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López Obrador: ¿Kirchner o Chavez?

Escrito el 3 julio 2006 por Rafael Pampillón en América Latina

Ayer hubo elecciones presidenciales en México, pero han sido tan reñidas (empate entre López Obrador, de ideología populista, y Calderón, de tendencia conservadora) que nadie se atreve a dar un ganador. Si ganase López-Obrador se podría producir un retroceso económico. Autoproclamado como el candidato de los pobres, con promesas de un milagroso cambio en la economía no ha dado hasta le fecha detalles concretos de su política económica. Su supuesta victoria o la incertidumbre de si será o no presidente ha generado volatilidad en los mercados financieros: El peso mexicano se ha depreciado un 1.5 por ciento en operaciones internacionales, después de que las autoridades electorales no pudieran declarar un ganador. Los empresarios españoles tienen razones para estar preocupados. No obstante, también Lula (oveja vestida de lobo) generó mucho pánico en los mercados y no ha pasado nada, en cambio Kirchner (lobo vestido de oveja), que iba de la mano de Lavagna (un economista realista, creible, plenamente consciente de los límites de la política económica y capaz de enfrentarse a la dura realidad económica con seriedad) generó mucha confianza al principio. Sin embargo, la renuncia de Lavagna como Ministro de Economía y una estrategia de política económica intervencionista y populista, impagando la deuda y en contra de las empresas extranjeras, está siendo recibida por los mercados y los empresarios españoles con mucha desconfianza. ¿Y López Obrador donde se posicionará? ¿En la izquierda ortodoxa (Lula, Alan García o Bachelet) o en la izquierda populista (Chavez, Evo Morales o Kirchner?

Comentarios

Eduardo Nieto 3 julio 2006 - 14:42

Estimado Profesor,

Más que preguntarnos cuál será la posición que tomará, en caso de ganar las elecciones el Sr. López Obrador, deberíamos sentarnos a reflexionar un poco sobre el descontento popular de la población Latinoamericana, reflejada en sus votos y preferencias en ciertos países; y las repercusiones económicas que un sentimiento popular puede traer consigo.

La situación que está viviendo actualmente México, es una más de las vividas en otros países de la región como Brasil, Argentina, Chile, Venezuela, Bolivia; y la de otros países más pequeños y menos influyentes como pueden ser Perú, Ecuador, El Salvador o Nicaragua, entre otros.

El fin de la Guerra Fría abrió las puertas a los líderes de derecha a tomar las decisiones políticas y económicas de la región. Luego de 15 años de la caída del muro de Berlín, las promesas de lanzar a América Latina hacia desarrollo parece ser que no han sido alcanzadas. Probablemente, el mayor logro ha sido el control hiperinflacionista de la década de los 80s; sin embargo, los niveles de pobreza, corrupción y de desigualdad de la renta han crecido de manera generalizada en todos los países.

El reto de los países latinoamericanos, independientemente de la posición gobernante, debe ser la reconciliación de los derechos humanos con la economía de libre mercado, ideas que han estado claramente en conflicto durante la última década y que han levantado este sentimiento popular reflejado en las urnas electorales. Algunos parece ser tienen un horizonte un poco más claro, como es el caso de Chile y Brasil; algunos otros como Venezuela y Bolivia, continúan buscando respuestas.

Desde mi punto de vista, el mayor problema de América Latina, no viene del planteamiento de sus políticas económicas, pero sí de la puesta en marcha de las mismas, fomentado por un sistema de Corrupción que incentiva la desigualdad de los individuos y el bajo bienestar social de la región. Un sistema corrupto que no es sostenible con el tiempo.

Rafael Pampillón Olmedo 5 julio 2006 - 12:58

Tienes razón. Lo primero, que hay que resolver en América Latina es el problema fiscal. Es necesario recaudar más. Lo segundo, es mejorar la educación para reducir las desigualdades (pero para ello se necesita recaudar). Tercero, es luchar contra la corrupción. Cuarto, introducir más competencia. Ciertamente se han hecho las reformas que generan estabilidad macroeconómica, pero no se ha conseguido una mayor flexibilidad en los precios domésticos porque no se ha introducido más competencia en el mercado interno. En América Latina, es preciso promover una auténtica desregulación de los mercados para atraer inversión extranjera. Quinto, mejorar las instituciones. Sin embargo, los gobiernos no siempre respetan los derechos de propiedad y los contratos firmados con las empresas y eso es muy grave ya que genera inseguridad jurídica, es decir, incertidumbre sobre el marco legal en que se desenvuelve la inversión directa exterior. En otras palabras, el empresario extranjero percibe un constante cambio de reglas del juego que introduce incertidumbre en su toma de decisiones que distorsionan sus estrategias y la consecución de sus objetivos, por eso la inversión extranjera acude menos a América Latina que a otros países.

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