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Dic

Ha llegado la hora de la ‘flexiguridad’

Escrito el 18 diciembre 2008 por Daniel Fernández Kranz en Economía española

¿Preparados para lo próxima reforma laboral en España? No tardará mucho en llegar y se llamará flexiguridad.

Flexiguridad (flexicurity en inglés) es quizás uno de los términos más usados últimamente cuando se habla de mercado de trabajo en Europa. Y es seguramente el término al que más se alude en España cuando se discute de posibles reformas del mercado laboral. Todo indica a que no tardaremos mucho en ver en España la aplicación de una versión más o menos modificada de este modelo, y ello por dos motivos. El primero es que parece haber tenido éxito allá donde se ha utilizado (Dinamarca, Países Bajos, Finlandia). El segundo, es que la situación del mercado laboral español es nefasta, lo que crea las condiciones adecuadas para intentar una reforma (la última reforma seria se hizo en 1994 cuando la tasa de desempleo se acercaba al 20%). Baste recordar algunas de las declaraciones recientes por parte de organizaciones empresariales, y gobierno recalcando la necesidad de introducir reformas laborales y en el sistema de prestaciones de desempleo, que aunque no se mencione, se parecen mucho al modelo de la flexiguridad (‘El Gobierno mejorará “en lo posible” la prestación por desempleo’ El País, 10-12-2008; ‘La CEOE pide abaratar el despido para afrontar la crisis’ El País 26-09-2008 ). Sin ir más lejos, el boletín económico del Banco de España de enero de 2008 se titulaba: ‘La flexiguridad como modelo para los mercados laborales europeos’.


¿Qué es la flexiguridad? ¿Es realista este modelo para el caso de España? La flexiguridad es la combinación de flexibilidad laboral y seguridad y sigue el modelo que se implantó en Dinamarca a mediados de los 90 para combatir el paro. Este modelo descansa en tres pilares: (1) libertad para contratar y despedir a trabajadores (flexibilidad para el empresario), (2) elevada generosidad de las prestaciones por desempleo (seguridad para los trabajadores), y (3) políticas activas de empleo. En Dinamarca, la flexiguridad es considerada un gran logro de los últimos años y el principal responsable de la baja tasa de desempleo del país, no sólo antes de esta crisis sino también ahora. Según datos de la OCDE, la tasa de desempleo armonizada de Dinamarca era en 2006 de un 3,9%.

Lo más sorprendente, sin embargo, es que en medio de la crisis económica, la tasa de desempleo danesa no sólo no ha aumentado sino que ha disminuido al 3,2%. Aunque existen estudios que critican estas cifras, argumentando que esconden un cierto nivel de desempleo encubierto, lo cierto es que la evolución del desempleo en el país nórdico es envidiable. Además, la evolución del paro en los otros dos países que han aplicado la flexiguridad es igualmente positiva. En Finlandia, la tasa de paro era del 7,7% en 2006 y del 6,4 en octubre de 2008. Por su parte, en los Países Bajos, la tasa de paro era del 3,9% en 2006 y del 2,5% en octubre de 2008. Aunque es de sobras conocido, es importante comparar estas cifras con la subida espectacular del desempleo en España durante este período, pasando del 8,5% en 2006 al 12,8% en octubre pasado.

La idea que subyace este modelo es un tanto idílica, y responde a una realidad laboral bien distinta a la nuestra. La idea es que con este modelo, el empresario pierda el miedo a contratar (ya que despedir es barato) y que esto reduzca la tasa de paro. Además, si la tasa de paro es baja y las prestaciones por desempleo generosas, entonces el trabajador pierde el miedo al despido, ya que encontrará otro trabajo pronto (la tasa de paro es baja) y mientras lo encuentra estará bien dotado con una prestación más que suficiente. Así, se calcula que en Dinamarca un treinta por cien de los trabajadores cambia de empleo cada año, lo cual no supone ningún trauma ya que con una tasa de desempleo del 3,2% no se tarda mucho en encontrar otro empleo, y además si no se encuentra, el Estado te paga una prestación que cubre el 90% de tu salario anterior por cuatro años y con un tope de 2,000 € al mes. Estas prestaciones por desempleo pueden parecer insostenibles para las arcas públicas, pero lo cierto es que las políticas activas de empleo junto con las buenas oportunidades que ofrece el mercado de trabajo conducen a que Dinamarca tenga una de las tasas de desempleo de larga duración más bajas de la UE (25% de todos los desempleados contra un 40% de media en la UE).

