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África: El fin de la ayuda al desarrollo (Dead Aid)

Escrito el 28 Octubre 2009 por Rafael Pampillón en África

333333Acaba de publicarse Dead Aid (Fin de la ayuda) un libro que va a ser muy polémico y también una propuesta para el desarrollo económico de África. El subtítulo lo hace más explícito: Por qué la ayuda exterior no funciona y cómo hay un  camino mejor para África. Su autora, Dambisa Moyo, nació en Lusaka, Zambia, es doctora en Economía, máster por la Kennedy School of Government de la Universidad de Harvard y ha trabajado en Goldman Sachs y en el Banco Mundial. La crítica de Moyo se dirige a los préstamos y subsidios concedidos a los gobiernos africanos por los gobiernos de los países desarrollados y los organismos internacionales. Estos mecanismos han desincentivado a las poblaciones, generado dependencia y fomentado la corrupción y el mal gobierno en los países receptores, provocando con ello más pobreza. Moyo llega a afirmar que la ayuda exterior ha dejado de ser parte de la solución para convertirse en ‘el problema’ de África.

Es sabido que la corrupción pervierte los fundamentos de la sociedad, impide que la ayuda llegue a quien la necesita y disuade las inversiones. La corrupción es, según Moyo, argumento suficiente para terminar con la ayuda.

El ejemplo que pone de las mosquiteras también es muy interesante. Un empresario africano produciendo mosquiteras da trabajo a quince empleados y por tanto sustento a quince familias. Su posición en la cadena de producción implica beneficios de otras pequeñas empresas. El negocio es sostenible y tiene el potencial para expandirse. Pero la llegada masiva de mosquiteras en forma de ayuda al desarrollo tiene como resultado el cierre de la empresa local y además, sin producción local, en pocos meses será necesario el envío desde fuera de más mosquiteras.

La evidencia empírica es aplastante: más de un billón de dólares destinados a África en concepto de ayuda durante los últimos cincuenta años no sólo no han conseguido la finalidad propuesta si no que, por el contrario, nos encontramos con un panorama desolador. En el momento álgido de la ayuda, entre los años sesenta y ochenta, el PIB per cápita debería haber aumentado, sin embargo, en la mayoría de los países africanos ha descendido,

La tesis, aparentemente radical, de terminar con la ayuda, se desenvuelve con una argumentación razonada que pone al descubierto el discurso a veces errático detrás de la ayuda y los intereses creados en torno a esta ‘industria’. Su conclusión es que hay que empezar a trabajar con alternativas donde la ayuda no sea el factor predominante.

No se propugna la eliminación inmediata de la ayuda como algunos críticos quieren hacer ver, sino paulatina, con plazos, considerando cada caso concreto. Entre las varias medidas a poner en práctica destacan las de orden financiero, comercial y de integración económica, y la búsqueda de inversiones extranjeras.

Se pone de relieve que en África existen ahorros que hay que encauzar, junto con las remesas enviadas por sus emigrantes. Moyo concede gran importancia al acceso a los mercados de capitales, en especial a través de bonos del estado, y cita la experiencia positiva de Ghana, en cuya emisión la demanda superó con creces la oferta. Y se subraya la idoneidad de las microfinanzas, como se viene demostrando en otras latitudes, pero que es todavía incipiente en África.

El estímulo del comercio interafricano debe ser objetivo prioritario. Pero la participación de África en el comercio internacional refleja una de las mayores falacias de nuestro tiempo. Aquí se une a la denuncia unánime del proteccionismo de los países occidentales que, por un lado, ofrecen o subastan ayuda y además piden apertura de mercados en nombre del libre comercio, mientras por otro cierran las puertas a los productos africanos a través de barreras administrativas.

Por último, los ejemplos de China y el sudeste asiático en la captación de inversiones directas se ofrecen como camino a seguir. Y se destaca la fórmula de inversión china en infraestructuras a cambio de materias primas y suministro de energía.

