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Sep

La educación, esa asignatura que no superamos

Escrito el 10 septiembre 2008 por María Jesús Valdemoros en Educación, mba´s, universidad.

Asistimos en las últimas semanas a una avalancha de malos datos sobre la coyuntura económica en España. Ayer el propio Solbes reconocía la posibilidad real de que entremos en recesión en los próximos trimestres. Sin duda, las dificultades coyunturales por las que atraviesa nuestra economía merecen los muchos titulares que ocupan. Ahora bien, conviene tener muy presente que los problemas que padecemos tienen raíces estructurales profundas. Si queremos recuperar una senda de crecimiento sostenido, hemos de encarar decididamente esos problemas.
En ese sentido, la educación se presenta como una cuestión clave. La OCDE publicaba ayer su estudio anual sobre la materia, titulado Education at a Glance. En este informe, cuyos datos corresponden al curso 2005-06, España aparece nuevamente en los últimos lugares entre los países desarrollados en la mayoría de indicadores. En nuestro país, una quinta parte de los jóvenes con edades comprendidas entre 15 y 19 años ha abandonado el sistema educativo, uno de los peores datos de la muestra. Además, sólo un 50% de la población de entre 25 y 64 años ha completado la secundaria, lo que supone casi 20 puntos menos que en la media de la OCDE. El dato es menos dramático entre las generaciones más jóvenes, ya que el 64% de los jóvenes de entre 25 y 34 años ha cursado y terminado secundaria, 14 puntos por debajo de la media de la OCDE para ese mismo tramo de edades.


Por otra parte, el porcentaje de alumnos que superan la enseñanza secundaria superior y de los que obtienen un título universitario se ha estancado en España en los últimos años (en ambos casos, nuestras cifras son inferiores a la media de los países de la OCDE). A esto habría que sumar los malos resultados que el alumnado español obtiene en los exámenes PISA, que nos sitúan de nuevo en el vagón de cola de los países más desarrollados.
Como dato positivo, señalar que contamos con un elevado porcentaje de población con estudios universitarios. Pero también esta realidad tiene una cara negativa. Nuestro país sufre una de las mayores tasas de sobrecualificación, es decir, un elevado porcentaje de las personas ocupadas desarrollan trabajos que requieren niveles de cualificación inferiores a sus estudios.
El diagnóstico es muy claro: nuestro sistema educativo sufre deficiencias graves, que deterioran progresivamente su calidad. Tenemos, además, un modelo demasiado rígido, muy alejado del que hoy aplican países líderes en la materia, como Finlandia, donde se apuesta por sistemas de aprendizaje a lo largo de toda la vida –un aspecto esencial de la educación en un mundo tan cambiante como el que vivimos en la era de la globalización y de las tecnologías de la información y la comunicación-. Es necesario hacer un replanteamiento global de la educación en España, que conduzca a reformas profundas en todas las etapas, tanto de la formación reglada o formal, como de la formación continua de los trabajadores. Un pacto de Estado, que otorgara estabilidad al nuevo modelo, contribuiría enormemente a situar la formación de capital humano en la base de un nuevo modelo competitivo para la economía española, más acorde a las exigencias de innovación, creatividad y diferenciación. que se derivan de la integración económica mundial.

Comentarios

Jose 10 septiembre 2008 - 13:05

Veo que las dos últimas entradas coinciden en su objeto de análisis, el capital humano. Pero, como ocurre con todas aquellas reformas cuyos efectos benéficos tardan en aparecer más de lo que dura una legislatura, me temo que la de la educación difícilmente entrará en la agenda del gobierno de turno. ¿Hay alguna receta mejor que un buen sistema educativo para la igualdad de oportunidades y la competitividad de un país?