Llegados a este punto, cabe preguntarse si una hipotética reforma del mercado laboral español, a modo de flexiguridad, tendría los mismos resultados aquí que los que tuvo aparentemente en Dinamarca. Y aquí es donde surgen dudas importantes. Para empezar, la tasa de desempleo española se sitúa ahora en el 12,8% y según varios estudios podría alcanzar el 15% el año próximo. Para algunos colectivos (mujeres y jóvenes) esta tasa de paro se llega a duplicar. Esta situación difiere mucho de la danesa, incluso en los años 90 cuando Dinamarca se planteó la flexiguridad como solución a un problema ‘acuciante’ de paro que se traducía en una tasa de desempleo de poco más del 8%. Dado que uno de los ideales de la flexiguridad es que el trabajador no le tema al despido, cabe preguntarse si el momento adecuado para introducir este modelo es el actual, con una tasa de paro elevada y en aumento. En segundo lugar, las políticas activas de empleo en España, gestionadas por el INEM, han sido un fracaso a todas luces. No es infrecuente que un desempleado en España rechace una oferta de empleo proveniente del INEM por considerarla no apta o por estar el puesto de trabajo demasiado lejos de casa, sin perjuicio de perder la prestación por desempleo. Además, el gasto en políticas activas de empleo en España es asombrosamente bajo. En un estudio del Banco de España sobre quince países europeos en cuanto a gasto en políticas activas de empleo, España se situaba en el puesto número 14, sólo por delante de Grecia. De los tres elementos que constituyen la flexiguridad, el de las políticas activas de empleo es el más importante. Si este elemento no funciona, la flexiguridad se puede convertir en un túnel sin salida donde el desempleo crece, el coste social del mismo se vuelve insostenible y la productividad baja.

Dado que España parece estar decidida a subirse tarde o temprano al carro de la flexiguridad, es imprescindible pedir a los agentes económicos y sociales que no se caiga en el error de españolizar este modelo, ya que los resultados en ese caso podrían ser catastróficos para el mercado laboral y la hacienda pública española.

Comentarios

Miguel 17 diciembre 2008 - 21:42

Me ha parecido un artículo muy bueno, valorando los pros y los contras de su implementación en España.

Yo soy optimista acerca de su viabilidad en España, pero claro, debe incluir un aumento acorde de las politicas activas de empleo, e incluso dejar de fomentar la compra de vivienda, y flexibilizar el mercado del alquiler, con una regulación demasiado ventajosa para el inquilino, que acaba siendo peor para este, pues encarece en gran medida el alquiler. Ello acabaría con la obsesión por la propiedad (ha sido históricamente más ventajoso, por el fomento institucional). Con mayor movilidad geográfica, menor paro.

Mi sugerencia es que efectivamente en este momento, no es el adecuado para implementarlo, porque justo ahora están restructurando todas las empresas sus plantillas, y tengo una teoría que me gustaría que alguien me diera su opinión:

Mi lógica es esta: Si fueras Renault, y tuvieras que cerrar el 20% de tu capacidad cerrando 2 de tus 10 fábricas en Europa (y tenemos fábricas en Bélgica, Holanda, Francia, España y Alemania por ejemplo), ¿qué te impulsa a decidir, sobre todo?
1.- La productividad/eficiencia de cada planta.
2.- Los costes logísticos. En el mercado del país afectado por el cierre habrá que transportar los modelos que se vendan, pero se fabrican ahora fuera.
3.- Un cierto nacionalismo (apuesto a que en el país de origen van a ser más cuidadosos).
4.- Los costes directos del cierre (recuperación del activo invertido y sobre todo costes de despidos…).

Hagamos varias suposiciones, para simplificar, y en los que reside la fortaleza de mi teoría:
1.- Supongamos que los costes de fabricación en España no son tan malos con respecto Europa Occidental como nos dicen (tiene lógica si somos exportadores netos de coches, aprox. producimos 1M más de lo que compramos)
2.- Los costes logísticos no son tan importantes en un coche (por ello en la práctica muchas veces ciertos modelos se especializan en ciertos países, y luego se intercambian). Además gran bajada de la gasolina y de los márgenes del transporte.
3.- El nacionalismo sí que supone una desventaja a España, pues los fabricantes europeos (mayoritarios), ninguno es español (SEAT en manos de Volkswagen). Pero sólo con respecto un solo país por empresa.
4.- Entonces resulta que lo que pueda acabar decidiendo en gran parte el cierre de plantas son los costes directos de cierre, y por tanto de despidos. Y por una vez, esta gran “lacra” para el empleo, que es gran penalización del despido, puede servir (circunstancialmente) de algo. Nos da una ventaja competitiva, pues despedir en otros países les saldrá casi gratis, y en España muy caro.

