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Déficit público: ¿Se podría evitar? ¿Durará mucho?

Escrito el 24 septiembre 2008 por María Jesús Valdemoros en Economía española

Los tres años consecutivos de superávit en las cuentas de la Administración del Estado son ya historia. Según publicaba ayer el Ministerio de Economía y Hacienda, el Estado acumula un déficit de 14.638 millones de euros al finalizar agosto, equivalentes al 1,31% del PIB en términos de contabilidad nacional. De esta forma, el desequilibrio entre gastos e ingresos se sitúa prácticamente un punto por encima del 0,4% registrado en junio, mes en el que reaparecían los números rojos por primera vez desde mediados de 2005. Algunas previsiones anticipan un déficit agregado para el conjunto de las Administraciones Públicas (AAPP) del 0,6% del PIB a final del año, frente al superávit de más del 2% del PIB en 2007. En pocas palabras, a lo largo de un año el deterioro de los saldos públicos alcanza 3 puntos de PIB.


Causas del déficit público

Como bien explica el propio Ministerio, este rapidísimo deterioro de las cuentas públicas es consecuencia de la intensa desaceleración de nuestra economía, cuyos efectos directos sobre el déficit se producen a través de los estabilizadores automáticos –descenso de la recaudación impositiva por la menor actividad e incremento del gasto por el aumento de las prestaciones-. Asimismo, los gastos aumentan hasta agosto en 13.250 millones de euros por la inyección de liquidez a familias y empresas resultante de los cambios normativos y rebajas fiscales con los que se pretende hacer frente a la complicada coyuntura económica.

¿Se puede evitar el déficit público?

Pero, ¿puede nuestra política fiscal contrarrestar los efectos de la crisis? Mi opinión personal es que no. Trataré de explicar mi postura. Por un lado, la política fiscal, cuya orientación conoceremos próximamente con los Presupuestos Generales del Estado, se encuentra privada de la ayuda de las políticas monetaria y cambiaria, hoy en manos del Banco Central Europeo. Es más, también tiene restringido su margen de actuación por el Pacto de Estabilidad y Crecimiento.

Por otro lado, más que una política fiscal tenemos varias políticas fiscales, ya que el Estado ha visto menguar su peso en el conjunto de las Administraciones Públicas a favor de Comunidades Autónomas y Administraciones Locales. A esto hay que añadir que una parte sustancial de las partidas de gasto ya viene comprometida por lo presupuestado en ejercicios anteriores.

Tenemos déficit fiscal para rato

Por último, y esto creo que es lo más importante, la crisis que atravesamos y cuya duración puede ser de varios años no es sino el pago que debemos afrontar por los excesos de la última década. Hemos gastado, como país, muy por encima de nuestras posibilidades. Esto nos ha obligado a pedir prestado continuamente al resto del mundo, hasta acumular una deuda exterior que supera el 70% del PIB. Y lo hemos hecho para financiar, sobre todo, gasto no productivo, gasto que no incrementa nuestra productividad ni nuestra capacidad de crecer sostenidamente. Hemos gastado sin pensar demasiado en el futuro.

En estas circunstancias, no queda otra opción que apretarse el cinturón, máxime cuando la crisis financiera internacional dificulta el acceso al crédito y la liquidez, especialmente para nosotros, pues los inversores extranjeros han incrementado las primas de riesgo exigidas a España. La política fiscal no puede impedir que esto suceda. De hecho, hay que pedirle que se sume a la austeridad a que todos nos vemos obligados. Es la mejor fórmula para mantener una credibilidad que de otra manera no tardará en evaporarse con la misma rapidez con que lo ha hecho el superávit.

Comentarios

S. Heredero 24 septiembre 2008 - 10:15

Como siempre en estos casos, toca llamar a Keynes y renegar de Friedman y de sus amigotes de la Escuela de Chicago. En Estados Unidos ya han procedido. Zapatero todavía duda. Y en la duda no se actúa. De momento, el mercado ya le ha demostrado que no suele tener ganas de corregirse solo.

Jose Luis 24 septiembre 2008 - 10:44

Me temo que Keynes no va a poder ayudarnos mucho en este caso. Echar más leña al fuego de la demanda interna no corregirá los desequilibrios, sino que los exacerbará. O elevamos nuestro producto potencial con actuaciones por el lado de la oferta, o estamos apañados. Si las Administraciones Públicas gastan más, que lo hagan en crear capacidad productiva

Edu 24 septiembre 2008 - 11:13

Estoy con Jose Luis, necesitamos incrementar nuestra productividad. Puede que aumentando la demanda interna podamos salir de esta crisis en cuanto el crédito vuelva a ser “normal”, pero claro, el mal ya está hecho, el modelo productivo agotado, y después de recuperarnos de la crisis actual vendrá otra mucho peor, para la cual no “estaremos preparados”.

Fernando Peral 24 septiembre 2008 - 20:08

El déficit tiene una muy importante dimensión estratégica: puede considerarse como una herramienta para el futuro, o bien no ser más que el resultado de la gestión.

Como herramienta, puede permitir alcanzar objetivos económicos razonables (o no, según el acierto de quién la utiliza).

Como resultado, siempre es nefasto, porque es la prueba palpable de la incapacidad de los gestores.

Así pues, hay que plantearse la siguiente pregunta: el actual déficit ?es para el Gobierno una herramienta, o el resultado de su gestión?

Si se trata de lo primero, se podría haber evitado pero servirá para que dure menos.

Si se trata de lo segundo, no hubo manera de evitarlo y durará mucho.

Carlos Ampuero 25 septiembre 2008 - 22:58

Contestando a Fernando Peral, las cifras de ejecución presupuestaria (déficit, equilibrio o superávit) son ambas cosas (herramienta y resultado de la gestión de las AAPP). Precisamente por eso el saldo presupuestario se desglosa en estructural y coyuntural. El primero obedece a la estructura de gastos e ingresos impuesta por las AAPP cuando la economía crece a una tasa promedio durante el ciclo: es por tanto, una herramienta de las AAPP para llevar a cabo sus políticas (sociales, de infraestructuras, redistribución, fomento de actividades prodcutivas, fomento del consumo privado con el famoso cheque de los 400 euros, etc.). El segundo depende de la evolución cíclica, dados los estabilizadores automáticos existentes por el lado del gasto y de los impuestos. El hecho de que se haya disparado el déficit en pocos meses obedece (aparte de al cheque de los 400 euros) al funcionamiento de los estabilizadores autómaticos en una economía que ha pasado en un año de crecer de casi el 4% a entrar en recesión. Resumiendo: España tiene un déficit público estructural cercano al límite máximo del PEC y la práctica totalidad del superávit existente en años anteriores era coyuntural.

Amarchante 26 septiembre 2008 - 18:04

Yo me quedaba horrorizado cada vez que veía que bajaba la inversión en bienes de equipo y lo único que aumentaba en la inversión en bienes no duraderos. Además, ya nos lo advertía el indicador sintético de actividad: caía progresivamente.

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