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Phelps: La estabilidad macroeconómica

Escrito el 10 octubre 2006 por Rafael Pampillón en Economía Mundial

Como señalo en un artículo titulado “Precursor de la ortodoxia” publicado el el diario Expansión de hoy Edmund Phelps y Milton Friedman (Premios Nóbeles de Economía en 2006 y 1976 respectivamente) demostraron en la década del sesenta que la llamada curva de Phillips (que representa la existencia de una relación estable y negativa, entre la inflación y el desempleo) no funcionaba. Al cuestionar la curva de Phillips, Friedman y Phelps distinguieron entre inflación anticipada y no anticipada. Según estos dos autores, la tasa de paro disminuye solo si la expansión fiscal o monetaria se realiza por sorpresa, es decir ocasiona una inflación no esperada. Sin embargo, este aumento en el empleo es a corto plazo. En el largo plazo la economía tiende a moverse en torno a la tasa natural de desempleo (TND), es decir, en el nivel de paro estructural que es independiente del nivel de inflación. De ello se sigue que una política que intente reducir la tasa de paro por debajo de la TND solo producirá, a largo plazo, altas tasas de inflación sin modificar la tasa de desempleo. ¿Por qué? Por el efecto de las expectativas.

Según Phelps los viejos modelos económicos se basan en el comportamiento pasado de consumidores y empresas. Pero a menos que incorporen expectativas esos modelos son inútiles para asesorar cambios en la política económica. Cuando los gobiernos cambian sus políticas, los agentes interpretan esos cambios y actúan en base a la experiencia pasada, por eso y debido al aprendizaje de los agentes adquirido en el pasado, la respuesta de la economía a una nueva política podrá ser diferente a las que los gobiernos esperan o quieren conseguir. Aunque este principio es bastante general, los ejemplos más conocidos se refieren a políticas monetarias y fiscales. Hasta los 70 los gobiernos pensaron que podrían obtener un desempleo menor con un poco más de inflación. Este concepto fue desechado, tal como hemos visto por Friedman, y Phelps. Aplicando expectativas racionales, Robert Lucas (ganador del premio Nóbel de economía de 1995) dio un paso más: las expectativas racionales. Para reducir la inflación, los gobiernos tienen que anunciar un objetivo monetario estricto y cumplirlo. A la vista de esta creíble y dura política, trabajadores, consumidores y empresas esperarán una inflación más baja, moderarán tanto sus demandas salariales como las subidas de precios, y la baja inflación reducirá el coste y precio de los productos y del trabajo, aumentando el empleo. Bebiendo en esta misma línea de pensamiento, iniciada por Phelps, Finn Kydland y Edward Prescott (Premios Nóbel de Economía en 2004) conciben también la política económica como un juego en el que el público no se deja engañar sistemáticamente por el Gobierno y toma en consideración tanto las acciones de política presentes como las esperadas en el futuro. Así si un gobierno carece de credibilidad, su política económica será ineficiente, ya que, los agentes económicos (empresarios y sindicatos) cambiarán sus comportamientos y actuarán conforme a la política económica que esperan que haga el Gobierno y no en cuanto a la que hace o dice que hace.

A Phelps también le han dado el Nóbel por demostrar que la inversión en capital humano es un componente fundamental del crecimiento económico. Los individuos altamente cualificados que han superado largos períodos de escolarización, son los que realizan la inmensa mayoría de las innovaciones. En este sentido es pionero de la “nueva teoría del crecimiento”, con modelos de crecimiento endógeno: la política económica puede influir en la tasa de progreso técnico y los dos factores que más pueden favorecer la productividad global de la economía son los incrementos de capital humano y tecnología. Por último, Phelps es un precursor de la política económica ortodoxa. Nos dice que el único camino para conseguir un crecimiento económico alto y estable es a través de la estabilidad de precios. Que tomen nota nuestros políticos.

Comentarios

unliberal 11 octubre 2006 - 10:37

Lei el articulo en Expansión ayer, muy bueno y muy interesante como siempre profesor.

Luis Hernández 16 octubre 2006 - 16:22

Una pregunta al hilo del texto: es posible que el aumento de popularidad de estos modelos que contradicen la curva de Philips hagan modificar el comportamiento de los agentes financieros ante descensos del nivel de paro?