Eduardo 10 septiembre 2008 - 21:17

Maria Jesus, no puedo estar más deacuerdo con tu análisis, pero el problema es que no tiene rédito electoral transformar el sistema educativo español.
Tanto socialistas como peperos, a los que se les llena tanto la boca con la igualdad y la solidaridad y demás palabras de moda, en realidad de lo único de lo que se preocupan es de ganar las próximas elecciones.
Un poquito más de inglés y menos ciudadanía, con que se enseñase los valores de la Constitución sería suficiente, pero…no es electoralmente rentable, es mejor educar en el buenismo, eliminando todo lo que signifique esfuerzo y trabajo porque ya estará Papá Estado para solucionarte la vida (queridos jóvenes y jovenas, es lo que deben de pensar los políticos), a cambio, reducimos al mínimo tu capacidad de análisis y de crítica y un voto ganado fácilmente.
En fín, que Dios nos pille confesados (si ZP no lo prohibe).

Marcos Pastor 12 septiembre 2008 - 16:06

Estoy de acuerdo básicamente con la lectura de la situación, pero no comparto las soluciones que nos propones. No las comparto, porque no podemos seguir toda la vida esperando que alguien solucione problemas en los que todos tenemos capacidades de actuación.

Las empresas, y en especial las escuelas de negocio, tienen que ser conscientes de que la mejora de la competitividad española pasa necesariamente por mejoras en la formación.

Todavía son pocas las empresas que tienen un plan de formación e incorporación de becarios, donde estos de verdad obtengan una formación práctica y de consolidación de conocimientos.

Tampoco es habitual ver en nuestro panorama, que las empresas busquen una forma flexible y sencilla de financiar cursos de especialización y postgrado, algo que podría suponer un impulso para esta formación tan necesaria en estos momentos, aquí son las entidades financieras las primeras que deberían apoyar proponiendo soluciones y asumiendo mayores riesgos.

Fernando Peral 12 septiembre 2008 - 19:47

Es curioso que un país que refleja un fracaso escolar importante cuente con algunas de las instituciones de posgrado privadas más prestigiosas (IE, IESE, etc…), o tal vez sea lógico. Lo que se enseña en las universidades no tiene un enfoque riguroso y práctico. Las instituciones privadas suplen esa carencia, situando los conocimientos en perspectiva.

En la escuela los planes de estudio y las asignaturas se multiplican, pero se enseña cada vez menos a adquirir los conceptos básicos que permiten cimentar una base cultural sólida, y a razonar con rigor.

Todos los expertos coinciden en que hay que dar mucha más importancia a asignaturas como la lengua (incluidas las lenguas clásicas – el latín y el griego – y lenguas modernas de cultura – inglés, francés y alemán), la filosofía, la aritmética y las matemáticas, esforzándose por despertar la curiosidad y el espíritu crítico, y calificando de manera exigente pero justa.

Yo vivo en el extranjero, y mantengo alguna relación con la universidad de la ciudad donde vivo, donde he impartido clases de posgrado a alumnos de lengua española, y mi experiencia – limitada, lo reconozco – es que los alumnos españoles que han pasado por mis aulas (unos cincuenta) demuestran en su mayoría una base cultural endeble y un nivel de rigor y pensamiento crítico notablemente inferior a la mayoría de sus compañeros latinoamericanos.

Por supuesto, hay excepciones notables, pero la tónica general entre los alumnos españoles de estos últimos cinco años – como los que he tenido en mis clases – es un profundo desconocimiento de su propio idioma y de su cultura y, en consecuencia, de los idiomas extranjeros y de la cultura universal. No es su culpa, construyen sobre arenas movedizas. No hay soluciones mágicas, todo ha de basarse en el esfuerzo, el rigor y la selección basada en la competencia a partir de la escuela secundaria, clave de los sistema que funcionan mejor. No todos han de llegar a la universidad, y todos han de encontrar una manera de ganarse la vida satisfactoria. Es duro, pero es así… a menos que queramos seguir viendo a abogados trabajando de camareros y a economistas dedicados a vender ropa.

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