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¿Se parece la actual crisis económica a la de los años 30?

Escrito el 1 Mayo 2009 por Rafael Pampillón en Uncategorized

Unos amigos que pertenecen a un grupo preocupado por el desarrollo del Tercer Mundo y que se denomina Foro Liderazgo para el Desarrollo me han invitado a que les dé una charla sobre: “Crisis de 1929 versus crisis 2008: ¿Estamos tropezando dos veces en la misma piedra?”. ¿Qué les voy a contar? Lo que ya sabe el lector que lo largo de los últimos 150 años se ha ido produciendo diversos ciclos económicos con sus fases expansivas y contractivas. Estados Unidos (EEUU), sufre ahora una fase contractiva profunda: la crisis económica más grave desde la Gran Depresión de los años 30. Al igual que entonces se están desplomando las bolsas, aumenta el desempleo y hay escasez de liquidez cuyo máximo exponente es la poca capacidad de los bancos para prestar dinero a las empresas. En los años 30 se alcanzó un nivel de desempleo del 25%. Aquella crisis se superó y a pesar de los problemas generados por la Segunda Guerra Mundial, EEUU ha tenido una economía que ha crecido de forma estable y sin grandes sobresaltos. La renta per capita de EEUU ha crecido casi un 2% medio anual desde 1868 a 2008.

Origen de la crisis

La crisis actual que está enfrentando Estados Unidos y el mundo es una Crisis Financiera que, como es sabido, se inició en el año 2006, con el estallido de la burbuja inmobiliaria. Este estallido tuvo origen en los años 2000 y 2001 cuando una política excesivamente relajada permitió a muchas economías domésticas sin recursos invertir en inmuebles. Tras el atentado del 11 de septiembre, hubo inestabilidad económica internacional, La Reserva Federal bajó los tipos de interés, hasta el 1%, por lo que los bancos nadaron en liquidez permitiéndose prestar cualquier cantidad de dinero a tipos de intereses “superbajos”. Esto se hizo con el objetivo de reactivar el consumo y la producción. Las personas interesadas en adquirir inmuebles, se aprovecharon de esta reducción de tipos para comprarlos. Esto produjo una mayor liquidez en los mercados, y una mayor oferta de casas de las empresas inmobiliarias. Para aumentar la oferta las inmobiliarias solicitaron grandes volúmenes de préstamos a bancos de inversión para construir casas y satisfacer la elevada demanda. 

La crisis

El rápido incremento de la liquidez y del crédito provocó un aumento significativo de la inflación. Ante esta situación, en 2005, la  Reserva Federal de los EEUU comenzó a subir los tipos de interés, con el objetivo de controlar la inflación. Los intereses subieron desde el 1% hasta el 5.25%. Esta política monetaria restrictiva generó una considerable reducción de la demanda de inmuebles y, como consecuencia, empezaron a descender los precios de los inmuebles. Con tipos de interés elevados, las personas que habían adquirido inmuebles a crédito dejaron de pagar sus hipotecas y en el mercado se redujo drásticamente la demanda de inmuebles. Hubo un exceso de oferta de inmuebles y una reducción de los precios en los mismos. Las compañías inmobiliarias dejaron de percibir los ingresos que habían previsto, por lo que muchos de sus inmuebles no fueron vendidos o fueron vendidos a precios más bajos. Ante el incumplimiento del pago de hipotecas y el bajo ingreso de compañías inmobiliarias, las entidades hipotecarias y los bancos de inversiones comenzaron a reducir el crédito. Efectivamente, los bancos redujeron los préstamos, lo cual provocó una reducción en la actividad económica. Esta desaceleración económica provocó la quiebra de grandes bancos de inversiones, afectando la economía de Estados Unidos y de los demás países. Como los bancos tienen problemas muchas personas han perdido su confianza en los mismos.   

Comparación con la Gran Depresión

Hace poco escribí en este blog “¿Vamos camino de otra Gran Depresión?”  allí explicaba los grandes errores de política económica que se cometieron y como ahora se están aplicando políticas económicas diferentes. Pero la Gran Depresión de los años 30 tiene cosas en común con la actual crisis: 1) la quiebra de bancos por la falta de liquidez financiera 2) la baja actividad económica, 3) el alto nivel de desempleo, 4) deflación y 5) el cambio de un gobierno republicano por otro demócrata.

