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El economista naturalista

Escrito el 7 mayo 2008 por Rafael Pampillón en Miscelánea

“El economista naturalista” (en busca de explicaciones para los enigmas cotidianos) es un libro de cuestiones y ejemplos relacionados con la economía (microeconomía). Está publicado por Ediciones Península. Barcelona, 2008. 297 págs. 22,9 €. Traducción: Carlos Fernández-Victorio. La versión inglesa lleva este título: The Economic Naturalist: In Search of Explanations for Everyday Enigmas.

El autor Robert Frank, es también autor, junto con Ben Bernanke, de dos libros titulados Macroeconomía y Microeconomía. Robert Frank, a partir de situaciones reales, quiere inculcar en el lector eso que se llama “mentalidad económica”. Para conseguirlo utiliza como sistema hacer muchas preguntas concretas, a veces fáciles y otras difíciles, pero siempre provocativas y relacionadas con conceptos económicos. Son casos concretos que permiten al lector pensar y hacer pensar. Algunos de los ejemplos o preguntas son temas que resultan interesantes para discutir y hablar con la familia y los amigos. Es más, esas conversaciones, con familia y amigos, pueden proporcionar la posibilidad de hacer comprender a otros algunos principios económicos.


¿Cuál es la tesis de El economista naturalista? Qué aprender economía es como aprender a hablar un idioma. Es importante empezar despacio y ver una misma idea en múltiples contextos. Algunos casos son ejemplos valiosísimos que si eres profesor los puedes utilizar en clase. Transcribo algunas de las muchas preguntas de las que consta el libro El economista naturalista:

¿Por qué las tiendas que abren las veinticuatro horas del día tienen cerraduras en las puertas?

¿Por qué el tapón del combustible está en el lado del conductor en unos coches y en el del copiloto en otros?

¿Por qué los retratos en las monedas están de perfil mientras que los de los billetes están de frente?

¿Por qué es más caro hacer una transferencia bancaria que enviar dinero por correo en un cheque?

¿Por qué muchos bares cobran el agua a sus clientes, pero les regalan los cacahuetes?

¿Por qué los taxistas terminan antes la jornada los días de lluvia?

¿Por qué una empresa eléctrica contrata en exclusiva un abogado externo a un precio elevado cuando podría tenerlo en plantilla por menos de la mitad de lo que pagaría por él?

¿Por qué en Alemania la tasa de desempleo es mucho más alta que en Estados Unidos?

¿Por qué en Estados Unidos los consumidores pagan más del doble del precio internacional del azúcar?

¿Por qué los motores de los coches son mucho más pequeños en Europa que en Estados Unidos?

¿Por qué aumenta la edad media para contraer el primer matrimonio?

¿Por qué se suele considerar atractivo el recato?

¿Por qué la ropa de mujer se abrocha siempre por la izquierda y la de hombre por la derecha?

Las contestaciones a estas y otras preguntas tienen una extensión media de unas 400 ó 500 palabras. El lenguaje es tan sencillo que hasta lo puede entender una persona que nunca ha estudiado economía. Y aunque muchas personas consideran que la economía es una materia cabalística y abstrusa, lo cierto es que sus principios básicos, lejos de ser complicados, están llenos de sentido común. Ver cómo se aplican estos principios dentro de ejemplos concretos es una buena oportunidad para dominarlos sin esfuerzo.

El coste de oportunidad

Uno de los conceptos en que más se insiste en El economista naturalista es en el del coste de oportunidad (aquello a lo que debe renunciarse para hacer algo u obtener una cosa). Los estudiantes apenas se quedan con una noción vaga de este concepto. Si no se detienen suficientemente en él y no lo utilizan una y otra vez en ejemplos diferentes, no lo retienen. Sin embargo, el coste de oportunidad ayuda a explicar un gran número de comportamientos interesantes. Pensemos, por ejemplo, en las consabidas diferencias culturales entre las grandes ciudades costeras de Estados Unidos y las pequeñas de la región central. ¿Por qué los vecinos de Manhattan suelen ser antipáticos e impacientes y, en cambio, los habitantes de Topeka amables y corteses?

El análisis coste-beneficio

Otro de los principios económicos que se trabaja en el libro El economista naturalista es el del coste-beneficio. Como sabemos, este principio dice que se debe hacer algo sí y sólo sí el beneficio que reporta supera el coste en que se incurre al hacerlo. Por tanto, no se debe incorporar una característica al diseño de un producto a menos que el beneficio que reporta (medido por el número de consumidores que están dispuestos a pagar más por ella) es igual o mayor que su coste (medido por el coste adicional en que incurren los fabricantes al incorporarla).

El dinero no lo regalan

Por último se insiste en la dificultad de hacer pronósticos. No hay que creerse al pie de la letra los pronósticos de los asesores financieros. Cuando un asesor afirma que una acción está infravalorada, dice que se está regalando el dinero. Pero es raro que el dinero permanezca mucho tiempo en una bandeja sin que nadie lo coja. Si otras personas supiesen que la acción se cotiza a un precio inferior a su verdadero valor, ¿por qué –se pregunta el autor- no han comprado la acción inmediatamente y, por tanto, su precio no ha subido? ¿Está diciendo el asesor que posee información privilegiada? Hay que ser cautos y saber que quienes prometen fortunas rápidas comprando acciones infravaloradas son unos charlatanes. Sobre este mismo tema hemos explicado en este blog de economía, hasta la saciedad, la incapacidad de predecir el tipo de cambio euro/dólar.

