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Jul

Los 2.500 euros de Zapatero

Escrito el 7 Julio 2007 por Valentín Bote en Economía española

El Debate sobre el estado de la nación de 2007 será recordado, entre otras cosas, por el anuncio de Zapatero de conceder una ayuda de 2.500 euros a cada familia en la que, a partir de ahora, nazca un hijo. Más allá de la interpretación política del anuncio, por cierto, un plagio a la baja de una propuesta del programa electoral del PP en 2004 (en dicho caso eran 3.000 euros), con el que parece que el presidente inicia la campaña electoral para las próximas elecciones generales, conviene realizar un análisis sosegado del impacto económico de dicha medida.


Vaya por delante que a mí no me gusta este tipo de medidas, porque no acabo de entender su finalidad. ¿Qué se persigue? ¿Se trata de un estímulo para fomentar la natalidad? Lo dudo mucho. Según el diccionario de la Real Academia, un estímulo es aquello que mueve a hacer algo. Es decir, esta medida sería un estímulo si, como consecuencia de su implantación, aquellas personas, que con el sistema actual de ayudas deciden no tener un hijo más, dan el paso de tener un nuevo hijo.

Previsiblemente no servirá para incrementar la natalidad de forma directa, ya que todos los padres responsables saben que 2.500 euros son una ínfima parte del coste que supone criar a un hijo desde que nace hasta que se vale por sí mismo (en la interpretación más económica del término). Sería muy irresponsable, por tanto, decidir tener un hijo sólo porque se establece esta ayuda.

Por tanto, y en el momento en el que tenemos claro que no se trata de un incentivo a la natalidad, ya sólo nos queda comprobar que se trata de una simple ayuda para el mantenimiento de los hijos, sin más. Los lectores se preguntarán si acaso eso es malo. Pues, como casi todas las cosas, el lado amable no lo es todo.

Para empezar, no olvidemos que esta ayuda se concede con dinero público. Con dinero de los impuestos pagados por todos los contribuyentes. Y es una medida carísima. Para que se hagan una idea, durante el año 2006 se produjeron en España 481.102 nacimientos, por lo que si se multiplican por 2.500 euros se obtiene un coste total de 1.202 millones de euros. Esta cuantía, por sí sola, supera todo lo que en dicho año destinó el Gobierno a la promoción de la vivienda o a la cultura y equivale más o menos al presupuesto total de Justicia. ¿No resulta decepcionante que el Gobierno no encuentre mejor uso a este dinero que una subvención directa? ¿No podría gastarlo, por ejemplo, en promover la creación de guarderías, que fomenten la incorporación de las madres al mercado de trabajo?

Tampoco parece tener mucho sentido elevar la presión fiscal a los contribuyentes y luego devolver recursos con transferencias directas de esta naturaleza. Y con esto entramos en otro aspecto que me sorprende del anuncio realizado por Zapatero: el trato fiscal a las familias en el nuevo IRPF. Como sabrán los lectores, la reforma del IRPF realizada por el actual Gobierno es novedosa en un aspecto respecto a las anteriores: esta vez genera no sólo ganadores, sino también perdedores. Aproximadamente el 26,1 por 100 de los contribuyentes pagarán más con el nuevo IRPF. Estos perdedores se concentran, sobre todo, en las clases medias y, especialmente en familias con hijos. Los ganadores son, sobre todo, solteros y parejas sin hijos. ¿No les parece sorprendente? Por un lado un maltrato a las familias en el IRPF y por otro un anuncio de una ayuda para los nuevos hijos. Mi opinión es que estamos ante una nueva ocurrencia del presidente.

Pero este tipo de ocurrencias ya han sido llevadas a cabo en otros países. En Francia adoptaron hace tiempo medidas similares a ésta, aunque más generosas aún y también incondicionadas. Y los resultados al cabo de unos años no son especialmente positivos, al tiempo que han contribuido a crear cierto malestar en la medida en que se han convertido en una fuente de captación de recursos públicos por parte de la población inmigrante. Este tema, delicado, no debe olvidarse en el análisis, pero dada su complejidad, lo podemos dejar para otro día. Pero les dejo sólo un apunte para la reflexión. Acabo de introducir una búsqueda en Google con los siguientes parámetros: zapatero-2500-euros-hijos. Pues bien, las tres primeras páginas que me aparecen en la búsqueda son latinoamericanas (República Dominicana, Argentina y México). ¿Estamos ante un nuevo elemento que alimentará el “efecto llamada”?

Comentarios

Ana Albert 7 Julio 2007 - 19:26

Efectivamente más inmigrantes. Justo en el momento en que van a empezar a sobrar.