¿Se pueden adoptar las medidas tomadas por Roosevelt durante la Gran Depresión en la actual crisis económica y financiera?

Pues es lo que, en parte, ha propuesto el G-20, concretamente: a) Una política monetaria expansiva bajando los tipos de interés, reduciendo el coeficiente de caja y comprando deuda pública a través de operaciones de mercado abierto. b) Una política fiscal orientada a la reducción de impuestos o incremento del gasto puede incrementar la demanda agregada y detener el círculo vicioso. c) La reconstrucción del sector financiero que permita a las entidades bancarias fortalecer su liquidez y dar facilidades de préstamo y d) Evitar el proteccionismo comercial. 

Muchas de estas medidas ya han sido adoptadas por Estados Unidos y han ayudado a que la economía no siga deteriorándose. Estas medidas, de igual forma, pueden ser aplicables en otros países. Si estas medidas continúan siendo adoptadas y ejecutadas de forma correcta, la recesión económica podrá finalizar a principios del año 2010.

Fuente: Ilian Mihov; “Keeping the global economy afloat” Financial Times.

 

Comentarios

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Fernando Peral 3 Mayo 2009 - 10:34

Pido disculpas por anticipado a los eventuales lectores por lo extenso de mi respuesta, pero dado que me parece que esta cuestión reviste el máximo interés en este momento, me he atrevido a desarrollar un poco más mi visión de la cuestión.

