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Oct

La economía española sigue destruyendo empleo.

Escrito el 24 octubre 2009 por Rafael Pampillón en Economía española

La población activa de un país es igual a la suma de las personas ocupadas (los que tenemos un empleo) y parados (los que no tiene empleo pero lo buscan). La población activa refleja el mercado de trabajo. La Encuesta de Población Activa (EPA) publicada ayer (tercer trimestre de 2009), es muy extraña. Disminuye el número de activos (89.000 activos menos), disminuye el número de ocupados (75.000 ocupados menos) y también se reduce el número de parados (14.000 parados menos). El paro baja en 14.100 personas, por razones estacionales. La destrucción de empleo aumenta. Según la EPA la ocupación total en España, en el tercer trimestre, fue de 18.870.200 trabajadores, lo que supone una reducción de 75.000 personas con respecto al segundo trimestre de este año.

Disminuye el empleo

Esta pérdida afecta tanto a la población española, como a la población extranjera. Así, los ocupados españoles han disminuido, en el tercer trimestre, en 55.000 personas mientras que los extranjeros lo hicieron en 20.000. Por sectores económicos se destruye empleo en la industria (80.000 ocupados menos) en la construcción (72.000) y en la agricultura (50.000). Solo se crea empleo en el sector servicios con un aumento de 126.000 trabajadores que se puede explicar por la mayor actividad de los servicios propios del verano. Como consecuencia sería de esperar que en el cuarto trimestre se produzca una destrucción de empleo también en este sector. Sin ir más lejos, el año pasado se perdieron, en el cuarto trimestre, más de 120.000 empleos en el sector servicios.

Disminuyen los activos                                   

La EPA, también confirma, la tendencia iniciada en el segundo trimestre de descenso del número de activos, es decir, hay menos personas (89.000) que buscan trabajo lo que hace sospechar que está aumentando el número de personas que 1) se establecen en la economía sumergida, 2) se quieren formar mejor para adaptarse a las nuevas demandas del mercado laboral, 3) se repliegan a sus hogares para hacer tareas domésticas, 4) pierden su trabajo y, dadas las malas perspectivas se desaniman hasta el punto de que no buscan un nuevo empleo y 5) abandonan el país y buscan trabajo en el extranjero.

El necesario cambio de modelo económico

Los datos de ocupación del tercer trimestre, tanto de la EPA (-75.000) como los de afiliación a la Seguridad Social (-52.000) siguen señalando que España se enfrenta a una desgraciada combinación de modelo económico agotado (y que no parece que por ahora tenga recambio) con una fuerte caída de la actividad económica. Su manifestación más grave es precisamente el fuerte aumento en la destrucción de empleo.

Otros países  como Francia y Alemania están saliendo de la crisis poniendo a sus parados a trabajar en lo mismo en que trabajaban antes de la crisis. En España no: tendremos que dar ocupación a nuestros desempleados en otros sectores, a poder ser con alto contenido tecnológico y con vocación exportadora. Una pesada digestión, que durará años, tras los excesos de la construcción inmobiliaria. Para favorecer este cambio de modelo sería prioritario cambiar la política económica y hacer cuanto antes la reforma laboral (simplificación de los contratos, mejorar la formación de los trabajadores que facilite la reasignación de la mano de obra entre sectores económicos, disminución escalonada de las prestaciones por desempleo, descentralización de la negociación colectiva, mayor movilidad geográfica y funcional, etc.). Así mejoraría la competitividad de nuestra economía y se evitaría seguir destruyendo empleo. Solo una mayor competitividad nos permitirá recuperar la senda de crecimiento económico y la creación de empleo.

Comentarios

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Carlos Garcia 25 octubre 2009 - 09:21

Cambiar el modelo económico va a costar décadas, incluso si se hace de forma eficiente y organizada. Para transformar un número significativo de empleos de baja productividad a los de sectores innovadores/tecnológicos hace falta no sólo formar a los empleados, si no atraer el interés inversor de los españoles hacia los sectores que interesan. Hay que conseguir que las empresas de la “nueva economía” generen más beneficios que las de la antigua. Con los beneficios desmesurados de las inmobiliarias, en los últimos años¿quién iba a invertir en una empresa tecnológica en vez de en una inmobiliaria?
Ahora ayuda que las inmobiliarias no se espera que generen muchos beneficios a medio plazo (a pesar de que el gobierno intenta ayudarles), pero generar empresas de tecnología rentables es difícil. Ahora la competición es global y los mercados a menudo están ya dominados por empresas de otros países, que además están trabajando más que nosotros en desarrollar nuevas empresas. España, sin embargo, gasta sus recursos en mantener las actividades poco productivas (planE) o mantener sectores que estaban demasiado inflados y de baja productividad (plan 2000E, promoviendo que se vendan más coches) mientras se reduce los presupuestos de I+D+i cerca del 20%, y en sectores como el espacio, de alto componente innovador y tecnológico (y que depende mucho del apoyo del gobierno), se reducen un 50%. Mientras sigamos valorando más ensamblar o fabricar lo que diseñan otros a diseñar nosotros mismos, no vamos a avanzar…

Fernando Peral 25 octubre 2009 - 14:57

Cambiar el modelo económico requiere una visión clara y un liderazgo fuerte y eficaz, capaz de encontrar y forzar consensos para introducir cambios impopulares y penosos que sitúen a nuestra economía en una vía de recuperación y cambio. Y estos será difícil por que significa racionalizar un sistema bancario privado sobredimensionado, un sistema educativo inoperante y fuertemente politizado, un sistema isntitucional absurdo y onerosísimo, y un sistema social cada vez más dividido. La historia nos dice que, por desgracia, este tipo de liderazgos sólo han surgido como consecuencia de guerras, que restablecen en todos los individuos un sentido de las prioridades básicas y la necesidad del esfuerzo común para lograr la supervivencia.

Desde el punto de vista económico, nos encontramos inmersos a la vez en una guerra civil y en una guerra mundial. Las bajas son las empresas que cierran, las personas que van al paro; la munición es el gasto y la deuda públicos, y el enemigo, por desgracia, los propios partidos políticos que se supone nos representan pero se muestran incapaces de encontrar soluciones. Y esta vez no hay ni habrá aliados. O el público toma conciencia rápidamente de que la salida de la crisis ha de ser política, y que sólo la superaremos si actuamos como una verdadera nación, o no saldremos de ella en más de un decenio, con tasas de paro endémicas del orden del 20 por ciento y, como consecuencia de ello, empobrecidos y sin ninguna esperanza de volver a alcanzar los niveles de bienestar de que hemos disfrutado a lo largo de los quince últimos años. “Sangre, sudor y lágrimas…” Quién será nuestro Churchill?

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