El excesivo formalismo matemático ha desempeñado un papel importantísimo en el progreso intelectual de la Ciencia Económica, pero no ha demostrado ser un vehículo eficaz para iniciar a los legos en la materia, salvo en el caso de los estudiantes que tienen una gran formación matemática previa. La mayoría de los estudiantes que intentan aprender economía a base de ecuaciones y gráficas nunca llegan a imbuirse de la peculiar mentalidad conocida como “pensar como un economista”.

En definitiva El economista naturalista es un libro sin pretensiones científicas que pretende introducir al profano en el mundo de la lógica económica. Muy aconsejable para aquellas personas que quieren iniciar sus estudios de economía. Su lectura facilitará a los futuros estudiantes el estudio necesario de ecuaciones y gráficas. A los profesores les ayudará a hacer las clases más amenas. Como la facultad de narrar y de entender lo que se narra es inherente a la evolución de la especie humana, prácticamente todos pueden asimilar con facilidad los contenidos que allí aparecen. Y este es precisamente el objetivo del libro, convertir una serie de historias, ejemplos y casos en un material didáctico que permita captar, asimilar y recordar los principios más básicos de la economía.

Comentarios

Fernando Peral 7 mayo 2008 - 12:08

Este libro es una buena muestra de que la ciencia matemática es importante en economía, pero que nada es excusa para no poner por delante el sentido común. ¿Cuántas veces hemos visto elaboradísimos modelos matemáticos, que cumplen rigurosamente los postulados del método de la disciplina, y que han fracasado estrepitosamente por su desconexión con la realidad?

Un saludo

Txaber 7 mayo 2008 - 12:50

Me encantan este tipo de libros. Freakonomics o El Economista Camuflado son otros dos buenos ejemplos. Yo los utilizo mucho en clase para despertar el interés de los alumnos y funciona.

rio 7 mayo 2008 - 19:06

cierto

Josep 7 mayo 2008 - 20:04

Yo, como sabes, lo tengo en la cola para leer. Imagino que empezaré con él en una semana o así. Espero que me guste. Por tu reseña pinta genial.
Mi idea es -como hice con el de La Tierra es Plana- ver si lo puedo utilizar con mis alumnos (doy clase a los alumnos de Periodismo y Publicidad de la UCAM en Murcia).

Mar Morato 8 mayo 2008 - 00:04

Muchas gracias por la reseña, lo incorporo de inmediato a mis lecturas. Lo cierto es que gracias a la naturalidad de tus clases de economía me animé a realizar recientemente un experimento: acudir a clase de mi hijo de 9 años para explicar algún concepto de economía. Creo que fue todo un éxito, efectivamente la economía era perfectamente entendida por los niños y para mía una muy grata experiencia, eran capaces con su edad de seguir una curva de oferta y demanda.

Javier Tomás 8 mayo 2008 - 10:39

Debería ser obligatorio introducir una mayor formación económica en las escuelas. Creo que ha sido algo tremendamente abandonado durante, al menos, los últimos años de la EGB y BUP, que era cuando yo era estudiante.

También es cierto que la bonanza económica de aquellos años representada por los ejecutivos agresivos de la segunda mitad de los 80 y los felices 90, gran imagen la de Bill Clinton y Boris Yeltsin compareciendo en rueda de prensa totalmente ebrios, el dinero fácil, las ayudas europeas provocaron un cierto aburguesamiento de la juventud, que pensábamos que la vida era todo ocio, derroche y salir de copas. No teníamos interés porque teníamos de todo aunque, eso sí, lo pasábamos francamente bien.

Los tiempos cambian y, desde luego, creo que la Economía tendría que inculcarse a través de asignaturas directas, como por ejemplo Educación para la Ciudadanía, o de manera indirecta ayudando al estudiante a obtener una mentalidad económica en cada una de las distintas asignaturas que se cursen.

Verónica López 8 mayo 2008 - 12:48

Mi nombre es Verónica López y soy estudiante del 10mo semestre de Comunicación Social, mención Periodismo de la Universidad Católica Andrés Bello-Guayana en Venezuela.

He visitado su blog varias veces y me parece un sitio “obligatorio” para informarse sobre lo que sucede en este mundo globalizado. Yo que estudio un carrera tan importante y que me quiero especializar en relaciones internacionales, ha sido de visita oligada para mi.

Muchas gracias por crear ese espacio. Verónica López.

Luis Pérez de los Cobos 13 agosto 2008 - 12:16

Acabo de comprar el libro y siento no compartir la opinión de muchos. El libro me ha parecido decepcionante. Además, en mi modesta opinión, estimo que confunde conceptos. Por ejemplo, la noción de coste de oportunidad que utiliza no es, en modo alguno, la que aprendí de los manuales en la facultad de económicas. Creo que no es lo mismo excedente del consumidor que coste de oportunidad. Además, podría darse la paradoja, según el ejemplo, que el precio y valor de utilidad coincidieran, con lo que mi coste de oportunidad del concierto sería nulo.

En resumen, ellejemplo no es el más acertado y debería discutirse el concepto con más profundidad y detalle.

Sergio Traductor 21 septiembre 2010 - 10:11

Txaber, mi profesor también utiliza los libros que mencionas durante un seminario que hice sobre traducción económico-financiera. 🙂

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