Gregorio Izquierdo 13 Julio 2007 - 13:05

Coincido plenamente con el profesor Bote. Con independencia de que compartamos la imperiosa necesidad de ayudar a la familia, merece la pena reflexionar si esta fórmula resulta la más aconsejable y eficaz. La ayuda propuesta desde la perspectiva de la eficiencia sólo se justificaría si al final aumentara la natalidad, o lo que es lo mismo, que modificara de forma crítica la estructura de incentivos de las familias hasta el punto de que animara a algunas a tener hijos. Se ha estimado que el coste explícito de un hijo es de un orden de 6.000 euros al año, con lo con que el importe propuesto la decisión de traer un hijo al mundo seguirá siendo onerosa. De hecho, la ayuda se convertirá en un regalo venido del cielo que sólo aliviará parcialmente la carga económica de los que en cualquier caso hubieran tenido hijos, cuya coste presupuestario inicial de 1.200 millones de euros por año, implica que las familias en la que los dos miembros trabajen pagaran como poco 140 euros anuales adicionales en concepto de IRPF.
En la actualidad son los hogares con mayor renta absoluta y cargas familiares abultadas los que más esfuerzo relativo efectúan de contribución al sostenimiento de las cargas públicas, entre otros razones porque el sistema fiscal no considera íntegramente la incidencia real sobre la capacidad económica del hecho de tener más o menos hijos. Para fomentar de veras la natalidad, el sector público debiera incorporar con carácter general en sus distintos programas el concepto de renta familiar per cápita tanto para aplicar la progresividad de la tarifa del IRPF como para privilegiar a aquellos cuya renta per capita familiar fuera inferior en el acceso a los distintos tipos de prestaciones públicas.
Tal y como señala Valentín, la experiencia de otros países que han implementado incentivos económicos como instrumentos de natalidad ha de tenerse en mente. Así en Francia las subvenciones beneficiaron, más que a los nacionales, al colectivo de inmigrantes, que así mantenía la inercia de sus propias pautas de natalidad, con no pocos hogares, convirtiendo las ayudas en su principal medio de vida, con el consiguiente entrampamiento de pobreza y riesgo de marginalidad.
En un tema tan importante como el de fomentar la natalidad deberíamos ser especialmente serios y rigurosos. No debe ser una finalidad principal el maximizar el número de beneficiarios, sino que el gasto público sea eficaz en el objetivo perseguido de revertir la natalidad o en el peor de los casos, de aliviar la carga económica de tener un hijo para las familias que más esfuerzo afrontan en términos relativos. Es recomendable concentrar los recursos exclusivamente en los casos en los que la ayuda sea el factor determinante y crítico para acabar de tomar la decisión de aumentar la familia, como serían priorizar el tener el segundo y el tercer hijo, opciones que en las circunstancias actuales parecen haberse convertido en bienes de lujo o el hecho de que la madre trabaje con la consiguiente dificultad de conciliar vida laboral y familiar.
No me gustaría terminar sin olvidar que el mejor complemento a la política de natalidad es la creación de empleo de forma sostenible en el tiempo. De hecho, ahora que ha aumentado la tasa de actividad femenina es cuando más ha repuntado la fecundidad en España. Y es que sólo cuando las familias tienen confianza en el futuro es cuando más pueden desarrollar sus proyectos personales de crear un familia propia.

Rafael Pampillón Olmedo 13 Julio 2007 - 17:46

Gregorio, muy bueno tu artículo de hoy sobre las ayudas a la natalidad en EL ECONOMISTA.

Quim 25 Noviembre 2007 - 17:09

Coincido con las opiniones vertidas en los post anteriores.Es muy dificil en la sociedad actual el poder tener un hijo en condiciones adecuadas para su desarrollo a todo nivel.Las politicas del gobierno sea del color que sea tendrian que ser con altas miras en el tema de la natalidad ya que de esta politica depende el futuro de nuestra sociedad y nacion a todo nivel.
Un tema de vital importancia es la compatibilidad del mundo laboral con el familiar,ya que hoy en dia la mayoria de familias se ven obligadas a trabajar los dos conyuges debido a la baja renta salarial impuesta en el mercado laboral, que ultimamente ha ido empeorando con la perdida de poder adquisitivo que se padece sin freno alguno y sin mediar en este tema lo mas minimo el estado.De hecho es una realidad que la gran mayoria de la sociedad se puede valer gracias a las ayudas de los familiares directos para regular sus familias “los suegros o padres” como factor de conciliacion versus la imcompetencia estatal pra regular un problema enfermizo que agrava las condiciones existenciales e cualquier famila que se precie.En definitiva tenemos gobiernos miopes y muy poco dados a resolver esta lacra que se ha impuesto en la sociead para formar una familia, la misma de la que se nutren para mantener el estatus de sociedad y de pais.es una total hipocresia seguir por el camino por el que nos llevan considerando a los ciudadanos y a las unidades familiares como borregos o como vacas a ordeñar para extraerles sus recursos,, el enfoque es hipiocrita e intolerante desde todos los terminos, puesto que los ciudadanos y las unidades familiares de una nacion son el bien mas preciado del mismo, del que depende todo, la cultura, la sociedad, el desarrollo de pais y sus instituciones, cualquiera que no vea eto es un miope que avoca a su pueblo al matadero o a la esclavitud de los medios que imperan en esta sociedad a su libre albedrio.

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