Llewellyn H. Rockwell Jr., del Instituto von Mises, aclaraba en uno de sus artículos publicado en… ¡2005! … las similitudes entre la crisis de la que se hablaba entonces (la de las puntocom) y la gran depresión de los años 30. Al igual que ocurrió con la Gran Depresión y con la crisis de los primeros años de este siglo, la realidad que estamos viviendo en la actualidad nos demuestra tozudamente que los tipos de interés no son construcciones arbitrarias o un “precio” del dinero que imponen los bancos centrales, sino que son parte integrante de la economía de mercado y son los que coordinan la productividad, las inversiones y el ahorro.
Cuando un banco central distorsiona las señales que envía al mercado en relación con los tipos de interés y la liquidez del sistema, transmite a los productores una información equivocada acerca de la disponibilidad de recursos, y hace que éstos inviertan con un horizonte de inversión más prolongado en el tiempo y un volumen de préstamo mayor que el que les permitiría la economía real, y el cúmulo de este tipo de errores de inversión crea lo que en un primer momento aparece como un rápido incremento de la productividad y del crecimiento. Pero, con el paso inexorable del tiempo, los consumidores van quedándose sin recursos y los proyectos se van desbaratando antes de llegar a término y surge la amenaza de la deflación; cuando la respuesta es una bajada artificial de los tipos de interés e inyecciones de liquidez, lo único que se consigue es retrasar esta dinámica, pero en último término la realidad acaba por imponerse y las malas inversiones por ser barridas del sistema pero, al haberse acumulado y prolongado en el tiempo estas malas inversiones, la crisis resultante es más grave que la que se hubiera producido de dejar al mercado sanear sus fundamentos económicos.
Y eso es lo que se hizo para responder a los factores que causaron la Gran Depresión, y desde entonces los Gobiernos casi nunca han permitido que las recesiones siguieran el curso que les imponía el mercado ; en lugar de eso se han empeñado siempre en crear una “bonanza” artificial a través de intervenciones monetarias para tratar de contrarrestar la incipiente decadencia económica, lo cual acaba produciendo resultados muy extraños, y de ellos tenemos sobrados ejemplos en el último año (baste citar la explosión de los precios de las materias primas y el hundimiento de las bolsas de valores, seguidos en el plazo de unos pocos meses de fuertes descensos de los precios de las materias primas y subidas inesperadas de los valores bursátiles).
La última crisis económica a la que nos enfrentábamos en 2005 se había iniciado cinco años antes: Rockwell denunciaba que los bancos centrales de todo el mundo ya habían comenzado a crear inflación llevando los tipos de interés a niveles históricamente bajos. Ajustados con la inflación, los tipos de interés fueron negativos en Japón, Europa y Estados Unidos desde comienzos de 2004 hasta bien entrado 2007. La situación creada resultaba muy atractiva para los que estaban dispuestos a endeudarse con el fin de aprovechar la aparente bonanza para enriquecerse, y ello desembocó en una oleada de préstamos temerarios, una multitud de errores empresariales causados por un análisis erróneo de la coyuntura propiciado por la actuación de los bancos centrales, y un proceso inflacionario en determinados sectores (por ejemplo el de la construcción).
Y, hoy como en la Gran Depresión, la respuesta política es la peor que puede darse: seguir distorsionando el mercado a base de inyecciones de liquidez en la economía, dinero que no está respaldado por ninguna riqueza objetiva, y de tipos de interés artificialmente bajos.
En la Gran Depresión, los responsables de la economía constataron que los bancos estaban fallando y llegaron inmediatamente a la conclusión de que el problema era la falta de liquidez. Observaron que bajaba el gasto de los consumidores y asumieron que necesitaban más dinero. Vieron que se recortaban las líneas de crédito a las empresas y pensaron que se necesitaba más crédito.
Esa fue la senda que siguieron los Presidentes Hoover y Roosevelt al comienzo de la Gran Depresión. Y aunque ya se ha constatado que las medidas de entonces tuvieron como consecuencia prolongar 20 años una crisis que el mercado hubiera resuelto en tres, el remedio inflacionista ha seguido siendo la respuesta política a la que recurren primero los políticos. Entonces como ahora, la solución que se quiere aplicar es la misma: poner en marcha la plancha de billetes y dejar que produzca su magia. Alan Greenspan, por ejemplo, que tiene fama de haber sido un “halcón” perseguidor de la inflación, respondió con la plancha de hacer billetes a cada una de las crisis que se produjeron durante su mandato.
Lo que parecen incapaces de identificar los responsables de la política económica es la verdadera causa de la crisis, que siempre se sitúa en el pasado. Es la expansión de la masa monetaria y del crédito la que causa desequilibrios que acaban por convertir las bonanzas en desastres. La economía no consiste en recopilar y manipular datos para servir intereses espurios. La causa de la crisis no han sido las puntocom ni la construcción, aunque a los políticos les viene muy bien que la gente lo crea y piense que la crisis es una intervención divina para castigar a los avariciosos o al malvado Presidente de los Estados Unidos, o a ambos a la vez.
Como señala Antony Mueller en su blog Money, Markets, and the Business Cycle, hay tres sistemas de precios, esenciales para la economía moderna, que reaccionan de manera especialmente sensible a la manipulación política: el precio del petróleo, los tipos de interés y los tipos de cambio. Eso no quiere decir que los bancos centrales puedan imponerlos, sino que estos precios responden con especial rapidez y de manera espectacular a los ERRORES POLÍTICOS
Las expansiones y contracciones del crédito precipitan las crisis económicas, pero la política monetaria no es la única que determina su duración, alcance y configuración. Intervienen otros factores. Las intervenciones gubernamentales en las fases iniciales de la Gran Depresión empeoraron las cosas, al impedir por la fuerza una bajada de salarios, adoptar medidas proteccionistas, pagar con dinero público las quiebras bancarias y distorsionar las operaciones de mercado. Bush, al que hoy la prensa acusa de “ultraliberalismo”, y Obama han actuado de idéntica manera; Bush comenzó su campaña proteccionista con la imposición de aranceles sobre las importaciones de acero, lo cual dio lugar a un fuerte encarecimiento de todos los productos siderúrgicos fabricados en los Estados Unidos y respuestas proteccionistas de sus competidores; la oleada de protestas que esto suscitó le llevó a abolir posteriormente este arancel, pero sólo para imponer otros nuevos sobre la madera, los crustáceos, el vestido y otros cien productos tecnológicos y suministros industriales. Por su parte, en su paquete de medidas de rescate, el Presidente Obama introdujo la cláusula proteccionista “Buy American”, que ha suscitado furiosas protestas de la Unión Europea, China y Japón, y otras medidas de menor calado pero igualmente significativas, como las restricciones impuestas a los transportistas mexicanos para acceder al mercado del transporte de los Estados Unidos.
En lo que se refiere a las ideas para salir de la crisis, tampoco parece que se distingan Bush y Obama. En 2002 Ben Bernanke, entonces Presidente del Consejo de Asesores Económicos de Georges W. Bush y hoy máximo responsable de la Reserva Federal con Barak Obama, en un discurso pronunciado con el que pretendía acabar con los temores respecto del futuro de la economía, llegó a declarar lo siguiente: “El Gobierno de los Estados Unidos dispone de una tecnología, llamada plancha de impresión (o su equivalente electrónico), que le permite producir tantos dólares como quiera sin costo alguno. Al incrementar el volumen de dólares en circulación, o incluso amenazar de manera con llegar a hacerlo, el Gobierno también puede reducir el valor del dólar en términos de bienes y servicios o, lo que es lo mismo, elevar el precio en dólares de dichos bienes y servicios. Llegamos a la conclusión de que, en un sistema de papel moneda, un gobierno determinado siempre puede generar una elevación del gasto y, con ello, una inflación positiva”.
Viejos perros con nuevos collares. Mucho me temo que esta crisis se parece mucho a la de los años treinta, y que las respuestas políticas que alargaron y agravaron la crisis de entonces se parecen demasiado a las que se están adoptando en la actualidad, con la circunstancia agravante de que las de entonces tenían un alcance fundamentalmente doméstico (Estados Unidos), mientras que ahora todos los bancos centrales de las principales potencias económicas se han concertado para intervenir en una dirección común, lo cual augura que los errores que cometieron Hoover y Roosevelt en Estados Unidos adquieren ahora un alcance mundial .

