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Crisis económica: ¿qué es la tasa Tobin?

Escrito el 28 Octubre 2008 por Rafael Pampillón en Diccionario de Economía, Economía Mundial

La grave y tremenda crisis financiera a la que desgraciadamente estamos asistiendo ha dejado claro, entre otras cosas, que la total liberalización de los mercados de capitales puede acarrear perjuicios. De ahí que muchos economistas estén abogando por ciertas restricciones a la total libertad de movimientos de capitales. En este sentido, la reunión del G-20 para construir un nuevo orden económico mundial (una especie de Bretton Woods 2) que tendrá lugar el 15 de noviembre ha resucitado la llamada tasa Tobin. Antes de pasar a explicar el significado de este impuesto (ya que es un impuesto y no una tasa) que con tanta fuerza está resurgiendo en los últimos días, conviene echar la vista atrás y conocer el contexto en el que fue presentado en 1978 por James Tobin (premio Nobel de Economía en 1981). La historia comienza en 1971, año en que se rompe con el sistema monetario internacional definido en Bretton Woods (1944) según el cual las monedas de los principales países del mundo estaban vinculadas al dólar con un tipo de cambio fijo.


A partir de los años setenta y con la primera crisis del petróleo comenzó la discusión de si convenía más tipos de cambios fijos o tipos de cambio flexibles (flotantes), en un mundo con una creciente movilidad de capitales y dónde la desregulación, las telecomunicaciones y los sistemas informáticos hacían y hacen en cuestión de milésimas de segundo lo que antes podía llevar varios días. En este contexto, las naciones debían optar por uno de los dos modelos cambiarios básicos con sus consiguientes ventajas y desventajas. Por poner un ejemplo de las desventajas de tipo de cambio flotante baste recordar los graves problemas que experimentó la industria norteamericana en los años 80 (lo mismo que le está ocurriendo ahora), cuando el dólar americano se apreció frente al yen. Ahora es frente al euro. Entonces puso en peligro el apoyo de Estados Unidos a la liberalización multilateral del comercio y ahora también. Otro ejemplo es la apreciación del euro que se ha producido en los últimos años, y la consiguiente pérdida de competitividad de la industria europea. Pero los tipos de cambios fijos también han generado problemas. Algunos ejemplos ilustrativos lo constituyen las crisis del Sistema Monetario Europeo (1992 y 1993), la crisis de México en 1994, la de Asia en 1997, Brasil 1998 y Argentina 2001.

Entonces, ¿no es lógico pensar que un sistema intermedio, un tipo de cambio flexible con ciertas restricciones, puede ser una buena idea? Por esta razón, el economista norteamericano James Tobin, apoyado en las tesis de Keynes, sugirió la idea, de introducir un impuesto (tasa Tobin) en torno al 0,5% sobre los flujos internacionales de capital a corto plazo, para de esta manera frenar los flujos de capitales con carácter especulativo y dotar a la política macroeconómica interna de mayor eficacia, frenando los movimientos especulativos de capital que tanto daño hacen a los tipos de cambio. Con esta tasa se reduciría la volatilidad de los tipos de cambio y se frenaría la especulación en los mercados financieros.

¿Qué piensan los economistas sobre la tasa Tobin? Ya sabes que si pides opinión a dos economistas tendrás dos opiniones distintas, a menos que uno de ellos sea Keynes y entonces tendrás tres. Es evidente que dentro de la profesión existen diferentes aproximaciones a esta cuestión, sobre todo desde el punto de vista teórico. No obstante, a pesar del éxito del concepto, la mayoría de los economistas nos decantamos por lo siguiente:

Primero. No siempre está clara la distinción entre movimientos de capitales “especulativos” y “productivos”. En la práctica, es muy fácil transformar los unos en los otros, por lo que a todos los especuladores les resultará sencillo evadir la tasa Tobin y eso la haría ineficaz. Esto puede llevar a gravar todo movimiento y no están muy claros los efectos positivos finales como el propio Tobin señaló en 1992.

