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Sep

Este fin de semana conocíamos las líneas maestras del proyecto de Presupuestos Generales del Estado para 2010, que el Gobierno llevará al Parlamento para su discusión. Pocas novedades con respecto a las intenciones que ya se habían ido transmitiendo a la opinión pública, al menos en lo tocante a la manera de afrontar la necesaria consolidación fiscal: vamos a ver el mayor aumento de impuestos de la democracia.

Para valorar la conveniencia de esta propuesta podemos fijarnos en lo que nos dice la experiencia de otros países. La evidencia sobre esta materia, incluida la del pasado reciente de nuestra economía, deja poco lugar para dudas. En los países desarrollados, los procesos de consolidación fiscal, esto es, de reducción del déficit y del nivel de deuda hasta valores sostenibles, tienden a fracasar cuando se basan en incrementos de los impuestos. Por el contrario, las posibilidades de éxito aumentan drásticamente cuando el desafío se aborda desde la reducción vigorosa del gasto.

Con ser lo anterior muy preocupante, hay motivos para incluso ponerse más nerviosos ante las perspectivas que se derivan del proyecto de presupuestos y de la política económica que éstos sugieren. De nuevo se insiste en manejar políticas de demanda, en este caso para afrontar la salida de la crisis y la reducción del déficit, renunciando a políticas de oferta. Es decir, volvemos a recurrir a parches que, en el mejor de los casos, únicamente actuarán como paliativos. El Gobierno vuelve a olvidarse –no será porque nadie se le recuerde- de la urgencia con que debieran emprenderse reformas estructurales en esferas tan necesitadas de las mismas como pueden ser la educación, el mercado laboral o la regulación de los mercados. 

¿Para cuándo las reformas?

No sé si estaréis de acuerdo conmigo, pero me parece que el gobierno peca de una total ingenuidad pensando que nuestra política económica sólo debe evitar que las cosas vayan a peor en el muy corto plazo ya que la recuperación internacional no tardará en venir a nuestro rescate. Pues bien, nada de eso ocurrirá, porque la economía española tiene problemas propios, independientes de la coyuntura internacional, que necesitan de soluciones específicas. A lo largo de los últimos años hemos incurrido en muchos excesos, endeudándonos como nunca (y como nadie). Tenemos que comenzar a purgar esos excesos con una mayor austeridad, porque ya no va a ser posible seguir recibiendo del exterior fondos anuales equivalentes a una décima parte de nuestro PIB.

Tendremos que aprender, por tanto, a vivir con una menor disponibilidad de ahorro exterior. Además, las AAPP absorberán una mayor parte del ahorro interior por su creciente endeudamiento. Así, quedará disponible para la inversión privada una menor cantidad de fondos prestables, incluso mermada por el aumento de los impuestos que gravan el ahorro (otro de los errores de los nuevos presupuestos). No habrá otro remedio que aprender a hacer un uso más eficiente del menor ahorro disponible para emprender inversiones productivas. Si no lo hacemos, los próximos años serán realmente duros.

¿Cómo lograr ese uso más eficiente de unos recursos escasos? Con reformas estructurales, que permitan contar con más y mejores recursos (una buena educación significa más capital humano), y que faciliten la asignación de esos recursos hacia los usos más productivos (por ejemplo, con un mercado laboral más flexible y con una regulación económica de mayor calidad). Eso es lo que habrá de permitirnos avanzar en el cambio de modelo económico. Confiemos en que el Gobierno no tarde en caer en la cuenta de su error.

Comentarios

David 29 Septiembre 2009 - 15:27

No puedo estar más de acuerdo, especialmente tras conocer hoy algún detalle más de los presupuestos. Recortan poco el gasto y encima lo hacen mal, reduciendo el gasto productivo.
Creo que nos espera un año 2010 para echarse a temblar. Lo triste es que nadie parece reaccionar (quiero decir, nadie en la esfera política) Aquí falta debate de altura y sobran partidismos.

Jorge J. 29 Septiembre 2009 - 23:37

100% de acuerdo con todo lo dicho. Pero si la gente no reacciona… nos tocara una decada a lo japones? ¿Tirara el crecimiento de europa de nosotros muy poco a poco (de aqui a 2-3 años) ? ¿Nos quedaremos estancados en cifras del paro >15 % durante los proximos 5 años?¿Y que pasara con el capital humano desaprovechado en ese tiempo?¿Y con la deuda publica.. hasta donde llegara y como la pagaremos?
Espero que la realidad sea mas positiva de lo que yo la veo.

Rafa 30 Septiembre 2009 - 01:09

Me fui hace seis meses a trabajar fuera porque no había trabajo en España: Me paso el día observando la evolución económica para ver si mejora el país y puedo volver a buscar trabajo, y cada movimiento del gobierno es un jarro de agua fría.

Por cierto, eso del “uso más eficiente del menor ahorro” me parece pedir peras al olmo, si ni siquiera se es consciente de que el ahorro tiene que estar en manos del sector privado se va a ser capaz de mejorar las circunstancias para invertir dicho ahorro?? Sinceramente me parece imposible.

Fernando Sánchez 30 Septiembre 2009 - 01:43

Parece que todos nos hemos puesto esta vez de acuerdo (y últimamente van muchas en el entono socio-económico español) sobre el efecto devastador que tendrán estas medidas, con lo que el análisis sobre el efecto estaría de más.

Sin embargo si me gustaría seguir con el punto de Jorge J., “la gente no reaccionamos”.
Vamos, vamos, ¿qué nos pasa? La situación económica española (además de la educación, social, sanidad -mírese informe emitido ayer por la UE al respecto-, etc.) se deteriora de forma gradual; no vemos medidas estructurales que cambien el rumbo de la situación (aunque sean con efecto a medio-largo plazo); recibimos una comunicación nefasta de hechos y acciones por parte del gobierno; nos suben los impuestos… y no alzamos una voz alta, clara, unánime y exigente al respecto.

Puedo entender, si me pusiera en la situación del gobierno, que la situación es difícil, se nos han vaciado las arcas (sobra mencionar los motivos), y ahora debemos seguir echando gasolina al motor. ¿Qué hacer? Recaudo.
Hasta aquí, como ciudadano solidario, y haciendo un ejercicio de reseteo mental del pasado, lo puedo entender, lo que no puedo entender es que no reaccionemos para preguntar “¿Cómo vas a utilizar mi dinero? ¿Lo vas a invertir para generar en vez de paliar como dice María Jesús? ¿Con qué almohada consultas tus medidas? O me cuentas ayer que es un medida para recaudar de los ricos, hoy que no, que es para la clase media y no temporal. ¿Crees que soy tonto?”

A esa última pregunta he de decir que si, soy tonto. Y a medida que el sistema educativo siga sin ser una prioridad de verdad por los gobiernos partidistas, cada vez seré más tonto y reaccionaré menos ante situaciones como la que nos acontece. Y lo peor de todo, cada vez estaré menos preparado para ayudar e intervenir en el cambio que nos urge.

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