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Felicidad, competencia y competitividad

Escrito el 22 noviembre 2007 por Rafael Pampillón en Miscelánea

Hace poco citábamos, en este blog de economía, el libro “Happiness: Lessons from a new science (Penguin, 2005)”, del profesor Richard Layard (Director del Centre for Economic Performance de la London School of Economics). Este economista trata de dar respuesta en ese libro a la siguiente pregunta ¿por qué el aumento de la riqueza no va acompañado siempre de un incremento de la felicidad? Layard señala que hay mucha gente que asocia felicidad con tener más que el vecino o colega, es decir, ser más rico, tener un puesto más alto que el de los demás y que esto se note. Es decir, se es feliz si se ocupa el primer lugar o si no se ocupa estar al menos por encima de los demás en cuanto a dinero, posición social o profesional. En definitiva, se es feliz si se es más. Pero, puesto que ganar (ser el primero o estar por encima de los demás) no siempre es posible (la mayoría de la gente no está entre ese grupo tan privilegiado) entonces resultará que la mayoría de la gente no será feliz. Es decir, si la felicidad está en la comparación social -énfasis en competir y vencer- la mayoría seríamos infelices. Por tanto, la filosofía de la competitividad no solo no aumenta la felicidad para la mayoría de los mortales, sino que la disminuye.

Acabo de leer un artículo de mi amigo y colega Alberto Ribera en el número de octubre de 2007 de la revista Nuestro Tiempo titulado “Felicidad, competencia y competitividad” que arroja bastante luz sobre tema tan vital. Para Ribera la competencia tiene que ver con la idoneidad para el ejercicio de una determinada tarea. Competencia significa pericia. Cuando uno procura ser bueno o mejor de lo que ya es en lo que le compete es más competente. En este sentido podríamos decir que está compitiendo consigo mismo y es más competente pero no más competitivo. El competente da, parafraseando a Marx, según sus posibilidades. En cambio la competitividad es el deseo de ser el que más y mejor compite, es decir, el que posee las habilidades para ganar en la competición, o triunfar sobre los competidores. Competitividad significa rivalidad o contienda.


Evidentemente la competitividad no es algo malo en sí mismo. Si lo fuera no tendrían sentido la mayoría de los deportes. Tampoco se justificarían las oposiciones ni el sistema de evaluación a través de la campana de Gaus. Pero tengo para mí que es más fácil ser feliz, auténticamente feliz, siendo competente que siendo competitivo. La felicidad tiene que ver más con lo que uno consigue con sus propias facultades que con el afán de ser el primero. Entre otras cosas porque, como he dicho más arriba, suele ser uno solo el que gana o un pelotón de cabeza de triunfadores. Estos privilegiados serían los únicos destinados a ser felices; los demás los del medio y los de la cola no podrían serlo. Por tanto, parece más sensato que busquemos la felicidad siendo competentes. Seremos felices si estamos contentos con nosotros mismos, con lo que hacemos.

Ribera señala en el artículo que por desgracia, muchos males de este mundo derivan de la competitividad. El que es competitivo busca triunfar, no por el gusto de saber que saca partido a sus propias posibilidades, sino por ganar a los demás. Ya lo escribió John Stuart Mill, “sólo son felices las personas que piensan en la felicidad de los otros o en mejorar la humanidad”. Es difícil, por ejemplo, ser feliz si se vive pendiente del que dirán los demás. Se es feliz cuando se está contento con lo que uno hace.

Un buen ejercicio que propone Ribera para ser feliz es reírse de uno mismo y no tomar demasiado en serio los propios éxitos y fracasos. Es preciso desarrollar el sentido del humor, no para reírse de los demás sino para reírse de uno mismo. Por último hay que pensar también que normalmente uno llega a donde llega gracias a su capacidad (competencia) pero también a la ayuda de otras personas conocidas (padres, profesores, amigos, colegas, etc.) y desconocidas. Quizá no esté de más recordar aquí que es de bien nacidos el ser agradecidos. Las personas agradecidas también suelen ser más felices.

