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He estado dándole vueltas a 3 comentarios que se encuentran en el post que lleva por título “Las remesas de emigrantes” escritos por Eduardo Solís, Javier Tomás y Rodrigo Aguilar. Se trata de 3 adictos a este blog y creo que se merecen una contestación. En esos 3 comentarios se dice que las remesas pueden jugar un papel perverso; el mismo que juegan ciertas ayudas, que en vez de ayudar perjudican. Es indudable que el dinero que llueve del cielo impide a sus receptores obtenerlo con su esfuerzo, es decir, por sus propios medios. De esta forma los individuos se convierten en dependientes de la ayuda y en vez de fortalecerse acrecientan su debilidad. Las ayudas al igual que las remesas deberían apuntar a que el que las recibe vaya desarrollando la capacidad de ayudarse a sí mismo y no al revés.


Nadie duda de que las remesas son un importante elemento de desarrollo de las economías, tal como señala Luis Enrique Sotelo en un post (por cierto Luis Enrique, bienvenido al blog). Para más explicación sobre las remesas y sus ventajas se puede ver el artículo que publico hoy en el diario EXPANSIÓN titulado “El dinero que llega”. Sin embargo, en este post vamos a reflexionar sobre lo que sucede cuando las remesas privan a alguien del esfuerzo. Es sabido que el esfuerzo les infunde vigor y permite a los individuos a superarse continuamente. Parece evidente que las remesas deberían apoyar el esfuerzo permanente del que las recibe, en vez de ahorrarle por completo dicho esfuerzo Los chilenos, no reciben ayudas y muy pocas remesas y les va bien, muy bien. Los ecuatorianos reciben muchas remesas y les va mal. ¿Les iría mejor a los ecuatorianos sin remesas? Creo que no. Pero es evidente que en Ecuador en particular y en América Latina en general, hay pueblos enteros que viven de las remesas y que desde hace años, al igual que en China, existe una abundante población de pequeños emperadores (que reciben remesas de sus padres).

¿Qué son los pequeños emperadores? En China la política del hijo único y la voluntad de los padres de evitarles las estrecheces que sufrieron ellos en la época de Mao, han creado una enorme masa de potenciales niños mimados. En China hace tiempo que les llaman pequeños emperadores. Los pequeños emperadores o hijos de seis bolsillos nacen sin hermanos y con seis fuentes de dinero para cubrir sus necesidades: los padres y los abuelos maternos y paternos. Resultado: un nivel de consumismo alucinante, individualismo, egocentrismo, carácter caprichoso, piden mucho, quieren todo muy rápido, pérdida de valores y, por tanto, una de las principales preocupaciones de los chinos y tal vez la más compleja de resolver. Estos jóvenes han crecido viendo el rápido ascenso de su país y no esperan menos para su futuro personal. ¿Podrán triunfar sin esfuerzo? ¿Pueden los talentos extranjeros competir en China contra los pequeños emperadores? No, a no ser que dominen el idioma. Las remesas también generan pequeños emperadores ¿Qué se puede hacer en América Latina para resolver el problema de los pequeños emperadores? No se si contesto a las inquietudes de Eduardo Solís, Javier Tomás y Rodrigo Aguilar, pero ganas no me han faltado.

Comentarios

Angélica 26 marzo 2007 - 13:21

Soy hija única. Nací en un país desarrollado. Mis padres se han esforzado por darme todas las oportunidades del mundo. Además, soy nieta única por parte de padre. Lo que quiere decir que toda la vida he recibido “remesas” en forma de propinas de fin de semana de los abuelos… ¿Soy una niña mimada? NO. Es cierto que soy una privilegiada, que he vivido siempre bien, pero no es cierto que haya sido sin esfuerzo.

Siempre me han hecho sentir consciente del trabajo que cuesta “ganarse los garbanzos”, y siempre he querido ser independiente y tener una paga única al mes para todos mis gastos (ropa, libro, transporte, etc). Me fui de casa en cuanto terminé la carrera aunque esto implicaba cambiar de país, de idioma y de cultura. Me gusta trabajar, disfruto con el trabajo.

