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PIB de España: ¿mejora puntual o cambio de tendencia?

Escrito el 18 noviembre 2009 por José Ramón Diez Guijarro en Economía española

Los datos de Contabilidad Nacional correspondientes al tercer trimestre, confirman que la economía española ha dejado atrás el momento de mayor deterioro de la actividad, tanto si utilizamos datos trimestrales para medir el crecimiento del PIB (-0,3% frente al -1,1% del segundo trimestre y -1,6% del primer trimestre), como si empleamos tasas interanuales (-4% frente al -4,2% del trimestre anterior). Seguimos cayendo, al contrario que la mayoría de nuestros vecinos, pero los ritmos de ajuste a la baja de la actividad son cada vez menores. 

La demanda externa sigue contribuyendo de manera positiva al crecimiento (2,5 puntos frente a los 3,2 puntos del trimestre anterior), frente a la intensa aportación negativa de la demanda nacional (-6,5 puntos porcentuales, frente a -7,4 puntos porcentuales el trimestre anterior). Lo más destacable es que la recuperación del contexto internacional ha sido aprovechada por nuestras exportaciones (especialmente de bienes), lo que sigue manteniendo el debate abierto de si somos o no competitivos. Pero, sobre todo, se deben destacar los efectos positivos de los planes de estímulo fiscal (Plan E, etc) que han reactivado el consumo de bienes duraderos (automóviles), así como a la inversión en infraestructuras realizada por las corporaciones locales. Es decir, como en el resto del mundo, la utilización de políticas keynesianas ha permitido frenar el desplome de la actividad, eso sí, a costa de un intenso deterioro de las finanzas públicas.

Hasta aquí las buenas noticias, porque el resto de la información conocida esta mañana sigue dejando muchas dudas abiertas sobre el momento y la intensidad de la recuperación. En primer lugar, porque es difícil pensar en una reactivación sin una clara mejora de la demanda nacional, especialmente de los componentes de consumo e inversión. Y, con la demanda nacional restando en términos nominales 8,3 puntos porcentuales a la actividad, ese momento no parece cercano, teniendo en cuenta el exceso de capacidad existente o el paulatino agotamiento de los estímulos fiscales.

En segundo lugar, porque los ritmos de destrucción de empleo se mantienen en el 7,2% en tasa interanual (1,36 millones menos de puestos de trabajo en el último año), de manera que la mejora en el comportamiento del PIB se deriva de un aumento de la productividad aparente del factor trabajo hasta el 3,4%, que esconde cifras sorprendentes (y difíciles de interpretar) como el incremento de un 17,7% en la productividad de la construcción.

Por último, en términos nominales la caída del PIB se ha intensificado (-4,4% frente al 4% anterior) y, por primera vez en la historia el deflactor del PIB ha sido negativo (-0,4%). Es cierto, que como también refleja el IPC mes a mes, esta caída de precios nos está permitiendo recuperar algo de competitividad, pero por otro lado es un síntoma claro de la atonía de la actividad.

Aunque la economía española ha superado lo peor de la actual recesión, ello se ha debido, fundamentalmente, al impulso derivado de una política fiscal muy expansiva, junto a la mejoría de nuestros socios europeos. Dado que este impulso irá desapareciendo progresivamente, en la medida en que vaya cambiando el tono de la política fiscal (con subidas de impuestos indirectos incluidas), a lo que hay que añadir el oscuro panorama del mercado laboral, surgen serias dudas sobre la sostenibilidad de esta senda de mejoría en los próximos trimestres.

Por tanto, no sería de extrañar un empeoramiento adicional en el último trimestre del año, por lo que habrá que esperar al menos hasta mediados del próximo año para ver tasas intertrimestrales positivas.

Comentarios

Javier Aparicio Miguel 24 noviembre 2009 - 19:33

Estoy completamente de acuerdo con José Ramón cuando reconoce la posibilidad de un empeoramiento de los indicadores en el cuarto trimestre.

En mi opinión, las políticas keynesianas de estímulo de la demanda deben ser actuaciones de los poderes públicos que, en momentos determinados, ayuden a la recuperación de un consumo extremadamente debilitado. En determinadas circunstancias, estas políticas pueden cambiar la tendencia de la economía, iniciando la espiral consumo – actividad – empleo – expectativas optimistas – consumo, etc.

A pesar de que estas medidas son muy oportunas en el corto plazo, no evitan la necesidad de implementar políticas de oferta bien definidas, que establezcan objetivos a largo plazo y acciones para alcanzarlos. Se hace necesaria una reflexión sobre el modelo económico de nuestro país, su posicionamiento en el contexto del mercado global y las estrategias a seguir para mantener el bienestar en el futuro.

Y en este punto es donde encuentro las mayores carencias de nuestra economía. En mi opinión, la economía española adolece de graves problemas preexistentes a la crisis internacional. Creo que varias de las medidas de corto plazo tomadas para afrontar la crisis han sido oportunas y han tenido resultados aceptables, teniendo en cuenta la dureza de la coyuntura. Sin embargo, entiendo que siguen sin tomarse las medidas de largo plazo necesarias para posicionar nuestra economía en la sociedad global del conocimiento (formación, I+D+I, apoyo a la tecnología, fomento del emprendimiento, reforma del mercado laboral, foco en la productividad, etc.) y que esta situación es anterior a la crisis y muy posiblemente le sobrevivirá.

Si las políticas de estímulo –que suponen un debilitamiento de las finanzas públicas- se toman en economías en las que existe una correcta visión de largo plazo, conseguirán impulsar la espiral de crecimiento a la que aludía antes. Por el contrario, cuando esas políticas se aplican en una economía carente de una sólida estrategia de oferta –que en mi opinión es el caso de España-, la recuperación que conllevan en el corto plazo corre el riesgo de ser inconsistente y de sufrir posibles retrocesos.

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