25
Dic

Barioná, el Hijo del Trueno (Feliz Navidad)

Escrito el 25 Diciembre 2009 por Rafael Pampillón en Miscelánea

 Ayer fue Nochebuena y hoy es Navidad así que te voy a  resumir una pequeña obra de teatro (Barioná, el Hijo del Trueno) escrita por el existencialista Jean-Paul Sartre, en la navidad de 1940, cuando estaba en el campo de concentración nazi de Treveris (Alemania). El protagonista de esta historia navideña es Barioná jefe de un pueblo de Judea durante la época de Jesucristo. El pueblo que gobernaba Barioná se fue empobreciendo y despoblando, debido a la explotación de los romanos. La pérdida de renta de dicho pueblo también se debía a su proximidad a la ciudad de Belén, un centro cultural y económico floreciente de la zona que absorbía mano de obra barata procedente de los pueblos cercanos.

La explotación de Roma

Como todas las poblaciones colonizadas el pueblo donde vivía Barioná pagaba impuestos a Roma, a la vez que sus pobladores envejecían y se desesperanzaban. Envejecían entre otros motivos porque los más jóvenes emigraban a Belén. Barioná era de los pocos jóvenes que se habían negado emigrar y a convertirse en trabajador de la industria y del comercio vecino, y ejercía su autoridad resignado y sin el aliento que en otra época animó su liderazgo.

 Cuando Roma, por los gastos de la guerra que demandaba su expansión, les exigió pagar más impuestos, Barioná, en contra del parecer temeroso de su pueblo, se negó a ahondar en la miseria de sus vidas, y haciendo uso de su antigua vehemencia, propuso retar al romano explotador. El razonable argumento de los más ancianos, pudo convencer a Barioná para que cambiara de opinión así que el pueblo optó por pagar más impuestos y evitar así el sufrimiento de las mujeres y el castigo a la comunidad. Pero, su decisión fue pagar sólo una vez: la última vez.

El pueblo se revela contra Roma

Pero como suele ocurrir los explotadores, en este caso los romanos, son insaciables y vuelven a la carga pidiendo más impuestos. Como contestación Barioná ordena  detener la procreación. De esta manera, Roma dejaría de alimentarse del pueblo para agrandar su ejército y de su esforzado trabajo para mantener el imperio. Ningún nacimiento sería ya una esperanza. Los vivos consumarían sus vidas en la miseria con el único horizonte de la muerte. Así se debilitaría el colonizador y la liberación del pueblo sería su exterminio.

El nacimiento del Salvador

La historia sigue… es un obra corta de 90 páginas. Quizá el momento más emocionante es la llegada al pueblo de unos pastores anunciando que el Salvador acababa de nacer en un establo de Belén. Con el nacimiento de aquel niño renacía la esperanza… pero Barioná sostenía su dignidad afirmando su desesperanza, y por eso rechazó frontalmente el anuncio del Salvador, aunque los Magos de Oriente, que pasaban por el lugar, le confirmaran el anuncio. Sara, su mujer, y el pueblo le abandonaron, y todos partieron a Belén a adorar al Niño recién nacido. 

Entonces Barioná también quiso ir pero en solitario y por un camino distinto, para que no le vieran. Como puedes imaginar querido lector nuestro protagonista, el tal Barioná, al final se convierte al optimismo y a la esperanza. No solo se convierte si no que cuando las tropas de Herodes se acercaban a Belén para exterminar a los niños, entre ellos al Salvador, Barioná mandó cubrir el ataque de los soldados de Herodes para que Jesús, María y José pudieran  escapar por el camino de las montañas hasta Hebrón.

Moraleja

Sabes amigo lector que en este mundo que nos ha tocado vivir hay abusos de poder. Que los que gobiernan pueden aprobar leyes injustas y pueden cobrar impuestos desproporcionados. Pero que también hay esperanza y que hay gente como Barioná que actúa frente a la injusticia y al final recibe su recompensa.

Te deseo una muy feliz Navidad y estoy seguro que 2010 será mucho más prospero que este año  que termina. Un abrazo. Rafa 

Fuente: Jean-Paul Sartre Barioná, el Hijo del Trueno. Misterio de Navidad. Vozdepapel, Madrid, 2004.  Dibujo

Comentarios

Fernando Peral 27 Diciembre 2009 - 19:46

Estupendo artículo Profesor. Mis lecturas de este periodo navideño no me inspiran ese optimismo que usted manifiesta para 2010. Releyendo la introducción a las “Lecciones de filosofía política” de John Rawles, Profesor de la Universidad de Harvard, me ha llamado la atención un pasaje que, en ciertos aspectos, parece una descripción fiel de las dificultades por las que atraviesa nuestro actual régimen constitucional.