Desde su publicación el libro ha encontrado amplio eco en los medios de comunicación de todo el mundo. En general la respuesta ha sido ecuánime, con la expectación que generan las grandes ideas de cambio. Muchos especialistas comparten los argumentos.

Pero para algunos falta una demostración científica de que haya una relación entre la ayuda exterior y el retraso en África. Otros aducen que el Plan Marshall en la Europa de posguerra fue determinante. 

La autora es consciente de los muchos problemas que asolan África y de su complejidad histórica, geográfica, social, étnica o institucional, ninguno de las cuales explica por sí solo el atraso pero que exigen esfuerzos de diversa índole para su solución. En cualquier caso, en palabras de Kofi Annan elogiando el libro, las propuestas de Dambisa Moyo tienen la virtud de reconocer a los africanos como protagonistas de su propio futuro.

Fuente: http://www.compromisoempresarial.com/default.asp

Comentarios

Miguel Amaral 28 Octubre 2009 - 23:34

Estimado Rafael,

Tengo una columna de opinión en un periódico de referencia en Angola, hace meses tuve la oportunidad de escribir sobre su libro Dead Aid, la gran mayoría de sus propuestas no tienen aplicación practica y según mi punto de vista conducirían al desastre en África, la cuestión fundamental es la mutua responsabilizacion de quien dona y de quien recibe la ayuda financiera.
Un Saludo,
Miguel Amaral.

Fernando Peral 28 Octubre 2009 - 23:39

En los años 60 y principio de los 70, el papel de los organismos internacionales – con algunas notables excepciones – no era interferir en los mercados, sino más bien paliar primero las situaciones de emergencia y luego ofrecer alternativas para el desarrollo que hoy llamamos “sostenible” a través de inversiones puntuales y limitadas en el tiempo, destinadas únicamente a servir de incentivo a las iniciativas locales, y que ya hubieran funcionado en otros lugares y situaciones de parecidas características. Para eso, ponían en común los conocimientos de los estados miembros y “destilaban” soluciones aplicables a cada caso; luego publicaban en varios idiomas los resultados de sus intervenciones para que los demás estados pudieran aprovechar la experiencia de los demás, tanto de lo que había funcionado como de lo que no lo había hecho.
Las ONG hace tiempo que se han convertido en el resultado concreto de la dejación por parte de los gobiernos de sus responsabilidades en materia de cooperación internacional al desarrollo, que antes canalizaban a través de los organismos internacionales. Éstos se encargaban precisamente de evitar casos como el que señala el autor.

Hoy en día, las ONG se han convertido en auténticos trampolines políticos que los gobiernos utilizan para darse buena conciencia fomentando operaciones “vistosas” y, en algunos casos, las utilizan directamente para actividades fraudulentas.

Admiro mucho la labor que hace la inmensa mayoría de las personas que trabajan para las ONG sobre el terreno, pero es fácil constatar que, cuando los organismos internacionales intergubernamentales disponían de medios para llevar adelante su misión específica, los recursos se utilizaban de manera mucho más eficaz, más justa y menos costosa. Ante la falta de recursos, estos organismos se han ido convirtiendo en muchos casos en cáscaras vacías, que van perdiendo su pertinencia y cuya existencia sólo se mantiene por una cuestión de imagen o “buena conciencia” multilateral de los gobiernos.

Buen ejemplo de la eficacia con que desarrollaron su actividad en el pasado son la erradicación de la viruela por la Organización Mundial de la Salud, la gestión del espectro radioeléctrico por la Unión Internacional de Telecomunicaciones, la paulatina universalización del derecho a la libertad sindical y a la negociación colectiva gracias a la Organización Internacional del Trabajo, o la gestión eficaz de los aranceles y la lucha contra las barreras comerciales en época del GATT.