Comentarios

Fabio Casasús 22 noviembre 2007 - 12:06

Creo que ser competitivo también puede hacerte feliz. De hecho, tal y como lo ha expuesto, veo al competente como un conformista. Aunque ahora que lo pienso tiene sentido que alguien conformista sea más feliz que alguien exigente por su simple condición de conformista. Pero no creo que sea una felicidad muy plena.
Sin embargo, la persona competitiva morderá el polvo en la mayoría de las ocasiones ya que como usted dice son muy pocos los afortunados que siempre ganan. Pero la satisfacción, el elevado grado de felicidad que aporta la consecución de un objetivo por el cual uno ha luchado, ha invertido tiempo y por el cual ya había fracasado anteriormente, es difícilmente alcanzable de otra forma y desde luego imposible desde el conformismo siendo simplemente competente.

MJA 22 noviembre 2007 - 13:27

Me gustaría aclararle a Fabio, que no es conformista el competente, todo lo contrario, el competente compite consigo mismo porque quiere mejorar y sacar el mayor partido a sus capacidades. El competente a diferencia de algunos competitivos, compite sabiendo que él mismo será su propio jurado y por lo general se es mas exigente uno consigo mismo, que una persona ajena. Lo que pasa es que el competente no se siente fracasado por no recibir premios externos, ya que su premio es ver los frutos de su esfuerzo y quehacer.

Teresa Serra 22 noviembre 2007 - 13:54

Si definimos competencia como “pericia, aptitud, idoneidad para hacer algo o intervenir en un asunto determinado”, indudablemente la definición que toma Ribera, claramente hay diferencia entre competencia y competitividad, pero curiosamente la primera definición de competencia que aparece en el diccionario de la RAE es “Disputa o contienda entre dos o más personas sobre algo” o “Oposición o rivalidad entre dos o más que aspiran a obtener la misma cosa” que tiene un significado casi idéntico al de competitividad que se define como “Capacidad de competir” o “Rivalidad para la consecución de un fin” por tanto estaríamos hablando de lo mismo.

Personalmente creo que el ser humano es por naturaleza competitivo, lo que le lleva a ser más competente. Si no tenemos un punto de referencia para mejorar normalmente es más difícil que lo intentemos.

Otro tema es la felicidad. ¿somos más infelices porque la competitividad, o competencia, nos genera permanente insatisfacción? o ¿somos más infelices porque esta sociedad (desarrollada?) nos empuja a buscar la felicidad en cosas que no nos producen sino felicidad temporal y frustración?

Indudablemente reírse de uno mismo y con los demás, decir cosas agradables, tratar mejor a las personas que te rodean, “necesitar” menos cosas y, porqué no, intentar hacer las cosas cada vez mejor (competir?), son cosas que hacen la vida más agradable y por tanto pueden conducir a la felicidad.

Nota al Autor: ¿habrías invitado a los profesores de Marketing al blog si no te hubiera hablado de lo bien que iba el nuestro?. No competimos, lo pasamos bien!

Jose Luis Borrallo 22 noviembre 2007 - 15:35

La felicidad es un término realmente abstracto y muy dificil de encasillar. Lo que hace feliz a uno puede no ser necesariamente lo que hace feliz a otro.
Es claro que la felicidad no puede ser comprada ni vendida, por lo que se aleja de cualquier materialismo y es por esto por lo que lo la idea de una mejora continua de la persona en su competencia aporta más que una competitividad que en muchos casos tiene connotaciones negativas y generadoras de estrés (antítesis de la felicidad).
¿No nos hace más feliz ver a alguien que queremos triunfar en algo o conseguir sus objetivos que muchas veces la consecución de los propios?

Irene 22 noviembre 2007 - 15:55

Me sorprende gratamente leer un artículo sobre felicidad relacionado con economía.

En la actualidad asociamos felicidad a tener éxito, a ser y tener más que otros y así se transmite a través de todos los medios, incluso en la familia.

Ciertamente, el que mejore la economía y el nivel de vida hace que disfrutemos de mayores comodidades, salud,… lo cual ayuda a la felicidad. Tendremos cubiertas nuestras necesidades básicas.

Pero únicamente con mejorar el nivel de vida no se es feliz. La felicidad depende, según mi opinión, de lo satisfechos que estemos con nuestra vida (incluido la satisfacción del trabajo bien hecho al ser competente), la conciencia tranquila y del cariño y apoyo que nos dan y damos a las personas de alrededor.

“Seremos felices si estamos contentos con nosotros mismos, con lo que hacemos” como dice Rafael Pampillón.