Dice Rawles que la filosofía política cumple cuatro cometidos: el primero es de carácter práctico, cuando se produce una disputa política que tiene su origen en posturas antagónicas, al tratar de encontrar las bases de un acuerdo racional y ético entre dichas posturas, que propicie una cooperación social basada en el respeto mutuo entre los ciudadanos; el segundo es un cometido de orientación, basada en la razón y la reflexión, para definir los objetivos básicos que desean alcanzar juntos los ciudadanos en su calidad de miembros de un sociedad con historia, es decir, de una nación, en contraposición a la defensa de sus intereses particulares, familiares, o como integrantes de un determinado grupo social. El tercer cometido es el de la reconciliación, para demostrar que las instituciones, aunque obstaculicen o frustren intereses particulares, actúan de manera racional para alcanzar los objetivos sociales definidos por consenso entre los ciudadanos. Y el cuarto y último cometido, aunque no por ello menos importante, es el de explorar los límites de las políticas posibles, sobre la base de la creencia compartida de que la base de nuestra sociedad reside en la existencia de una esfera social que propicie un régimen democrático justo, aunque imperfecto.

El pasaje al que me refiero en la introducción es aquél en que el autor repasa los motivos que hicieron inevitable el fracaso de la República de Weimar, con las trágicas consecuencias que ello acarreó para Alemania y para el mundo.

En su análisis, Rawles culpa a “unos partidos políticos fragmentados por Bismarck, que les ofrecía dinero a cambio de que apoyaran sus políticas”, convirtiéndolos así en meros grupos de presión que ni siquiera aspiraban a gobernar y que mantenían ideologías exclusivistas, lo cual hacía virtualmente imposible el compromiso con los demás grupos para hacer frente al “Canciller de Hierro”. También alude al hecho de que “no se consideraba impropio que los funcionarios públicos atacaran a ciertos grupos de ciudadanos calificándolos como enemigos del Imperio”.
Ese terrible error histórico parece estar replicándose en nuestro país. En el caso de Alemania, la incapacidad de los liberales y los socialdemócratas para colaborar en una visión común llevó a la caída de la República de Weimar, al desastre económico y social que hubo de padecer el pueblo alemán, y a las condiciones sociales y políticas que propiciaron la llegada de Hitler al poder por la vía democrática.
En el caso de España, la incapacidad de los partidos más votados de llegar a acuerdos de mínimos en los asuntos de estado se está traduciendo en el cuestionamiento de la justicia, un paro creciente, un aumento progresivo de la presión fiscal – desigual en función del territorio de que se trate – y un deterioro del papel internacional de España y, lo que es peor, no se vislumbra que sean capaces de cumplir con la función básica de construcción de consensos, ni que cuenten con dirigentes capaces de aglutinar una mayoría política estable tras un proyecto democrático compartido por la mayoría de los españoles.
La cultura y el tenor actuales del pensamiento político español (y, cada vez más, de la mismísima estructura social) hacen que, al igual que en Weimar, ninguno de los grupos más votados esté dispuesto a hacer un esfuerzo político para llegar a un régimen constitucional de consenso. En política, el “tacticismo” que se han impuesto los partidos en la arena política puede servir para ganar una batalla, pero nunca para construir un verdadero proyecto democrático de convivencia razonable y pacífica entre los españoles.

Espero que en 2010 los españoles propicien un cambio radical de actitudes entre nuestros partidos políticos.

Muy felices fiestas a todos.

Antonio Iturmendi 11 Enero 2010 - 11:12

Gracias por este inspirador relato, estimado profesor.
En la pasada festividad de la Epifanía de Nuestro Señor, celebramos que Dios hecho hombre, sale a nuestro encuentro y que la actitud del hombre, manifestada por los Reyes Magos de Oriente, es debe ser la de emprender un largo, incierto y arriesgado viaje, para poder encontrarle.
Sin viaje no hay encuentro, sólo desesperanza y frustración.

Dejar un Comentario

*

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle contenido relacionado con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso. Puede cambiar la configuración u obtener más información aquí. Aceptar