Todo esto para decir que pese a las remesas y sobre todo gracias a ellas, siempre habrá personas que las aprovecharán para crear recursos, que invertirán en educación, en formación, en creación de empresa, en ser más competitivos. Y el mercado decidirá después en el caso de América Latina o el mercado del trabajo en el caso de los chinos. Las remesas no son para siempre.

Pero este tema no es nuevo, Lafontaine publica en 1872 la fábula “La cigarra y la hormiga”, y todos sabemos lo que le pasó a la cigarra.

Antoni 26 marzo 2007 - 15:28

Yo creo que tanto las subvenciones como las remesas son en principio oportunidades para que la gente salga de la pobreza, y seguro que habra 100 que las malgastan, pero y si sólo uno de ellos la aprovecha.. habrá valido la pena? Cierto que a mayor escala, uno se ha de cuestionar el coste de estos mecanismos y revisar que junto a una subvención se ha de sopesar cual es el mecanismo de incentivos que se suminstra para que el aprovechamiento sea el adecuado. Un ejemplo muy curioso -y efectivo- es el caso de los micro-creditos, de Yunus. Tal y como el lo cuenta en su libro, fue el fino equilibrio entre unos intereses que a la vez eran lo suficentemente blandos como para que fuése factible pagarlos y lo suficientemente duros para que hubiéra un incentivo real en tener que ponerse a trabajar duro para poder devolverlos, lo que supuso en gran medida el éxito de banco Graamen. Curiosamente, ese ajuste tan fino de los intereses requería que cada caso se tratase de forma muy personalizada, con información de primera mano sobre el progreso del prestario (cosa que por ejemplo en la PAC brilla por su ausencia).

Angélica 27 marzo 2007 - 00:49

Estoy de acuerdo con Antoni en que el dinero tiene un valor y ese valor debe ser conocido, ya sea en forma de intereses y deber de devolución o de cualquier otra manera.

Las remesas tienen un gran coste humano. Un padre o una madre se separa de su familia, de sus hijos y de su entorno para dar mejores oportunidades de las que él o ella tuvo en forma de dinero.

Supongo que habrá algunos que no sepan apreciar el dinero “fácil” como deben, pero también creo que las remesas son un motor importante de la economía de algunos países, y que contribuyen a hacer crecer las regiones a las que llegan, tanto como los microcréditos.

Emilio Portes 27 marzo 2007 - 11:02

Hola!

Las remesas, provocan desmotivación, es decir, si una familia recibe 500€ en remesas desde España, puede mantener ciertas comodidades en su país, pero para aumentar esa renta en 100€, el esfuerzo que debe hacer para conseguirlo es mucho mayor, por lo que no le merece la pena el esfuerzo, la utiidad de esos 100€ es mucho menor que el esfuerzo que implica conseguirlos, por lo tanto estas remesas tienen un efecto ambiguo, tal y como sucede en Andalucía y Extremadura con las ayudas comunitarias y estatales ( Soy extremeño de nacimiento y andaluz de residencia, por lo que esto me duele por partida doble)

¿Como diferenciar entre ayuda y dinero que empeorara la competitividad y productividad a largo plazo??
¿Sería una solución dar ese dinero a crear nuevas industrias o reconvertir sectores??
Un saludo a todos.

Mauricio Perelló 27 marzo 2007 - 11:37

Hola a todos!

Pienso que está situación planteada por Don Rafael tiene muchos puntos desde donde abordar el tema. Y en este caso más que de un enfoque económico desde un punto de vista sicológico y sociocultural.

El ya clásico proverbio: ” No regales un pez, sino enseña a pescar”, tiene relación con este tema. Generalmente el ser humano valora sus logros en relación con los esfuerzos comprometidos en conseguir un objetivo. Las remesas podrían tener esta connotación de dinero fácil y acentuar esta sensación de bienestar económico en base al trabajo de un familiar en el extranjero. Por otro lado, esta familia “bendecida” con este dinero aumentará su poder económico sobre la media de sus vecinos de poblado y quizás sobre las posibilidades de ingreso que ofrece su país. Pero en esto nacen otras preguntas: ¿los integrantes de esta familia “bendecida” por remesas seguirán generando ingresos familiares con la misma intensidad que si no la tuvieran?. La respuesta es casi siempre es la misma: el ser humano por naturaleza tiende a “acostumbrarse” a todo y lo más probable es que no.