Es decir, desaparecerá la famosa NAIRU(Non Acelerating Inflation Rate Unemployment) como variable a seguir detenidamente por los analistas?

Recuerdo perfectamente que en mis años de Universidad era una variable que aparecía permanentemente ligada a las evoluciones de la Bolsa americana y a la que prestaban mucha atención los analistas (bajada del desempleo equivalía a una bajada de los valores bursátiles en espera de una subida de la inflación y por tanto de de tipos de interés).

Por otra parte, y aprovechándome del tema del artículo, quizá sería interesante hacer unos comentarios sobre la entrevista a Phelps que aparece hoy en Expansion y la opinión que pueda tener de la misma el Profesor Pampillón.

Llaman la atención al menos unos cuantos puntos de los que se hace eco la entrevista:

– la pérdida en Pib per cápita de Europa frente a EE.UU no la achaca al Estado del Bienestar, sino a una falta de dinamismo de la economía europea.
– Según Phelps, este dinamismo está intrínsicamente ligado a las trabas a emprender que existen en Europa y a la falta de capital para ideas innovadoras
– Llama la atención que tampoco haga hincapié el profesor Phelps en el tamaño del Estado como un problema principal de las economías europeas.

En cualquier caso, parece una gran noticia para las Business Schools como el Instituto de Empresa el hecho de que cada vez se le de más importancia a la formación en Capital Humano, a la iniciativa emprendedora y a la existencia de Capital Riesgo, ya que son varios de los pilares sobre los que se asienta la visión de la Institución y a los que se dedica.

Rafael Pampillón Olmedo 16 octubre 2006 - 17:02

Luis planteas demasiados temas. Me quedo con uno: “La pérdida en PIB per cápita de Europa frente a EE.UU no la achaca al Estado del Bienestar, sino a una falta de dinamismo de la economía europea”. Efectivamente, mientras el PIB per cápita (en función de la paridad del poder adquisitivo) entre 1991 y 2005, aumentó un 33% en EEUU, en Francia sólo aumentó un 20%; un 17% en Italia y un 16% en Alemania. ¿A que se deben estas diferencias? Entre otras cosas a la incorporación de nuevas tecnologías que exige realizar gastos en I+D. Estados Unidos gasta más que la Unión Europea (UE). Dadas las diferencias de tamaño para tener una visión más ajustada del distinto esfuerzo inversor que se realiza es preciso expresar las cifras anteriores en porcentaje del PIB. De acuerdo con estos datos, Japón es quien dedica una mayor parte de sus ingresos a actividades de I+D (un 3%) seguido por Estados Unidos (2,75%) y, finalmente, la (1,9%). El conjunto de la UE gasta menos en investigación que sus principales competidores. Además si Europa quiere tener un crecimiento económico más rápido a largo plazo debe aumentar el gasto en I+D del sector empresarial, ya que la contribución del sector privado es todavía muy baja, un 50% en España frente a un 65% de la UE, un 70% de Japón y un 75% de Estados Unidos.

Europa, además, durante la última década ha reducido el número de solicitudes de patentes presentadas en la oficina de patentes europea (EPO) así como las solicitadas a la oficina de patentes de Estados Unidos (USPTO) aunque en los últimos años estas cifras parecen haberse estabilizado. Si tenemos en cuenta el numero de patentes por habitante, los residentes europeos registraron un total de 161 patentes (EPO)/ 80 (USPTO) por millón de habitantes, mientras que en Estados Unidos esta cifra se elevó hasta las 170 (EPO)/ 323 (USPTO) y en Japón llegaron hasta las 175 (EPO)/ 265 (USPTO). Estas cifras son suficientemente representativas de los peores resultados obtenidos en Europa en el campo de la innovación tecnológica.

En resumen, tanto los datos referidos a los recursos destinados en Europa a las actividades de I+D como al resultado obtenido en forma de patentes registradas, muestran sin dudas un gap tecnológico o una situación de inferioridad de la economía europea respecto a sus principales competidores. Más aún, la observación de estos datos desde una perspectiva temporal nos permiten concluir que estas distancias no se reducen. Por tanto, cabe esperar que, si no se presta una mayor atención por parte de los gobiernos europeos a la política tecnológica, el dinamismo europeo no sólo no se recuperará, sino que seguirá experimentando una evolución desfavorable.

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