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Ago

Inversión, buenos gobiernos y desarrollo

Escrito el 20 agosto 2007 por Valentín Bote en Economía Mundial

Hoy quiero retomar un tema que ha sido abordado durante el mes de julio por Juan Carlos Martínez y Rafael Pampillón en este blog de economía. El día 3 Juan Carlos planteaba una cuestión de gran interés, ¿cómo podemos ayudar a África?, y el 31 Rafael destacaba la importancia de la innovación en los países pobres.

Durante décadas muchos economistas (y varias instituciones) han chocado una y otra vez contra el mismo muro. La historia de África en la segunda mitad del siglo XX es la historia del fracaso de la ayuda destinada a la inversión productiva. África ha recibido gran cantidad de recursos destinados a poner en marcha inversiones productivas pero los resultados son bastante decepcionantes. No me estoy refiriendo a los casos en que los recursos han sido canalizados de manera impropia hacia consumos en vez de invertirse. Incluso cuando se ha puesto en marcha el proyecto previsto, ha sido frecuente el fracaso, por razones diversas.

Pensar que la clave para abandonar la pobreza en el tercer mundo es incrementar la ayuda y la inversión es naïve. La inversión per se no es la solución, ya que con frecuencia el fallo está provocado por un gobierno que entorpece la actividad económica. Un solo ejemplo. El Banco Mundial ayudó a financiar la fábrica de zapatos Morogoro en Tanzania durante los años 70. La fábrica contaba con trabajadores, maquinaria adecuada y la última tecnología disponible en la confección de calzado. El objetivo era que la fábrica proveyese todo el calzado que se precisaba en Tanzania y que las tres cuartas partes de su producción se exportase a Europa. Sin embargo, nunca llegó a utilizar más de un 4% de su capacidad instalada. Y, por supuesto, nunca exportó un solo zapato. La fábrica cerró en 1990. ¿No es chocante? ¿Qué pasó? Pues algo muy sencillo (y muy lamentable): entre otros factores, los rígidos controles del gobierno de Tanzania sobre sus reservas de dólares hacía muy difícil a los productores hacerse con esta divisa, lo cual era primordial para poder comprar en los mercados internacionales las materias primas que necesitaban para fabricar zapatos.


Por seguir con Tanzania, gracias a la ayuda internacional materializada en recursos para invertir, el capital por trabajador en la rama de las manufacturas creció a un ritmo del 8% al año entre 1976 y 1990. Pero la producción por trabajador no solo no aumentó, sino que disminuyó a un ritmo del 3,4% al año en el mismo período.

La acumulación de capital fruto de un proceso sostenido de inversión en los países en desarrollo ha generado efectos muy distintos: tanto Nigeria como Hong Kong incrementaron un 250% su stock de capital por trabajador entre 1960 y 1985. Los resultados, ya lo imaginan, fueron diametralmente opuestos: el producto por trabajador creció un 12% en Nigeria y un 328% en Hong Kong en dicho período de tiempo. La acumulación de capital en Gambia fue todavía más intensa en esas dos décadas y media. Gracias a la ayuda internacional Gambia incrementó su stock de capital por trabajador en un 500%, la misma cifra que en Japón. Pero la producción por trabajador creció un 2% en Gambia en esos 25 años, mientras que en Japón lo hizo en un 260%.

Un recorrido por muchos de los países menos desarrollados nos permite generar un catálogo de problemas causados por gobiernos ineptos (o corruptos) que impiden que un proceso de inversión acabe generando resultados positivos. Esos gobiernos son causantes de altos niveles de inflación, de ambientes de inseguridad jurídica, de la creación de mercados negros con altas primas sobre los precios oficiales, de notables déficit presupuestarios, de acabar con la iniciativa privada, tanto en el sector financiero como en el no financiero o de cerrar las economías a la competencia internacional, por mencionar algunos de esos problemas. Hasta que no sean capaces de solucionar esos problemas (en algunos países se están haciendo avances) es poco probable que los recursos invertidos allí generen los mismos efectos que en Asia, por ejemplo.

Pero este es el primer paso. No piensen que la panacea es la inversión. De hecho, los principales expertos en desarrollo destacan los rápidos rendimientos decrecientes de la misma, y apuntan hacia actuaciones que incrementen la productividad de estas economías como las vías para asegurar un crecimiento sostenido en el futuro. Esto es lo que destacaba Rafael en su post del 31 de julio y de lo que escribiré el próximo lunes.

Comentarios

Patxi Bonel 20 agosto 2007 - 14:27

Muy interesante esta entrada.

Creo que puede resultar útil a su análisis un punto de vista adicional y políticamente poco correcto.

Malcolm Gladwell, (el autor del libro “The Tipping Point”), escribió un artículo interesante en la revista The New Yorker, titulado “The Risk Pool: What’s behind Ireland’s economic miracle – and G.M.’s financial crisis?“.

http://www.gladwell.com/2006/2006_08_28_a_risk.html

En el artículo se analiza el impacto de la evolución demográfica de las naciones en el desarrollo de sus economías a partir de la “Tasa de Dependencia”. Este artículo se basa a su vez, en un estudio de los economistas de la Universidad de Harvard, David E. Bloom y David Canning: “Contraception and the Celtic Tiger“.

La Tasa de Dependencia se calcula como la proporción que representa la población (menor de 16 años y mayor de 65) que no está en edad de trabajar sobre la población (con edades entre 16 a 65 años) que sí lo están.

En este caso la evolución demográfica de los países africanos tampoco está a su favor.

Este análisis del impacto de las poblaciones en las economías modernas entroncaría con los estudios de Robert Thomas Malthus, (del que ya nos ha hablado el profesor Pampillón), y pondría de relieve que este reto debe considerarse de una forma global, y por los escasos resultados obtenidos hasta el momento, podríamos afirmar que se trata de un asunto complejo.

J.Pascual 20 agosto 2007 - 20:21

Excelente entrada y excelente comentario.
África ha recibido y recibe mucha ayuda no sólo destinada a la inversión productiva sino también a la mejora de la sanidad.
Sin embargo, los resultados son decepcionantes en la mayoría de los casos. Desde algunos ámbitos se culpa al colonialismo del retraso crónico del continente, ahora bien, la mayor parte de Asia fue colonizada también y hoy es un área emergente y pujante.
Yo creo que la clase dirigente africana es la gran responsable de no formar a su ciudadanía, la formación es la llave del futuro en todos los aspectos. ¿Quién va a invertir en un área con escasa o nula formación de su población, con escasas o nulas infraestructuras, con corrupción?.
Quisiera recomendar un interesante libro que trata de explicar, en un plano diferente al que da origen a esta entrada, por qué la ayuda humanitaria tiene tan poco éxito a la hora de alcanzar resultados a medio largo plazo en África. Escrito por William Easterly, profesor de economía de la Universidad de N. York y que ha trabajado más de 16 años en el Banco Mundial: “The White man’s burden”.(Why the West’s efforts to aid the rest have done so much ill and so little good)

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