Dentro de esta misma “costumbre”, los subsidios agrícolas europeos que le preocupan tanto a mi amigo Emilio “jardinero” Portes son una muestra de las cosecuencias de un proteccionismo excesivo. Se “comenta” la intención de disminuir los subsidios agrícolas en España en el corto plazo………..Y al pensar en esto imagino a los amables agricultores franceses quemando camiones en la carretera y protestando ante el “fin” de su negocio. Esto es “culpa” de la costumbre y de desconocer los “beneficios” del libre mercado y de la reconversión.

Finalmente, me pregunto, ¿hasta cuando el consumidor español estará dispuesto a pagar un sobreprecio por sus alimentos y a solventar el enorme gasto en subsidios?¿ No estarán los pequeños emperadores más cerca de lo que España cree y para verlos sólo bastará una vuelta por el campo?

Javier Tomás 27 marzo 2007 - 11:53

Precisamente ayer me ocurrió algo que no quiero dejar de contaros. Me senté en el 115 para venir al IE y, enfrente, se sentaban un chico y una chica del Ecuador. Estaban hablando y, como soy cotilla por naturaleza, pegué la oreja a su conversación.

Ella se quejaba amargamente porque los de allá no hacían sino pedirle dinero. Al llegar a casa por la tarde, y abrir el blog, me encontré con este debate. Casualidades.

He estado viajando cinco años por países en vías de desarrollo o subdesarrollados. Era mi trabajo. Siempre me pareció que el mayor activo que tenían eran todos esos jóvenes con ambición, con una necesidad apenas disimulada de salir adelante, con ideas para lograr dinero de donde y como fuera…

Eran, por decirlo en términos castizos, muy espabilados. Muchísimo más que, nosotros, los jóvenes españoles. Cuando tú ibas, ellos habían vuelto ya tres veces.

Sería una lástima que las remesas provocaran el efecto “emperador”. Creo que los que las envían deben actuar como un padre con sus hijos. Sabiendo gestionar cuando hay que comprar chucherías y cuando no.

Los que las reciben seguirán pidiéndolas. Por ello considero primordial que los de aquí, al enviarlas, hagan saber a sus compatriotas cuanto cuesta ganar ese dinero y les aconsejen en que y como deberían emplearlas.

Rafael Pampillón Olmedo 27 marzo 2007 - 17:26

A mi me parece grave que una familia se tenga que separar por motivos económicos. Pero desgraciadamente en países pobres y en muchos casos es así, no hay más remedio. ¿Con quien se qudan los hijos cuando los padres emigran? En muchos casos con los abuelos. En general, los abuelos exigen menos que los padres ¿Son buenos educadores los abuelos? No estoy muy seguro. Además, los padres que se han ido quieren compensar su ausencia (su no presencia) enviando todavía más dinero, lo que facilita la generación de “emperadores”. Por último los hijos que se quedan no ven trabajar a sus padres. Carecen, por tanto, en vivo y en directo de un ejemplo, una referencia al esfuerzo y a la lucha que los demás niños tienen o hemos tenido viendo el trabajo de sus (nuestros) padres. Sobre el tema de las subvernciones abro una nueva entrada titulada “Cambio radical en el modelo sueco”.

