela.

Escrito el 20 septiembre 2010 por Rafael Pampillón en Economía española

Leo hoy en el diario EXPANSIÓN que en España ha cambiado la doctrina de la Dirección General Tributos (DGT) con respecto a la fiscalidad de los deportes náuticos. A partir de ahora los servicios que se prestan a los amarres de los barcos deportivos pasan de tributar un IVA del 8% a un nuevo tipo del 18%. Subida de impuestos que, como sabe bien el lector, se produce en el contexto de mayor presión fiscal en España: la subida del IVA (del 16% al 18%) que sufrimos los ciudadanos españoles desde el pasado 1 de julio.

Hasta ahora se aplicaba el tipo reducido del 8% a los servicios prestados a personas físicas que practiquen el deporte o la educación física, cualquiera que sea la persona o entidad a cuyo cargo se realice la prestación, siempre que tales servicios estén directamente relacionados con dichas prácticas deportivas.

Ahora la DGT cambia la doctrina e interpreta, con el fin de recaudar más, que no todo servicio prestado con ocasión de la práctica de un deporte merece el calificativo de servicio directamente relacionado con el deporte. Éste es el caso, a partir de ahora, de los servicios asociados al de amarre que prestan los puertos deportivos, como pueden ser las operaciones de suministro de combustible y lubricante para embarcaciones, electricidad y agua a embarcaciones, reparación y conservación, invernaje de embarcaciones, marinería, etc.

¿Quién va a pagar los impuestos el consumidor que recibe el servicio o el dueño del puerto deportivo (marina) que lo ofrece?

Las leyes económicas son inapelables: la carga del impuesto recae sobre la parte más inelástica. Como en el caso que nos ocupa la demanda es elástica y la oferta es inelástica, la carga del impuesto va a recaer principalmente sobre los oferentes, es decir, sobre los que ofrecen los servicios asociados al punto de atraque. Y su contrario también es inapelable: una rebaja del impuesto beneficia principalmente a los oferentes. Es decir, un impuesto sobre los servicios que se ofrecen a los barcos deportivos recae principalmente en las empresas y en los trabajadores de las “marinas” (pantalanes.

Los trabajadores que prestan estos servicios no son ricos. Por lo tanto, la carga de un impuesto sobre los servicios a los barcos de vela recae más en la clase media (trabajadores) que en los ricos. Los supuestos populistas acerca de la incidencia del impuesto  sobre los las operaciones de suministro de combustible y lubricante para embarcaciones, electricidad y agua a embarcaciones, reparación y mantenimiento, marinería, etc. (lo pagan los ricos) son refutados por los hechos: ese sector, tal como viene ocurriendo en el de la fabrcación de barcos deportivos, acabará hundiéndose y algunos trabajadores se irán al paro (lo pagarán los trabajadores).

En España un barco de vela, como el que que ves en la foto (27 pies), tiene un coste de matriculación del 12% a lo que hay que añadir, además, un 18% de IVA. El objetivo de estos impuestos (30% sobre el precio del barco) es recaudar ingresos de las personas que fácilmente pueden pagarlos: los ricos. Como los ricos (si se puede llamar rico al que puede comprarse un velero como el de la foto) son los únicos que pueden comprar este tipo de divertimento, gravar los barcos de vela (también los de motor) parece una manera lógica de gravar a los que más tienen. Por si esto fuera poco ahora van a pagar más por tener el “amarre” y los servicios necesarios para su mantenimiento.

Elasticidad de la oferta y la demanda

Conviene señalar que la demanda de este tipo de barcos y, por tanto, de los servicios necesarios para mantenerlos es bastante elástica. Un ciudadano con capacidad de comprar un barco de recreo y también atraque necesario para amarrarlo puede fácilmente no comprarlo; puede utilizar el dinero para otras cosas: adquirir una casa mayor, irse de vacaciones al Caribe o dejar una herencia mayor a sus herederos (en las fotos puede ver el lector una parte de mis posibles herederos). En cambio, la oferta (producción) de yates y de pantalanes es relativamente inelástica, al menos a corto plazo. Los que gestionan puertos deportivos no pueden utilizar fácilmente el puerto deportivo para otros fines, los marineros que prestan esos servicios no tienen fácil recolocación y menos en épocas de crisis.

Para corroborar esta afirmación se puede consultar ¿QUIÉN PAGA EL IMPUESTO SOBRE LOS BARCOS DEPORTIVOS?

Comentarios

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Ferran Jaén 20 septiembre 2010 - 17:35

A mí me parece muy bien que aumente el IVA de los amarres; de hecho podría considerarse un bien de lujo y tributar como tal todo lo relacionado con la navegación deportiva. De hecho, caso de quedarse en tierra, sin barco, en una playita, no tributa (por ahora) y es lo propio de los pobres (si es que puede denominarse pobre a quien la disfruta).
El enfoque es pernicioso. Enfrentar a ricos y pobres no tiene escapatoria, en lo material ganan los ricos; en lo moral, los pobres, que son más.
Lo de las curvas elásticas e inelásticas es una muestra del elástico manejo de los conceptos económicos:
1.- Impuestos indirectos mejor que directos. Vale.
2.- Indirectos inelásticos recaen sobre la oferta más que sobre la demanda.
3.- Ergo: quitemos los impuestos.
Viene bien este aumento para reducir la explotación de las zonas portuarias, que afean los bellos parajes y se contaminan por los barquitos (aunque los veleros algo menos, pero acaban poniendo el motor en marcha para alcanzar el puerto y maniobrar el amarre).

Conclusión: que paguen los impuestos otros, mientras me regodeo con mi barquito.

Rubén 21 septiembre 2010 - 23:33

Hay que considerar que el coste real es muy inferior al coste ecológico, con lo cual aún estan pagando poco.

José A. Pérez 27 septiembre 2010 - 15:42

Dada la escasez de amarres en algunas zonas de España, podría considerarse la demanda como la parte inelástica? Al menos para algunos supuestos tales como la localización del puerto. Es posible que en algunos puertos, la incidencia del impuesto recaiga mayoritariamente en los usuarios de los servicios en vez de sobre los oferentes?

Emilio Jesús Zúniga Wuan 30 enero 2011 - 22:34

Hola,

Bajo los supuestos que se mencionan (oferta inelástica, demanda elástica), todo el análisis es muy razonable. Pero me queda la duda si en realidad la demanda es elástica… Alguien que ha pagado una fuerte suma de dinero por barco deportivo, es porque en realidad disfruta mucho al navegar. Entonces, al menos en el corto plazo, considero que le será difícil dejarlo. Más aún teniendo en cuenta que la mayoría de ellos tiene dinero disponible (no viven con el dinero justo para el día a día), veo difícil que vendan sus barcos a raíz de este impuesto o que simplemente dejen de utilizarlos.

En el largo plazo sí veo que la demanda será más elástica. Antes de comprar el barco, podrán evaluar todos los costos implicados, algunos verán que el gasto total (incluyendo el amarre de los barcos) será demasiado alto y optarán por otra alternativa (como las diversas opciones indicadas en el post).

Por tanto, considero que este impuesto se repartirá entre ofertantes y demandantes en el corto plazo; y en el largo plazo recaerá en mayor medida sobre quienes prestan los servicios de amarres de barcos deportivos.

Saludos,
Emilio.

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