Rafael Bueno 5 Mayo 2009 - 08:57

Sin ánimo de polemizar sobre el magnífico artículo de Rafael, sólo me gustaría puntualizar un aspecto sobre el Origen de la Crisis; copio la frase que quiero matizar.

“La crisis actual que está enfrentando Estados Unidos y el mundo es una Crisis Financiera que, como es sabido, se inició en el año 2006, con el estallido de la burbuja inmobiliaria”

Desde mi modesta opinión, la crisis financiera no la propició el sector inmobiliario, más bien fue al revés. En 2006 el volumen de venta en obra nueva en España alcanzó las 690.000 unidades y durante 2007 se continuó con buenos niveles de venta hasta que volvimos de vacaciones, después de un agosto con malas noticias procedentes del sistema financiero americano. Aún así, hablar de burbuja inmobiliaria, pienso que es ir demasiado lejos, más burbuja me parece la bolsa con bajadas cercanas al 60%.

[…] y configuración. Intervienen otros factores. Las intervenciones gubernamentales …Leer la noticia completaEconomy Weblog » ¿Se parece la actual crisis económica a la de los […]

Francisco Z. Lantos 9 Marzo 2013 - 13:26

¿PORQUE NO SE PUEDE COMPARAR EL PROBLEMA DE LA CRISIS ECONÓMICA MUNDIAL CONOCIDA COMO EL GRAN DEPRESIÓN DE LOS AÑOS 1929-1930 CON LA DE NUESTRA?

Hoy para muchos de nuestros nuevos tipos de males, surgidos después de la revolución industrial, a los que aún no hemos encontrado la solución para resolverlos, se suele oír opiniones que el hombre siempre ha encontrado las soluciones y medios para resolver todos sus problemas, esperando que hoy también ocurra lo mismo.

Esta cómoda y confiada creencia se basa en el que hasta los principios del siglo XX cuando la población del mundo ha sido aún de 2.300 millones y el consumo de energía de hombre se podía considerar como normal, que corresponde a su naturaleza especial humana, y la evolución y desarrollo de la vida ha sido bastante lenta para poder adaptarse con la conducta y actividades de los hombres de aquellas sociedades, esto realmente ha sido posible de realizar y era verdad.