Javier Roza 22 noviembre 2007 - 16:49

Claro que los de marketing aceptamos el desafío de Rafael!
Dice el profesor J.A. Marina que la felicidad es, en esencia, la satisfacción de dos necesidades. La más básica, la de confort y seguridad, aquella que Maslow pone en los dos escalones inferiores. Esta es la conformista, la del que lleva una vida biológica, la de lo que aprendíamos en el colegio que los seres vivos nacen, se alimenta, crecen, se reproducen y mueren. La que lleva un 97% de la población. Tiene que estar, es una condición necesaria pero no suficiente. A partir de un punto de confort, es la otra necesidad la que conduce a la satisfacción plena: la de crear, la de dejar una huella, la de progresar, la de plantearse y conseguir nuevos desafíos. Esta es la inconformista, la de los que llevan una vida biográfica, la de los que están aquí para algo. En la pirámide de Maslow, son los escalones superiores. La necesidad de estima, de status, de reconocimiento es la penúltima. Es la competitiva. Y claro que es importante. El problema desde mi punto de vista es que este afán por superar a los demás, por el enfoque externo de la competencia, siendo un elemento motivador, sólo lo es una vez. Una vez llegas arriba, una vez que ganas…. Luego qué? A partir de ahí es la autorrealización, es desarrollar tus máximas capacidades, es competir contra ti mismo lo que te pone nuevos desafíos. Es tu crecimiento personal. Esta perspectiva interna es más duradera y la que te puede proporcionar felicidad a largo plazo.
La perspectiva competitiva es por naturaleza centrada en uno mismo, es propia de un liderazgo que se sirve de los demás… y por tanto los demás te ayudan menos a conseguir tus fines.
La perspectiva interna, de auto-superación, está más próxima a un liderazgo se sirve a los demás… y por tanto más fácil de obtener la simpatía y la reciprocidad de los demás, que te empujan a conseguir tus metas.
Si me permitís la analogía con los océanos de Chan Kim, el océano rojo, el de la sangre y sacrificio, el de la extrema competitividad, hace que todos los contendientes, las empresas, ganen menos, incluso el líder. El océano azul, el de encontrar su propio mercado en el que no compites, da mayores retornos económicos (eres monopolista). Con las personas ocurre igual? Si el retorno personal es la felicidad, en qué océano obtendremos más? Es mejor vivir tu propia vida o vivir la vida de los demás? Haces lo correcto cuando tomas decisiones sólo para ganar a los demás, o debes tomar las decisiones que contribuyen a cumplir tu destino en la vida? Los grandes líderes empresariales que admiramos coinciden en haber tenido una visión y desarrollarla, haciendo irrelevante a su competencia. Cuando sólo piensas en tus competidores, acabas por hacer lo mismo que ellos. Y es mucho menos divertido.

FP 22 noviembre 2007 - 17:54

Me parece que hay un error de base en todos los razonamientos, y es que satisfacción y felicidad no son lo mismo, y ni siquiera van ligados. La competencia entendida como “Oposición o rivalidad entre dos o más que aspiran a obtener la misma cosa” puede producir satisfacción, pero no felicidad. Ganar al mus procura satisfacción, pero no felicidad. Ganar en bolsa procura satisfacción (y dinero), pero no felicidad. La felicidad, entendida como “Estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien” no está ligada a la competencia ni a la competitividad, sino al uso que hacemos de eso que consideramos un bien (un vehículo deportivo, un libro, una familia, un paisaje, etcétera). Todos tendemos a olvidarnos que, aunque vivamos inmersa en ella y sea una de las principales referencias de nuestras vidas, en el fondo la economía es una pura convención, puro “Monopoly”, por eso valoramos la competitividad y la competencia, y los monjes cartujos el silencio y la meditación.Pero también sabemos (o no deberíamos olvidar, al menos) que no es feliz el que más tiene, sino el que más se complace en lo que tiene, poco o mucho.

Gracias a Dios hay pobres felices y, por desgracia, hay ricos infelices.

La felicidad no radica en lo que tenemos, sino en el uso que de ello hacemos, en este caso nuestras competencias técnicas o nuestro espíritu competitivo.

Txaber 22 noviembre 2007 - 17:56

Además del libro de Layard, os recomiendo el de Schwartz (The Paradox of Choice). También hay tres premios nobel a tener en cuenta (Herbert Simon, Amartya Sen y Daniel Kahneman, dos economistas y un sicólogo). Por último, es interesante lo que escribe Punset, que también es economista.
Según Layard los partidarios del “good enough” son más felices, que los que quieren lo mejor, básicamente porque “lo mejor” no se puede conseguir, como señala Ribera.
Más que ser competitivos o competentes, creo que lo importante es conocerse para tomar decisiones acertadas, de acuerdo con nuestros recursos y capacidades.