Como los gobiernos, a través de sus organismos nacionales de cooperación para el desarrollo, han ido trasladando a las ONG gran parte de los recursos que antes dedicaban a las organizaciones internacionales, con el fin no declarado de poder utilizar a dichas ONG para defender a sus intereses nacionales en el plano internacional (que es la misión expresa de los organismos nacionales de cooperación para el desarrollo), las organizaciones internacionales disponen de cada vez menos recursos para llevar a cabo la misión para la que fueron creadas, que es la de coordinar las actuaciones internacionales en su ámbito de especialidad y poner los medios de que disponen al alcance de todos los países en función de sus necesidades objetivas.

Esta desvirtuación de las organizaciones internacionales está causando más caos, más injusticias y está fomentando una politización creciente de la ayuda al desarrollo.

Es una verdadera lástima.

Claudia 29 Octubre 2009 - 13:18

Me parece que un planteamiento tan categórico como que la ayuda al desarrollo ha muerto y es la razón que explica la situación actual de África es una generalización casi peligrosa y, en mi opinión, sensacionalista con el fin de vender algunos libros.

No cabe duda que la efectividad de la AOD ha sido cuestionada desde hace varios años y que se han aprendido muchas lecciones en el camino. Errores comunes como poca articulación con los Planes Nacionales de Desarrollo, implementación masiva de recetas únicas que no tenían en cuenta las realidades del país sujeto de ayuda, la falta de fortalecimiento institucional para darle continuidad a los proyectos iniciados y deficiencias en monitoreo y transparencia que casi incitaban la corrupción son todas lecciones aprendidas que se han pagado a un costo bastante elevado.

Sin embargo, no podemos olvidar que en el marco de la OECD se firmó en el año 2005 la Declaración de Paris sobre la Eficacia de la Ayuda, donde más de 100 países donantes y socios acordaron crear alianzas más sólidas y eficaces que permitieran a los países sujetos de ayuda lograr sus propios objetivos de desarrollo. No cabe duda que quedan muchos retos, pero se han alcanzado importantes logros particularmente en el área de coordinación y gestión de recursos que debe ser reconocida y que repercuten en la eficacia de la ayuda. La cooperación al desarrollo hoy en día es mucho menos asistencialista y está más enfocada en la construcción de capacidades locales que redundan en la sostenibilidad, así como en el diseño e implementación de proyectos de manera conjunta y no unilateral. Me parece que la autora Moyo se ha ido por la vía fácil: es por supuesto mucho más sencillo criticar lo que falta por hacer y señalar los fracasos de la cooperación al desarrollo. Lo que es mucho más difícil o casi imposible es imaginar donde estuvieran todos los países que se han beneficiado de esta ayuda si ésta nunca hubiese llegado…he estado en este campo durante toda mi vida profesional y soy consciente de los retos, de las costosas burocracias, del clientelismo generado y es innegable que queda mucho por hacer. Dicho esto, no comparto por ningún motivo – y en esto si sería categórica – que “matar” la AOD sea la respuesta.

