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Ahora que se discute si estamos o no en el inicio de un proceso deflacionario, puede ser interesante que pensemos en los daños que producen tanto la inflación como la deflación (que no son sino manifestaciones concretas del fenómeno de las variaciones en el nivel general de precios).

La inflación, entendida como una subida sostenida del nivel general de precios (bajada en el caso de la deflación), es altamente perjudicial para cualquier economía porque provoca distorsiones en los precios relativos. Para entenderlo mejor, pensemos que los precios relativos (lo que cuesta algo en términos de otro producto) son las señales que nos llegan del mercado y que nos sirven de información sobre la que tomar nuestras decisiones. Por ejemplo, si alguien me quiere vender un ordenador portátil por 18.000 euros entiendo que es caro, por muchas explicaciones que me quiera dar en sentido contrario, ya que algo un cálculo rápido y sé que es lo mismo que me costaría un coche.

La claridad de esas señales disminuye si hay inflación, del mismo modo que las interferencias nos impiden recibir con claridad las imágenes en nuestro televisor. ¿Por qué? Porque no todos los precios suben al mismo ritmo ni con la misma intensidad. Supongamos que se ha producido un fenómeno, por ejemplo un aumento de la cantidad de dinero en circulación, que va a provocar a la larga que todos los precios suban al final más o menos lo mismo, por lo que no cambiarán los precios relativos. Sin embargo, unos precios empezarán a corregirse antes que otros, lo que hará que en el proceso sí haya variaciones de los precios relativos que nos llevarán a tomar decisiones erróneas. Se crea así incertidumbre, siempre negativa para la actividad económica. Esa incertidumbre es mayor cuanto mayor es la inflación ya que entonces la inflación resulta igualmente más volátil.

La inflación (deflación) es mala asimismo en tanto que resulta injusta en muchos ámbitos. Sucede, por ejemplo, con las deudas. A quien debe, le interesa que haya inflación porque el dinero que debe pagar valdrá menos en el futuro, lo que perjudica al acreedor. En cambio, al acreedor le conviene que haya deflación, porque lo que le paguen en el futuro tendrá más poder adquisitivo, algo que no gustará al deudor. También la inflación es injusta porque no todo el mundo tiene los mismos medios para protegerse de sus efectos. En ese mismo sentido, la inflación es un despilfarro de recursos, pues obliga a dedicar tiempo y esfuerzos a informarse sobre ella, predecirla y adaptarse (son los famosos costes de menú –cambiar los precios en los menús y catálogos- o los costes de suela de zapato –tener que ir más frecuentemente al banco para retirar efectivo-).

 

Problemas específicos de la deflación

La deflación añade otros males al caso general de la inflación. Cuando los precios bajan, los consumidores postergan sus compras, a la espera de que los precios bajen más, lo que hace que los precios caigan y se reduzca la demanda, creándose un círculo vicioso. Las empresas sufren por ello, y también lo hacen porque la bajada de precios habrá incidido menos en sus costes (ellas compran inputs en el comienzo del proceso productivo) que en los precios de venta de sus productos (último eslabón de la cadena y, por tanto, posterior en el tiempo). Es decir, la deflación erosiona sus márgenes de beneficios. En esas circunstancias, los proyectos de inversión productiva son más inciertos y arriesgados, por lo que también son menos los que se acometen.

Por último, con deflación severa se limita la capacidad de influencia de la política monetaria ya que para incentivar la demanda hay que bajar los tipos de interés, pero llega un momento –el valor cero- en que no se pueden bajar más, como ocurrió en Japón.

¿Nos tocará ver algo de esto en España?

Comentarios

Carlos Garcia 19 octubre 2009 - 15:09

Tengo una duda sobre la deflación: aunque el mecanismo de retraso de las compras está claro, ¿tiene un efecto sobre la cantidad total de consumo? Es decir, midiendo el consumo en un intervalo largo, ¿en global hay menos consumo si hay un periodo de deflación en algúbn momento del intervalo?

Lo digo porque al empezar la deflación obviamente disminuye el consumo, pero tras un tiempo se nivelaría el consumo, aparentemente al mismo nivel si la necesidad social de bienes y servicios es la misma (esto es sobre lo que tengo la duda). Y cuando revirtiese la tendencia y volviese la inflación, parece que se concentrarían las compras que se habían pospuesto, recuperando lo perdido inicialmente. Esto es una posible descripción de lo que podría pasar, pero seguramente lo que suele suceder es distinto.

No tengo experiencia para hacer predicciones sobre economía, pero aventuro mi opinión: en España me imagino que el nivel de consumo bajará mientras aumente el paro. Me imagino que eso provocará deflación, pero no creo que dure más allá de 2010.

Fernando Martin 19 octubre 2009 - 15:55

Yo creo que el planteamiento con la deflacción debería ir más encaminada a si es un problema o un sintoma. Yo creo que es un sintoma, no es un problema. Mientras el nivel de endeudamiento sea tan alto como tiene la sociedad española, a causa de la burbuja inmobiliaria, la renta disponible se dedica a repagar deudas, no a consumir ni a invertir.

Hasta que el nivel de apalancamiento no este de acuerdo al valor actual de los activos que las familias y empresas tienen, este circulo seguirá, lo cual da capacidad ociosa creciente, lo cual revierte en más deflacción. Por eso la politica monetaria creo que solo funciona de manera tímida. No hay interés en gastar, por lo que tanto bajar los tipos como incrementar la masa monetaria tiene efectos limitados. La politica monetaria asume que si se bajan los tipos, se pide más dinero, y eso creo que no siempre es así (no es así si los agentes económicos prefieren repagar deudas antes de seguir endeudandose).

¿Este planteamiento como encaja con el post? ¿Está muy desencaminado?

José Luis 19 octubre 2009 - 16:16

Estoy de acuerdo en que la deflación es un síntoma. Pero los síntomas también son problemáticos en sí mismos, más allá de la enfermedad que los causa. El ejemplo clásico es el de la fiebre: aunque no solucione la enfermedad de fondo, tomar antipiréticos es aconsejable, sobre todo cuando la temperatura es especialmente alta y amenaza al paciente

[…] descarta los peligros y costes de la inflación, todos ellos bien conocidos y que ya tratamos en un post anterior. Por lo que deduzco de sus argumentos, creo que siguen convencidos de que es bueno mantener la […]

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