Empero, hoy cuando la población del mundo con su 7.000 millones es tres veces más y la media de consumo de energía por persona extendida, por toda la población del mundo es 3-4 veces mayor de lo normal, al que multiplicando con 3(aumento de población) X
3-4 (aumento de consumo de energía) = 9-12 veces más consumo de energía que existía en los tiempos de la Gran Depresión en los años 1929-1930, pero que este antinatural y negativo cambio aún no ha llegado a su techo, sino que según las estimaciones de las Naciones Unidas, la población del mundo para el año 2050 puede alcanzar la cifra de 9.600 millones y el antinatural y enfermizo consumo de energía extenderse entre todos los países del mundo, lo que significaría 4 (aumento de la población) X 3-4 (aumento de consumo de energía) = 12-16 veces más consumo de energía que existía en el tiempo de la Gran Depresión en el año 1929-1930, que nuestro planeta tendría que producir durante estos 80 años, de los que hasta hoy, gastando ya gran parte de los recursos naturales de nuestro planeta, no hemos podido de satisfacer ni la mitad que el hombre contemporáneo por su modo de vida ha exigido, manifestándose ya el primer aviso, el actual crisis económico mundial, extendido esto ya entre todos los países del mundo.

Este hecho nos demuestra claramente que tomando en consideración, estos cambios tan drásticos, ya no vale la creencia que “el hombre como siempre, ahora también va encontrar la solución correspondiente”, que en este caso sería un autoengaño, por lo que para resolver este grave problema tendríamos que reconocer, que aceptando este negativo acontecimiento, (nunca existida en este escala), como algo natural y tratando directa y separadamente y sin relacionarla con una causa, como estamos haciendo, esto tendría que acabarse en un catastrófico fin, por lo que la única solución que nos queda es centrar nuestras investigaciones sobre la causa de este negativo acontecimiento, al que ya sabemos que es la extremadamente materialista “filosofía del mundo y de la vida”, del hombre contemporáneo y la solución es de restablecer la justa “filosofía del mundo y de la vida”, de la especie humana, que exigiría el conocimiento real de la naturaleza psicosomática del hombre, que es un cuestión filosófica, que no nuestros economistas, quienes pretenden resolver este problema, sino nuestros grandes filósofos podrían encontrar la solución necesitada, cuyas “filosofía del mundo y de la vida”, al no coincidir con la indefinida, confusa e incluso contradictoria “filosofía del mundo y de la vida”, de nuestras sociedades, estas intentan despreciarlas, sin interesarse a sus ideas.

Madrid 29 de Diciembre de 2011 Francisco Z. Lantos Dr. Arquitecto

Francisco Z. Lantos 13 Noviembre 2013 - 21:19

– Para comprender porque ha surgido la crisis económica mundial tenemos que reconocer que este mal no es aislado de otros nuestros innumerables e interrelacionados males, que no existían antes de la revolución industrial, sino son los manifestados efectos de una causa común, y esta causa es la naturaleza especial de la especie humana, cuya conducta no es constante y preestablecido, como de los otros seres animados (animales), sino al estar compuesta su naturaleza no sólo de instinto, sino también de espíritu, la influencia de una sobre la otra, pendiente del estado psicosomático de su naturaleza, él obtiene su libertad para sus actos, que sólo es favorable cuando logra establecer el justo equilibrio entre ambos, y sólo cuando logra adaptarse con su conducta a las Leyes de la Naturaleza, y evitar causar daños al perfecto desarrollo y funcionamiento de nuestro mundo, dentro de lo que realiza su vida. Como este perfecto e ideal estado, por exageradamente materialista “filosofía del mundo y de la vida” hoy hemos perdido, mientras no lograremos recuperar este estado ningún intent5o practico podría frenar el progresivo empeoramiento de nuestros males y resolver el problema de crisis económica mundial.

Francisco Z. Lantos 2 Enero 2014 - 19:50

– Si la población del mundo continuara creciendo con un ritmo de 80-90 Millones por año, esta para el año 2050 puede alcanzar la cifra de 9.600 millones, y el excesivo consumo de energía se extenderá ente todas las civilizaciones como existía en los países económica e industrialmente desarrollados, nuestro planeta no podría suministrar esta antinatural demanda materialista, cuya consecuencia será un colapso total de la económica mundial.
Evitar este catastrófico fin, tenemos que concentrar nuestros investigaciones sobre la causa de este inesperado fenómeno, porque el tratamiento solamente sobre su manifestado efecto se empeorara aún más nuestra situación.

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