antoni 27 marzo 2007 - 22:26

En una argumentación tan importante como los argumentos explicitos son los argumentos implicitos, que no se ven pero que de una forma u otra se suponen. En el caso de las subvenciones, en mi opinion, por los comentarios que he leido, el argumento explicito es la cantidad de dinero, de recursos, que se entregan gratuitamente (subvenciones, remesas o los medios a los niños “emperadores”) y en ocasiones se cuestiona su idoneidad en términos de eficiencia y coste de oportunidad (como en el caso de inversión pública frente a privada). Pero creo que en muchos casos estaremos de acuerdo que hay implícita una expectativa sobre lo que se hará con los recursos que se entregan, y por otra parte se espera, a veces infundadamente, que quien los recibe tiene la capacidad, habilidad y discernimiento para hacer un uso inteligente y sensato de ellos. Creo que en muchas ocasiones, más que cuestionar el hecho de la subvención en sí, son, por una parte esos problemas “prácticos”, y por otra la decisión de quien debe aguantarse ante la ineficiencia de cualquier tipo de medida, el quid de la cuestión.

kurt 28 marzo 2007 - 04:06

Estoy de acuerdo con todo el mundo, creo que ami me ha pasado parecido, y por desgracia me esta pasando, tambien creo que es un poco la forma de educacion de los padres hacia sus hijos, y otra tambien los hijos el camino que elijan, enfin de todos modos siempre de alguna manera u otra siempre hay alguna descompensacion en cualquier cosa, no les parecen?

Miguel Palmero 13 noviembre 2007 - 13:59

Luego de leer atentamente cada uno de sus comentarios creo que siempre volvemos al tema de siempre, el que las remesas creen emperadores o “comechados”, como decimos en Peru (disculpen la falta de acentos, pero no funcionan en mi maquina), es un tema netamente de cultura e intrinsecamente relacionado con la educacion. En la universidad, tuve la oportunidad de tener companeros que sus padres por diversos motivos vivian en USA o Japon y recibian remesas mensuales para el pago de la universidad y su manutencion (vestido, alimentos, diversion, combustible para el coche, etc) que en promedio tranquilamente se situaba por los US$ 2,500. Cualquier persona en Peru con esa cantidad podria vivir mas que tranquilo, es mas, mejor que un pequeno emperador. Sin embargo, esa idea descabellada de dejar los estudios y vivir de las remesas (en este caso en particular) es propia de ignorantes, gente sin aspiraciones y que no se valoran en lo mas minimo.
Por eso vuelvo a recalcar que el ser un pequeno emperador estara determinado principalmente por el factor cultural y educativo de cada uno de los beneficiarios de estas. Gracias.

Saludos.

Rodrigo Aguilar 14 noviembre 2007 - 18:53

A todos los comentarios deseo sumar que el gobierno debe de emprender labores para que estos receptores de divisas hagan mejor uso de ellas. Con esto me refiero a un tipo de campaña en las areas rurales incentivando la inversion o creacion de empresas, ya que esto genera un mayor crecimiento y desarrollo a largo plazo.

FLORA MARRERO RAMOS 17 febrero 2010 - 00:59

Me parece muy interesante el artículo del “Pequeño emperador”. Soy de las que piensan que el esfuerzo en lo que forma a las personas y a las sociedades, parte de nuestros problemas es toda una generación que ha crecido sin conocer el concepto esfuerzo para lograr sus objetivos.

luis fernando quimbayi 23 diciembre 2010 - 03:28

A algunos niños malcriados, les queda mal nominado el mote de niño-emperador. En la historia ha habido emperadores que hasta buena gente han sido.En mi país -Colombia_, es frecuente el caso de niños-tiranuelos (ese les encaja más), que son un dolor de cabeza para los profesores que no hayan qué hacer con ellos. Quedando los pobres maestros maniatados, pues las leyes no les da herramientas para imponer disciplina.
Mal haríamos en plantear problemas y no sugerir posibles soluciones. Aquí anoto algunas:
1.Mirar al pequeño-tiranuelo a los ojos y decirle enfáticamente: “Haces lo que te ordeno” (lógico que es una orden válida y edificante, pues).
2.Acurrucarse para quedar a nivel y decirle “Recoges el reguero o de aquí no vas a seguir”. Mirada fija: ojo.
3. Acción-reacción: “Hiciste bien eso. Te felicito” ( Nada de darle dulcecitos ni pendejadas)
Si estos pequeños no se corrigen, nos lleva el patas.
Un saludo

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