Segundo. Para ser viable la tasa Tobin debe ser adoptada por todos los países del mundo sin excepción. En caso contrario, todos los intermediarios financieros realizarían sus operaciones desde un lugar exento y se imposibilitaría alcanzar los objetivos propuestos.

De ponerse en práctica ¿Quién gestionaría la tasa Tobin? ¿Debe ser el BIS (El Banco Internacional de Pagos de Basilea) o el FMI o el Banco Mundial? ¿Qué se debe hacer con el fondo (dinero) generado por la Tasa?

Comentarios

hugo chavez de borbon 28 Octubre 2008 - 21:09

que viva la tortilla con cebollas

amarchante 29 Octubre 2008 - 14:00

Buen tema. Seguro que los miembros que van a participar en la cumbre lo han tenido en consideración. Pero no creo que volvamos a los cambios fijos, es un tema bastante complicado de dirigir. Seguramente tomen otras formas de control como la regulación (y no autorregulación). Pero en temas excepcionales como estos cualquier medida puede entrar en juego.

Javier Prieto 31 Octubre 2008 - 20:06

Complementando tu explicación sobre la Tasa Tobin, creo interesante destacar el impulso que dieron a esta causa grupos como ATTAC. ATTAC, grupo del que James Tobin se mantiene al margen, defiende la utilización de los fondos recaudados para luchar contra la pobreza y reclama el incremento de controles sobre el sistema financiero.

Eduardo 4 Noviembre 2008 - 13:34

Desde que leí este artículo he estado pensando mucho sobre el tema. Ante todo empiezo diciendo que yo no soy economista, ni entendido, ni nada por el estilo. Pero me interesa el tema cuando menos.

Dado que la tasa Tobin es inviable en la práctica, dado que siempre existirá algún paraiso fiscal o es un dinero cobrado por no se sabe muy bien quién… ¿no sería más fácil implantar un sistema de cambio semi-fijo? Es decir: el valor de las divisas es variable, como ahora, pero sólo revisado cada cierto periodo de tiempo: un mes, un trimestre… lo que sea.

¿No frenaria eso ya gran parte de la especulación a corto plazo?

Xcar 27 Noviembre 2008 - 08:22

Muy claro, muchas gracias

Carlos Giardino 11 Diciembre 2008 - 22:02

Apreciados lectores: toda teoría sobre el comportamiento económico de las sociedades carecen como tales de precisión. Son una aproximación transitoria y más o menos certera de una realidad. Pueden ser predictivas o descriptivas, normativas o reguladoras. Pero nunca responderán a una ecuación matemática con un resultado cierto o único. Los paraisos fiscales, la movilidad de capitales, la codicia humana, la inmediatez de las transacciones, la competencia por la búsqueda del éxito, la libertad como bien preciado del hombre y de las sociedades, la creatividad, entre otros ingredientes de la vida, siempre estarán presentes en las actividades cotidianas individuales y colectivas. Cuando los estados nacionales disputan intereses con otros estados, siempre hay consecuencias deseadas y no deseadas. El equilibrio de los tipos de cambio precisamente es una aspiración a lograr, pero no funciona como un fin en si mismo. El desequilibrio, la existencia de ciclos, la diferncia entre la eficiencia en la productividad por unidad de creatividad, capital y trabajo, etc. de por si establecen las fluctuaciones. No hay tasa o impuesto que sea equitativo entre distintas sociedades. La mejor, pero no la única forma de aproximarse al equilibrio se sustenta en un intento de acuerdo entre los diferentes estados que regulen en forma “eficaz” y “versátil” los movimientos de capitales. Pero a pesar de esas prevenciones, seguramente los desequilibrios persistirán como existieron y padecieron los humanos a lo largo de la historia. Si la evolución de los estados no existiese, las trece colonias norteamericanas seguirían dependiendo de la corona británica o los indios charruas dominarían el territorio de la Banda Oriental. Las teorías son realidades cuando el desequilibrio es extremo y se logra la magia transitoria de los acuerdos. Luego regresan a su estado teórico a la espera de otra oportunidad.

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