Las multinacionales no están sobrados de tesorería/recursos como para despreciar este efecto (que además tiene un impacto inmediato contablemente, lo que espanta aún más en tiempos de crisis). Ni tampoco reducir ahora mismo los costos de despido servirá para incrementar el empleo en casi ningún sector (la mayoría tiene ahora mismo exceso de trabajadores).

Eso sí en cuanto haya pasado lo peor (2009?), y las empresas hayan hecho buena parte de la reestructuración, es el timing perfecto para implementar las reformar laborales, con las que estoy en mayoría de acuerdo. Además durante este proceso recuperaríamos parte de nuestra balanza comercial, ya que exportaríamos más (curiosamente la exportación de vehículos se ha reducido un 4% en España, mientras que la caída de la compra en Europa ha sido mucho mayor (25%), ¡Qué raro!) fuente: http://www.expansion.com/2008/11/25/empresas/motor/1227615183.html
http://www.cincodias.com/articulo/empresas/venta-coches-Europa-hunde-26-mes-noviembre/20081217cdscdiemp_5/cdsemp/

Por tanto ganamos cuota de mercado.

Para mí, hacerlo ya, justo ahora, sería lo peor de lo peor. Hemos tenido ese lastre en bonanza económica, y proponemos quitárnoslo justo cuando hacerlo es una desventaja.

¿Falla en algo mi lógica?

PD: Perdonar el ladrillo que he dejado.

Adrian_h 18 diciembre 2008 - 11:00

Yo creo, y además queda perfectamente explicado en el artículo, que la flexiseguridad es muy buena si se implantan las condiciones necesarias.

Respecto al momento actual,creo que el problema de implantarla sería que no tenemos las condiciones necesarias para ello, es decir las políticas activas de empleo. ¿Entonces que hacemos, dejar las cosas como están o implantar algunos elementos de la flexiseguridad?

Si dejamos las cosas como están no se va a reducir el desempleo por los motivos indicados por Miguel, ya que si una fábrica no cierra porque le cuesta despedir, al final la empresa al no ser rentable puede presentar suspensión de pagos. Con la situación actual y las leyes actuales, las empresas no pueden ser flexibles para disminuir su producción por los costes laborales.

Si actualmente, como medida transitoria hasta que se fomenten las políticas activas de empleo, se disminuyeran los costes laborales y se disminuyeran también las prestaciones por desempleo, las empresas podrían ajustarse mejor al ciclo y esto fomentaría la busqueda activa y la movilidad por parte de los trabajadores.

Por lo tanto, de las condiciones de la flexiseguridad, se trataría de sustituir en la actualidad responsabilidades: En el modelo de flexiseguridad, es el estado el que fomentará activamente el empleo para no tener que pagar las elevadas prestaciones. Mientras en este parche transitorio, sería el trabajador, que como no cobra prestación, va a intentar trabajar lo antes posible, fomentando la movilidad sectorial y geográfica.

Ximo 18 diciembre 2008 - 12:01

Genial artículo. A ver si un día tocais el tema de los funcionarios.

El problema es que cuando vuelvan los tiempos de bonanza, el partido que por entonces gobierne dudo mucho que se atreva ni siquiera a proponer algo así por muy de acuerdo que esté y por muy sensatas que sean las medidas.

Creo también que la forma de ser de los europeos del norte dista mucho de la los trabajadores mediterráneos. Estarían los sindicatos dispuestos a aceptar la flexiseguridad? Porque en este país, facilitar la contratación y el despido al empresario ya es motivo de alarma y manifestaciones.

Antonio Jimenez 18 diciembre 2008 - 21:15

Las ideas que funcionan son como son. No se les puede dar la vuelta. La flexiguridad requiere aumentar las prestaciones por desempleo y mayor contribución impositiva de las rentas mas altas.
Si no hay dinero, no hay flexiguridad.

Anónimo 10 febrero 2009 - 00:54

[…] de

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