Cristina Simón 22 noviembre 2007 - 18:19

Querido profesor Pampillón, no te imaginas el gusto que nos da a los que trabajamos en RRHH oir que los economistas se adentran en temas que han permanecido tradicionalmente fuera del debate económico -economicista-. Espero que no os parezca arrogante, pero a nosotros los humildes psicólogos los ‘descubrimientos’ y reflexiones de Layard nos parecen muy evidentes. Pero ello no resta valor a su libro; para que estos temas penetren en el mundo de los negocios tienen que ser propuestos desde la propia comunidad de economistas.

Así que yo me llevo el libro y se lo muestro a los alumnos en mi asignatura de RRHH… no veas el impacto :-)

Recomiendo a los interesados en el tema la web ‘The Happiness Formula’ de la BBC:

http://news.bbc.co.uk/1/hi/programmes/happiness_formula/

Contiene varios documentales cortitos sobre las implicaciones políticas de este repentino interés por la felicidad.

Rafael Pampillón 25 noviembre 2007 - 14:58

Profesora Simón, el gusto es nuestro por verte por estos lares. Gracias por tu aportación al blog. Por cierto sales muy bien y muy guapa en el Expansión y Empleo de este fin de samana. Nos vemos. Rafa

Jaime Isidro 25 noviembre 2007 - 20:51

Este tema me parece de vital importancia y es el que más ocupa mi cabeza últimamente, por lo que he leído hasta ahora una vulgaridad ya que son muchísimas las personas y tendencias en ese sentido.
Soy de la opinión de que en la sociedad occidental tenemos un concepto de éxito que no conlleva necesariamente la felicidad. En un momento de su libro “el viaje a la felicidad” Eduardo Punset define la felicidad como la ausencia de miedo. Quizás desde pequeños el miedo viene dirigiendo nuestros destinos.
Hasta qué punto no es por el miedo de nuestros padres a que pasáramos penurias como ellos, su empeño en que estudiáramos carreras universitarias, hasta qué punto no se han truncado brillantes destinos creativos o deportivos, en cualquier área, sustituidas por mediocres carreras que aseguren unos ingresos “suficientes” entendiendo como tales los que consiguen el punto de equilibro entre esfuerzo y satisfacción en la pirámide de Maslow.
Generalmente las personas que parecen más felices son las que se salen del marco, vencen sus miedos y hacen lo que realmente quieren, seguramente la mayoría de ellas desconocidas para todos. Por último quiero traer a colación el poema de Rudyard Kipling “If” una difícil receta para llegar a “ser hombre” pero que seguramente reporte más satisfacminas (medida de satisfacción) que la presidencia de una importante corporación.

Mickey 4 diciembre 2007 - 17:29

Txaber, si bien coíncido con la apreciación de Sen, Simon y Kahaneman, solo una pequeña disgreción acerca de las profesiones de estos últimos.
Simon fue varias cosas, menos economista. Fue este un campo al que dedicó bastante pocos desvelos comparado por ejemplo con la Teoría de la Organización, o con la Inteligencia Artificial.
Daniel Kahaneman es psicológo.

Digo esto, por celo, pero además para que los economistas no dejen de reflexionar acerca del sentido de la ciencia.

Mickey 4 diciembre 2007 - 17:31

Txaber, si bien coíncido con la apreciación de Sen, Simon y Kahaneman, solo una pequeña disgreción acerca de las profesiones de estos últimos.
Simon fue varias cosas, menos economista. Fue este un campo al que dedicó bastante pocos desvelos comparado por ejemplo con la Teoría de la Organización, o con la Inteligencia Artificial.
Daniel Kahaneman es psicológo.

Digo esto, por celo, pero además para que los economistas no dejen de reflexionar acerca del sentido de la ciencia.

RUBEN NORZAGARAY 22 agosto 2012 - 11:42

Muy buen tema, porsupuesto leer los comentarios aqui vertidos ayuda a entenderlo desde disitintos puntos de vista propios de cada uno; pero no olviden que cada uno aprende a vivir de manera diferente, se satisface de manera diferente, es feliz a su manera, no creo que alguien comparta la misma opinion acerca de como ser feliz.
Cabe mencionar que el espiritu de competencia esta de manera natural en cada uno de nosotros, es cuestion de una decision personal hacerlo trascender.

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