Carlos Garcia 2 Noviembre 2009 - 13:33

Tengo unos pocos comentarios sobre las pruebas que aporta sobre la poca eficacia de la ayuda al desarrollo (sin leer el libro, es posible que me falte información relevante, pero creo que son adecuadas igualmente:
– Creo que en la valoración de la utilidad de la ayuda el desarrollo no debería compararse sus resultados con sus objetivos, si no con lo que habría pasado si no se hubiera aportado la ayuda. Además, hay muchos otros factores que afectan a los resultados, por lo que el que no se hayan conseguido no prueba que no funcione.
– El uso de datos entre los años 60 y 80 parece un tanto interesado. ¿Por qué no usa los últimos 20 años? Hay muchos más datos, y además el tipo de ayuda ha evolucionado, o sea que sería mucho más pertinente medir la eficacia del modelo actual de ayuda. Me recuerda a los estudios de los partidos nacionalistas catalanes, que como prueba de la poca inversión en Cataluña citaban la poca inversión recibida en Cataluña en el periodo 1993-actualidad, que “casualmente” no cubría todo lo invertido para los juegos del 92.
– El caso de las redes de mosquitos no me parece muy válido tal y como está planteado. La idea es salvar una cantidad elevada de vidas (decenas o cientos de miles). El lado negativo es el cierre de las empresas que hacen redes en África. ¿Cómo de grande es ese sector? Se les podría aprovechar como distribuidores, o incluso fabricantes. No creo que sean soluciones incompatibles.
– Y una última cosa: no me convence para nada la propuesta de la inversión china en África como modelo a seguir. China que se sepa no tiene ningún control (ni interés) sobre temas de corrupción en el uso de la “ayuda”, ni sobre el beneficio de la infraestructura a largo plazo para el país. Por esto, es poco probable que su utilidad vaya a ser mayor que la ayuda al desarrollo, ni que genere menos dependencia. De hecho, el estar asociada a el control de recursos naturales (sobre los que el país pierde control) es sin duda negativo, y parecido a lo que parecía en el pasado con la ayuda occidental, que tan poco efectiva consider la autora.
En cualquier caso, me parece importante el que resalte el problema de la corrupción y de la mala orientación y gestión de la ayudas, problemas sin duda reales y graves.
En el plano positivo, espero que el libro sirva para que se estudie como hacer la ayuda más eficiente, reduciendo la corrupción, etc. y no que el libro sirva como referencia para reducir la ayuda al desarrollo.

JOSE LUIS REVILLA ESCUDERO 27 Noviembre 2009 - 11:45

AFROCHINESE

China´s ties with AFRICA keep moving at good pace.
AFRICA seemed to be the lost continent, the poor member of the family.

Nevertheless, China seems to look at AFRICA the other way around.

The natural resources demand is key for the next decades, and China cannot allow its growth without this supply fully guaranteed. AFRICA was always described as the war continent, with many civil wars spread all over its territory. This is clearly true, but it is also legible to state that AFRICA will become the barn of the world for many raw materials demands.

China is therefore getting ready to lead the world in a few years. For this mission, it needs an ally in terms of a natural resources supplier.

In previous posts, I mentioned that AFRICA was THE LAST PLAYER. This was due to the fact that AFRICA is the only virgin continent together with the vast territories of AUSTRALIA.
Nevertheless, AUSTRALIA enjoys some kind of european status and civilization, with a strong political order and a clear owner of its wealth.

AFRICA is nevertheless ready to be conquered.

The country that moves first towards this conquer, wins. There is much to win, nothing to lose.

China seems to have understood this point perfectly. 5 years ago, it decided to strenghten its maritime links with key ports such as MOZAMBIQUE or SOUTH AFRICA as the main turning point from boats coming from Hong Kong and Shanghai.

Commerce is coming that direction, and China must assure these routes. At the same time, China must also guarantee commercial partners for the exchange of exported goods. Raw materials become then a good “change coin”.

Obama visited Asia this week, conclusions will be seen ahead. But for sure, this visit was seen by the whole world order as a two regional leaders meeting. It was not seen as the US supremacy over China, it was seen as a CHINA-US bipolar world summit.

This is for us the main scenario for the next years, till China becomes the most powerful economy in the world.

The US has a strong work ahead. Their car industry is dominated by Japan´s TOYOTA. The bike´s market domain is under YAMAHA and HONDA, also japanese.

The enterntainment industry is under the reign of SONY ( Playstation, Columbia pictures, etc… )

Japanese companies that won America not that long ago. Will the next ones be chinese ?…

HUMMER manufacturer now belongs to China. Is it the beginning ??

Jose Luis Revilla Escudero
WWShares, Inc
Chairman & CEO
-Global Wealth Management-
http://www.worldwideshares.blogspot.com

[…] que España fabrica y con más ayudas al desarrollo con planificaciones a nivel mundial. Ayudas para promover trabajo y desarrollar a los países más popbres y no dando sobrantes que destruyen empleo. Dejar un […]

lilia 2 Mayo 2016 - 20:25

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